El pueblo de los irreductibles
Hace 23 años, el 20 de junio de 1986, una romería de harapientos salió de los montes, muertos de hambre, perseguidos, a buscar entre la maleza las ruinas de lo que quedó después de la gran destrucción. No había nada. Tal vez oculto en la breña un pedazo de un muro. O el agujero hondo de la explosión de una bomba. Vieron que no había nada, que había que hacerlo todo. Y decidieron quedarse.
La Pirata de Damocles
Hacía al menos 17 años que en Azacualpa las balas no se llevaban la vida de nadie, que no se presentaba la muerte en forma de homicidio. Pero la epidemia de muerte que vive el país se coló en este municipio apacible el 21 de septiembre de este año. El escenario para que este pueblo chalateco caiga al abismo está puesto: algunos matan y algunos ven ese hecho como una afrenta. Esta es la historia que sacó a uno de los extraordinarios municipios salvadoreños de la lista de los municipios cero homicidios.
La familia del fin del mundo
Mejores tiempos en California
Alegre San Juan
Aquí pareciera que la niebla entra por los poros y embriaga el alma de sus habitantes, quienes siempre sonríen por todo, con todos. Aquí -dicen- hasta el último homicidio, hace 13 años, se cometió no por odio ni por venganza ni por avaricia: por amor. Un amor loco. Aquí por alcalde tienen a un cacique y al cura le dicen "el 4x4".













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