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Plática con Jorge Lemus, Premio Nacional de Cultura 2010

"No pretendo que El Salvador sea bilingüe, sino que el náhuat sobreviva"

Carlos Martínez / Fotos: Bernat Camps
El Faro / Publicado el 23 de Noviembre de 2010
Este año, el Premio Nacional de Cultura se lo llevó un señor que tiene años inventando técnicas de resucitación, masajeándole el pecho a algo que para la mayoría no es otra cosa que un cadáver. Un cadáver estorboso, además. Un recuerdo incómodo de años y años, y por años, siglos, de agravio y de humillaciones. El señor este quiere revivirle la lengua al pasado. Si uno no es muy amigo de los títulos, Jorge Lemus es un lingüista, así, a secas. Ahora, si a uno, en cambio, le gusta pronunciarle el nombre y el apellido a cada cosa, Jorge tiene una licenciatura en lingüística; y en Estados Unidos estudió una maestría en antropología lingüística y luego un doctorado en lingüística teórica. O sea, que Jorge sí que es un lingüista. Ahora se le va la vida en el intento por conseguir que un puñado maltrecho de ancianos olvidados no se mueran antes de heredarnos una lengua antigua, y de conseguir que ellos desaprendan lo que duramente aprendieron durante siglos: que su lengua es una vergüenza, cuando no un motivo de muerte. A eso aspira Jorge Lemus.

A ver, Jorge, quiero comenzar zanjando una duda que supongo que será generalizada. Hace poco la revista Séptimo Sentido publicó una entrevista con usted con un titular que sonaba pretencioso: “No hay nadie que sepa más de náhuat que yo”. Sin embargo, entiendo que usted no habla náhuat.
Correcto. Hablo lo suficiente como para comunicarme con los pipiles, pero no soy un hablante fluido del idioma. Cuando eres lingüista trabajas con datos que obtienes de las personas con quienes hablas y ellos te dan información, grabas, transcribes y analizas y luego tú comienzas a formular hipótesis de cómo funciona esa lengua. Tú vas construyendo la gramática, la estructura del idioma y luego puedes escribir la gramática compleja de un idioma aunque tú no hables el idioma a la perfección.

Esa era mi duda: ¿cómo se puede ser experto en una lengua que no se maneja, que no se habla?
Ejemplos: mi tesis doctoral, yo trabajé un capítulo completo sobre una lengua que se llama malayalam, que se habla en la India. Yo no hablo malayalam, pero el análisis que hice, la información que tuve, tanto bibliográfica como de personas que hablaban malayalam en la universidad, hizo posible que hiciera un análisis de este idioma y comprobar “X” número de hipótesis para escribir un capítulo muy serio, que incluso los propios hablantes de esa lengua se pueden estudiar y aprender de su propio idioma. Noam Chomsky, que es el lingüista más famoso e influyente del siglo XX -y no sabemos si del siglo XXI- no habla español, o tal vez solo un poco, y ha escrito estudios gramaticales sobre español. Por eso es que es una profesión. Tú eres lingüista y eso no quiere decir que eres políglota.

Si ahora alguna persona decidiera en lugar de aprender inglés, aprender náhuat, ¿podría?
No. No existe una academia donde alguien puede ir a estudiar náhuat. Nosotros tenemos muy pocos recursos para este proyecto de revitalización, entonces los invertimos en forma muy focalizada: trabajamos con los profesores que están en escuelas enseñando náhuat a los niños, a ellos les damos clases porque van a ser los maestros de los niños, pero no tenemos cursos libres o cosas así. El esfuerzo de revitalización se tiene que enfocar en micro, porque la revitalización de una lengua deriva de que la lengua sea utilizada en forma cotidiana, entonces si tú sales de un aula y no vas a encontrar ninguna forma de practicar el idioma, no le vas a dar la importancia que le querés dar. Mientras que si el niño está, digamos, en Santo Domingo de Guzmán, va a la escuela y aprende unas frases, tiene la posibilidad de que cuando regrese a su casa va a encontrar un anciano nahuablante que le va a entender y va a haber un poco de interacción. Eso es lo que se llama función social. Va a tener una función y eventualmente lo que vamos a tratar es que esto sea cotidiano, que estos niños vayan creciendo, que entre ellos practiquen el idioma y que eventualmente sea una lengua común para todos.

Ahora, eso como anhelo o como búsqueda científica supongo que será loable, pero tal como lo explica muy probablemente la sentencia de muerte que pende sobre la lengua es inevitable, irrevocable.
Voy a contestarte con ejemplos: el maorí, en Nueva Zelanda. En 1980 esa lengua estaba en una situación crítica también, tal vez no tan crítica como el náhuat, porque era hablado en una extensión más grande, pero los hablantes eran muy pocos. Se comenzó un proyecto de revitalización que se llamaba “los nidos lingüísticos”: se llevaba a los niños a la casa de una persona que hablaba maorí de la comunidad y entonces esa persona los cuidaba, como una guardería que tenía dos o tres niños. A finales de los 80s estos niños fueron al colegio y a la universidad y en esta década el maorí se habla en toda Nueva Zelanda. Lo que nosotros estamos haciendo aquí, además del proyecto escolar, es el proyecto de la cuna náhuat, que es inédito. Para nosotros es una cuestión más controlada, porque tenemos a 25 niños, a cuatros señoras nahuablantes que están con ellos toda la mañana. Estas señoras han sido capacitadas por especialistas en educación infantil. Ellas le hablan a los niños en náhuat totalmente. Si eso se multiplica, entonces sí podemos hablar de que esta sentencia de muerte sobre el náhuat no tiene que cumplirse, se puede salvar.

¿Existe en El Salvador algún lugar en el que esta lengua se utilice para la cotidianidad?
No, no existe. O sea, para propósitos de uso, el náhuat es una lengua muerta, porque no tiene un uso práctico. Ni siquiera doméstico, porque no es que en el hogar todos hablan el idioma. O sea, lo que hacemos en la cuna es que creamos artificialmente un contexto social en el cual los niños puedan utilizar el idioma.

Más que darle un período de sobrevivencia a la lengua, sería casi mantener en criogenia al idioma. O también se parece a mantener en zoológicos a algunos ejemplares de especies extintas.

Es un símil bastante fuerte, pero se puede usar. Siguiendo con ese símil, aunque suena un poco pesado, sí se puede crear hábitat artificiales en los cuales se puede revitalizar el idioma, con eso creamos una generación de relevo. En 15 o 20 años no habrá ningún hablante náhuat. Puede que estos niños... tal vez en 20 años existan recursos para revitalizar el idioma.  Mira estas estadísticas: hay más o menos 6 mil 700 idiomas registrados.

¿Cuántos están fuertes?
El 50% están en peligro de extinción. Y del resto, otro porcentaje, también está en peligro de extinción... puedes hablar de que en 50 años, la mitad de las lenguas pueda haber desaparecido. Para mí quizá es posible que solo el 10% sobreviva.  Fijate que el 96% de la población del mundo solo habla el 3% de los idiomas. Pocos pueblos, como el maorí, el País Vasco en España... hay algunos ejemplos que han logrado revertir el desplazamiento impuesto por las lenguas depredadoras. Lo que debes hacer es recuperar eso: la comunidad, el Estado, los medios... eso no lo puede lograr solo una persona como yo. Yo puedo tener a 25 niños hablando náhuat, tal vez el otro año pueda tener 50, si consigo financiamiento. Yo solo no puedo. Quien sí lo puede hacer es el Estado.

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