08 de Febrero de 2012

La fábrica de agua

  • Foto: Mauro Arias
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    La planta purificadora de ANDA Las Pavas, en San Pablo Tacachico, toma agua del río Lempa a través de una presa con esclusas que regulan el nivel automáticamente para tener un flujo continuo hacia San Salvador. Se extraen más de 200 mil metros cúbicos por día (200 millones de litros), un volumen equivalente al de dos edificios como la Torre Futura, de 83 metros de altura. Los 80 millones de metros cúbicos anuales llenarían un edificio cuya base fuera del tamaño de una cancha de fútbol y con una altura de 7 kilómetros y medio.
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    En la bocatoma en el Lempa, una reja evita el paso de basura voluminosa y es el primer filtro en Las Pavas. Luego el agua va a cámaras de sedimentación que retienen la arena suspendida en el agua. En este punto, el Lempa lleva las aguas de su cuenca alta, que incluye al territorio salvadoreño, guatemalteco y hondureño, donde viven alrededor de 670 mil personas cuyas aguas servidas sin ningún tratamiento se vierten a este cauce.
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    Una batería de bombas lleva el agua del Lempa hacia la planta de tratamiento a unos 600 metros de distancia. Después del proceso de purificacíon, otras sistema de bombas llevan el agua hacia San Salvador. El 60% del costo del agua de ANDA es de factura eléctrica. El costo de producción de un metro cúbico de agua ronda los 70 centavos de dólar.
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    El agua se oxigena y se mezcla con sulfato de aluminio para purificarla. Es el mismo químico que se utiliza para eliminar la turbidez en una piscina y darle un atractivo color azul. La sustancia sustituyó a los antiguos métodos de filtrado, que eran demasiado lentos e inseguros. La calidad del agua en materias física, química y microbiológica en la planta la dicta la norma número  13.07.01.04 sobre agua potable.
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    La bodega almacena toneladas de sulfato de aluminio, que se utiliza para eliminar impurezas del agua. La turbidez la causan principalmente partículas de arcilla suspendidas en el agua que tienen carga negativa. Al unirse con el sulfato de aluminio, que tiene carga positiva, se neutralizan y se sedimentan. Algunas organizaciones internacionales de salud recomiendan no utilizar este químico porque es un metal potencialmente dañino para la salud de los humanos.
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    El sulfato de aluminio en estado líquido se manda por tuberías a mezclarse con el agua, en cantidades que dependen de la turbidez del Lempa. En época lluviosa, sobre todo cuando la presa El Guajoyo, en Santa Ana, hace sus descargas, la cantidad de bacterias coliformes fecales se dispara a tal nivel que se para la producción para no agregar exageradas cantidades del químico. Aunque algunos expertos advierten sobre el peligro del exceso de aluminio en el organismo humano, no hay datos suficientes que justifiquen la revisión de las directrices de la OMS sobre la exposición al aluminio.

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    En los tanques de floculación (aglutinación de partículas) el agua mezclada con el sulfato de aluminio se deja media hora agitando lentamente con motores. Así se asegura que el químico forme coágulos de suciedad suspendida para facilitar el siguiente proceso de decantación.
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    De los floculadores, el agua pasa a los tanques de decantación donde se mantiene en reposo para que la sedimentación asegure que las partículas coaguladas por medio del sulfato de aluminio queden atrapadas en las celdas del fondo. El agua de esta manera clarificada pasa luego al siguiente proceso de filtración con arena.
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    Largos sistemas de tuberías administran el flujo del agua por todos los procesos en la planta purificadora, construida con ayuda del gobierno de Japón.
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    Al agua también se le agrega cal, como agente alcalino que neutraliza la acidez del sulfato de aluminio para que esta no dañe las tuberías y artefactos de hierro del sistema de distribución. El sulfato de aluminio disuelto en el agua es tan ácido que destruiría en poco tiempo todo el hierro en las tuberías.
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    Panel de control de la filtración con arena. El agua decantada cae a filtros de arena en el fondo de los estanques. La arena está dispuesta en capas con graduación variable del diámetro de sus partículas. Es un proceso parecido al de la filtración por medio de piedra volcánica o barro. La arena se cambia regularmente y su eficacia logra eliminar casi la totalidad de bacterias y de turbidez.
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    Estos matraces están conectados a mangueras que recogen agua de tres diferentes fases de la purificación y permiten una revisión visual del proceso. La primera a la izquierda muestra el aspecto del agua tomada del río sin ningún tratamiento, la del medio es el agua después de la separación del lodo por medio del sulfato de aluminio, y la última es el agua salida de los tanques de filtración con arena antes de ser clorada para su desinfección.
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    Después de pasar el filtro de arena, el agua está lista para recibir el cloro que la desinfectará antes de ser enviada a San Salvador. A pesar de haber pasado por todo el proceso tiene algún grado de turbidez, supuestametne permitda por la norma salvadoreña obligatoria. El cloro, como desinfectante de agua, tiene la ventaja de mantener su capacidad de limpieza por largo tiempo, por lo que puede matar bacterias que entran en el sistema por fugas en el camino a las casas.

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    Mesa de trabajo en el laboratorio de control de calidad del agua de Las Pavas. En el agua se busca sobre todo bacterias coliformes, que viven en los intestinos de animales de sangre caliente, como los humanos, y que suelen indicar contaminación por heces. También hay monitoreo de sustancias químicas de alto riesgo para la salud como el arsénico, bario, boro, cadmio, cianuros, cromo, mercurio, níquel, nitratos, nitritos, molibdeno, plomo y selenio, así como de sustancias orgánicas y residuos de plaguicidas y desinfectantes.
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    Reservorio de agua ya tratada y clorada, cubierta con una lona sintética para aislarla del ambiente. Esta agua es de emergencia para cuando se repare la planta o cuando los niveles de suciedad o contaminación se disparen. A pesar de que tiene la superficie de cuatro canchas de fútbol y 10 metros de profundidad, el agua que contiene se acabaría en 16 horas de servicio para San Salvador. Y no obstante el enorme trabajo de recoger y preparar el agua, el 50% de la que se envía al Gran San Salvador se pierde por las fugas subterráneas, lo que genera pérdidas de 65 millones de dólares anuales.
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    Vista aérea de la planta Las Pavas, en San Pablo Tacachico. La presa donde se toma el agua del río está a solo unos 150 metros aguas arriba de la desembocadura del río Suquiapa, uno de los más contaminados del país. De las instalaciones de la planta se destaca el gran reservorio de emergencia y la larga hilera de tanques de filtración con arena.

Cuando la humanidad empezó a crear ciudades creó también el problema de abastecer de agua a sus habitantes. En El Salvador, el método más masivo y rápido para apagar la sed de las urbes es tomar agua de un río y potabilizarla con ayudas físicas y químicas. Como hace la ANDA en el río Lempa, en su paso por San Pablo Tacachico. De ahí viene la mayor parte del agua que consume el Gran San Salvador.

Publicada el 1 de Marzo de 2010