Vivir en La Campanera

Tiene más población que la mitad de los municipios salvadoreños y apenas una escuela donde se enseña hasta octavo grado. Terminado el octavo grado, los jóvenes -pandilleros o no pandilleros- dejan de estudiar o se juegan la vida y van afuera, donde la muerte les sigue como sombra solo por el hecho de vivir en La Campa.

Roberto Valencia/Fotos: Frederick Meza y Roberto Valencia

elfaro.net / Publicado el 21 de Junio de 2010

Una casa abandona sirve como espacio de juego para estas dos niñas.
Una casa abandona sirve como espacio de juego para estas dos niñas.

Hay quien cree que los asesinados sienten. El alma, dicen, se aferra al cuerpo hasta que lo entierran, y en esas horas hasta la sepultura, la presencia cercana de amigos y familiares sirve para que Lucifer no se lleve el espíritu. Solo funciona si no ha transcurrido mucho tiempo. Si el cadáver estuvo pudriéndose varios días en una zanja o un cafetal, el demonio ya hizo lo suyo, y en el velorio no hay nada que resguardar. Pero esos casos son los menos. Lo habitual es que alma y cuerpo estén juntos dentro del ataúd. Por eso a veces los sobresaltos. Dicen que el asesinado siente cuando el asesino está en el velorio, y su cuerpo sangra por algún orificio –nariz, orejas, boca– un líquido a veces rojo, a veces amarillento.

La joven Marta es de las que cree. Lo escuchó desde siempre en su hogar, y lo vivió cuando le asesinaron a un pretendiente llamado Édgar. Lo mataron un día después de haberle negado un beso. Marta no fue al velorio, pero sí al entierro. Antes de sepultarlo, abrieron la caja, y cuando se asomó, vio cómo Édgar le agradeció su presencia relajando su ceño fruncido y esbozando una leve sonrisa. Ese asesinato transformó en verdad inamovible lo que hasta entonces era nomás creencia. Hubo antes y después más muerte en la vida de Marta, pero fue aquella tarde cuando se convenció de que los asesinados sienten.

Y triste pero convencida regresó a su pequeña casa, en el reparto La Campanera.

***

Aquí se rodó La vida loca, el documental sobre pandilleros que le costó la vida a su director, Christian Poveda. Es cierto que el reparto La Campanera tenía mala prensa desde antes y que su elección no fue casual, pero el estreno de la película –y el efecto amplificador del asesinato– resultó como echar sal sobre una llaga. La Campanera está hoy asociada a las maras como Roswell a los ovnis o Cannes al cine. En el imaginario colectivo decir La Campanera es decir violencia. Sin matices. Y esto ocurre en El Salvador, un país del que el Departamento de Estado gringo dice que tiene una de las tasas de homicidios más elevadas del mundo, un país sobre el que el gobierno español aconseja no subirse a los buses. Seguramente haya ciudades finlandesas, australianas o argentinas que tengan barrios con aura de conflictivos, siempre los hay, pero La Campanera tiene esa etiqueta en El Salvador. No pocos salvadoreños cuestionaron mi cordura al saber de mis visitas para escribir este relato.

Con unos 250 mil habitantes, Soyapango es la tercera ciudad más poblada del país. Está anexada a la capital, San Salvador, al punto que cuesta saber cuándo se sale de una y se ingresa en la otra. En la zona norte del municipio está el cantón El Limón, y dentro de ese cantón, La Campanera. Es una colonia joven, que aún no cumple los 20 años, y que casi desde su fundación tuvo presencia de la pandilla Barrio 18. En La Campanera vivió Ernesto Mojica Lechuga, "el Viejo Lin", al que la Policía llegó a considerar como el dieciochero que llevaba la palabra para todo el país.

Extorsión, asesinato, miedo, granadas o desmembramientos son palabras que han acompañado la cobertura mediática sobre esta colonia durante la última década. Pero cuando uno cierra los ojos, en La Campanera se escuchan los mismos sonidos que en cualquier otro lugar: la campanilla del paletero, el crujido metálico de los tambos de gas al chocar, autobuses en ralentí, el chirrido de un columpio sin engrasar...

La Campanera son más de 2 mil 100 casas, y su población ronda los 10 mil habitantes. La mitad de los alcaldes del país gobiernan municipios con menos gente. La estructura de la colonia es simple: una carretera de 600 metros de longitud recta y amplia, y decenas de pasajes peatonales largos y estrechos que salen a un lado y otro desde la calle principal hasta los confines. Vista desde el aire parece una gigantesca espina de pescado sin cola ni cabeza. Al fondo están la escuela y el punto de buses de las rutas 49 y 41-D. Más al fondo, la cancha de fútbol. Después, cerros, la nada.

La primera vez que entré fue el 13 de septiembre de 2009, apenas cuatro días después de haber despedido a Poveda en su misa-funeral. Aún no estaba militarizada. Cuando la atravesé, lo hice con la grabadora encendida, para registrar primeras impresiones: "Bueno, ya estamos en La Campanera. Hay iglesias evangélicas. Tienditas. Gente sentada en bancas rojas, todo se ve rojo, parece que el Frente está fuerte. Tiendas. La bajada es pronunciada. Un camión de agua Cristal. Imágenes del Che y de Martí. Casitas de bloque. Grandes túmulos. Otra pintada, esta vez del Che Guevara con monseñor Romero. Otra iglesia evangélica. Tiendas con rejas. Grandes pintadas del Barrio 18. Pares de tenis colgados".

La verdad es que no se ve tan fea, resumí en mi libreta. Apenas ha cambiado nada desde entonces.

La mayoría de las casas son de bloque y tejas, con agua potable, luz y teléfono. Dignas, si se tiene en cuenta la situación del país. Hay servicio de recolección de basura, e incluso cuenta con una planta de tratamiento de aguas negras. Y quien se lo puede permitir dispone de televisión por cable o internet. La colonia, sin embargo, aparece citada en el Mapa de Pobreza Urbana que este año presentó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. En La Campanera, en efecto, hay pobres y muy pobres, pero lo que la singulariza es el estigma, la exclusión. Siempre ha estado en boca de todos, y casi nunca por razones positivas.

—Ni siquiera los salvadoreños quieren entrar en esta colonia –me dirá un día de estos Alba Dinora Flores, una maestra de la escuela.

Un soldado pasa frente una casa en venta en la Campanera. En esta comunidad, un buen porcentaje de casas está en abandono.
Un soldado pasa frente una casa en venta en la Campanera. En esta comunidad, un buen porcentaje de casas está en abandono.

***


Tarde del 19 de mayo, miércoles.

Pregunto a Alba Dinora por los robos en la escuela, se toma unos segundos para escarbar en su memoria, pero nada. Nunca nadie ha entrado a robar en los siete años que lleva asignada al centro, a pesar de que nadie cuida en la noche, y de adentro hay abundante comida –frijol, leche en polvo, arroz, bebidas fortificadas– y hasta un lote de computadoras donadas que no se utilizan porque no hay dónde.

—Los muchachos no es que sean santos –me responde Alba Dinora–, pero ellos cuidan, cuidan su gente, su casa, su colonia, todo eso. Acuérdese que todos somos humanos. Si uno se mete con una persona, sabe que se lo van a sonar, pero si uno no se mete con nadie, nadie se mete con uno.

Otro día me dará su versión de la paradoja la madre de un pandillero.

La falta de espacio es el mayor problema en el Centro Escolar La Campanera. El edificio es una galera larga y estrecha, con techo de lámina, pintado de azul y blanco, y situado junto a un diminuto patio sin asfalto. En la entrada ondea tímida una bandera de El Salvador, y en los muros hay letreros que dicen Deporte sí, violencia no, o Por una sociedad diferente, pero nadie los mira. Al fondo están los baños, compartidos por alumnos, alumnas y docentes, con sus paredes llenas de recordatorios entre los turnos de la mañana y de la tarde. Solo se enseña hasta octavo grado porque no hay más aulas. Después toca elegir entre dejar los estudios o jugarse la vida.

—Los matan si salen de La Campanera –me dice Alba Dinora, como quien da la hora. Me suena exagerado, pero otro día lo entenderé.

Alba Dinora es la profesora de séptimo y octavo, los grados que cursan la mayoría de los pandilleros.

—¿Usted no preferiría enseñar en otro lugar?
—Pues... no. Violencia hay en todas las escuelas, y aquí los pandilleros al menos respetan nuestra autoridad. A no ser que se tenga un problema con ellos, para los que vivimos o trabajamos aquí es tranquilo.

Esta noche asesinarán a la propietaria de una tienda en el pasaje J por no pagar la renta. Por lo visto, tenía un problema.

Casi una decena de los alumnos que iniciaron curso con Alba Dinora están detenidos o han huido. Entre los que quedan sigue habiendo pandilleros, pero son más los jóvenes cuya única relación con la pandilla es haber crecido junto a ellos, en las mismas aulas, en los mismos pasajes. Sin embargo, todos ellos, pandilleros y no pandilleros, pagan un caro peaje por ser jóvenes en La Campanera: adentro de la colonia, represión; y afuera, los que se atreven a salir se exponen a que otras maras los asesinen por el simple hecho de vivir en La Campa.

Alejandro Gutman lo sabe. Él es argentino y vive en Estados Unidos, pero conoce de pandillas más que la mayoría de los tomadores de decisión. Gutman preside la ong Fútbol Forever, una de las pocas que se ha atrevido a trabajar en La Campanera. La escuela es su base. Hace exactamente una semana me llamó por teléfono para, sin pretenderlo, radiografiarme la colonia: "Son comunidades que tienen en sus entrañas pandilleros, que son en muchos casos hijos, primos, conocidos o amigos de la gente que vive allá. Y esto no significa que estén apañados o que se lucren de las fechorías, sino es lo que es, es lo que tenemos, y con lo que hay que aprender a trabajar".

La escuela sintetiza la complejidad del fenómeno de las pandillas. Es un punto de encuentro que a veces también funciona como casa comunal y hasta ha servido para acoger velorios. Lo que ahí ocurre bota por tierra la recurrente y mediática teoría que dibuja La Campanera como un lugar en el que 10 mil personas viven sometidas por 20, 50 o 100 pandilleros; y que extirpado este grupo, se resolverá el problema.

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Soldados patrullan en un pasaje, y un grupo de niños les observa.

***

Mañana del 5 de junio, sábado.

—¡¡¡Huevonazos!!! –grita el cabo.

Hoy hay más movimiento del habitual en La Campanera. Los militares están en campaña de fumigación, y las bombas termonebulizadoras zumban. Los policías no fumigan, pero un grupo de ellos lleva un buen rato calle arriba, calle abajo en el pick up Mazda de la corporación. Ahí suben otra vez y, al pasar sobre el primer túmulo, suenan la sirena una fracción de segundo, pero suficiente para irritar al cabo fornido que está parado sobre la acera.

—¡¡¡Huevonazos!!!

Es evidente que quería que lo escuchara. Ve que le sonrío la gracia y se anima.

—Ya quisiera ver a uno con nosotros...
—¿Un pick up? –pregunto, un tanto desconcertado.
—No, a una de esas niñas. ¡Pa’ que sepan lo que es trabajar!

La Fuerza Armada y la Policía Nacional Civil conviven en La Campanera desde noviembre, pero rara vez patrullan juntos. Los que más se mueven son los soldados; chacuatetes, los llaman. Se les ve pasar a cada rato en grupos de tres o cuatro y armados con fusiles de asalto M-16 o Galil. En su afán por diferenciarse de las niñas, se aplican con mayor dureza. "Los soldados pegan más a lo loco", me dirá otro día Whisper, un pandillero. Irónicamente, en la pandilla, hombría y violencia también son valores asociados.

Delmy Chávez es una madre que ronda los 40, de carácter fuerte, y que pertenece a la directiva comunal. Es muy crítica con la labor desarrollada por la Fuerza Armada y la Policía.

—Nosotros no queremos, y ahí quiero que lo ponga usted, no queremos represión. Lo que queremos son oportunidades, talleres de formación para los jóvenes. Venga de donde venga la violencia hay que erradicarla.

En mis días en La Campanera se sucedieron los testimonios de golpizas, tratos vejatorios, registros bajo lluvia intensa, manoseo a jovencitas y sobornos protagonizados por policías y soldados. En la colonia se aplica de facto la presunción de culpabilidad, sobre todo con varones de entre 14 y 18 años. La presión es tal que algunas iglesias han tenido que extender documentos sellados para que sus jóvenes puedan salir de sus casas, algo así como un salvoconducto.

Y si esto ocurre con cualquier joven, con los pandilleros tatuados la presión es mucho mayor. Hace cuatro días, el 1 de junio, hubo operativo. Una docena de pandilleros se habían reunido en una casa, alguien dio el soplo, y las autoridades cayeron con todo en torno a las 9:30 de la mañana. Hubo macanazos, gases, puntapiés, culatazos. "Las patadas en la espinilla con las botas militares duelen", me dirá uno de los detenidos. Rompieron vidrios, puertas, un televisor y la PlayStation en la que jugaban fútbol. Los descamisaron, los tumbaron, más patadas, llegaron vecinas, madres, hermanas a hacer bulla, un bebé de 11 meses cargado por su abuela recibió en la frente un culatazo con un Galil, los cargaron en pick up y se los llevaron a la delegación de Ilopango. Los retuvieron tres días. Más patadas. A Whisper lo golpearon con unas esposas, y todavía hoy tiene la marca sanguinolenta en su omóplato derecho. Después de tres días retenidos, todos recuperaron la libertad sin cargos.

Es mediodía y la campaña de fumigación ha terminado. "Nosotros estamos aquí para apoyar", me dice satisfecho el coronel Carlos Benning Rivas, el responsable de los 400 elementos con los que el gobierno militarizó el área.

Nada es blanco o negro en La Campanera. La labor del ejército aquí es aplaudida por muchos y censurada por otros. En medio, una paleta de matices en función de la cercanía hacia los pandilleros o del respeto que uno sienta por los derechos humanos. La mayor presencia del Estado aquí ha servido, en el mejor de los casos, para sustituir una violencia por otra y para imponer la idea de que todo joven es culpable hasta que demuestre lo contrario.

Entrada la tarde, cuando ya me retiro, una pareja de policías me ordena detener el carro. Un agente joven, chele y rapado al que los pandilleros apodan Metralleta se acerca y me pide que salga del auto.

—Salga del auto, las manos a la vista.

Obedezco y entrego mis documentos.

—¿Dónde vive usted?
—En San Salvador.
—¿No vive en la Santísima Trinidad?

La tarjeta de circulación del carro conserva mi vieja dirección. Es obvio que han estado averiguando. Les explico. Metralleta me ordena abrir el maletero, revuelve todo, desmonta y saca la llanta de repuesto. Como el asunto se torna serio, termino por entregar la credencial de prensa al otro agente, que ha permanecido callado y con la mano sobre la pistola. Se retiran, me hacen esperar 12 minutos más y luego me dejan ir.

Presunción de culpabilidad, pienso.

Un grupo de niñas leen revistas, mientras unos soldados guardan puesto en uno de los pasajes de la Campanera.
Un grupo de niñas leen revistas, mientras unos soldados guardan puesto en uno de los pasajes de la Campanera.

Vivir en La Campanera

la profesora-

Escrito el 2011-11-08 00:14:25 por Carlos Alexander

la profesora que se menciona en el articulo, alba dinora flores, fallecio hace 1 mes de un infarto.


vivir en la campanera

Escrito el 2011-10-23 09:21:04 por davi rosales

Es una triste pero dura realidad,las autoridades deberia de hacer mas por rescatar los valores de estos muchos que deben sentirse aislados en su propio mundo,faltos de amor y comprension, santos?talves no pero si seres humano como cualquiera de nosotros.


La Campanera?

Escrito el 2011-09-21 15:37:24 por Nelson Hernandez

Me parece un artículo de muy mal gusto... hacer ver a estos "niños" como ovejas descarriadas no es lo correcto, los cuerpos de seguridad hacen lo que pueden, esto no es estar a favor de que los verguellen cada vez que quieran, pero la verdad es que estos "niños" matan, roban, vilona, extorcionan a diario y alguien con 5 dedos de frente no puede salir publicando articulos en el que ponen en tela de jucio el proceder policial y hacer ver a los culpalbles de tanta violencia extrema en el país como gente que unicamente necesita OPORTUNIDADES, eso si es de muy mal gusto, me hubiese gustado leer un artículo mas objetivo y con mucho menos tinte de cuento de niño de kinder... ojo con los trabajos de campo que estan realizando...por lo menos con éste dejaron mucho que desear...


las pandillas en la campanera

Escrito el 2011-06-30 17:06:26 por Hasta cuando

conozco un poco la campanera, tuve un hermano que vivio ahi por seguridad le dije que se saliera, pero a donde vive hoy impera la violencia tambien, es verdad que los cipotes malos cuidan en cierta forma es cierto y en otras no, si les caes mal ya la regastes y cuando andan drogos no se acuerdan ni de su mama, parece increible pero so niños que lo unico que les falta es darles una oportunidad de cambiar al que quiere y el que no quiere ya saben para donde van..."hay que quitar la manzana podrida de las buenas" si se empiezan a exterminar estariamos cometiendo el mismo error de los nazis alemanes en contra de las personas judias, eso segun documentales es doloroso, pero aqui seria como matarnos a nosotros mismos o peor somos salvadoreños y debemos enfrentar a este patetico mal que insaña violencia. POSIBLES SOLUCION 1.- El Estado debe proteger a la familia salvadoreña estable o no. 2.- Educar al niño desde que inicia su primer grado, incentivandolo de que llegara a ser un buen salvadoreño exitoso. 3.- Proteger el salario de los salvadoreños como? si tienen trabajo amen, pero si no darle un tiempo para buscarle un nuevo trabajo por ende, El ministerio de Trabajo tiene que empezar a trabajar. no hacerse del ojo pacho. 4.- El sueldo minimo para una familia creo que ronda los $ 200.00 pero es justo ese salario para vivir dignamente? creo que me moriria de risa, creo que al diputado xxx o al saliente contreras sabria el si realmente puede vivir con $ 200.00 perdon pero creo que los explotadores estan arriba de nosotros..entonces porque el FMLN esta el poder??? porque o para que??? creen que es bonito estar paradote esperando el turno del votante solo por una tajada de ineptos politicos...creo que quizas metiendolos en una licuadora saldria al menos un buen diputado o presidente...y hablando de presidentes uno de esos segun un comentario de personas que no conozco dijo " hay dejemos que ellos se maten entre si" asi yo podre meter agentes de seguridad en todas partes..jaja. 5.- La violencia entra por los ojos y oidos, asi que la secretaria que regula los espectaculos publicos no deberian permitir el ingreso de peliculas que inciten a la violencia, sexual, racial..etc los reguetoneros, los de perreo, esos incitan a la violencia, haciendo ver a los jovenes configurados con cadenas, lentes bien a la moda y con chicas a monton, porque si me preguntan que es necesario para tener chicas, primero le diria un poco de dinero para invitarla a salir y si no bueno solo me quedo viendo...entonces por ahi se debe empezar. 6.- Se debe imponer una ley de emergencia en la cual se anuncie la fragilidad de la institucionalidad del Estado Salvadoreño, en la cual es un delito de traicion a la patria ser un pandillero...al estilo "Pdte. Martinez.


complicada situación

Escrito el 2011-05-17 17:33:43 por lissette

El artículo muestra una complicada situación que vive nuestra sociedad; aunque considero que los pandilleros no son para nada las victimas en este caso, si creo que las personas que viven en colonias como estas tienen el estigma de ser pandilleros aunque no lo sean. Me parece que toda la socidad somos responsables del fenomeno de las maras y somos la misma sociedad quienes los condenamos y discriminamos. La falta de oportunidades, la desintegración familiar y otros muchos factores influyen en este fenomeno. Pero al final tengo que admitir que yo no me acercaria a la campanera bajo ningun motivo. Más vale prevenir.


Que bonito, verdad!

Escrito el 2011-02-07 22:48:25 por Byron Rodríguez

Muy bonito verdad como critican a la gente que vive en estos lugares, y ustedes donde viven? En Merliot, la Escalon, colonias privadas asi si verdad bien facil se critica y mas si andas en tu carrito o si andas en bus pero solo para ir a la universidad, al trabajo o a multiplaza, que si asaltan pero no como en la campanera o el distrito italia. El punto es que muy facil critican pero cuantas veces han caminado en una comunidad de bajos recursos? Piensen antes de criticar en el niño o la niña que se quiere superar!


Ridículo

Escrito el 2011-02-04 10:03:15 por Fabricio

Ridículo enfoque del problema de las maras mostrado en este artículo. Ya basta de enarbolar la bandera de los derechos humanos a favor de quienes no pueden ser considerados como tales.


La mara mata y los soldados son los verdugos

Escrito el 2010-11-26 11:03:05 por Paolo

La realidad social de nuestro país es demasiado “extrema” para esperar que también los periodistas no tomen bando. La polarización de la política se traslada casi automáticamente al caso pandillas. Pero es un mero espejismo: acá, más allá de la propaganda y el palabrerio, nadie ha jamás planificado una estrategia de represión. La derecha farfulla proclamas antimaras; la izquierda, con un lenguaje y una actitud insidiosamente ideologizados, ve como sacar votos de una parte y confianza de otra. El resultado está ahí: la Campanera. Justo ayer llegaron las imágenes y los reportajes de la operación casi militar de la Policía brasileña, en Rio de Janeiro, que entró en el corazón del crimen organizado. Tiroteos y muertos. No resulta que esos oficiales pasaran el tiempo averiguando los tatuajes: los del Comando Vermelho son criminales, por el simple hecho de hacer parte de dicha pandilla. Por suerte que en algún lugar la lógica no ha sido aún desterrada y enviada al exilio. En Italia, a los jefes de Mafia (grandes, medianos y a veces hasta pequeños) se le aplica el articulo 41 bis del Código antimafia que prevé “cárcel duro”, es decir, aislamiento total, nada de visitas, etc. De que esta medida fue introducida, los capos, para evitarla, están dispuesto a denunciar a otros asociados en sus crímenes ayudando así las investigaciones policiales. ¿Y acá? Nos preocupamos de las palizas que los militares dan a los jóvenes “pobres y excluidos”, de las manifestaciones de las madres, novias, abuelas, amantes de presos (no por robar gallinas o aguacates). Finalmente, ¿la gente no va en la Campanera, no la conoce? ¿Y por qué alguien debería ir a poner en riesgo su vida para conocer de cerca esa realidad? Lo verdaderamente absurdo es que dentro de un territorio donde dizque reina el estado de derecho, haya una parcela dominada por uno o dos grupo criminales...ni que fuese Chechenia, la selva Colombiana, las montañas de Afganistán o Turkmenistán. Y encima deber oír que la culpa no la tienen los pandilleros. Al final paramos siempre en el mismo refrán: los oligarcas están a la raíz del problema. Los mafiosos y las miles de familias que de ellos viven dicen algo parecido: la culpa es del Estado que no le da trabajo a los jóvenes. Pero por suerte alguien demostró de esa canción ya es vieja y es una manera muy fácil de “lavarse las manos” de las propias fechorías.


Un comentario, nada más...

Escrito el 2010-10-29 20:49:17 por Miguel Paniagua

No voy a hablar acerca de la objetividad o subjetividad del artículo. Lo que si lamento es que haya hermanos salvadoreños que solo vean las cosas malas en el trabajo de otros. Es cierto que cualquier tarea humana es perfectible, y seguro que en el artículo hay cosas que mejorar. El periodismo requiere "huevos" y el autor del artículo parece tenerlos. Muchas gracias


A QUÍEN ENGAÑAR

Escrito el 2010-09-29 23:17:27 por Rivas

Es lamentable q el periodismo Salvadoreño, tan cuestionado por no ser objetivo en su labor, se preste para encontar un paraiso donde vivir, donde no existe mas que gente resignada a vivir bajo el miedo, incertudimbre provocado por las pandillas; Y aunque el periodista lo mensioné que son unos "pequeños desorientados", son estos mismos quienes incluso tienen en sosobra a sus propios familiares, son gente q no respetan ni a su madre...por lo tanto esta bonito el cuento, la narración q hace volar la imaginación del lector, pero la realidad es otra...Todos la sabemos!!!


represion+prevencion

Escrito el 2010-09-17 19:45:12 por RELG

A quien deberian meter preso es al genio que dijo que la represion es incompatible con la prevencion. Estas son complementarias, pues la una no funciona sin la otra. Yo creo firmemente que en estos lugares deben construirse las escuelas mas bonitas, los mejores parques y areas deportivas, porque asi se les da oportunidad a los jovenes para que hagan algo de su vida y no esten condenados a entrar a la pandilla, pero la represion es necesaria para que la gente honrada pueda tener esa oportunidad, para que no le violen a su hija, o le recluten a su hijo, para que no le "renteen" y pueda vivir tranquilo en su casa. Porque habra tanta casa abandonada? Porque los que se fueron eran de ARENA y les caian mal los pandilleros? (esa parece ser la conclusion del periodista). Estoy de acuerdo en que el mayor obstaculo para la erradicacion de las maras es que estan insertadas en el tejido social, como un cancer que no se puede extirpar sin matar al paciente. Esto es peor que en la guerra, donde la guerrilla estaba aparte y no estaba tan integrada con los nucleos urbanos y el tejido social.


ARTICULO SESGADO

Escrito el 2010-09-17 11:03:15 por Mario López

El artículo muestra la mitad de la realidad, los mareros asesinaron a mi hermano solo por que despidió al suegro de un marero que lo amenazaba. Ellos se creen con poder y sus familiares se empoderan tambien. Ordenan en sus colonias y asesinan solo para confirmarse como los dueños de la sociedad. Son humanos, padres, madres, hijos tienen bebés y los arrullan por la noche pero en el día descuartizan gente inocente. se divierten apostatando quien ha matado a mas gente y com mas saña, quien lleva mas fosas o quien las ha llenado mas. El pais necesita borrar esta plaga antes que se extienda mas y nos convirtamos en una gran Campanera de frontera a frontera.


Porque los defienden?

Escrito el 2010-09-15 17:25:50 por Silvina

Porque defienden a los delincuentes? Quien no sabe todas las fechorias que hacen los mareros? Porque no entrevistan a las madres que les han matado a sus hijos los mareros? porque no entrevistan a la gente que no pueden operar sus negocios por culpa de las rentas? Estos huevones lo unico que saben es estorcionar a la gente para vivir de eso, y poner un miedo a la poblacion. Ojala y la gente que quiere ayudarles, se den cuenta de la clase de delincuentes que son. Sino miren lo que le paso al director de la Vida Loca... al final lo terminaron matando esos hde su madre.


No me gusta el articulo

Escrito el 2010-09-15 00:30:48 por Juan Carlos Calderon

Me explico: Este articulo hace ver o al menos es lo que yo percibo que los malos de la película son policias y soldados y las victimas son los pobres mareros... realmente me parece absurdo, con todo respeto, que se victimice a estos individuos cuando sabemos que son capaces de todo tipo de fechorias. Los soldados y policias tienen que actuar asi en ese lugar, no estan en Disneyland....!


LA CRUDA REALIDAD

Escrito el 2010-07-05 20:41:44 por JHONY BE GOOD

ES LAMENTABLE QUE HAY LUGARES COMO LA CAMPANERA Y LOS GOBIERNOS ANTERIORES NUNCA HICIERON NADA POR MEJORAR LAS CONDICIONES DE SEGURIDAD DE SUS HABITANTES , EN REALIDAD ES INDIGNANTE VER COMO EL PARTIDO DE OPOSICION DENOMINADO ARENA CRITICA AL ACTUAL GOBIERNO Y ELLOS MISMOS FOMENTARON LA IMPUNIDAD Y LA CORRUPCION AHI ESTAN LOS RESULTADOS EN LA CAMPANERA UN LUGAR ABANDONADO A SU SUERTE DONDE NO HAY SEGURIDAD ,SI NO MAS BIEN ES EL SEMILLERO DE LOS MALANDROS , Y ASESINOS QUE LA UNICA MANERA DE PODER SANAR ESTE LUGAR ES HACIENDO UNA LIMPIEZA SOCIAL O SEA EXTERMINANDO A LOS DELINCUENTES


Ambas afirmaciones son correctas.

Escrito el 2010-06-26 20:29:19 por Rodrigo Lopez

La impunidad y la delincuencia se combaten con represion y la prevencion se lleva a cabo con programas reales de educacion, empleo y sano entretenimiento. Los mareros ya estan fichados por el sistema judicial, saben quienes son y donde estan, ya el problema esta focalizado, entonces: manos a la obra, saquenlos de las calles de cualquier forma y dejen que las nuevas generaciones tomen sus propias decisiones basadas en su libre albedrio y educacion recibida. Por que parece ser que estos nuevos jovenes son arrastrados por estos oscuros grupos. Gracias.


Artículo Sesgado

Escrito el 2010-06-22 11:06:09 por Valentin

Al igual que la película "La Vida Loca", este artículo está muy sesgado. Concluir junto a las madres, que sus angelitos son agredidos por el sistema, por la mara rival, por los cuerpos de seguridad, etc. no es la realidad completa. Espero que exista una entrega siguiente, donde se aborde por ejemplo, el rito de iniciacion para ingresar a la mara, o qué hacen cuando se reunen en las casas destroyer, o que aborden a los parientes que les ayudan a recoger extorsiones y entrar celulares a los penales. Esto es parte de la realidad que debe exponerse tambien.


Estrategia errada

Escrito el 2010-06-21 16:39:28 por Evelio

Si Funes ve este reportaje y las cosas siguen igual en la Campanera, lo consideraré en adelante una copia carbón de Flores y Saca. Aquí es donde se necesita la acción urgente de la Secretaría de Cultura, MINED, MINSALUD, MOP, FISDL.


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