Rodrigo Baires Quezada Diego Murcia
Tras su salida de la Fiscalía, Ástor Escalante regresó a dar vida a su bufete, "una pequeña firma familiar", dice. Pero en esta plática habla como si siguiera siendo funcionario, como si todos esos años frente a la cámara lo hubieran hecho un experto ante los periodistas. Así desliza su visión de la seguridad pública y manda un telegrama al presidente Mauricio Funes: "Tiene la oportunidad de oro para contribuir con la seguridad del país". Si la aprovecha, dice, pasará a la historia.
Tercero de siete hermanos, cinco de ellos vinculados al derecho, Escalante ha regresado a la práctica privada tras más de seis años de vida pública. Si se le ve más relajado que en los últimos días como Fiscal General en funciones, tal vez sea porque todavía habla con el lenguaje "políticamente correcto" de un funcionario, como quien quiere evitar quemarse. Evita responder si se consideraba "saquista" y rehúye evaluar el resultado de las políticas "Mano dura" y "Súper mano dura". También se va por las ramas al analizar a fondo los yerros que pudo cometer en sus diferentes facetas como funcionario público en dos ministerios y en la Fiscalía. De lo que sí habla con generosidad es de la coyuntura política y social que benefician al presidente Mauricio Funes y su gabinete de seguridad. En ese punto este abogado de 43 años se detiene a lanzar recomendaciones y propuestas para combatir el crimen organizado y la delincuencia común; asegura que existe una “alineación de planetas” a favor de este gobierno para que haga historia resolviendo los problemas de seguridad pública. Habla, y no se cansa, como si estuviera en campaña propia. “No”, asegura él, quien se describe como “un soldado de la patria”. Eso sí, no vacila en decir que si lo llamaran para seguir en la función pública, daría el sí.
Lo vemos relajado, ¿qué hace usted luego de dejar la práctica pública?
Estamos en un bufete, en un despacho jurídico. Es una corporación jurídica y una consultora empresarial. Estamos, diría, refundándola porque en algún momento tuvimos una pequeña firma, una firma familiar. Tengo cinco hermanos que se decidieron por el mundo de las leyes. Entonces, al principio teníamos una pequeña firma familiar pero cuando empezamos con las funciones públicas, tuve que cerrar la oficina. Así que en este momento estamos reorientando esta firma, ahora ya combinándola con otros profesionales.
¿Seis abogados en la familia?
Vamos a ser, porque dos todavía están en proceso de, en formación. Y de siete hermanos que somos pues también hay un médico. Es el único que optó por una carrera diferente. Los otros empezaron con carreras distintas pero cuando vieron que era abogado, les gustó la carrera.
¿El médico es el bicho raro de la familia?
Sí, y ginecólogo, por cierto.
¿Su papá es abogado?
No, mi papá estuvo en la milicia.
¿Soldado?
No, guardia nacional.
¿Dónde estuvo destacado?
En diferentes puestos. Él se retiró hace una cantidad de años ya. A los guardias nacionales, a los policías nacionales, a la gente de armas, les toca estar en diferentes lugares. Así que mi historia tiene como ese nomadismo de vivir en diferentes lugares del país, principalmente en la Zona Occidental.
¿Nació allá?
Soy originario de Sonsonate. Pero solo nací ahí y luego me fui a vivir a Ataco, Apaneca, Chalchuapa, Atiquizaya, Turín…
Le tocó andar de pueblo en pueblo.
Esto tiene sus pros y sus contras, porque no tenés amigos o compañeros de toda la vida. En cada lugar en donde estás, dejás algunas amistades. Y, de repente, la memoria lo traiciona, te encontrás con algún ex compañero o ex compañera de escuela y no lo recordás. Pero es bonito porque también conocés diferentes lugares.
¿Eso fue durante toda su infancia y adolescencia?
Digamos que solo la infancia. La adolescencia la viví y estudié en Atiquizaya y Chalchuapa. Saqué mi bachillerato en el Instituto Nacional Cornelio Azenón Sierra, de Atiquizaya. Y luego, dejé un par de años de estudiar. Me fui a Guatemala con la aspiración de trabajar y estudiar. Sólo pude hacer lo primero. Y luego, me vine a trabajar de Sonsonate a San Salvador, y con eso logré recursos para iniciar la carrera de derecho en la Universidad Nacional de El Salvador. Ingresé en 1989, egresé en 1994 y me gradué un año después.
En los últimos años de la guerra, años todavía convulsos.
Sí, en 1989 fue la ofensiva. Cerraron la UES. Muchos estudiantes, compañeros y compañeras buscaron otras universidades. Y, a los que nos quedamos, nos tocó estudiar en el exilio. Recuerdo que nos fuimos al edificio Frida, que está en el centro de San Salvador. Ahí nos tocaba sentarnos en bancas de madera, y los que eran un poco más pesaditos rompían las bancas… Pero logramos superar todo y cuando se normalizó la situación, volvimos al campus universitario.
¿Cuánto tiempo pasó fuera de la UES?
Recuerdo que fue poco. Un ciclo o dos ciclos… Más creo que fue un ciclo.
¿Nunca intentaron reclutarlo dentro de la UES para algún movimiento estudiantil?
En buena parte de la carrera me nombraron representante hora clase. Íbamos a las reuniones de la Asociación de Estudiantes de Derecho (AED)… Y la verdad que me da la impresión de que lo intentaron o quisieron que me incorporara a algunos movimientos. Yo aborrezco la violencia, venga de donde venga, y en aquel momento preferí fundar un movimiento.
¿Un movimiento propio?
Sí, pero no tuvo mucha evidencia. Era un movimiento estrictamente académico. Le llamé: “Integración Democrática Estudiantil Académica”, IDEA. El objetivo era hacer trabajo estrictamente académico. Estaba por un quinto o sexto ciclo de la carrera y la idea era que diéramos charlas y conferencias de derecho, sobre la función del defensor público en los procesos penales, la función de los acusadores… ese tipo de cosas.
¿La idea era que los estudiantes universitarios, revoltosos e inquietos por naturaleza, se unieran a un movimiento estrictamente académico en esos años?
Bueno, la idea era encauzar a los estudiantes y mandar un mensaje para que el estudiante realmente fuera estudiante, para que se superara dentro de la universidad, para que llegara al campus a hacer lo que tenía que hacer: estudiar y no a guerrear. Recuerdo que a algunos ex compañeros no les gustó mucho el movimiento… Yo era el tercero de siete hermanos y vengo de una cuna tremendamente humilde. Mi madre necesitaba que hubiera alguien que se superara y que le ayudara económicamente a los hermanos, y ese era mi propósito. Entonces, observaba a los movimientos universitarios pero -y creo que es importante mandarle el mensaje a algunos blogueros de izquierda- no participé en quemas de buses o de tonteras, como se ha dicho. Me dediqué a estudiar. Tanto fue así que nunca reprobé una materia y terminé la carrera en el tiempo establecido.
¿A quiénes más reclutó para IDEA? ¿Alguien conocido?
Personas conocidas por ser funcionarios púbicos, no recuerdo. Pero a la UES llegó a estudiar Kirio Waldo Salgado hijo. Lo vi en una reunión de representantes de clase hora, hizo un planteamiento muy acertado y lo invité a IDEA. Le dije: “Mirá, estoy haciendo este movimiento estudiantil”. Y él me contestó: “Esto que me estás diciendo me cae como anillo al dedo, quería trabajar en un movimiento así”. Lo involucré. Pero como en aquel momento estábamos en una situación de guerra, su incorporación significó niveles de presión por otros sectores de los estudiantes. Algunos sectores, fundamentalmente de izquierda, decían que IDEA era un grupúsculo del doctor Francisco Peccorini, a quien mató el FMLN; y otro sector, el de la Democracia Cristiana, decían que yo era el secretario de la juventud del partido comunista porque andaba con la barba en forma de candado. Era bien complicado el momento.
¿Entonces IDEA era de derecha, de centro y de izquierda al mismo tiempo?
Yo hacía un trabajo estrictamente académico y los sectores radicales de ambas extremas me imputaban que era de uno o de otro. Tuvimos que terminar el movimiento porque no prosperó la “idea” y porque empecé a trabajar y no me quedó mucho tiempo. Empecé a trabajar en la Fiscalía General de la República.
La Resistencia Nacional tenía mucha relación con la escuela de derecho...
… Muchos movimientos... de hecho, creo de las facultades donde más absorbieron estudiantes los grupos del FMLN fueron en derecho, economía… Todo lo que representaba a las áreas sociales y arquitectura. Recuerdo que, en algunos casos, muy buenos estudiantes se involucraron y de repente aparecían muertos. Esos son los sinsabores de ese conflicto. Algunas mentes perversas “entontaron” o confundieron a la juventud y muchos de ellos se involucraron en la guerra. Se trataba de mentes brillantes que en estos momentos estarían dando enormes luces a la solución de los problemas del país.
¿Cómo hacía para dedicarle tiempo a las novias?
Ah, bueno, tuve algunas aventuras...
¿Aventuras?
… y algunos buenos recuerdos...
¿En las gradas del auditorio 4 o en la concha acústica?
Ja, ja, ja. Eh... Máxime si recuerdan que en la universidad, luego del terremoto de 1986, varios edificios quedaron a la deriva. Entonces, el romanticismo dentro del campus universitario se extendió a… ja, ja, ja.
Ja, ja, ja. ¿El edificio de la ex biblioteca?
No, lo que pasa es que yo me dediqué a estudiar. Hubo un tiempo también en el que trabajé en el Consejo Central de Elecciones (CCE) y me tocó un turno de 11 de la noche a 7 de la mañana y, como en ese tiempo llegaba solo a dormir a mi apartamento, en la colonia Zacamil. Tenía mis clases a las 3 y en clases me estaba, literalmente, durmiendo por el desvelo. Ahora sí, me quedó tiempo para dedicarme a la universidad y a mi trabajo. Era fiscal adscrito en ese tiempo. Estamos hablando de 1994.
¿Un fiscal adscrito es como un adjunto?
No, no. La figura del fiscal adscrito ya no existe. Luego pasó a ser fiscal específico. El adscrito era un fiscal que estaba en cada uno de los juzgados, antes llamados “de lo penal”. Este era parte de todos los procesos penales. Con el cambio del proceso penal, en 1998, desapareció.
Usted tenía acceso a todo tipo de casos, entonces. ¿Alguno que recuerde?
Recuerdo uno que me impactó bastante. Se trata de un triple homicidio en el que había seis involucrados. El fiscal específico hizo una presentación y me dieron oportunidad de hacer una segunda intervención. Al final terminamos condenando a los acusados. El tema es que habían llegado varios estudiantes de la UES a ver el desarrollo de la vista pública. Al final de mi intervención se me acercó una ex compañera y me felicitó por mi exposición, que en esos años se hacían por escrito. Ella tenía los ojos un poco llorosos y me dice: “Ese al que acusaste es mi hermano”. ¡Uy!, pensé. Me impactó, pero por suerte no me lo dijo previo a mi intervención. No sé si me hubiera prejuiciado. Sin embargo, el tipo había sido encontrado con las manos en la masa y, si no mal recuerdo, se le condenó a 30 años de prisión.
¿En qué año se graduó?
En 1995. Ingreso a la Fiscalía dos o tres años antes.
Pero ya aparece involucrado en el nuevo Código Penal y Procesal Penal que se echó a andar después de la firma de los acuerdos de paz.
Las reformas a los códigos se dan en 1998. Tuve la suerte de que me propusieron, de parte de la Fiscalía, para que asistiera como alumno, capacitándome en los cursos del nuevo código. Hice todos los cursos y, en un momento determinado, la dirección de la Escuela de Capacitación Judicial me propuso que participara como docente para capacitar a otros en el uso de estos nuevos instrumentos. Estaba bien imbuido en el proceso, tanto que publiqué algunos artículos.
Hay un libro donde aparecen esos textos...
… ¡Ahí aparezco! En aquel momento me encomendó el entonces fiscal general, el doctor Manuel Córdova Castellanos, que participara en un proyecto de reforma judicial con una compañía internacional. Solicitaban un representante por Fiscalía y uno por Procuraduría. Con ellos elaboramos un documento que se llama “Nociones generales del fiscal en el proceso penal”.
Suena aburrido...
… Eh... sí, pero creo que le sirvió o fue de mucha utilidad para que muchos de los fiscales implementaran el código de 1998, porque el cambio fue radical. Antes de que entrara en vigencia ese código no teníamos oralidad en el proceso. Escribimos un manual y desarrollamos artículo por artículo. Entonces, es bien difícil, cuando desarrollas algo que es nuevo y que nunca lo has tenido en el país, hacer un manual para que lo utilicen los demás fiscales. Sin embargo, tengo la impresión de que a los fiscales y a los defensores les habrá servido.
¿Supongo que el gran sueño de un abogado que ha escalado por todas estas ramas de su oficio es llegar a ser fiscal general?
No te equivocas. Alguien que ha tenido más o menos este recorrido, sus aspiraciones son llegar a ser fiscal general. Justamente por eso, cuando se dio esta coyuntura en el país, solicité a la Asamblea Legislativa que se me tomara en consideración. Son decisiones políticas y solamente pude realizar esas funciones durante cinco meses. Pero sí es un tema que creo que a cualquier persona que haya sido fiscal y que haya tenido un recorrido, no sólo práctico sino también teórico, tiene como aspiración ser fiscal general para contribuir con la ciudadanía.
¿Por qué fiscal general y no juez?
Fijate que a mí, ser juez no siempre me ha atraído. Creo que es importante el trabajo que hace la Corte Suprema de Justicia, pero desde que empecé a estudiar derecho, me imaginaba yo o me hacía la idea de ser un abogado penalista.
¿Así como Perry Mason, este de la serie televisiva?
¿Siguen dando esa serie?
No, pero la vimos.
Pues yo me imaginaba como un abogado penalista. No se me ocurrió ser juez, quien hace un papel importante en el proceso pero que su rol es bastante pasivo. El papel de juez no se me venía ni se me viene todavía.
¿Y ser uno de estos litigantes que no les importa si es bueno o es malo su cliente, de esto que sacan hasta Perrones?
No me gustaría. Hubo un tiempo en que salí de la Fiscalía y trabajé con la empresa privada como abogado querellante contra estructuras y bandas de secuestradores. Fue un momento bien complicado en el país.
Eso no lo entiendo, está en la Fiscalía, está haciendo carrera ahí y de repente aparece como querellante de la ANEP.
Bueno, en aquel momento empezaba el tema del secuestro y ya estaba golpeando bastante fuerte. Estaba como fiscal interviniendo en algunos casos de secuestro y Juan Gerónimo Castillo, un abogado que ya murió, me dijo: “Quisiera que usted trabajara con ANEP”. La Asociación estaba buscando un abogado y le había pedido tres currículos. “Yo quisiera que me diera su hoja de vida”, me dijo. Se la entregué, él me anduvo proponiendo el trabajo por bastante tiempo y yo me negaba. A mí me gustaba la Fiscalía pero, al final, como al mes y medio de tantas peticiones, le dije que sí. Así fue como pasé de la Fiscalía a la ANEP. Y ahí, los casos que estaba llevando como fiscal los continué llevando como acusador particular. Justamente el caso de Fernando Palacios Luna, alias “El negociador”, y otros casos los llevé yo.
Me imagino que la diferencia fue que en la ANEP ya tenía más recursos.
Digamos que la ANEP en ese momento hizo una tarea muy importante. Me encantaría que la Asociación hiciera una acción similar en este momento del país.
Dígalo, ahí nos lee Carlos Araujo, presidente de la ANEP.
Estamos claros todos que hay una delincuencia imparable y creo que la ANEP, como otras organizaciones empresariales, tienen suficiente liderazgo para poder aportarle, no solo a un gobierno, sino al Estado, al país, su cuota para resolver juntos esta crisis. Aquella vez ahí estaban las bandas de Palacios Luna, la del Chele Llama, y la de Gigio, que fue la que secuestró al niño Gerardo Villeda Kattán. En ese tiempo los políticos incrementaron la pena contra los secuestradores… También estaba la banda de “El Sapo”, la de “Toño Chiches”... es una cantidad de bandas que acusamos en aquel tiempo y muchos de ellos todavía están en la cárcel.
¿No tenía miedo?
Mirá, la realidad es que… sí, pero no. He sido como muy definido en mis actuaciones. Cuando tienes las convición de luchar en pro de la justicia, tenés que hacerlo. Si tuve miedo, no fue tan fuerte como para no desarrollar adecuadamente estos trabajos.
¿Le habrán puesto guardaespaldas y todo eso?
No, andaba solo.
¿Ni un motorista?
No, ni siquiera.
Digo, era la ANEP, pudieron haberse sacado algo.
Bueno, me daban un salario como abogado. Andaba solo. De hecho, empecé a tener seguridad hasta que fui director general del sistema penitenciario, cuando no había amenazas sino algunos planes para atentar contra mi persona. Hasta entonces dispuse de algún mecanismo de seguridad.
¿Nunca le ha dado miedo de que algo de su pasado regrese y lo busque? Recuerdo que en un momento incluso andaba hasta con chaleco antibalas.
Eso fue en 2005. En ese momento era director de Centros Penales y había tomado medidas drásticas que yo consideré necesarias para mejorar el sistema penitenciario, y uno es ser humano y siente temor, pero el arquitecto del universo sabe en qué momento nos apagará la llamita de esa vela que cada uno tiene encendida. Cuando actúas enmarcado en la Constitución de la República y con respeto a las leyes, sentís el temor natural, pero lo importante es saber que estás haciendo las cosas con la mejor vocación patriótica del mundo.
Eso lo sabe usted, ¿pero cómo se lo explica a su esposa, a sus hijos...?
En ese tiempo, cuando un medio "delató" que yo andaba con chaleco antibalas, hablé con mi esposa, con mis hermanos... mis hijos estaban pequeños todavía... le informé a mi familia sobre lo que estaba sucediendo y tomamos algunas medidas de seguridad. Creo que el fiscal, el policía o el juez que tenga miedo y que ese miedo le domine tanto como para no hacer adecuadamente sus funciones, que renuncie. Si siempre va a haber fiscales, policías, jueces y cárceles, y quienes tengan esa vocación lo que tienen que hacer es desarrollar sus funciones de la mejor manera posible porque es un servicio para la ciudadanía y para el país; y quien tenga mucho miedo, que renuncie porque habrá otras personas con la entereza, la fortaleza, la definición y la firmeza para desempeñar esa función.
Ha estado cerca del crimen organizado y tiene un panorama de cómo funciona…
… Cerca, combatiéndolo.
Ja, ja, ja.
Solo aclarándolo.
Ja, ja, ja. Bueno, ¿es tan cabrón cómo se pinta? Perdón por el francés.
El crimen organizado, lógicamente…
Digo, para tener una cifra de 13 muertos diarios…
… Bueno, hoy hay más. Hay días de 15 o de 18. Creo que la capacidad del Estado no se ha utilizado en su exacta potencia para combatir la delincuencia común y el crimen organizado. Si todos los sectores del país verdaderamente se involucraran, indudablemente se tendrían mejores resultados. Pero no creo que sea tan cabrón el crimen organizado como para tener de rodillas al país. Si este país se organiza adecuadamente, hubiera un verdadero liderazgo y una verdadera conciencia de todos los sectores, podemos derrotar al crimen organizado y a la delincuencia común.
Me llama la atención que diga que el “Estado no se ha utilizado en su exacta potencia para combatir la delincuencia común y el crimen organizado”. ¡Y estamos hablando con el ex director de centros penales, ex viceministro de seguridad pública y ex fiscal general adjunto y en funciones! No lo hicieron tampoco ustedes.
Sí, no hemos como país, como Estado. Por eso digo el Estado.
¡Ahí le toca una parte a usted!
Desde luego, desde luego. Si hacemos una reflexión o una lectura histórica de cuáles han sido mis planteamientos desde que vengo contribuyendo con estos temas de seguridad, han sido unísonos. Hace años propuse el incremento de penas a menores de edad… Hace años…
… ¡Pero eso ha probado que no funciona!...
… Hace años propusimos el tema de intervenciones a las telecomunicaciones; hace años propuse una ley de extinción de dominio, que ahí está engavetada en la Asamblea Legislativa. Esa ley serviría para quitar los bienes a los delincuentes, al crimen organizado, y con ellos fortalecer a la Policía Nacional Civil, a la Fiscalía, al Órgano Judicial, etcétera, para combatir la criminalidad. Ahora, lo que haya hecho como asesor de un Ministerio de Gobernación, como director general de Centros Penales, como viceministro de Seguridad Ciudadana, como viceministro de Seguridad Pública y Justicia, como fiscal general adjunto y fiscal general en funciones no implica que no haya tenido yerros. Por supuesto, y muchos, de seguro…
¿Cuál fue su principal yerro?
Solo para completar la idea: un solo golondrino no te forma el verano. Ahora, yerros personales… Creo que en algunos momentos quizá fustigué en demasía a algunos jueces en el país, cuestionando algunas resoluciones. En algunos momentos despotricando, llevado por la molestia que puede causar que pongan en libertad a sendos criminales. Yerro tal vez es no haber insistido lo suficiente dentro del gabinete de seguridad para que se hicieran las cosas distintas, pero creo que sí es importante decirlo y lo reitero: el Estado no ha utilizado todas sus herramientas con toda la potencia ni todas las instituciones con toda la potencia para combatir el crimen organizado ni la delincuencia.
¿El plan mano dura no iba a resolver esto?
Los planes mano dura y súper mano dura fueron conceptos más políticos que jurídicos y que operativos.
¿Está diciendo que fueron más para ganar votos?
Fueron más conceptos políticos, no sé si por la intención de ganar votos. Los que impulsaron esos proyectos serán los que podrían dar mayor información de eso. Lo que sí quiero decir es que dentro ese concepto de “Plan mano dura” y “Plan mano súper dura” sí se desarrollaron acciones importantes que permitieron capturas de criminales que están en la cárcel.
Pero eso fue más por planes operativos de la PNC y la Fiscalía que por conceptos.
Es que el concepto de “Plan mano dura” es...
... tolerancia cero.
Implicó operativos para capturar delincuentes, muchos de ellos están dentro de las cárceles, condenados, y otros fueron sobreseídos, absueltos o puestos en libertad. Creo que en el país lo que se tiene que hacer en este momento es hacer como una revisión de todo lo que se ha realizado, de todo lo que se ha hecho y ver qué cosas puede tomar este gobierno y este gabinete de seguridad y decir: “Esto no lo voy a desechar y esto si está errado”. Aquí debe primar la no descalificación de un sector hacia otro. Por ejemplo, si hay propuestas legislativas, no pueden venir a descalificarlas los otros políticos que no han hecho la propuesta. Si el actual gobierno y gabinete de seguridad van con la idea inflexible de descalificar cualquier propuesta, no vamos a poder combatir adecuadamente el crimen.
Ahorita hay un debate público de qué medidas se pueden realizar ya. Se habla de más policías, de meter más soldados, de militarizar cárceles, de estado de sitio en algunos lugares. ¿Cuánto ayuda esto a contener la delincuencia?
Creo que mucho, pero hacerlo bien, pero todos conceptos y medidas hay que financiarlas. No te puede servir si no lo financias adecuadamente. Uno de los principales temas que tiene que hacer el presidente de la república y el gabinete de Seguridad es financiar su plan maestro, su estrategia de política de seguridad. Lo he dicho en una red social, en Facebook, que el presidente Mauricio Funes y su gabinete de seguridad tienen la oportunidad de oro para poder mejorar la seguridad del país. Primero, no tiene una oposición política radical, como la que tuvieron gobiernos anteriores… hi siquiera hay oposición, es decir, casi no hay oposición.
¿No tiene ninguna oposición?
Tiene a todos los sectores del país aportando ideas en este momento; los analistas, haciendo propuestas y desarrollando varios de los temas. No existe ningún sector en el país que le frene la mano o le doble el brazo para que impulse sus medidas de seguridad. Todas las fracciones de la Asamblea están esperando que el presidente les lleve propuestas. Si este presidente, con todo su capital político, y su gabinete de seguridad no toman el liderazgo que el momento y coyuntura les exige entonces va a cometer un gravísimo error. Si no lo hacen, desaprovecharán una gran oportunidad para combatir la delincuencia. Él tiene como una alineación de planetas para combatir la delincuencia. Pero cualquier plan, acción, táctica o estrategia no se puede desarrollar si no se financia. En un artículo que me solicitó un periódico, invité al presidente a que haga una política pública el ya no alquilar ningún local o edificio para la policía, la fiscalía, los juzgados, los bomberos, las unidades de salud… Solo el gasto en pago de oficinas administrativas de la Fiscalía era más de 220 mil dólares al mes. Si se ahorra esa plata, ¿cuántos millones de dólares al año podría el Estado ahorrar y contratar más policías, más carros patrullas, más municiones, más equipo, etcétera? Si sumas cuánto pagamos en las embajadas en el exterior o los locales donde funcionan los consulados salvadoreños, encontrás una millonada de dinero. El fiscal tiene la facultad de alquilar sin licitar. Si le gusta este edifico donde estamos, si está vacío y tiene los fondos, lo alquila. O sea que si tiene esas potestades, ¿por qué no aprovecharlo y hacer una política? Al presidente de la República, en una plática, le decía que si pudiéramos fusionar en un solo local a fiscales y policías, cómo y cuánto mejoraría la coordinación, comunicación, logística. ¿Cuántos recursos no te ahorras?
¿Así como funciona la unidad antihomicidios?
Exacto. Y ahora la reflexión: Imagínate que ese edificio no se pagara o por lo menos se pagara con la idea de que en un tiempo será del Estado.
Usted tuvo la oportunidad de hacerlo, ¿o no?
No totalmente. Recuerda que llegué en enero de 2009. Estuve cuatro meses de fiscal adjunto y, de abril a septiembre, como fiscal en funciones. Cuando llego me encuentro con un contrato firmado. Los contratos duran un año y llegan hasta diciembre. Cuando me encuentro con ese exorbitante precio, tomo la decisión de que ya no se puede, nombro una comisión que investiga locales para trasladarnos en San Salvador. El local más acondicionado lo encuentro siempre en Ciudad Merliot, en Santa Tecla. El dueño ofertó 140 mil dólares al mes. Hablé con el dueño y le dije que por el país, la patria, las víctimas, que le rebajara.
¡O lo metía preso!
Ja, ja, ja. No, no le dije eso. Bueno, me dijo: “Se lo voy a dar en 105 mil”. Entonces hay una oferta de ese edificio, que deberá estar en la documentación de la Fiscalía, y entonces le mandé una nota, diciéndole que sí.
¿No es ahí donde se ha pasado la Fiscalía?
No lo sé. Creo que todavía están en La Primavera.
Ya se están moviendo.
Pero bueno, platiqué de esto con el ministro de Hacienda y con el presidente, y les hice el planteamiento de que me iba a ahorrar ese dinero, más del 50%, más de 120 mil dólares al mes; y que con ese dinero iba a empezar a comprar locales en el interior del país. Ahorita solo hay 19 centros al interior del país. Le pareció muy bien al ministro. Una cosa tan simple, pero una decisión política que la puede hacer el ejecutivo, un fiscal general, un presidente del órgano judicial… imagínate que enchacháramos los presupuestos de estas dependencias solo en el tema de alquiler. Te aseguro que en un año fiscal pagáramos un buen local, donde pueden funcionar perfectamente fiscales y policías.
Una pregunta y espero que sea honesto en su respuesta. ¿Por qué tanto pleito entre un fiscal y los partidos políticos? ¿Por qué se negocia tanto esta elección?
Creo que porque algunos políticos tienen miedo de que los metan presos.
¿Así de chacho?
Creo que es el corazón del asunto.
¿Se le vienen a la mente algunos nombres?
Bueno, algunos políticos han estado involucrados en delitos y han sido procesados. Tienes a Roberto Silva Pereira, por ejemplo. Tienes alcaldes que han sido sometidos a la justicia, etcétera, etcétera.
Está diciendo que la figura del fiscal también puede ser una figura ninguneada.
Depende del temperamento y la clase de fiscal. Depende de las convicciones y principios que tenga. Yo platiqué con algunos políticos en esos cinco meses para descubrir que algunos de esos políticos no eran monstruos, y esos políticos también descubrieron que yo tampoco lo era.
¿Que el partido Arena insistiera en su nombre para fiscal general solo sirvió para que no lo tomaran en cuenta?
Influyó la coyuntura política. Hay gente de Arena que quería que yo fuera fiscal, y hay gente de Arena que no lo quería. Al igual que en los demás partidos políticos.
¿En Arena había esa dicotomía?
En Arena había sectores que no querían que yo fuera fiscal.
¿Lo miraban como “saquista”?
No sé. Tampoco sé si me miraban como que no me ha temblado la mano. Como funcionario público, como viceministro, como director de Centros Penales, hice una cantidad de favores a cualquier persona. A una persona que pueda tener un apellido rimbombante como a una persona que pueda tener un apellido humilde. Siempre y cuando la Constitución y la ley lo posibilitan. Y a muchos de los actores políticos de este país –de todos los partidos políticos- les consta que cuando yo le pude hacer un favor a alguien, se lo hice. Favores que la ley permite, posibilita. Pero creo que igual que a algunos sectores de Arena, si no querían que yo no fuera fiscal general, por lo menos no estaban tan entusiasmados con mi persona para que fuera fiscal general. Al igual sucedía con personas del FMLN. Lo interesante es que luego de que pasó la coyuntura, le cuentan a uno varias de las cosas que se suscitaron en las mesas.
¿De qué se dio cuenta?
Antes de salir de la vacación de agosto de 2009, había un acuerdo para que fuera fiscal general. Parece ser que la izquierda como que estaba pidiendo algunas cosas que los sectores de derecha no les pareció. Estaban pidiendo nombrar al adjunto y otros temas, y algunos sectores de derecha dijeron que no.
¿Cómo así?
Estaban hablando de tener la posibilidad de nombrar a personal de la institución... Los políticos hablan muchas cosas. El fiscal general nombra al adjunto, así lo dice la Constitución de la República... Creo que el proceso de elección de estos funcionarios tan importantes, como el fiscal general o el presidente de la Corte Suprema de Justicia, tienen esa dimensión política y creo que los políticos tienen mucho cuidado en hacer esos nombramientos.
¿Usted era "saquista"?
Yo pertenecí al gobierno del presidente Elías Antonio Saca, es decir, fui asesor del ministro de Gobernación…
… Quien era la mano derecha de Saca a nivel político…
… Fui director general de Centros Penales y me nombró viceministro. Fui parte del gabinete del presidente Saca y me siento orgulloso de haber pertenecido, que dicho sea de paso tenía un liderazgo en el manejo de la seguridad, entre todo y todo, tenía un liderazgo en el combate de la delincuencia y en resolver los problemas de seguridad.
¿Quién era el líder? ¿Figueroa, Ávila...?
El gabinete. Incluso era un gabinete que no le ponía peros a los periodistas, a los medios de comunicación, con lo complicado que es informar y, digamos, contestar las preguntas de los medios. Nunca censuramos, al menos yo, a los medios de comunicación, siempre fui muy abierto. Me siento orgulloso de haber pertenecido al gabinete de seguridad. Desgraciadamente en nuestro país existen altos niveles de polarización política, de ideologización, y ese es uno de los principales frentes que tiene la solución. Si no se despolitiza el tema de una vez por todas vamos a pasar otra década más en ese derrame de sangre que tiene nuestra sociedad.
Preguntaba si era saquista porque decía que había políticos con temor y que por eso querían controlar la Fiscalía. Otra gente decía que querían ponerlo a usted para cuidar los posibles chanchuyos de la administración Saca.
Son comentarios absolutamente políticos. Creo que las personas son el reflejo de sus actuaciones, los funcionarios, los que hemos sido funcionarios, nos vamos construyendo un perfil y digamos que los hechos y nuestras actuaciones nos absuelven o nos condenan. Lo importante es, por ejemplo, que en esos cinco meses que estuve como fiscal general en funciones, demostré absoluta independencia e imparcialidad. En cinco meses hubiera podido hacer cualquier cosa, incluso hasta desbaratar la Fiscalía, descomponerla y llevar a mis amigos o a mis conocidos de mayor confianza y ponerlos en puestos claves, cosas que no hice.
¡Todos los hermanos Escalante como fiscales adjuntos!
Ja, ja, ja, ja. Eso no se puede, desde luego, hay muy buenos abogados dentro de mi familia. Valga el comercial. Estábamos en una coyuntura política y no procesé a ningún político indebidamente.
Pero a su criterio, de la sociedad política actual, ¿hay alguien que merecería que los fiscales lo persiguieran?
Pienso que la Fiscalía y la PNC tienen que tener mucha inteligencia y mucho cuidado con, digamos, lucros espontáneos, con patrimonios espontáneos, con riqueza acumulada y generada de forma espontánea y hay leyes, hay mecanismos para investigar. Creo que se tiene que tener cuidado y si hay indicios, si hay información para ver, por ejemplo, cómo se financian los partidos políticos, creo que la Fiscalía tiene que investigar. Por eso es importante una ley de partidos políticos, por eso es importante una ley de transparencia.
En el caso Katya Miranda se decía que el testigo que tenía la Fiscalía era un testigo desacreditado y, al final de cuentas, no pasó nada en el caso... es un caso que le llegó de rebote a usted, pues era el caso estrella de los últimos días del fiscal Félix Garrid Safie... ¿La Fiscalía pudo haber ganado ese caso?
Es un caso que lamentablemente no se trabajó adecuadamente en los momentos en que se tuvo que trabajar. Empezando por el cuido de la escena del crimen en su momento.
¡Pero si ese rancho estaba lleno de policías!
De gente que sabía de investigación, etcétera... pero no se hizo ni lo suficiente ni lo mejor.
¿Y el intento de revivirlo?
Esa declaración que da este testigo criteriado tiene que ser valorada por el juez, por el tribunal. Sí fue procesado en algún momento por falso testimonio y fue absuelto de ello, y será el juez el que le dé crédito o no a su testimonio. En los procesos penales, así como en cualquier otro proceso, pueden comparecer testigos, incluso mentirosos, pero si el juez o el tribunal les creen la información que están dando basta y sobra para condenar o absolver al acusado.
Se habló en algún momento de testigos falsos, nosotros escribimos un artículo sobre eso, lo titulamos “Los testigos falsos de la fiscalía”, testigos profesionales, de oficio, pagados para esto.
No sé si la Fiscalía habrá utilizado indebidamente... lo que te puedo comentar es que por ejemplo en el caso de Katya Miranda, se trabajó durante bastante tiempo y es algo donde no tuve ningún conocimiento. Cuando llego como adjunto, no conozco las interioridades del caso; empiezo a conocerlas cuando me quedo como fiscal general en funciones y, desgraciadamente, en ese corto tiempo, ya se había dado una serie de situaciones. Por ejemplo, lamento, pero verdaderamente lamento que la declaración de la hermanita de Katya se venga a rendir luego de haber pasado tanto tiempo. De hecho, la declaración de la niña dio una información sumamente importante que habría implicado un giro importante en el caso, digamos, señalando a uno de los que en este momento están guardando detención en el caso. Creo que el haber formulado nuevos cargos contra los acusados y luego de haber pasado tanto tiempo, creo que eso sí fue un tema que pudo afectar el caso.
Otro caso que se da en su período es el de Adolfo Tórrez.
Mira, la información que tuve en el caso me permitió cerrar el caso. La información que se recolectó en la escena del crimen, la autopsia, etcétera, daba y concluía en que el caso fue un suicidio. Esa fue la información que se tuvo, después se dieron una serie de opiniones, incluso unas opiniones que comentaban algunas personas que la noche antes Adolfo había recibido llamadas y había tenido una discusión telefónica, etcétera. Investigar ese tipo de situaciones y determinar si habían sucedido o no, hasta cierto punto era complicado, eran casi imposibles determinarlas porque necesitabas versiones de testigos para establecer eso. O sea, personas que hubieran estado a la par cuando él sostenía la conversación telefónica y que nos dijera qué fue lo que él dijo Adolfo Tórrez. Sólo esa parte de la conversación nos podría definir un testigo. Era imposible que nos vertiera la información de lo que aquella persona que estaba al otro lado de la línea telefónica hubiera comentado o dicho a Adolfo Tórrez. En el supuesto de que se hubiera logra establecer, ¿cómo determinar que ese tipo de situaciones era la causa para que Adolfo Tórrez tomara una decisión y se matara? Me esmeré en nombrar a uno de los mejores fiscales que tiene la institución en materia de homicidios, que es el jefe de la unidad especializada antihomicidios Jaime Torres, e hice coordinaciones con el director y el subdirector de la policía, quien compareció a la escena del crimen. Los elementos que se recogieron dieron pie para que se tomara la decisión de cerrar el caso.
¿Quedó complacido por cómo se definieron las cosas? Porque hubo gente que también comentó por fuera que el cerrar tan pronto ese caso parecía más congraciarse con la opinión pública para que su perfil subiera de nivel y fuera tomado…
… Hay personas que mencionaron bastantes temas. Incluso cuando ordené la captura de Mario Orellana, él y algunas personas dijeron que era como para hacer puntos. Pero no, en todas las decisiones que tomé como fiscal general en funciones me sentí tremendamente satisfecho. Algunas personas y otros sectores me dijeron en privado que las actuaciones que había realizado se podían contrastar con administraciones en conjunto de anteriores funcionarios. No era para congraciarse. Por ejemplo, en el tema de la elección de la Fiscalía, sé perfectamente que es una decisión 100% política. Personas de todos los partidos políticos me decían que les agradaría que fuera el fiscal general, o sea en aquel momento. Había opiniones de diferentes matices. No siento que me haya faltado hacer ciertas cosas y en todo caso ese caso, el caso de Adolfo Tórrez, en el supuesto de que hubiera otros elementos que apuntaran a otra hipótesis, el fiscal general perfectamente lo puede reabrir en el momento que lo considere conveniente. Si surgiera información real de que no fue un suicidio sino un homicidio, él no solo tiene la facultad sino la obligación de reabrir ese caso. De hecho, cuando ingreso a la Fiscalía ordené reabrir justamente el expediente de Adolfo Tórrez en la conocida llamada que tuvo con el ex diputado Silva.
Yo quiero preguntar cosas menos serias.
Me han puesto muy serio ustedes.
Ja, ja, ja.
Me han sacado el entreseño.
El abogado, el fiscal, el funcionario, etcétera, ¿alguna vez ha cometido algún delito?
Que yo recuerde, no.
¿Alguna falta? ¿Desorden en público? ¿Alguna pasada de copas?
Ah no, eso por supuesto en un par de ocasiones, pero no manejando.
Ja, ja, ja, ja.
Te voy a contar una de las más graciosas: estaba de asesor del Ministerio de Gobernación, estaba coordinando las mesas de concertación con eso de la reforma del Código Penal y Procesal Penal y me llama mi hijo, a quien lo habían golpeado en el colegio. Quise salir volando porque me llamó llorando y no pude, y simplemente no pude hasta como a la hora y fracción. Llego a verlo y todavía estaba llorando de un fuerte golpe que le habían dado en el estómago. En la noche, llego a mi casa. No sabía tomar alcohol y, siguiendo el consejo de un asesor del Ministerio, me tomo un whisky. Le digo a mi señora: “Mirá, regalame un whisky”. Y me pone un vaso con hielo y me decía: “¿Más?”. Y yo, “sí, más”. Y me lo llena.
Un whisky galán.
Galán, galán, en las rocas. Entonces viene y al rato comienzo a llorar, literalmente hablando. Y todos preocupados en la casa. Se me acercan y me abrazan. Les logré contar la angustia porque habían golpeado a mi hijo y quería salir corriendo para ver cómo lo protegía y no había podido. Ya todos me abrazaron y se me pasó. A partir de esa experiencia dije: “Bueno, voy a tener cuidado cuando me vuelva a tomar un whisky, no vaya a ser que cuente otro tipo de cosas”.
¿Ni siquiera un delito de tránsito?
Ah, cómo no. De seguro he irrespetado alguna norma de tránsito en más de alguna oportunidad. De hecho hasta me han sancionado y he respondido. Hace algún tiempo, cerca de los tribunales había puesto mí vehículo en un lugar donde no se tiene que poner y pues, llegó la policía, la grúa y todo lo demás y se llevaron mi vehículo.
¿No era funcionario?
Era asesor del Ministerio. Le pedí al policía que me diera chance de que no se llevaran la camioneta y me dijo: “Pues mire, no”. Se llevaron la camioneta y pusieron la multa. Excelente.
¿Excelente?
Sí, porque cuando uno ha cometido una falta hay que responder. Hay un pensamiento que dice… “Todos cometemos faltas. El hipócrita las disimula, el vicioso persiste en ellas y el hombre honrado las repara”. Entonces creo que hay que aspirar a ser un hombre honrado.
¿Alguna vez tuvo tentación, sabiéndose un funcionario con poder, de querer utilizar ese poder a su favor para salir de cualquier embrollo?
Eh… sinceramente, no. No sentí como la necesidad. Incluso, fijate que creo que… no sé si es bueno o malo lo que voy a decir, creo que al contrario, creo que respeté mucho mi puesto. Algunas personas me dicen que desperdicié parte de mi tiempo en donde pude haber hecho lobby y una serie de situaciones. Pero creo que como los cargos eran tan pero tan absorbentes que te comprometían al 100%...
¿A un funcionario público le llueven las bichas?
Depende, depende de cómo sean…
… Ja, ja, ja, ja.
… Creo que a veces la silla es tentadora, es decir, el poder es tentador y digamos no siempre te llegan amistades a buscarte para que les hagas alguna función, sino tal vez con otro tipo de propósito. Allá el funcionario si se deja o no tocar. Recuerdo un presidente de la República, yo no lo escuché personalmente, que les decía a los miembros de su gabinete, porque había un par de novios ahí, que no pensaran que eran guapos, que eran chulos, sino que algunas mujeres estaban viendo la silla y no a ellos. Se dan cosas. Hay funcionarios y funcionarias que les han de llover tanto las bichas como los bichos.
Ja, ja, ja. Y en su caso, ese ministro, ese asesor, ese fiscal, ese viceministro, ¿se podía relajar para ir a ver la final de fútbol?
No, fijate. Bueno en mi caso, no. Durante el tiempo de las funciones casi no tuve la oportunidad de ir.
¿Al cine?
Ah, no, si al cine... Al estadio, por ejemplo, he ido quizás una o dos ocasiones a ver una final. Fui a ver, por ejemplo, el partido donde le ganamos a México y lo disfruté. Y fui a ver también el partido de la selección cuando jugó contra los Estados Unidos, que estuvimos a punto de ganarle. Esos dos partidos los he visto; pero al cine, a la playa de vez en cuando... Muy de vez en cuando.
Me imagino, porque hemos visto gente que pasa y lo saluda, y me imagino que habrá gente que le manda recuerdos a su madre.
Dichosamente mi madre ya está en el cielo y es inmune a algunos recuerdos, pero sí hay gente que no lo ve con buenos ojos a uno y hay gente que le hace malas caras a uno. He tenido suerte de encontrarme con gente que ha salido de las prisiones, y yo he participado en sus procesos, y me han saludado. Recuerdo que en el centro de San Salvador, donde tenía una pequeña librería que había comprado, cuando estaba como abogado acusador y me encuentro a una persona que me pregunta: “¿Qué tal? ¿No se acuerda de mí?” Lo recordaba un poco, era la única persona que salió libre en el caso de la banda del “Chele Llama”. “Mire, yo salí, no tuve nada que ver con eso", me dijo. Hace años me encontré también en el centro a otra persona. Andaba en buses en ese tiempo, era fiscal y no tenía carro, y me grita: "¡Licenciado! Cosa seria usted, ¿verdad?", me dijo. "¿Por qué?", le dije. "Usted condenó al Diablo", me dijo. Él era primo del Diablo, que era un pandillero. "Sí", le dije yo. "Nos vemos", me dijo, y se fue. Se dan cosas. En estos cargos uno tiene sorpresas, y hay gente que le dice a uno "realmente me condenó, pero no fue usted quien me condenó, sino las pruebas". Recuerdo un caso en Santa Tecla, en donde familiares de uno de los imputados que acabábamos de condenar se me tiró encima y me dijo "desgraciado" y me golpeó, y yo me hice para atrás y me quedé con el golpe. Son los gajes del oficio.
¿Le gustaría si le llamaran a servir nuevamente como funcionario público, como fiscal?
Siempre he dicho que soy un soldado de la patria. Si me llamaran en este momento, indudablemente diría que sí. No estoy diciendo que se van a romper los períodos, que ya se sabe que son de tres años... En este momento, a mis 43 años, tengo la vocación de servicio en el tema de la Fiscalía o en otras instituciones. Yo pienso que sí, si la voluntad, si las energías también, son suficientes, pues con toda seguridad te diría "sí".
¿Y si Mauricio Funes le pidiera que les asesore en el tema de seguridad y justicia?
Con el mayor de los gustos. A veces algunos telegramas que uno manda en expresiones o declaraciones pueden golpear, pero a veces se hacen con el más sincero ánimo de contribuirle al país. He dicho que el presidente tiene la oportunidad de oro para contribuir con la seguridad del país. Si él y su gabinete de seguridad aprovechan esta oportunidad van a pasar a la historia porque los grandes problemas del país son la inseguridad y la economía. La gente incluso podría estar pobre, como le tocó a veces a este servidor en muchos momentos de su vida, comiendo tortilla con sal y limón o comiendo tres, cuatro o cinco hermanos un solo huevo, pero si la gente se sintiera segura, la gente estaría contenta. Con el mayor de los gustos, si de contribuir se trata, estaría con toda la disponibilidad. De hecho, creo que este presidente de la República debe hacer una mesa nacional sobre la seguridad de nuestra gente y en esa mesa el presidente hasta podría contratar a diferentes personas nacionales o extranjeras para contribuir a combatir este flagelo. Es importante que este gobierno aproveche la oportunidad que tiene para romper con prejuicios. Eso tenemos que hacer en el país: un pacto para que todos combatamos a la delincuencia y al crimen organizado.