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Opinión /
Finanzas públicas sanas

Fecha inválida
Mauricio Silva

Las finanzas públicas de El Salvador, como lo expusiera el presidente del Banco Central (BCR) en el Foro Económico de la UTEC, no son saludables. Ello es un problema que El Salvador viene arrastrando desde hace varias décadas (Ponencia de Carlos Acevedo, 22 de junio, 2011).  Sin embargo, el objetivo de este artículo es insistir que esas finanzas públicas se deben y pueden sanear, que ellos es necesario por el beneficio del país y de todos sus ciudadanos, pero que lograrlo requiere un esfuerzo y visión de país. Sin bien es cierto que ello conlleva algunos costos, estos son mucho menores que los beneficios que todos los salvadoreños recibiríamos de ese proceso si lo hacemos bien. Uruguay es un ejemplo reciente de ello.

La ponencia del presidente del BCR demuestra que el país desde la década de los ochenta tiene un bajo crecimiento económico, creciendo desde los noventa por debajo de la economía mundial, de América Latina y de Centroamérica. Que la inversión privada ha sido históricamente de las menores del continente, lo que se ha agudizado con el cambio de gobierno pues, según expertos internacionales, “muchas de las políticas públicas impulsadas en El Salvador no han estado orientadas a fortalecer la competencia, sino a servir a intereses particulares”, y el primer gobierno de izquierda del país produce  “incertidumbre” a esos que se beneficiaban de esas políticas. De igual forma la deuda pública que deja Arena es de cerca del 50%, la carga tributaria en el país (13%) es de las menores en América Latina, así como lo es el gasto público en lo social.

Todo esto, y la dolarización, nos dejan una herencia de cerca de la mitad de la población viviendo en pobreza, una deuda pública alta y un estrechísimo margen de maniobra fiscal para salir de la crisis. No debemos seguir aumentando nuestra deuda y, sobretodo, debemos revertir su trayectoria de crecimiento. El ajuste fiscal es impostergable. ¿Cómo hacer ese cambio en las finanzas públicas? Dos procesos recientes nos dejan lecciones importantes, la negociación del presupuesto que está llevando a cabo E.U.A. y el ajuste fiscal que hizo Uruguay en los últimos años.

Uruguay es un país pequeño, altamente urbano, sin mayores reservas minerales, sus principales riquezas son su gente y la agricultura. Un país cuya economía, en los últimos 50 años, creció a 1.3 %, de los más bajos en América. Que recientemente tuvo un cambio brusco en su gobierno hacia uno de izquierda. Sin embargo, en los últimos 7 años, su economía ha crecido al 6.5 % en promedio, lo que ha favorecido más a los que más tenían. Pero también el estado hizo un esfuerzo para reducir la pobreza y la desigualdad. Uruguay tiene ahora la carga tributaria más alta de América Latina (27%) y el indicador de distribución (coeficiente Gini) más bajo del continente, lo que permitió reducir la pobreza en un 40% y la indigencia en un 50%. Varios de los indicadores internacionales lo sitúan como de los países más atractivos para invertir.

Estados Unidos, con una realidad muy diferente a la nuestra, está pasando por épocas duras. Sus finanzas publicas no son buenas, una deuda del 91%, un déficit fiscal del 10.3% y un desempleo de cerca del 10%. Por ello, aun con una carga tributaria de cerca del 30%, se encuentra en una dura discusión de cómo mejorar sus finanzas. El Presidente  Obama en su reciente discurso a la nación sobre el tema dijo: “Continuamos hablando de reducir el déficit…de cómo se lo debemos a nuestros hijos y nietos..Bueno, demos el paso, hagámoslo. Estoy preparado para enfrentar a mi partido y asumir costos. Y espero que el otro lado también esté dispuesto hacer lo mismo. Entre más retrasemos el actuar, lo más doloroso ello será. ..Controlar la deuda pública es esencial para crear el espacio fiscal que permita preservar nuestros programas para los más vulnerables y hacer las funciones esenciales del gobierno. No va ser posible progresar en esas áreas sino ponemos nuestras finanzas públicas en orden.”

La empresa privada nos brinda en México otro ejemplo. Según un artículo del New York Times (R. Archibold, Julio 10, 2011), a pesar de la alta violencia en la frontera norte, la empresa privada sigue invirtiendo allí. Lo hacen las firmas extranjeras de E.U.A. y Asia y los locales en sus maquilas.

Estos ejemplos nos confirman que si podemos sanear nuestras finanzas públicas y algunos de los pasos básicos para ello. Un crecimiento económico que beneficie a todos y una disminución de la violencia requieren un esfuerzo de nación, una desideologización de las decisiones económicas y pasan por una inversión social y papel importante del estado, lo que en nuestro caso requiere una mayor carga fiscal.  

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