Las masacres de El Mozote

Los Márquez guardan hasta los dientes que hallaron al construir su casa, aquí donde el ejército asesinó a mil personas -la mayoría niños- hoy hace 30 años. Y mientras el Estado sigue negando justicia, El Mozote sigue negándose a convertirse en cicatriz.

Daniel Valencia Caravantes / Fotos: Bernat Camps

elfaro.net / Publicado el 12 de Diciembre de 2011

Capítulo 1. Los huesos

Idalia, la nieta de Orlando Márquez, está hipnotizada por la pantalla del televisor, sentada en una silla plástica, con las piernas dobladas. Idalia tiene seis años y se entretiene con una carrera de atletismo en una casa perdida entre las montañas del oriente de El Salvador. Detrás de la niña, en otra silla, descansan dos de sus bisabuelos y tres de sus tíos. El televisor transmite la edición 16 de los Juegos Panamericanos que se celebran en Guadalajara, México. Es la segunda semifinal de los 200 metros planos y la velocista cubana Nelkis Casabona está en posición de salida. Nelkis arranca y corre, corre y corre hacia la meta… 24 segundos después, las cámaras la muestran caminando con los brazos que le cuelgan aguados a los costados, mientras el estadio estalla en aplausos. La habitación donde están Idalia y sus dos bisabuelos y sus tres tíos también estalla en aplausos, pero la única que aplaude es Idalia, porque sus bisabuelos y sus tíos están muertos.

Es la tarde del miércoles 26 de octubre, y Míriam Núñez, la esposa de Orlando Márquez, toma entre sus manos a los dos bisabuelos y a los tres tíos de Idalia, que descansan en la silla de atrás, dentro de un saco de yute. Abandona la habitación y sale hacia un pequeño patio contiguo a una pequeña casa con paredes de concreto. Después regresa por la silla. Pone el saco sobre la silla y lo abre. Adentro hay dos bolsas plásticas. Toma la más grande y la coloca en este suelo donde hace un año cavaron las bases de su nueva casa.

—Yo le insistí a Orlando que construyéramos aquí, y mire: nunca imaginamos. Fue como si quisieran que los encontráramos -dice Míriam. 

Quienes parecieran desear que se les encontrase son los bisabuelos Santos y Agustina, y los tíos José, Edith y Yesenia. Míriam explora el saco y las bolsas dentro del saco.

—Mire –dice, al mostrar el contenido. Hay huesos largos, huesos color café, huesos terrosos, huesos porosos, huesos quemados… Hay también pedacitos de huesos tan pequeños como una canica. O quizá más pequeños. Pone una bolsa en el suelo y saca retazos de ropa: de camisas, de pantalones, de vestido, sandalias de mujer,  zapatitos de niña…

—Mire –repite, mientras su mano saca más de los bisabuelos y tíos de Idalia. Aparecen unos jirones de tela quemados y en la bolsa más pequeña una dentadura pegada a una quijada. También hay dientes: mínimos y de color café.

—Aquí los tenemos, mire: aquí están los restos de mi suegra y de mi suegro, y de los hermanos más pequeños de mi esposo –dice Míriam, mientras coloca un hueso sobre otro, encima de la silla en donde antes descansaban. 

Los huesos de la familia Márquez aparecieron el 12 de noviembre de 2010, luego de que un albañil cavara una zanja en donde se levantaron las bases de una casa de concreto.
Los huesos de la familia Márquez aparecieron el 12 de noviembre de 2010, luego de que un albañil cavara una zanja en donde se levantaron las bases de una casa de concreto.

* * *

Orlando Márquez presintió que aquella sería la última vez que charlaría con Santos, y por eso platicaron y platicaron y platicaron, hasta que se dieron cuenta de que el autobús había ingresado a San Martín, un municipio alejado varios kilómetros al oriente de la terminal de buses en donde Orlando tuvo que haberse bajado, en San Salvador.

Una de las dos cosas que recuerda Orlando de aquella larga y última charla que sostuvo con su padre, el domingo 29 de noviembre de 1981, fue el consejo que Santos le dio para administrar mejor el dinero. 

—Ahorrá. Te va a servir en el futuro –le aconsejó.

—Es mi gusto darle estas cosas... Ahí también van unos cortes para usted –respondió el hijo, mientras enumeraba los regalos que iban en la bolsa: ropa interior para su mamá, vestidos para sus hermanas y zapatos para su hermano. 

Orlando también intentaba persuadir a Santos, una vez más, de que sacara a la familia de El Mozote, un caserío escondido en las montañas del norte de Morazán, en el municipio de Arambala.

—Yo sí quisiera venirme, hijo –le dijo Santos a Orlando-. Pero tu mamá quiere quedarse allá, y si tu mamá quiere quedarse, entonces yo me quedo con ella.

—Vénganse conmigo, papá. Aquí es más seguro –insistió Orlando.

—Vamos a ver qué dice tu mamá.

* * *

Orlando Márquez había huido de El Mozote a los 22 años. Era 1980 cuando supo que le temía a cuatro cosas: que lo reclutara el ejército, que lo reclutara la guerrilla, que lo matara el ejército o que lo matara la guerrilla. No había nada claro en las montañas de Morazán para esa época, excepto que no había grises, solo blanco o negro. Entonces o se era de un bando o se era del otro; se colaboraba con uno o con los dos; o se huía de los dos.

Orlando Márquez escogió la última de las opciones y decidió probar suerte muy lejos, porque lo último que quería era terminar cargando un fusil, o que lo terminaran cargando a él, muerto, cuando él ya había cargado demasiados cuadernos. Orlando Márquez no estaba hecho para la guerra.

En los dos años siguientes visitó solo dos veces a su familia, porque el norte de Morazán era un territorio lleno de ojos desconfiados, escondidos en cada esquina y en cada cerro. Subir era un calvario peligroso. En aquellos días, las sospechas y sus portadores con frecuencia terminaban aniquilados antes de convertirse en certezas.

Alejado un centenar de kilómetros, y para agilizar sus trámites laborales, Orlando había cambiado el domicilio que registraba su cédula de identidad. En el documento decía que era originario de El Mozote, Morazán, pero que vivía en Lourdes, Colón, La Libertad. 

En aquellos años, la calle negra, como le llaman aún a la calle asfaltada que nace en San Francisco Gotera, la cabecera departamental, y termina en Perquín, un pueblo encumbrado entre pinos y cipreses, era la única ruta directa para llegar a cualquier parte del norte del departamento, fronterizo con Honduras. Todos los que subían en autobús (como los que caminaban o iban en sus propios transportes) tenían que identificarse en tres retenes militares distribuidos a lo largo de esa carretera. En esos retenes había soldados malencarados que manipulaban unas listas infestadas con nombres. Para el ejército, Morazán era cuna de subversivos y había que hacer de todo para encontrarlos y exterminarlos, como muy bien lo sabían hacer los regímenes de la época, con todos aquellos que no comulgaban con la bota y el fusil, fueran guerrilleros o no. 

En el último viaje que hizo a El Mozote, en enero de 1981, un soldado le cuestionó a Orlando esa incongruencia en su cédula, y aunque las preguntas no pasaron a más, Orlando temió que en un futuro la sospecha fuera más fuerte que cualquier explicación. Lo mismo pensó que le podría ocurrir si el documento lo revisaba una patrulla guerrillera. “Cualquiera podía decir que yo era oreja y ahí no más hubiera terminado”, dice.

10 meses después de su última visita a El Mozote, fue Santos quien viajó a la inversa para visitarlo. Compartieron un fin de semana hasta que se despidieron en la parada del poblado de San Martín.

Semanas después, el 23 de diciembre de 1981, a la casa de Orlando llegó un telegrama. Una vieja amiga de la familia le pedía que se presentara a la caseta telefónica del pueblo, a las 6 de la tarde del siguiente día, para recibir una noticia. El telegrama era de carácter urgente. 

A la 6 de la tarde de esa Nochebuena Orlando contestó una llamada y al otro lado la mujer solo lloraba y lloraba.

—¿¡Qué ha pasado, pues!? –preguntó Orlando a la mujer, cuando se cansó de tanto llanto. 

La amiga se recompuso y le dio la noticia: 

—¡Pídale fuerzas a Dios, Orlando, porque a su familia ya no la volverá a ver! 

Orlando guardó silencio mientras el cuerpo se le congelaba.

—Han matado a todos en El Mozote, les han rociado gasolina y les han prendido fuego. 

Orlando sintió como que abandonaba este mundo. 

* * *

Luego de trabajar por años en fábricas textiles, granjas y haciendas, Orlando Márquez regresó a su terruño, 25 años después, para vivir de la tierra y el pastoreo.
Luego de trabajar por años en fábricas textiles, granjas y haciendas, Orlando Márquez regresó a su terruño, 25 años después, para vivir de la tierra y el pastoreo.

Orlando Márquez no regresó a la casa de sus padres sino hasta 12 años después, en 1993, un año después de finalizada la guerra. Se sorprendió al ver que El Mozote se había convertido en un pueblo fantasma: sin gente, sin casas, con matorrales tan altos como él. Cuando llegó al terreno de sus padres solo encontró un par de paredes quemadas y pequeños recuerdos de otra época: el tizón para marcar ganado, algunas vasijas quebradas de su madre... 

Acongojado, regresó hasta su comunidad, en Lourdes.

Pero en el año 2000 le llegaron nuevas noticias sobre El Mozote. En el pueblo había cada vez más repobladores y él decidió ir a proteger el terreno de su familia con cercos y alambres. Con el tiempo se cansó de poner el cerco y encontrarlo meses después arrancado. Jubilado, decidió instalarse por temporadas largas, que intercalaba con viajes frecuentes a Lourdes, donde lo esperaban su esposa e hijos.

Cinco años más tarde las noticias viajaron a la inversa. Lourdes cambió demasiado y la colonia donde vivía su familia se había convertido en un territorio controlado por la Mara Salvatrucha, una de las pandillas más violentas del mundo. Míriam le contaba que a los compañeros de colegio de sus hijos los estaban asesinando, le dijo que a veces, en las noches, se escuchaban gritos desgarradores, como de gente torturada. Un amanecer, después de una noche de gritos, Míriam supo que cerca de la colonia apareció la cabeza decapitada de una  mujer. 

Fue entonces cuando Orlando decidió que la nueva familia Márquez repoblaría también El Mozote, el lugar del que había huido por culpa de una guerra, el lugar al que regresaría para refugiarse de otra.

***

Míriam Núñez deja los huesos en la silla y se dirige con paso veloz al cuarto en donde su nieta sigue viendo las carreras. A la casa ha llegado un visitante, Juan Bautista Márquez, un pariente lejano de su esposo, Orlando. Segundos después regresa emocionada, con otra bolsa, más pequeña que todas las anteriores.

Es la primera vez que Míriam ve a Juan; un viejo pequeño, blanco y flacucho que carga en la cabeza un sombrero, en el hombro izquierdo un maletín y en la mano una cuma. 

Antes de que Míriam fuera a traer la bolsa, ambos habían caído en la misma conclusión respecto a la dentadura que había sacado del saco. Según Juan, esa dentadura tenía que ser del finado Santos, porque era muy grande para ser de un niño y porque no podía ser la de Agustina, dado que él la conoció bien como para saber que esos no eran sus dientes. Míriam asintió y le pidió que esperara. Luego regresó con la otra bolsa y sacó de ellas dos dentaduras postizas en perfecto estado.

—Esta es la dentadura de mi suegra –dijo Míriam.

—¡Esa sí, mire! Yo la conocí bien a la finada Agustina, porque le venía a comprar cuajadas. Todavía tiene los dientes de oro, mire… ¡Qué barbaridaaad!

Juan Bautista contempla la dentadura y los huesos y aunque esta no es la primera vez que mira a un amigo resumido en ese estado, el impacto es tan poderoso como para que todo le siga pareciendo increíble. “¡Qué barbaridaaaad!”, repite, mientras se frota la frente.

Orlando Márquez aparece luego: alto, grueso y moreno. Juan Bautista se le acerca a Orlando en silencio, y  cuando Orlando termina de hablar, el viejo le pide que ahora lo escuche a él, porque hay algo que nunca le ha contado.

—Yo vine aquí, Orlando. Yo vine después de las masacres, pero no vi nada Orlando. Quise venir a ver porque yo los conocía a todos ellos. Eran los compadres de mi papá. Aquí venía a comprar azúcar y cuajadas de la finada Agustina. ¡Viera qué cuajadas hacía! Pero es que no se aguantaba la hedentina, Orlando.  Y eso me imposibilitó…

Juan Bautista sigue hablando con Orlando Márquez pero lo que le cuenta es apenas el final de muchos escapes que tuvo que hacer para salvarse del Batallón Atlacatl, una unidad élite del ejército salvadoreño entrenada en Estados Unidos, que en cuestión de tres días aniquiló a un millar de personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños en siete caseríos del norte de Morazán, en diciembre de 1981.

Y esa, la carrera de Juan Bautista contra la muerte, inicia y termina justo en esta meta, bajo la sombra del árbol de manzano que custodia el terreno y los huesos de la familia de Orlando Márquez. Pero para conocer todo lo que Juan Bautista recorrió, vio y escuchó, habrá que regresar en el tiempo, 30 años hacia atrás, al inicio de todas las masacres de El Mozote.

 

Las masacres de El Mozote

UN AMIGO DEL MOZOTE QUE POCOS CONOCEN

Escrito el 2011-12-16 21:20:22 por francisco araujo

El siempre ha permanecido en el anonimato originario y nacido en el mozote con el cual he tenido la oportunidad de oir de sus propios lavios la forma en que murio su madre y padre y sus 3 hermanos niños inocentes, el como pudo huyo de los captores,fue encontrado por las columnas de guerrilleros del ERP despues de 3 dias de permanecer perdido en la selva, se crio en la escuelita del ERP en morazan, en donde le bautizaron con el nombre de chepe mozote con el cual fue reconocido en la guerra hasta que se firmaron los acuerdos de paz,sin familia sin nadie que lo apoyara ingreso a la academia Nacional de Seguridad Publica donde se graduo como Agente de la Policia nacional civil,hoy a la fecha es cabo de la institucion,y es increible como chepe mozote ha perdonado a los matones que lo dejaron sin su madre, padre y sus hermanos,yo que convivo cada dia con el puedo ber lo feliz que se siente hoy ya que Dios le regalo dos hijas las cuales han opacado el dolor que le quedo en el corazon,


Una masacre terrible en nuestra historia

Escrito el 2011-12-14 16:34:05 por Guadalupe Castro

Es tremendo todo lo que pasaron nuestros hermanos de Morazán, siempre en todo tiempo a los más humildes se les quiere tomar el pelo, abusar de ellos y en esto tanto el Estado en su conjunto, los organismos internacionales y la misma guerrilla no le pusieron atención a lo que se venia, las mentes maquiabelicas de algunos militares nefastos hicieron de sus fantasias de heroes un hecho real "matar como en vietnan" sus planes de arrazar fueron ejecutados sin piedad, con dolo, con intención clara de matar, es triste pero es nuestra historia, no la podemos cambiar, pedir perdón es tarde ya, pero lo que si podemos tratar de hacer es que en nuestros municipios las pandillas no sustituyan a estas masacres, como hacerlo no sé? no hay a la fecha formula para detener esta violencia, heredada de todo lo que se ha vivido, cruel y sanguinaria, no hay transporte colectivo que no sufra atracos, y población o colonia que no tenga muertos a diario. Es triste pero hay que aceptar que al Estado se le salio de las manos este problema, y que lamentablemente seguira generando violencia y muerte. Dios es el único que puede ayudarnos en esta prueba tan grande. La reflexión: "Se gano algo con tanta muerte, se gana hoy algo con tanta muerte?


El Mozote

Escrito el 2011-12-14 12:08:50 por oscar

Solamente 2 1/2 paginas he podido leer de esta publicacion y realmente da tristeza de saber lo que todas estas personas sufrieron a manos de los elementos de la F.A. de E.S. No se puede seguir negando lo que existio, lo que sucedio en el Mozote y zonas aledanas; estas personas humildes y pobres no pueden inventar algo tan horroroso, asi como no puedo inventar que no existieron los escuadrones de la muerte.De todo lo anterior y como es la costumbre, que los gobiernos pidan perdon por los crimenes cometidos, creo que en este caso no le merece al gobierno de turno pedir perdon, sino a los gobiernos anteriores y porque no a gobiernos extranjeros.(y no me tilden de izquierda o derecha)


MIS PUNTOS DE VISTA

Escrito el 2011-12-13 17:04:36 por Kriscia Melèndez Dominguez

1. Muy buen reportaje 2. En mi plan de educación que creo es similar a las escuelas y colegios si había lecturas de El Mozote,hasta el libro/testimonio de la Sra. Amaya tuve que leer; creo que la nueva generación esta mas interesada en otras cosas que revivir una guerra que tanta destrucción y tristeza trajo al país; sin embargo debería de aclararse todo para que todas estas personas se vayan en paz y se cierre este horroroso capitulo de nuestro país 3. "Dime con quien andas y te diré quien eres" siempre tendemos a juzgar a los demás, no todos los militares o ex-guerrilla fueron asesinos ni santos, es como que nos moleste que nos digan que todos los salvadoreños somos mareros. 4. Antes de opinar por cualquier bando, tendríamos que haber sido parte de uno de ellos y nunca sabremos los causas o motivos por las cuales se realizaron todas estas cosas.


Carlos Cabrera el que se inventa cosas

Escrito el 2011-12-13 16:48:15 por Oscar Fernandez

Hey Carlos, yo cuando dije que esas masacres no pasaron? No seas invertor y lee bien las cosas aunque por lo feo que escribis dudo que tengas capacidad de comprension. Si supieras comprender a la hora de leer te habrias dado cuenta que en realidad yo si fui sensible a los ultimos momentos de esta gente inocente que fue asesinada.


masacres.

Escrito el 2011-12-13 12:21:58 por carlos cabrera

Gracias el faro x este reportaje tan completo y objetivo, este sr q critica el ateismo del periodista se sale de contexto, al enfocarse en un tema ajeno al q se refiere esta noticia, q le importa a el y a todos los lectores de el faro si va el reportero al cielo o al infierno,eso es problema del periodista, a este sr como q no le impacto la noticia,seguro es de aquellos salvadorenos q dicen q eso no sucedio o q si los mataron fue xq eran guerrilleros, hay millones de salvadorenos q opinan asi y esa es una d elas razones x las q estamos como estamos,xq mucha gente solo siente lo propio y no tienen el minimo de conciencia social ni de de clase,aclarado este punto , lo de las masacres cometidas x ntro glorioso ejercito nacional, deberian de llevar a juicio a los hechores materiales e intelectuales de tan horrible masacre,lo mismo deben llevar a juicio a los pseudo periodiquitos y pseudo periodistitas q solo repetien lo q decia el tristemente celebre comite de pretextos de la fuerza armada el COPREFA ,parecian loros repitiendo lo q decia coprefa y negaban lo innegable,estos sujetos son igual de criminales como los q palnificaron y llevaron a cabo este horrendo asesinato de le lesa humanidad y si mal no recuerdo el lema de uno de esos paquines dice, la principal mision del periodista es decir siempre la verdad y luego el nombre de un oligarca dictador de ese periodiquito, a todos los deben llevar a juicio militares de alto rango soldaditos cobardes q asesinaron a sus mismos hmnos campesinos y periodista complices xq hechor y concentidor pena aigual, todos a juicio y al paredon de fusilamiento y no importa q tengan 80 o 90 anos, ni q sean pastores de alguna iglesia,todos ellos tienen q pagar x tanto sufrimiento q hicieron pasar a esa gente tan humilde, ninos ancianos mujeres embarazadas ciegos invalidos adolescentes violadad repetidamente, esos crimenes tienen q ser castigados y a los q dicen q hay q perdonar y olvidar,una pregunta, si les gubieran asesinado hmnos padres tios primos amigos padrinos, opinarian lo mismo? lo dudo pero como son de los q media vez no me tocan a mi ni a los mios a los demas q se los lleve la desgracia, esa es otra razon x las q el mundo esta como esta, importo yo y los mios ,,egoismo puro y anticiristiano, en muchos paises del mundo ya llevaron ajuicio y encarcelaron a estos gloriosos militares q la unica guerra q han peleado es contra su mismo pueblo desarmado, ya es tiempo q en E S enjuicien y castiguen a esos criminales de lesa humanidad.


REFLEXION

Escrito el 2011-12-13 11:27:27 por Dante

Mi reflexion va en dos sentidos. El primero de ellos es cuanto nos enseñan de historia en nuestro sistema educativo, cuantos jovenes de 20-30 años no saben nada, absolutamente nada de esto, igonoran las atrosidades vividas en el epoca de la guerra. Soy honesto al decir que si no fuera por que busco leer, no sabria tambien de esto. (Por cierto si tienen tiempo pueden revisar el New York Times y podran ver los articulos que se mencionan en este articulo). Por otro lado tambien me pongo a pensar cuantos de estos actores de estos hechos, ahora se la pasen bien, son diputados, gobernadores, embajadores. Y quienes perdieron su vida, nadie por ellos, no hay estado, no hay ong's, no hay instuciones internacionales. No hay Justicia, solo pienso como la impunidad nos invade, mas bien no nos invade, ha estado peremne en nuestro pais. Yo me pregunto si a los verdaderos periodista, no les pasa por la mente cuando ven a uno de estos personajes, preguntarles, como duermen por las noches, que sintio al ordenar matar niños, que se siente que lo protega un sistema podrido, no siente verguenza al ver a esta gente en las condiciones que vive. Ambos bandos hicieron daños deben pagar.


tristeza

Escrito el 2011-12-13 07:57:06 por marisa lopez

es muy triste pensar en el dolor de los hermanos que clamaron por sus vidas, esa fatidica noche y saber que aun nadie responde por sus vidas aun es tiempo de no olvidar debemos mantener viva su historia a travez de las generaciones, para no cometer esos horrores en el futuro e inculcar la armonia en nuestros hijos y recordarles que la igualdad en los rese vivos de este planeta es la paz.


masacres del glorioso ejercito nacional.

Escrito el 2011-12-12 20:50:14 por carlos cabrera

Antes de mi comentario quiero decirle al lector q se enfoca en el ateismo del periodista,q seguro el sea uno de esos millones de salvadorenos q ante tantas pruebas irrefutables sigue negando q esas masacres existieron o en su caso hasta las justifican diciendo q esa gente era guerrilera, gracias a esa insensibilidad de la mitad de salvadorenos es q ntro paisito esta como esta,enfocarse en el ateismo del reportero no hace mas q demostrar q esa persona es un insensible de 1a, ya tocando el tema q me ocupa,ojala un dia se haga justicia x tanta muerte de gente inocente , q los asesinos quisa ahora sean hasta pastores en algunas iglesias y hasta ahi tiene q llegar el brazo de la justicia y hacerlos pagar con carcel de x vida,asi ahora tengan 80 o 90 anos no hay q tener clemencia x ellos xq tampoco ellos la tuvieron a la hora de masacrar ancianos y ninos recien nacidos y a los q de seguro van a salir a decir q la guerrilla tambien masacro civiles, les pido q x favor den nombres y lugares donde ocurrieron esas masacres y no vayan a salir como un lector q comentaba la masacre de quebrada seca, si los q murieron ahi fueron soldados q no se entregaron no se rindieron no eran abuelitas de 75 anos ni ninos dempocos meses de edad,esa comparacion no tiene logica, aunq de ser cierta ,tambien estoy en contra de eso xq la ley internacional prohibe el asesinar a enenmigos q se han rendido, aunq repito no es lo mismo y si alguien justifica lo q hicieron estos criminales del ejercito, es una persona enferma de mente,corazon y alma al igual q los asesinos,los q dicen q hay q olvidar,les pregunto y si les hubieran masacrado su familia,pensarian y opinarian igual? y lo de glorioso ejercito nacional lo digo ironicamente xq q de glorioso tendra un ejercito q asesino miles de compatriotas indefensos y desarmados,nunca los he visto pelear con otro ejercito,salvo el invento de la guerra de las 100 hrs, de ahi en mas ese criminal ejercito privado de la burguesia y las transnacionales solo ha servido para capturar,torturar y asesinar a los mas indefensos de sus hermanos, x eso, ni perdon ni olvido,juicio y castigo a todos los criminales de guerra q con la excusa de luchar contra el comunismo masacraron a ntros hermanos salvadorenos, militares asesinos no mataron extranjeros,mataron SALVADORENOS.


Daniel, no faltes el respeto a las victimas

Escrito el 2011-12-12 19:09:08 por Oscar Fernandez

si ya sabemos de tu Ateismo pero cuando decis "Pero Dios no atendió los ruegos y ahí dejó, que se murieran, orando, mientras los soldados les disparaban" les faltas el respeto a personas que sus ultimos momentos buscaron estar cerca del creador. Al menos estas personas partieron de este mundo con una esperanza y vos cuando te muras, con que te vas?


Tres veces victimas

Escrito el 2011-12-12 17:35:37 por Barrabas

Y esta pobre gente es Tres veces (uno, dos, tres veces)victimas: Una de los asesinos quienes planificaron, dirigieron, financiaron y perpetraron las masacres, dos: de quienes las invisibilizaron y aun las invisibilizan y les niegan justicia y tres de los nuevos burgueses de izquierda que se abanican en un curul, piensan en estrategias electorales para permanecer en el gobierno (por que son gobierno)viajan con escolta y en camionetas de lujo con sueldos de miles de dólares o descansan en una cómoda residencia (que no queda en el Mozote, ni en el jocotillo, ni en Morazán, ni en una montaña si no quizás en Santa Elena o La Escalón) donde quizás se recuerdan de estas personas y quizás, solo quizás, estos nuevos burgueses dicen "pobrecitos". Justicia para esta gente es un concepto amplio y profundo que nos toca a todos, derecha e izquierda.


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