El pueblo de los irreductibles

Hace 23 años, el 20 de junio de 1986, una romería de harapientos salió de los montes, muertos de hambre, perseguidos, a buscar entre la maleza las ruinas de lo que quedó después de la gran destrucción. No había nada. Tal vez oculto en la breña un pedazo de un muro. O el agujero hondo de la explosión de una bomba. Vieron que no había nada, que había que hacerlo todo. Y decidieron quedarse.

Carlos Martínez

La Pirata de Damocles

Hacía al menos 17 años que en Azacualpa las balas no se llevaban la vida de nadie, que no se presentaba la muerte en forma de homicidio. Pero la epidemia de muerte que vive el país se coló en este municipio apacible el 21 de septiembre de este año. El escenario para que este pueblo chalateco caiga al abismo está puesto: algunos matan y algunos ven ese hecho como una afrenta. Esta es la historia que sacó a uno de los extraordinarios municipios salvadoreños de la lista de los municipios cero homicidios.

Carlos Martínez

La familia del fin del mundo

Viven escondidos entre los cerros y montañas del sur de Morazán, protegidos por los huatales y por el río Torola. Viven como congelados en el tiempo, temerosos de un mundo exterior violento, del cual no quieren nada, porque solo les traería muerte, como ocurrió hace 26 años.  Aquí violencia fue la guerra, que les mató hermanos, primos, tíos y vecinos.
Por Daniel Valencia Caravantes

Mejores tiempos en California

Había una vez un pueblo que nació a la sombra de una poderosa hacienda llamada San Ambrosio. Cerca de 300 manzanas de café perfumaban a este pueblito de nombre pretencioso... hasta que la guerra se lo llevó todo y el fuego se comió un beneficio entero, dejando a la San Ambrosio en los huesos. Ahora sus habitantes pastan recuerdos de tiempos mejores a la sombra de una poderosa hacienda...
Carlos Martínez

Alegre San Juan

Aquí pareciera que la niebla entra por los poros y embriaga el alma de sus habitantes, quienes siempre sonríen por todo, con todos. Aquí -dicen- hasta el último homicidio, hace 13 años, se cometió no por odio ni por venganza ni por avaricia: por amor. Un amor loco. Aquí por alcalde tienen a un cacique y al cura le dicen "el 4x4". 

 

Daniel Valencia Caravantes