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Opinión /
Competitividad y calidad de vida

Fecha inválida
Carlos Calles*

En una sociedad ¿Hay costo y/o valor monetarios para determinar la Calidad de Vida? Desde que el dinero se convirtió en mercancía para el intercambio y, modernamente, en mercancía en sí misma, todo se mide en valores monetarios. Esos valores de las cosas son alterados en la medida que se altera el valor del dinero, y éste depende del riesgo que asumen los propietarios del dinero, riesgo que se mide por las condiciones que afectan la velocidad de retorno de capitales, capacidades de pago del usuario; en buen castellano, la rentabilidad del dinero prestado es pagada por el usuario.

El precio del dinero es el determinante para que un país tenga niveles de competitividad; entendiendo que competitividad significa la mayor generación de satisfacción a menor precio posible. En el escenario de la competitividad descartemos la vía de la calidad del producto pues se da por sentado que si esa no se obtiene no se participa; actuando, entonces, en la vía de la competitividad por el precio, un país para ganar espacios en el mercado internacional debe actuar sobre los costes de producción ya sea por la vía del valor del capital o por la vía del valor del trabajo.

Los niveles de estabilidad político-social están directamente relacionados a 1- la apropiación y dominio de la riqueza producida, 2- la distribución de ella y 3- a los niveles de crecimiento económico que genera esa riqueza. Los cuatro componentes conforman una especie de matriz, en la que la retroalimentación de todos ellos deriva en la sostenibilidad y sustentabilidad del desarrollo.

La página web de la Presidencia de la República, 17 de noviembre del 2010, registra que en su disertación, ante el IV Foro de Competitividad de las Américas,  “El Presidente Funes dijo que los factores más problemáticos en términos de competitividad se traducen en: criminalidad, acceso a créditos, inestabilidad política, burocracia e ineficiencia gubernamental y corrupción; aspectos en los que ha venido trabajando su gobierno desde el mismo momento en que se instaló.”

La resolución de los problemas que aquejan a nuestra sociedad salvadoreña va más allá de las coincidencias teóricas. Es acertado lo que también del Presidente Funes se registra en la página web de la Presidencia: … dijo que la competitividad no es asunto de economistas: “Es un asunto de estadistas, de quienes deben velar la superación de los problemas de nuestros pueblos” afirmó y agregó que en el desarrollo de las capacidades de los pueblos, reside la verdadera competitividad.

Estas capacidades de los pueblos, que menciona el Presidente Funes, son las que sustentan los niveles de calidad de vida; pero requieren del accionar premeditado de los gobiernos para la construcción de sus marcos referenciales. Este accionar gubernamental debe incidir en la modificación de los términos de apropiación y dominio de la riqueza producida a través de políticas fiscales. El sistema tributario además de proveer fondos para inversión pública provee de capital, entre otros destinos, para créditos e inversión al sector privado. Recurriendo a capitales propios, el valor del dinero se reduce incidiendo directamente en los costes de producción; se reducen, también, los condicionantes políticos que llevan aparejado el mercado mundial de capitales. Recurriendo a Paul A. Samuelson, entendemos que los impuestos son progresivos sí recaudan una proporción mayor de la renta a medida que aumenta ésta, son proporcionales si constituyen una proporción constante de la renta y regresivos si imponen una carga mayor a las familias de renta baja que a las de renta alta. El economista conceptualiza, el estadista privilegia.

La implementación de condiciones de competitividad nos beneficia a todos, beneficio que se enfoca en la dinámica empresario-trabajador. Es consustancial a la modernización del pensamiento empresarial asumir las responsabilidades fiscales con el país; ya no es permisible continuar la perniciosa práctica de competir con precios bajos a costa del salario de los trabajadores y transferir las responsabilidades fiscales de los empresarios a los consumidores. Afectando las condiciones sociales de existencia.

Liberar de cargas al salario repercute directamente en la elevación de la renta y en los niveles de calidad de vida; Con base al estadístico prusiano del s. XIX –Ernest Engel- conforme aumenta la renta, se incrementa el gasto en muchos artículos alimenticios. Los individuos comen más y mejor. Elevar la renta significa elevar el consumo y el ahorro, y a mayor ahorro mayores capitales de inversión.

Entonces, en El Salvador se puede construir condiciones para la competitividad.

*Historiador y profesor de teoría política
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