08 de Febrero de 2012

El Espino y el derecho de la naturaleza

  • Foto: Mauro Arias
  • Foto: Mauro Arias
    La finca El Espino tiene una buena proporción dedicada al cultivo del café, que permite la entrada de la naturaleza dentro de una ciudad que crece desordenadamente y en la cual las inundaciones son cada vez más frecuentes. Las investigaciones de El Faro revelan que el 68% de la finca ha sido vendida por medio de inusuales mecanismos y ahora está en manos de especuladores privados, constructores y lotificadoras.
  • Foto: Mauro Arias
    Una mariposa de la especie Adelpha erotia se alimenta del néctar de flores que crecen al lado de una vereda dentro de El Espino. La variedad de especies animales dentro de un bosque depende de la cantidad de especies vegetales que habitan en el. En el cafetal no solo hay arbustos de café y pepetos que les dan sombra, sino también especies nativas que encuentran la manera de abrir brechas entre el cafetal.
  • Foto: Mauro Arias
    La mariposa Alas de vidrio, cuyo nombre científico es Greta oto, es una de las delicadas creaciones de la naturaleza y es admirada a nivel mundial aunque en El Espino parezca bastante común, sobre todo en pequeños claros donde florecen espicies abundantes en néctar.
  • Foto: Mauro Arias
    Escarabajos en estado larvario esperan agazapados la caída de la oscuridad para salir a alimentarse de las hojas de su planta huésped, una liliácea. En lugares relativamente bien preservados es posible encontrar manifestaciones de diversidad de vida en casi cualquier rincón.
  • Foto: Mauro Arias
    Una pareja de saltamontes copula mientras son seguidos por un macho solitario que desea unirse al bullicioso ritual. Durante más 300 millones de años, las plantas y los insectos que se alimentan de ellas han creado relaciones de mutua dependencia.
  • Foto: Mauro Arias
    Una langosta Tropidacris cristata de 14 centímetros de longitud se esconde entre las hojas de un higuerillo. Es una de las especies de saltamontes más grandes del mundo. La hembra alcanza hasta 14.5 centímetros de longitud, desde la cabeza hasta la punta de las alas plegadas, atrás, y llega a los 25 centímetros de envergadura cuando extiende las alas.
  • Foto: Mauro Arias
    Una ninfa multicolor de saltamontes parece diseñada para sorprender por la brillantez de sus colores. La variedad de saltamontes y langostas depende de la variedad de especies de plantas que se encuentran en el bosque. Los grupos de insectos más antiguos corresponden a las libélulas, las cucarachas, los saltamontes y las mantis.
  • Foto: Mauro Arias
    La flor conocida popularmente como sultana (Impatiens walleriana) es originaria de África, pero en El Espino se siente como en casa. Los insectos que se alimentan de sus hojas y flores a menudo son alimento de arañas, aves y murciélagos. Los murciélagos y aves son, a la vez, presa de depredadores como serpientes, aves rapaces y mamíferos carnívoros que representan la cúspide de la cadena alimenticia.
  • Foto: Mauro Arias
    La oruga de una mariposa se alimenta de flores de sultana. A pesar de ser una especie introducida, las especies nativas encuentran alimento en ella, continuando así un proceso evolutivo influenciado por el humano, que introduce especies exóticas en todos los hábitats de la tierra.
  • Foto: Mauro Arias
    El quiebracántaro prefiere paredones húmedos al lado de las veredas y barrancos. La forma de trompeta permite que solo colibríes y algunas especies de mariposas grandes lleguen hasta el néctar en el fondo del cáliz.
  • Foto: Mauro Arias
    Cipreses (Cupressus lusitanica) crecen al lado de un camino en El Espino. El nombre en latín relativo a Portugal es solo una confusión botánica. Es originario de América y suele crecer en las montañas.
  • Foto: Mauro Arias
    Una polilla se esconde durante el día en la corteza de un viejo pepeto. La mayoría de mariposas en el mundo son nocturnas y poseen coloraciones que las hacen invisibles para sus depredadores diurnos.
  • Foto: Mauro Arias
    El tronco de un árbol caído se convierte en tierra por el proceso de descomposición. La madera es alimento para larvas de insectos, lombrices, hormigas, termitas, hongos y bacterias que forman un ejército que ayuda a mantener limpio el bosque.
  • Foto: Mauro Arias
    Aparenta ser una delicada flor, pero se trata de un hongo que aprovecha los nutrientes de la madera en putrefacción en el suelo del cafetal.
  • Foto: Mauro Arias
    Flores hembra de una planta de la familia Balanophoraceae emergen de la hojarasca durante la temporada de lluvias. Es una planta parásita que encuentra su sustento conectando sus raíces a las de los árboles que realizan fotosíntesis, proceso a la que ellas mismas renunciaron para vivir en la oscuridad del suelo del bosque.
  • Foto: Mauro Arias
    Unos hongos se abren en forma de flores para dejar al descubiero sus sacos llenos de esporas. Al caer una gota sobre ellos, las esporas salen disparadas en el chorro de aire causado por la deformacion de los sacos.
  • Foto: Frederick Meza
    Cafetales dentro de la finca El Espino, en el área propiedad de la Alcaldía de San Salvador. El futuro del lugar se debate entre la posibilidad de hacer un parque recreativo, con senderos, restaurantes y amplios parqueos. Por el otro lado, está la propuesta de grupos ecologistas de dejar el bosque para que la naturaleza se adueñe del terreno paulatinamente.
  • Foto: Frederick Meza
    Pericos de la especie catalnica (Brotogeris jugularis) se alimentan de los higos de un árbol conocido como matapalo. El matapalo es una especie que crece abrazando a un árbol huésped hasta que lo termina estrangulando. Las relaciones entre especies animales y vegetales son la materia de estudio de la ecología. La importancia de estas relaciones está en que son claves para la supervivencia de los humanos.
  • Foto: Mauro Arias
    Huellas de mapaches se encuentran frecuentemente en el lodo en barrancas cerca del agua, donde estos mamíferos suelen "cangrejear". El mapache es uno de los depredadores carnívoros mejor adaptados a la vida en el cafetal y es difícil verlos debido a su estilo de vida nocturno y a su inteligencia para evitar a los humanos.
  • Foto: Mauro Arias
    Al caminar por los senderos dentro de El Espino no es raro ser sorprendido por alguna distraída y tímida cotuza (Dasyprocta punctata), como esta, que apareció repentinamente frente a mí y apenas me dio tiempo de fotografiarla. Las cotuzas son roedores que se alimentan de frutos y nueces de árboles caídos. Además son una especie reforestadora, ya que en temporadas de abundancia de frutos entierran algunos para tiempos de escasez, pero de vez en cuando olvidan sus escondites y permiten a las semillas germinar.
  • Foto: Mauro Arias
    La tepelcúa o cecilia (Dermophis mexicanus) habita en lugares húmedos y busca alimento entre la hojarasca en descomposición. Esta habitante de El Espino mide unos 30 centímetros, y la creencia popular es que se trata de una serpiente. En realidad es un anfibio y está emparentada con las ranas y los sapos. Babosas, ciempiés, arañas y larvas de insectos son parte de su menú.
  • Foto: Mauro Arias
    El Estado poco interés ha mostrado en preservar este hábitat tan inusual en la zona del Gran San Salvador, y la capacidad de dañarlo es cada vez más evidente, como lo muestra este excusado abandonado dentro del cafetal. La carretera Diego de Holguín está a unos 200 metros de este punto y esta es una de las parcelas que ya es propiedad de una empresa constructora.
La amenazada finca El Espino brinda una serie de servicios ambientales al país como la captación de agua y la consecuente disminución de inundaciones en las partes bajas de San Salvador, la sustitución de carbono por oxígeno en el aire y -tal vez el menos valorado por la dificultad de cuantificarlo- la preservación de la biodiversidad.
Publicada el 1 de Septiembre de 2010