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El nuevo magnate de la televisión salvadoreña

Daniel Valencia Caravantes
El Faro / Publicado el 17 de Mayo de 2010
Pagó más de un cuarto de millón de dólares por ocho frecuencias televisivas. Este abogado, que dice sorprenderse de que lo califiquen como "desconocido", tiene más canales que el emporio TCS. Su pasado como abogado muestra a un representante de personajes a los que algunos vincularon palabras como lavado de dinero, narcotráfico, política y corrupción.

Antes de visitarlo, intenté imaginármelo dos veces, pero desistí a la tercera porque sólo se me vino a la mente un traje oscuro y un rostro sin rasgos faciales. En aquel momento solo tenía confirmadas un puñado de cosas relevantes sobre él: como su nombre, la dirección de su casa, que es abogado y notario, y que por el año 2000 pidió a la Corte Suprema que declarara inconstitucional un decreto que regulaba al sector azucarero de El Salvador. Ignoraba si era gordo o flaco, alto o bajito o si miraba con ojos amigables a un extraño. Para calmar los nervios, entre el parqueo y la puerta de su casa, apreté el vaso medio lleno con café frozen que acababa de comprar. Él, al abrir la puerta, apretaba una cajetilla de Diplomats rojos. Yo, finalmente, estaba ante Luis Francisco Adalberto Pinto García. Y aunque no había podido imaginármelo, en realidad, ahora que lo tenía enfrente, sabía que nunca lo hubiera imaginado así. Su cuerpo parecía una escuálida y pequeña "H" con gafas, vestida con camiseta, pants y tenis juveniles. Desde debajo del arco que dibuja su puerta, me frunció el ceño cuando me oyó saludarlo con un "¡Buenas!"

—Ajá, buenas. ¿Qué quería?

—¿Usted es el señor Pinto?

—Sí. ¿Qué deseaba?

—Disculpe la intromisión... me hubiera gustado tener un teléfono para avisarle que vendría. Solo conseguí su dirección, así que no tenía otra... quiero saber de usted...

Pinto García me dejó entrar a su casa con tres condiciones: nada de fotos, la grabadora tenía que permanecer apagada y aquella plática no era una entrevista. Este primer encuentro ocurrió un miércoles de hace tres semanas, a las 3:30 de la tarde. Ocurrió porque entre ese puñado de información confirmada que yo tenía de él, había una que me intrigaba mucho. Yo quería saber quién era y cómo lucía y vivía ese hombre que, aparentemente, un día apareció de la nada para adueñarse de siete canales de televisión abierta con cobertura nacional. Eso lo hace la persona con mayor potencial mediático en El Salvador, desplazando a Boris Eserski, de la Telecorporación Salvadoreña, que tiene cinco frecuencias.

***

La casa de Luis Francisco Adalberto es una estructura de dos pisos dentro de una residencial privada de clase media alta, custodiada por vigilantes armados con escopeta, y resguardada por portones que sólo se abren para propios o invitados. Está ubicada en las afueras de Santa Tecla y, aunque no es esta una residencial de ricos y famosos, sí es territorio de alguien que se sabe con una gallina que puede producirle cientos –o mejor miles- de huevos de oro con los que más tarde podría mudarse a una mansión.

—Aunque no me lo crea, sabía que ustedes un día de estos vendrían a tocar mi puerta –dijo.

—Halago que nos hace.

—¿Cómo me encontró? ¿Con la policía?

—No, no. ¿Por qué dice eso?

—Le advierto que de los canales no voy a hablar nada. No tengo por qué hacerlo... ni nada que ocultar. Los tengo, son míos y todo está en regla. Así que no sé de qué quiere que hablemos. Usted dirá...

Una semana ante de visitarlo, el nombre de este abogado apareció en el noticiario del mediodía de Teleprensa, Canal 33. La nota pretendía hacer un cuestionamiento a la legalidad de esas frecuencias, cuyo debut en televisión de señal abierta había sido autorizado por el gobierno en marzo de 2009, pocos días después de que el partido Arena perdió la elección presidencial.

Esas frecuencias fueron asignadas por la desaparecida ANTEL en los años 80s para que fueran ocupadas como canales de televisión pagada. Más de 20 años después, Luis Francisco Adalberto consiguió una autorización para explotarlos en la televisión de señal abierta.

Esta autorización sorprende hoy a algunos por dos razones: porque se sabía, desde 2006, que el pastel de frecuencias para la televisión abierta estaba agotado, según informó la Superintendencia General de Electricidad y Telecomunicaciones (SIGET) en diciembre de ese año; y porque la autorización del traslado –sacar siete frecuencias de cable para señal abierta- ocurrió el 24 de marzo de 2009, nueve días después de que el partido de izquierdas FMLN ganara la presidencia de la República al partido de derechas Arena.

Los canales 39, 41, 43, 45, 47, 49 y 51 de Luis Francisco Adalberto modificaron el esquema televisivo al que estamos acostumbrados los salvadoreños. Con sus canales supera al emporio televisivo Telecorporación Salvadoreña (canales 2, 4, 6, VTV y el por estrenar Canal 31); aísla más a los canales 33 y 12, manda a Grupo Megavisión al tercer lugar –en número de frecuencias- y abre las posibilidades para que cualquier interesado descubra un nuevo mercado con el poder que dan 24 horas al día de transmisión.

El poder de la televisión es increíble. En buenas manos la televisión puede ser una gallina de los huevos de oro. Un ejemplo: el canal Televisión Oriental, creado en el año 2000 y cuyos propietarios son los hermanos Salgado (Wilfredo, el alcalde, y Sandra, la diputada), ya facturaba en 2006 medio millón de dólares, monto que lo colocaba en la lista de los grandes contribuyentes del Ministerio de Hacienda. Con las ganancias, TVO logró colocar tres repetidoras en la zona oriental del país. Cuando nació estaba destinado para una red local, cuya principal área de acción eran San Miguel, La Unión, Santa Rosa de Lima... Este 2010, Luis Francisco Adalberto tiene en sus manos siete veces lo que TVO, pero aún con más poder, porque son frecuencias para cobertura nacional.

—¡Y qué tiene de malo! –dice, a la defensiva. Luego menciona que en el mundo siempre ha habido pequeños grandes hombres que se han convertido en grandes líderes y han dejado huella en la historia—. Napoleón, Stalin...

—Don Luis Francisco Adalberto —le interrumpo, tratando de seguirle la lógica de sus palabras. 

Estalla en risas y achina más sus pequeños ojos. Su risa es muy peculiar: suena como si la garganta se le contrajera y la nariz se le tapara para expulsar un aire carraspeado, forzado.

—¡No´mb’e, tampoco! Queremos hacer una nueva televisión, pero tampoco —vuelve a reír.

Cuando Luis Francisco Adalberto habla de su proyecto lo hace conjugando los verbos con la primera persona del plural. Y es ahí donde radica el gran misterio de su hazaña: nunca ha estado ligado a los medios de comunicación y ahora es el magnate de la televisión salvadoreña. ¿Lo hace solo? ¿Acompañado? ¿Quién es él que tiene la capacidad de sacarse 283 mil 228.26 dólares de la bolsa, pagar por las siete frecuencias, ganarle a las corporaciones ya existentes y luego soñar con la escalera que tiene para subir al estrellato?

***

Seis días antes de apostar y jugármela con el timbre de la casa de Luis Francisco Adalberto, hablé con el gerente de Telecomunicaciones de la SIGET, Saúl Vásquez, para saber qué conocía él de este hombre. También quería que me explicara el embrollo que alborotó a algunas cadenas de televisión, a usuarios del portal Svcommunity.org y a los usuarios del blog de Ernesto Rivas Gallont. Si ya no existían frecuencias, ¿de qué manga se sacaba SIGET este traslado de cable a televisión abierta? Cuando el canal 33 transmitió la nota, el caso incluso alarmó al ex superintendente Tomás Campos Villafuerte, despedido en enero de 2010 por el presidente Mauricio Funes. Según Campos Villafuerte, la maniobra de autorizar el traslado de las frecuencias que hizo su antecesor fue ilegal. "A mí me escondieron esa documentación", aseguró, vía telefónica.

Hasta aquí, dos más dos era igual a cinco. Pero Vásquez aclaró la ecuación diciendo que el traspaso de las frecuencias fue una maniobra legal, amparada en los convenios que el país tiene con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Desde hace muchos años, la UIT ya tenía definidas qué tipo de frecuencias serían ocupadas para qué cosa. En resumen, basta decir que los dígitos con que se numeró a las frecuencias —hoy en manos de Luis Francisco Adalberto- están destinados a la “radiodifusión”, cuya principal característica es que es abierta al público y sin cobro.

Según la SIGET, la ANTEL de los años 80s otorgó las frecuencias erróneamente al original concesionario para televisión pagada, y hoy lo que se ha hecho es regresarlas a su estado correcto. ¿Por qué entonces ANTEL en los 80s y SIGET a partir de la segunda mitad de los 90s permitieron que se violara un convenio internacional? Vásquez responde que fue una equivocación en el uso de las mismas. Fuera de eso, dijo, no había más. Y sobre el caso de Luis Francisco Adalberto y su aparición sorpresiva, la SIGET hace la vista a un lado. La institución no se mete a ver si X empresa está ligada con Y, y sólo verifica que sus concesionarios tengan la “capacidad técnica instalada para explotar el recurso”. El dueño de los siete canales dice que sus instalaciones están en dos lugares: una parte, en un espacio alquilado a TCS en el Boquerón, y otra parte, en una habitación de su casa.

Sentado en una silla de mimbre, forrada con algodón, frente al patio de la casa en la entrada a Santa Tecla, Luis Francisco Adalberto escuchaba mi explicación de que aun cuando estaba al tanto de la legalidad de su transacción, quería conocer la historia del nuevo magnate de la televisión salvadoreña.

—¿¡Pero por qué!? Yo no quiero publicidad. No la necesito. ¿Cuál es el objetivo? ¡Ahí andan diciendo que soy prestanombres! ¿¡El qué!? ¿Qué es eso?

Tiene razón: por ahí anduvieron diciéndolo. Y no necesariamente mencionándolo directamente. En svcommunity.org, el 3 de marzo pasado, un usuario de nombre “iskgeli” escribió:

—Hoy los canales en prueba, pues, siguen con barras de colores. Únicamente un cambio: el 41 ya no está al aire. Se rumora que de esos canales son varios de TV Azteca, que viene con más canales. Uno será Telesur en señal abierta, 24 horas; otro será de Funes y otro de Saca...

En el mismo foro web, titulado “Nuevos canales en señal abierta”, dark365 se aventuró:

—Al parecer no se vienen programas interesantes. AlbaTV, GANATV y otro montón de canales más de TCS... (después de los suspensivos, dark365 puso una carita de asco).

***

El patio de la casa de Luis Francisco Adalberto es un rectángulo de unos siete metros de largo por 10 de ancho, adornado en los bordes por plantas multicolores. Atrás y a los lados, lo rodean el patio de otras tres casas. Estamos sentados en una salita de mimbre con mesa de cristal. En un revistero hay un ejemplar de la revista Speed (de autos) y un menú para llevar del restaurante Suchi Itto. Al lado, una mesa y más sillas de mimbre; un surtidor de bebidas en el que reposan cuatro litros de soda en envase plástico, un mueble, y una radio con tocadiscos.

Desde cuando entré a su casa hasta cuando salí, Luis Francisco Adalberto no dejó de fumar. A media plática, mi frozen se había terminado. Le hablé desde un cómodo sillón con respaldo y braceras, y él me respondió sentado en un banquillo redondo. Le gusta palpar a su interlocutor con las manos, como para comprobar que le están poniendo atención. Lo supe cada vez que me tocaba el brazo como para enfatizar cosas importantes.

—¡Dicen qué soy prestanombres de Saca! ¡De TCS! ¡No´mb’e! ¡Qué voy a ser prestanombres de nada! “Prestanombres”. ¿¡Qué es eso!? Mire: vi la oportunidad, la tomé, y si nos va bien, bueno; y si no, la regué.

—¿Si “nos” va bien?

Luis Francisco Adalberto evadió responderme, me pidió que dejara mis cosas en la mesa y que lo acompañara al segundo piso. Acepté con gusto porque me dijo que me enseñaría sus instalaciones televisivas. En el trayecto alcancé a ver un cuadro con dos caras: una de un niño y una de una niña. Son las caras de sus hijos cuando niños. Ahora son universitarios. Las pintó Ramírez, ese que pinta caras de niñas indias.

Cerca de las gradas había otras fotografías, un cuarto cerrado, un baño, y otro cuarto cerrado. Luis Francisco está divorciado.

Tocó  la puerta del segundo, abrió, y saludó a Elena, una mujer morena, menuda y joven que tecleaba frente a una computadora. Por todo el cuarto había papeles. En el escritorio, en las estanterías... Parecía un cuarto de casa común y corriente convertido en despacho, pero que albergaba una estantería muy particular, ubicada al otro extremo. En ella había unos aparatos extraños —parecidos a  los dvds—, que tiraban lucecitas de colores. Conté 10.

—Son los microondas —me dijo—. De aquí sale la señal hacia la antena de transmisión, en el Boquerón.

Allá arriba, dice, TCS le permite tener otro equipo que decodifica la señal y un espacio en su antena para colocar la suya. Bajamos. Salimos al patio y le repregunté por el “nosotros” del que me habla cuando se refiere a sus empresas. Son tres sociedades las dueñas de las frecuencias. Y se supone que él es el dueño de ellas. Pero a propósito de frecuencias, es muy frecuente que no hable en primera persona del singular, sino en primera persona del plural. De nuevo, no me contestó.

Le pregunté si Elena era la otra accionista de las sociedades Edu TV, Televisión Independiente y TV Juventud. Hasta ese momento desconocía el nombre de Elena y pensé que se trataba de Concepción Isabel Pérez de Jesús, quien junto a Luis Francisco Adalberto fundó, en diciembre de 2008, las tres sociedades que nacieron con un capital de 2 mil dólares -cada una-, divididas en 200 acciones de 10 dólares. En las tres, él es el accionista mayoritario: 597 acciones. Ella, su socia, invirtió sólo 30 dólares en las empresas.

Le pregunté, entonces, que si el "nosotros" se debe a que la incluye a ella, o si incluye a otros inversionistas. Me dijo que si había otros inversionistas eso era asunto suyo.

Esa tarde de miércoles acabó con Luis Francisco Adalberto haciéndome unas advertencias. En primer lugar me dijo que lo que publicara podía incomodarlo o afectarle su negocio. Me dijo que está de moda demandar a periodistas. Cuando le respondí que no tendría por qué demandarme y que me parecía de mal gusto el tono de su comentario, volvió a resoplar aire con esa su risa característica. Me dijo que no me preocupara, dándome una palmada en el hombro. Con el hecho de abrirme las puertas de su casa, agregó,  me demostraba su amabilidad y sus buenas intenciones.

—Nada me costaba decirle al vigilante que no lo dejara pasar, ¿o no?

Le agradecí. Le pedí —le rogué— su número de teléfono y le dije que le hablaría de nuevo. Salí de su casa, y él me despidió en la cochera. Todavía fumaba. Y entonces volvió con sus extrañas intervenciones. Me preguntó si yo no era como el que cayó en el pozo de los leones de la Biblia. Le contesté que ni por cerca. Rio una vez más y me dijo que tuviera cuidado porque los leones son fieras salvajes, particularmente cuando están en manada. Salí del pasaje con muchas dudas acerca de quién es el nuevo magnate de la televisión salvadoreña.

***

En los días subsiguientes le aposté a dos rutas para conducirme sobre un esbozo de perfil de Luis Francisco Adalberto. La primera fue buscar a su socia, Concepción de Jesús, de quien sabía, nada más, que tenía 43 años, que era secretaria y que años atrás había sido también socia fundadora minoritaria de otra empresa: American Office Supplies (AOS). Tal vez ella me contaba cómo fue que se les ocurrió esta pegada de hacerse con siete canales televisivos.

La AOS es una empresa cuyas oficinas están ubicadas en la primera planta del centro comercial Balam Quitzé, en el Paseo General Escalón, de San Salvador. Es una empresa que vende artículos de oficina a granel. Ahí me dijeron que la compañía tenía nuevos dueños y que no me podían dar más información. En mi segunda visita a Luis Francisco Adalberto le pregunté por su socia y me respondió que tenía nueve años de trabajar con él, pero que una tarde de enero se fue y ya nunca más volvió.

—Salió a comprar almuerzo, habló de cómo los muchachos de hoy solo andan de vagos. Unos muchachos que estaban cerca la escucharon, resultó que eran mareros, y le mandaron a decir con el vigilante que la iban a matar —me explicó. Ahí se me acabó el primer camino.

Me quedaba apostarle a la mejor combinación de teclas en Google para ver si aparecía, por ahí, algún dato revelador que me perfilara mejor a Luis Francisco Adalberto. Y me aparecieron dos. Con esa información fui al Registro de Comercio y me puse a buscar como loco en las empresas a las cuales estaba ligado. Hay un viejo adagio que dice que “por sus actos los conoceréis”, y otro que sentencia que "dime con quién andas y te diré quién eres", y como ni él me brindaba información ni tenía a nadie que me pudiera hablar de su vida, resolví que lo mejor sería averiguar sobre su trabajo como abogado y notario profesional.

En 2005, Luis Francisco Adalberto, el abogado, fue apoderado general judicial de Tropigas de El Salvador, S.A., cuyo representante es Eduardo Zaragoza Fuentes, miembro de la familia Zaragoza, una familia gasera de México.

Esta familia sorteó entre 2007 y 2008 denuncias por supuestas actividades ilícitas que van desde el lavado de dinero hasta el narcotráfico, pasando por el tráfico de influencias con la Secretaría de Energía (en épocas en que era dirigida por el actual presidente de México, Felipe Calderón), la Comisión Reguladora de Energía y la estatal petrolera PEMEX. Asimismo, se le acusaba de intimidar con sobornos y amenazas de muerte a los periodistas que revelaron los supuestos ilícitos de los Zaragoza entre 2004 y 2008.

Según la Revista Fortuna, de México, “la incursión de la familia Zaragoza en el mercado centroamericano fue en la década de 1960, cuando Miguel y Eduardo Zaragoza Fuentes se asociaron con Shell, que en 1953 creó Tropigas. Las pugnas entre los hijos de Miguel Zaragoza Vizcarra –fundador de Hidrogas, la primera empresa del denominado Grupo Zeta (Fortuna 52)— obligaron a Shell a venderles sus acciones y salir de Costa Rica”.

Años después, los hermanos pelearon una batalla legal y Miguel se quedó con Tropigas en Costa Rica. El otro se quedó con las sucursales de la empresa en Honduras, El Salvador y Nicaragua. "Décadas más tarde —plantea Fortuna—, Miguel instaló en Costa Rica Gas Nacional Zeta”.

A uno de los miembros de esta familia representó legalmente hace cinco años el nuevo magnate de la televisión salvadoreña, en un caso iniciado en 2003 y finalizado en 2005.

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