El mortero número 5 -el tamaño máximo legal- colocado a un lado de una sandía del tamaño de la cabeza de un niño lograba romperla solo después de varios estallidos. Sin embargo, al ponerlo dentro del fruto...
Quizás la consistencia de los guineos de seda tengan alguna similitud con la de los dedos humanos, esos que a menudo sujetan un mortero número 5 que termina explotando en la mano.
... El mortero número tres destruye -aunque no pulveriza- las uvas y gotas de jugo vuelan en todas direcciones.
El forro interior en la espalda y parte de la falda se achicharran.
¿Qué no se meten los niños a los bolsillos? Este pantalón tiene en una bolsa 10 morteros número 3 y 8 morteros número 1, que recién toman fuego. Algunos accidentes ocurren cuando los niños, con su movimiento, logran que los cohetes dentro de su ropa se enciendan por el roce de las mechas.
En fracciones de segundo las explosiones acaban con todos los morteros y provocan una llama que derova la tela del pantalón.
Resultado: la pierna del pantalón rota por las explosiones y achicharrada por el intenso calor.
Este experimento es un clásico de la niñez: extraer la pólvora a los cohetes u otros pirotécnicos para hacer un volcancito al que luego se le da fuego. Esta situación suele ser causa de quemaduras en el rostro en los menores.
En fracciones de segundo una bola de fuego y una nube de gases ardientes envuelven al oso de peluche.
Resultado: quemaduras en todo el cuerpo del oso, desde las patas hasta las orejas, en el lado expuesto a la pólvora. Los ojos lucen blancuzcos por una capa de ceniza que los cubrió.