08 de Febrero de 2012

Navidad al pie del Chichontepec

  • Foto: Mauro Arias
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    Dos niñas caminan por la calle de acceso a Guadalupe, San Vicente, despejada de las piedras arrastradas por la corriente que bajó entre el 7 y el 8 de noviembre, matando a 16 personas en este pueblo que quedó aislado varios días.
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    En la tienda de campaña número 5 del campamento de refugiados en Guadalupe vive la familia Cerritos, que perdió su casa la noche del 7 al 8 de noviembre por la correntada que bajó del Chichontepec. Al fondo, dos niñas regresan de San Vicente, donde la Iglesia Católica les entregó recipientes para agua y juguetes para los niños.

  • Foto: Mauro Arias
    Cristian, de 8 años, y Esmeralda, de 6, se divierten dentro de su tienda de campaña con juguetes donados a los damnificados de Verapaz por organizaciones altruistas. Los niños parecían inmunes al intenso calor que se produce dentro de la tienda una vez le da el sol.
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    María Irene Alvarado, de 52 años, compró a un dólar dos guirnaldas navideñas para decorar la tienda de su familia. María asegura que su familia está con vida de puro milagro, ya que el alud que arrasó Verapaz no tocó su casa pero destruyó todo a su alrededor y la dejó como una isla. La tradición familiar para Nochebuena era reunirse con sus 9 hijos en casa, reventar cohetes y sacrificar dos pollos para la cena. En el refugio están prohibidos los cohetes y arreglos con luces eléctricas para evitar incendios.
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    Niñas juegan con su pequeño hermano en el campamento de refugiados de Guadalupe. Los menores parecen indiferentes a la incómoda situación en que se encuentran en el campamento.
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    Reina Maldonado muestra orgullosa la decoración de su casa para las fiestas navideñas y patronales en Guadalupe. Su casa estuvo a un par de metros de ser arrasada, pero está declarada inhabitable por la cercanía al cauce nuevo de la quebrada. Su esposo perdió a un hermano, cuñada y dos sobrinas que vivían en las cercanías. "Por lo menos un par de latas de sardinas y arroz vamos a hacer. Lo importante es no perder el espíritu navideño", dice Reina, quien tenía planeado comprar un pavo con el dinero que ganaría cortando café en esta temporada.
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    Efraín Hernández revisa donde estaba su casa, donde la noche del desastre rescató a sus hijos y esposa que dormían en una habitación que fue arrasada. Su hermano, su cuñada y dos sobrinas murieron. Él mismo encontró los cadáveres de sus sobrinas cinco días después de la correntada. "A Dios gracias no nos faltan víveres, pero no hay dinero para celebrar la Navidad", dice.
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    En Verapaz, una anciana permanece sentada en la acera de la casa de sus vecinos, que fue destruida totalmente, excepto el marco de la puerta de entrada. Para la noche de Navidad, en años anteriores, el pueblo salía a las calles a platicar y reventar cohetes. Ahora, gran parte de la población no tiene techo.
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    Una familia visita Verapaz para ver con sus propios ojos la magnitud de los daños. Muchos turistas llegan a visitar la zona de la tragedia, la mayoría lleva consigo algunos víveres y regalos para los niños.
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    Una comitiva de la iglesia Nuestra Señora de Fátima, de la colonia La Rábida, de San Salvador, llega a repartir juguetes y comida a los refugiados en el campamento de Verapaz.
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    Una bañadita no le cae mal a dos reyes magos sobrevivientes del deslave del Chichontepec, rescatados de entre el lodo por Marisela Molina en los escombros de su casa en Verapaz. Melchor y un niño Jesús desaparecieron. "Casi se nos olvida la Navidad", dice Molina, ya que la parte de Verapaz donde vive aún no ha sido electrificada de nuevo. "Sin televisor no nos damos cuenta de la época navideña".
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    La familia Clímaco Platero ha creado un nacimiento con las figuras de barro que pudo rescatar entre los escombros de su casa. En medio de la zozobra han querido afrontar la tragedia pintando lo que quedó de su vivienda para no dejarese vencer por las circunstancias. A las figuras del nacimiento les dieron un toque con acualera para reavivar los colores que se perdieron con la humedad.
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    Ástrid Platero, de 13 años, muestra las figuras rescatadas de los escombros de su casa. Para la niña, la Navidad es época de alegría y esperanza. "Se siente bien feo porque algunos de los vecinos con que festejábamos en la calle cada año murieron y los que perdieron sus casas se han ido".
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    Erick Alexander Méndez Méndez, de 3 años, disfruta con el helicóptero que le regaló su padre. La familia de Erick perdió la mayor parte de su casa, el huerto y el maíz cosechado que tenía almacenado.
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    Un niño corre entre las tiendas de campaña del refugio en Verapaz, mientras juega a perseguirse con sus amigos.
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    Steve y Stephanie juegan en su tienda de campaña en el refugio de Guadalupe. Su madre, María Inés Sanabria, declara que se muere por tener un árbol de navidad, pero en el campamento no son permitidas las guías con luces para evitar incendios. 25 personas se refugiaron en la casa de los Sanabria el día de la tragedía, porque fue una de las pocas viviendas que no fue alcanzada por el alud en la colonia Los Conejos, pero la zona ha sido delcarada inhabitable.
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    Rosa de Henríquez descansa junto a su hijo en el único cuarto de su casa que sobrevivió al alud de piedras y lodo. La bola navideña que colgó del techo sobrevivió dentro de una bolsa plástica que encontraron entre los escombros. "Gente que llegó de voluntaria desde Carolina (San Miguel) me ayudó a sacar el lodo y a rescatar lo que se podía", cuenta Rosa.

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    Niños cargan las imágenes de José y María durante una procesión en la que las figuras van de una casa a otra, pidiendo posada. Ángela Miranda, anfitriona de la posada, perdió los muros perimetrales de su vivienda, pero ofrece lo que quedó para el ritual religioso. "Doy mi casa para la posada para agradecer a Dios que nadie murio en mi familia", dice.

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    Las tumbas simbólicas del niño Bryan Maldonando y de su madre Amanda del Carmen Maldonado permanecen en medio de los restos del vecindario. Su cuerpos no han sido encontrados aún.

     

Los habitantes Verapaz y Guadalupe vivirán una Navidad como nunca la vivieron. En muchos casos, los amigos y vecinos con que solían celebrar la víspera de Nochebuena ya no viven, pues se los llevó Ida entre la noche del 7 y la madrugada del 8 de noviembre. En otros, familias enteras emigraron debido a que perdieron sus viviendas. En medio de esta tragedia, quieren alegrarse y hacen lo posible por rescatar el espíritu de alegría y solidaridad de la época.

Publicada el 23 de Diciembre de 2009