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Editorial

El debate equivocado

El Faro

 
 

El conflicto ventilado públicamente entre el FMLN y el presidente Funes, alrededor de la eliminación de cargo base a la telefonía fija, ha confirmado las diferencias de visión política, de estrategia y de distancia entre ambos.

Es un problema, desde luego, para el mandatario, que a diferencia de sus antecesores no puede dar por descontado el apoyo ni siquiera de su propio partido en el legislativo, y tendrá que desarrollar un fino arte de negociaciones con todos los sectores para desarrollar políticas de Estado que le permitan cumplir sus promesas de cambio manteniendo la gobernabilidad. 

La política comienza, en la práctica, a desdramatizarse, a la espera de que los analistas y la opinión pública comiencen a entenderla.

Ciertamente será más complicado para Funes maniobrar con un partido mayoritario que habla con voz propia y sin necesidad de armonizar con el mandatario. Ciertamente no es el mejor escenario en medio de lo que el propio presidente ha llamado una crisis económica y social. En el análisis inmediato, el conflicto de la telefonía abre una nueva coyuntura política, en la que los partidos y el Ejecutivo se mueven en varias direcciones y por tanto comienzan a jugar en un sistema más sofisticado que el de los años de ARENA.

El FMLN que tuvo que moderar enormemente su discurso tradicional y ceder poder a un candidato foráneo para ganar la presidencia, comienza a jugar a dos bandas: es el partido de gobierno, pero es también el principal partido opositor y parece sentirse más cómodo que Funes en esta situación. Desde la vicepresidencia de la República, la directiva de la Asamblea o la cúpula del partido, evidencia abiertamente sus diferencias con el mandatario, reclama su identidad propia y declara que para el 2014 El Salvador sí tendrá un presidente “rojo”.

Habrá que prestar atención a las intenciones del FMLN, en cuanto estas no avancen  la construcción de un Estado impuesto desde la visión de un chavismo autoritario y antidemocrático. Pero tampoco se pueden descalificar a priori como se ha vuelto práctica. El FMLN es hoy el principal partido político salvadoreño, y el peor error hoy es no escucharlo, y oírlo desde trincheras con la piedra en la mano. Hay que escuchar y exigir, al FMLN y a todos los demás partidos, que expresen su visión de las soluciones a nuestros problemas, pero sobre todo que aporten desde la urgencia de acuerdos y planes; en otras palabras, que maduren pronto.

El problema político no está tanto en las diferencias entre Funes y el FMLN como en la falta de capacidad del sistema para aportar soluciones a nuestros principales problemas. Y nuestros principales problemas no son ni el conflicto Funes-FMLN ni la eliminación de la tarifa básica en la telefonía fija. Nuestros principales problemas, que son estructurales, son la violencia (delincuencia, impunidad y crimen organizado) y la crisis económica. Eso. Y para hacer frente a ambas se necesita voluntad política y acuerdos consecuentes. Y por supuesto planes. Ninguna se resuelve de la noche a la mañana, ni sin recursos.

Esta es la discusión que no puede estancarse ni convertirse en inmovilidad, mientras el sistema político, y la opinión pública, se desbordan por las diferencias entre el presidente y su partido.

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