La finca El Espino tiene una buena proporción dedicada al cultivo del café, que permite la entrada de la naturaleza dentro de una ciudad que crece desordenadamente y en la cual las inundaciones son cada vez más frecuentes. Las investigaciones de El Faro revelan que
el 68% de la finca ha sido vendida por medio de inusuales mecanismos y ahora está en manos de especuladores privados, constructores y lotificadoras.