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“El compromiso es que esta Asamblea Legislativa no tenga nada que ocultar”

El FMLN asumirá por primera vez la presidencia de la Asamblea Legislativa. A partir de este martes, 1 de febrero, Reyes será el presidente del Órgano Legislativo, tan marcado por la desconfianza y la falta de credibilidad. Aunque promete transparentar la institución, no asume compromisos para revelar las contrataciones de empleados o los acuerdos de junta directiva.


Fecha inválida
Rodrigo Baires Quezada. Fotos: Frederick Meza

 

El diputado del FMLN será presidente de la Asamblea Legislativa durante 15 meses. Un hito para su partido, que nunca ha dirigido el parlamento a pesar de haber ganado la mayor cantidad de diputados en las últimas elecciones. Todavía como vicepresidente asegura que dará un giro al papel que juega el presidente del Órgano Legislativo. ¿En qué sentido? Este tiene que ser más proactivo para que esta institución retome su lugar como centro de concertación política entre los partidos y los sectores sociales. Para ello, sostiene, el presidente debe tener una verdadera autoridad política y credibilidad. ¿Acaso no la ha tenido su predecesor, el pecenista Ciro Cruz Zepeda? Reyes no contesta la pregunta.

Tampoco se atreve a hacer compromisos para abrir una de las claves del funcionamiento administrativo y financiero de la Asamblea Legislativa: las decisiones de la junta directiva. Esa que autoriza contrataciones y acuerda mantenerlas ocultas del público. Esa que autoriza comprar automotores de lujo para los diputados, y esa que acuerda recetarse y recetar a los demás legisladores aumentos salariales en período de crisis económica y a escondidas de la gente. Su compromiso se queda en que intentará hacer algo. “Lo vamos a conversar. El compromiso es que esta Asamblea no tenga nada que ocultar, pero también soy consciente de que tengo que hacer un esfuerzo para que cualquier medida que se tome tenga el máximo respaldo de la junta directiva”, dice.

¿Qué diferenciará su gestión con respecto a la gestión de Ciro Cruz Zepeda?
Cuando hablas de gestión, veo dos ámbitos. Una es propiamente la gestión administrativa, la gestión de los asuntos cotidianos de una institución tan particular y compleja; otra es la gestión política, de los asuntos políticos que la Asamblea tiene que enfrentar y resolver. En ambos puntos tengo la convicción de que se pueden hacer cambios importantes que redunden, por un lado, en un mejor posicionamiento de la Asamblea dentro del sistema político del país, en su credibilidad y en su imagen en sociedad. Y, además que contribuyan a que la Asamblea sea una actor de un carácter más proactivo y protagónico en los asuntos del país. En lo que es la gestión interna de la Asamblea, creo que es una institución que debe de modernizarse de una manera rápida y consistente. Creo que tiene que ser una ventana abierta al público en cuanto a la información que aquí se procesa, a las actividades que realiza, tanto al interior como las de proyección. Creo que debe de comunicarse más lo que se hace, tiene que abrirse más a los ciudadanos y a los medios de comunicación.

Habla de una institución que no goza de mucha popularidad entre la ciudadanía…
…  Porque lo que ha prevalecido en cierta manera es el secretismo, el misterio y los procesos poco transparentes o, hasta cierto punto, opacos. Y por otro lado, también en la Asamblea, por el mismo proceso político, se han tomado decisiones que, en algún determinado momento, han lesionado a la ciudadanía.

¿Por ejemplo?
La dolarización, algunos acuerdos para lesionar el sistema de pensiones, acuerdos de comercio que no fueron consultados con la sociedad, endeudamientos que no fueron debidamente justificados, elecciones de funcionarios de segundo grado que han llevado a que determinadas instituciones sean cuestionadas después… Y todo eso se hizo en la Asamblea. Hay un efecto de arrastre que no tiene que ver con esta legislatura, sino con que en las últimas dos décadas, donde hubo un marcado dominio de Arena, sirvió para consumar decisiones que la ciudadanía vio muy mal.

En las elecciones de 2003, el Frente terminó entregando la presidencia a Ciro Cruz Zepeda, del Partido de Conciliación Nacional…
…  El FMLN consistentemente ha ganado las elecciones de 1997, sacando más votos que cualquier otro partido…

… Pero no diputados…
… No siempre ha significado ganar más diputados, pero la voluntad popular ha estado bien clara. Pero, siempre hubo un acuerdo de la derecha para impedir que esa voluntad popular se tradujese en que el Frente presidiera la Asamblea.

Eso pasó hace seis años.
Para la derecha fue como un punto de honor. Que quizás, en su mayor expresión, se pudo ver el pasado 1 de mayo de 2009, donde a pesar que el Frente hizo una propuesta para que tanto Arena como FMLN compartiésemos en plazos iguales la presidencia, la derecha insistió en no darle ninguna participación en aquel momento.

¿Por qué dársela al PCN, que no tenía ninguna mayoría?
Eso se lo tienen que preguntar a la derecha, porque nosotros no incluimos al PCN. Las derechas se terminaron confabulando y poniendo un presidente. Lo demás es historia: ese acuerdo se quiebra cuando Arena entra en su debacle y se genera una nueva recomposición, que es la que ha permitido que un representante del FMLN, por primera vez en la historia, asuma la presidencia de la Asamblea. Tomó más de 17 años para que se produjese una transición en la conducción del gobierno, en el Ejecutivo; tomó un poco más de tiempo para esa misma transición en la Corte Suprema de Justicia. Hoy ha llegado el momento del Órgano Legislativo. Esto lo enmarco en el proceso global de transición política del país que arrancó con los Acuerdos de paz, pero que no se da de manera automática.

 
Regresemos al inicio: ¿Qué va a marcar la diferencia en la primera gestión de un partido de izquierda en la Asamblea?
Transparencia, apertura… Mucho más contacto con los ciudadanos, mucha más divulgación del quehacer de la Asamblea, un rol más activo de la presidencia en la vocería de la Asamblea, como primer órgano del estado. Y, por otro lado, en lo que es la gestión de los asuntos políticos, una presidencia volcada a la consecución de grandes acuerdos políticos. La presidencia de la Asamblea no ha jugado ese papel. Se tiene que jugar un papel proactivo, un papel de primera línea, en la consecución de grandes acuerdos de país.

Miremos algunos acuerdos que ha tomado esta legislatura: la elección de los magistrados de la Corte y el fiscal general se decidió en Casa Presidencial.
A eso me refiero.

Entonces se reclamó que la discusión salió de la Asamblea y necesitó de la mediación del presidente Mauricio Funes.
Aquí hay una contradicción: aunque el resultado fue bueno para el país, porque hoy tenemos una Corte que ha recuperado bastante de credibilidad e independencia, fue a consecuencia de que la Asamblea cediera su papel de espacio natural de negociación y concertación de ese tipo de acuerdos.

Desde afuera vemos una Asamblea pero no un parlamento.
Eso tiene que ver con que la presidencia de la Asamblea tiene que jugar un papel más proactivo, más dinámico y hacer un esfuerzo para que la Asamblea sea un espacio de encuentro y concertación. Para eso, evidentemente, se necesita tener autoridad política y credibilidad.

¿No la tenía Ciro Cruz Zepeda?
Usted lo está diciendo, no yo.

Por eso le estoy preguntando: ¿Ciro Cruz Zepeda no tenía esa credibilidad y autoridad política?
Usted lo dice, no yo… La presidencia tiene que tener legitimidad para poder convocar a estos acuerdos. Si no la tiene, si no tiene autoridad, si su estilo es más de pasillos y cuartos oscuros o cerrados, o de acuerdos bajo la mesa, obviamente no tiene la autoridad para convocar y ser el catalizador de grandes acuerdos. Ese es el reto que el FMLN y este servidor, como representante de este partido, tiene que encarar: convertir a la Asamblea en este espacio de negociación legítima y transparente para conseguir grandes acuerdos en beneficio del país, sin que eso signifique anular otros espacios.

¿Terminará  con la política de que los grandes acuerdos legislativos se tomarán a puerta cerrada, en bilaterales y a escondidas?
Las bilaterales no se pueden descartar, son parte de los procesos políticos normales. El punto no es si se negocia de manera bilateral o en una sola mesa con todos, el punto es qué tanto de esa información llega al ciudadano. Creo que las negociaciones en general sean más transparentes y que se den en el espacio idóneo…

… ¿El pleno?
Es el parlamento, las comisiones y el pleno de la Asamblea.

¿Qué garantías puede dar de que con una presidencia del FMLN habrá diálogo político en la Asamblea por ejemplo en leyes como la de partidos políticos o las reformas electorales pendientes?
Puedo señalar leyes que le interesan más a la gente, sin que eso signifique que no sean importantes estas… La ley de medicamentos es una ley que la gente está esperando. Estoy seguro de que si la presidencia de la Asamblea asume una actitud proactiva, más dinámica y emprendedora, esa ley la podemos aprobar en las próximas semanas, pero se necesita un impulso…

¡Si van a ritmo de un artículo por mes!
Te puedo decir que si desde la presidencia se hacen los mejores esfuerzos podemos lograr acuerdos y concertaciones en esa y en otra serie de leyes. Veo que la presidencia de la Asamblea no puede limitar su rol estrictamente al papel administrativo. Tiene que jugar un rol político de primera línea. Y el rol de generar acuerdos, concertación y consenso.

Cualquiera podría preguntar: ¿por qué tanto protagonismo para la presidencia de la Asamblea?
No, no se trata de protagonismo. Se trata de recuperar la esencia de la Asamblea y de la presidencia de la Asamblea.

Miremos algunos acuerdos que se tomaron y que nadie se hizo cargo de ellos después: el aumento salarial de los diputados en 2007. Ningún diputado, de ningún partido político, ni los que estaban en la Junta Directiva, se hicieron cargo de este aumento.
Creo que un directivo que toma una decisión tiene que hacerse responsable de las consecuencias de sus acciones, ya sean estas de orden político, administrativo e, incluso, legal. Lo que sucedió en esa ocasión es que hubo un acuerdo de un grupo de la derecha en la directiva que, al intentar materializarse, fue repudiado. Por eso es que al final nadie asumió la paternidad de esta criatura. Posiblemente quienes tomaron la decisión no esperaba esa reacción de los ciudadanos.

Sin embargo, ni los diputados que no tomaron la decisión dijeron quiénes eran los responsables.
No, pero era obvio. Nuestra postura fue el desmarcarnos, porque no habíamos participado, y recuerdo que no cobrábamos por varios días como señal de repudio. Pero volviendo al presente, las decisiones de una junta directiva tienen que ser asumidas con plenitud porque son actos públicos, son actos de la administración pública.

Miremos lo que pasa ahora, pues. Junta Directiva y la Comisión Política se reúnen a puerta cerrada. ¿Eso lo mantendrá?
La Comisión Política se reúne a puertas abiertas…

… ¡Abren las puertas cuando quieren!
Bueno, pero no se puede decir que se reúne a puertas cerradas.

Bueno, digamos que es una puerta semiabierta.
Digamos que, generalmente, hasta que se instala formalmente la comisión es cuando se permite el ingreso de la prensa. Esa ha sido la norma.

Y la junta directiva, sí se reúne a puerta cerrada. ¿Cambiará esto en su gestión?
Pienso que se pueden discutir mecanismos de mayor acceso a la discusión en la Junta Directiva. Yo, particularmente, pienso que el presidente de la Asamblea debe de informar permanentemente al pueblo, a través de los medios de comunicación, de los resultados de estas discusiones. Ese es uno de los puntos donde se puede ir marcando el cambio. Un punto fundamental, por ejemplo, es la construcción de la agenda de la plenaria. Estoy convencido de que el presidente debe informar al país de los contenidos de ésta y de cada dictamen que se va a aprobar… de cada pieza de correspondencia que llega al pleno. Creo que eso le quitaría un velo de misterio a las sesiones de la directiva y de la plenaria. No veo por qué estos temas tan elementales deban ser conocidos a última hora.

Eso ha sido la norma: leyes que entran a las 7 de la noche, dispensas de trámites y madrugones clásicos, que los hemos tenido incluso en esta legislatura.
Primero, hay que tener en cuenta que la mecánica parlamentaria... Los diputados, en el pleno, tienen el derecho de modificar la agenda. Por otro lado, cuando hablamos de madrugones hay que distinguir lo que es un madrugón, en el sentido peyorativo y negativo del término, de lo que son sesiones que de una manera innecesaria se prolongan hasta la madrugada por una sobrecarga en la agenda. Las sesiones alargadas que llegan hasta la madrugada, creo que son innecesarias y hay que cambiar, porque aunque el legislador tenga la mejor intención, las imagen que se transmite no es la más positiva. El madrugón clásico es cuando se trae un proyecto de ley que no ha sido discutido en una comisión y que en horas de la madrugada se aprueba sin mayor trámite, y que generalmente tiene un sentido que va a afectar a la ciudadanía o a un sector de la población, y que por ser dañino se aprueba en las madrugadas para que hubiese menos escándalo y menos acceso a los medios de comunicación para divulgar lo que estaba sucediendo. Hay que distinguir eso.

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