En el Área Internacional de la FIL, el mapa asigna la ubicación HH2 a un área cuadrada que mide por lado 6 de mis pasos, un espacio privilegiado donde está acogido el stand de Centroamérica. Aproximando, podríamos hablar de unos 36 metros cuadrados delimitados por una pared verde donde se identifica a la región. Esta versión de Centroamérica es la que incluye a Panamá y deja fuera a Belice. Desde aquí la FIL le muestra al mundo que en el istmo centroamericano se hace literatura.
Hay 6 países y si la repartición fuera equitativa, que no lo es, podríamos decir que a cada país le tocan seis metros cuadrados. Cuando acotamos que en el recinto de la FIL se destinan 34,000 metros cuadrados para exhibir la literatura mundial, puede generarse una percepción deprimente, sin embargo, se trata de una buena noticia... una buena noticia camuflada: en las 24 ediciones anteriores de esta Feria, nunca hubo un stand oficialmente dedicado a Centroamérica y su literatura. Tampoco en los años anteriores ha sido constante la presencia de autores de la región.
“Algo había que hacer”, dice el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, que fue uno de los gestores de esta remontada. “Se decidieron dos cosas: establecer por primera vez un stand centroamericano en la Feria y traer a Guadalajara narradores y poetas para presentar su obra”, detalla Ramírez y extiende el crédito a Joaquín Villa Escanedo, director del Fondo de Cultura Económica (FCE), y a Nuria Macías, directora General de la FIL, quienes tuvieron una participación decisiva en la reivindicación literaria de la región.
El stand fue financiado por el FCE “con una finalidad altruista”, dice Ramírez, porque no son libros del Fondo los que están ahí, sino libros de las editoriales públicas y privadas que funcionan en Centroamérica, “en su mayoría editoriales pequeñas, pero están los 6 países representados”, precisa el nicaragüense. También hubo un decidido apoyo del Conaculta (México), de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, Cerlal (Colombia) y de la FIL para subsidiar los gastos de logística. Ningún gobierno ni las cámaras del libro de la región hicieron aportes económicos.
Este año, a cada editorial le hubiera tocado pagar 2,400 dólares por 9 metros cuadrados para tener un stand propio, lo que hubiera implicado una inversión en conjunto de 81,600 dólares solo en el espacio dentro de la FIL. Si a eso se sumamos el pago del transporte de los libros, los boletos de avión y estancias de personal de atención al público, la inversión individual representaría una cifra importante, y a veces prohibitiva, para una micro o mediana empresa dedicada a este rubro en nuestros países.
El proyecto se empezó a gestar a mediados de 2010, según explica Carlos Sepúlveda, gerente general de la sede de FCE en Guatemala. “Con esto estamos cumpliendo una asignatura pendiente que tenía la oferta editorial en esta Feria: contar con una representación colectiva de Centroamérica”.
“Aquí tenemos lo más representativo de lo que se está editando y publicando en Centroamérica”, dice Sepúlveda y nos explica que en años anteriores ya ha venido alguna editorial independiente o cámaras del libro de algunos países, pero sin constancia y sin haber seguido un hilo conductor. En esta ocasión se giró un criterio de selección de títulos a través de las cámaras de libro de cada país y contactos del FCE con cada una de las editoriales: Se les pidió publicaciones del 2007 a la fecha y que fueran títulos de literatura o ensayo político, social o económico. Se les solicitó que enviaran en consignación 6 ejemplares de cada título de sus catálogos que cumpliera estos requisitos. A esta convocatoria respondieron 34 editoriales logrando 920 títulos, sumando 5,600 ejemplares para la exhibición y venta.
La apuesta de las empresas editoriales llegaba hasta la entrega en consignación de los ejemplares, todo la logística corrió por cuenta de las entidades subsidiarias. Sepúlveda señala que este modelo de trabajo y financiamiento se dio así para marcar un precedente y un modelo de gestión, aún perfectible, para que en uno o dos años sea la industria editorial de Centroamérica la que tome la estafeta.'
No se trata solo de presencia, también se trata de estimular un sector económico. Uno de los objetivos fundamentales de esta Feria son los negocios: contratos de distribución, venta al público y venta por mayor, compra y venta de derechos, contratos entre editoriales y autores, visibilización y apertura de mercados. David Unger, de la FIL de Estados Unidos, escribía en un artículo que, por ejemplo, un indicador de gran éxito comercial en una FIL es vender un 50% del inventario que trae, es satisfactorio vender entre entre el 25% y el 30%. “El stand de Centroamérica hasta ahora (viernes 2 de diciembre) anda alrededor del 25% del inventario vendido”, hace cuentas Sepúlveda, y agrega que el inventario que no se venda en la FIL será puesto en exhibición y venta en una librería del FCE en México DF por tres meses, con un estrategia de comunicación, a manera de atraer el interés y lograr la difusión de la literatura centroamericana.
Los principales clientes del stand han sido, en el siguiente orden, bibliotecarios mexicanos y estadounidenses, libreros y público en general. “Gente de las bibliotecas de Estados Unidos vienen y como nunca había habido un stand centroamericano no tenían nada en sus catálogos, y solo nos decían ‘ponga uno o dos ejemplares de todos los títulos de literatura’, y se llevaban muchas cajas de una vez”, comenta uno de los dependientes del stand.
Guatemala es el país con mayor producción editorial, y se nota en la cantidad y calidad de su oferta. Le sigue Nicaragua y Costa Rica, luego El Salvador, Honduras y Panamá.
Autores del istmo entre puertas, puertos y secretos
Los libros no vinieron solos. En un hecho inédito, hubo 12 escritores centroamericanos en el programa de la FIL de este año. 11 fueron traídos como invitados del Fondo de Cultura Económico y de la FIL. Hubo dos plataformas para visibilizar a los autores: El FCE presentaba dos antologías a cargo de Sergio Ramírez, una de cuento y otra de poesía. La otra la ofreció la FIL con “Los 25 secretos mejor guardados de América Latina”, plataforma que sirvió para exponer los 5 narradores entre las 25 propuestas de autores poco conocidos de recomendable calidad.
Para la presentación de “Puertos abiertos. Antología del cuento centroamericano”, participaron en la FIL Carlos Cortés (Costa Rica), Jacinta Escudos (El Salvador), Ulises Juárez (Nicaragua), Javier Mosquera Saravia (Guatemala) y Carlos Oriel Wynter Melo (Panamá). También Claribel Alegría (Nicaragua-El Salvador), Erick Aguirre Aragón (Nicaragua), María Eugenia Ramos (Honduras), Roxana Méndez (El Salvador) y Jorge Galán (El Salvador) tuvieron participación en la presentación de “Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana”. Ambas antologías estuvieron a cargo del antologador, Sergio Ramírez.
Los centroamericanos también participaron en “Ecos de la FiL”, una sección del programa en el que varios autores tuvieron encuentros con estudiantes en diferentes escuelas primarias de la ciudad.
La salvadoreña Vanesa Núñez vino por su cuenta a presentar su novela “Dios tenía miedo”, publicada por F&G Editores, cuyo editor, Raúl Figueria, también estaba presente.
Castellanos Moya, agotado. Escudos a la vista.
Solo un título del salvadoreño Horacio Castellanos Moya figuraba en el stand centroamericano, “¿De qué signo es usted Doña Berta?”, de UCA Editores, y para el último día de la FIL se había agotado. Pero en el stand J12, el de Editorial Tusquets, la FIL inició ofreciendo 7 títulos del autor: las novelas 'Baile con serpientes', 'Desmoronamiento', 'Donde no estén ustedes', 'El asco', 'Insensatez', “La sirvienta y el luchador” y la colección de cuentos 'Con la congoja de la pasada tormenta'. Para el último día de la Feria solo quedaban ejemplares de “La sirvienta y el luchador”, todas las demás se habían agotado.
Entre prisas, el encargado del stand me explicó que habían llevado 10 ejemplares de todos estos títulos, a excepción de “La sirvienta y el luchador”, que llevaron muchos más por tratarse de la novedad del autor, y eso explicaba que aún quedaran para la venta. Esto puede considerarse un éxito en ventas para Castellanos Moya, ausente en la Feria.
La otra novela salvadoreña entre las grandes ligas editoriales era “A-B Sudario”, de Jacinta Escudos, que destacaba en sitial privilegiado en el stand del Grupo Santillana, al que pertenece Editorial Alfaguara, casa que editó esta novela. Escudos recibió un espaldarazo promocional al figurar entre los “25 secretos mejor guardados...”. Esta novela se ha “movido bien”, según dijo una dependienta del enorme stand. Me dijo no tener el dato exacto, pero que la exposición que tienen los autores siempre es un estímulo para las ventas. El stand centroamericano sí exhibía varias obras de Escudos, incluida la de Alfaguara, así como las publicadas por UCA Editores y F&G Editores. Quedaban existencias para llevar a la capital.
El poeta y narrador Jorge Galán también tiene un título publicado con Alfaguara Infantil, 'El premio inesperado', sin embargo, no figuraba en el catálogo traído a la FIL. Las obras de Galán que podían encontrarse eran las de poesía, una en el stand de la editorial española Pre-Textos, 'La ciudad', y otras en el stand de Centroamérica: su poemario 'El Día Interminable' y 'Poesía ante la incertidumbre', una antología bajo su cargo en la que también figura una muestra de su obra, ambos bajo el sello de la Dirección de Publicaciones e Impresos de El Salvador, DPI.
Este 2011, la FIL de Guadalajara se consolidó como el más importante encuentro literario en español. 659,898 asistentes, 1,935 editoriales, 17,800 profesionales del libro, y por primera vez Centroamérica sumó en estas cuentas.
