En la tienda de campaña número 5 del campamento de refugiados en Guadalupe vive la familia Cerritos, que perdió su casa la noche del 7 al 8 de noviembre por la correntada que bajó del Chichontepec. Al fondo, dos niñas regresan de San Vicente, donde la Iglesia Católica les entregó recipientes para agua y juguetes para los niños.
Rosa de Henríquez descansa junto a su hijo en el único cuarto de su casa que sobrevivió al alud de piedras y lodo. La bola navideña que colgó del techo sobrevivió dentro de una bolsa plástica que encontraron entre los escombros. "Gente que llegó de voluntaria desde Carolina (San Miguel) me ayudó a sacar el lodo y a rescatar lo que se podía", cuenta Rosa.
Niños cargan las imágenes de José y María durante una procesión en la que las figuras van de una casa a otra, pidiendo posada. Ángela Miranda, anfitriona de la posada, perdió los muros perimetrales de su vivienda, pero ofrece lo que quedó para el ritual religioso. "Doy mi casa para la posada para agradecer a Dios que nadie murio en mi familia", dice.
Las tumbas simbólicas del niño Bryan Maldonando y de su madre Amanda del Carmen Maldonado permanecen en medio de los restos del vecindario. Su cuerpos no han sido encontrados aún.