08 de Febrero de 2012

La "diversión" que está por venir

  • Foto: Mauro Arias
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    El mortero número 5 -el tamaño máximo legal- colocado a un lado de una sandía del tamaño de la cabeza de un niño lograba romperla solo después de varios estallidos. Sin embargo, al ponerlo dentro del fruto...

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    ... el resultado es la desintegración de la sandía.
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    Quizás la consistencia de los guineos de seda tengan alguna similitud con la de los dedos humanos, esos que a menudo sujetan un mortero número 5 que termina explotando en la mano.

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    Los gases atraviesan los frutos y son la primera evidencia de la explosión. Luego, la pulpa saldrá hecha puré y se esparcirá a varios metros a la redonda.
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    Guineos sobre una palometa del máximo tamaño permitido para la venta.
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    El racimo desaparece destrozado.
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    Un mortero número 3 no es lo suficientemente potente como para romper la cáscara de un guineo. Pero con las uvas, similares en tamaño a un globo ocular de niño, funcionan de diferente manera...
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    ... El mortero número tres destruye -aunque no pulveriza- las uvas y gotas de jugo vuelan en todas direcciones.

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    ¿Qué hace un mortero número 5 a dos tomates, que bien podrían simular dos globos oculares de un adulto?
  • Foto: Mauro Arias
    Los tomates se parden en dos y una mitad de cada uno de ellos se desintegra.
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    Un vestido de fiesta para niña, de tela acrílica, bajo el efecto de un volcancito...
  • Foto: Mauro Arias

    El forro interior en la espalda y parte de la falda se achicharran.

  • Foto: Mauro Arias

    ¿Qué no se meten los niños a los bolsillos? Este pantalón tiene en una bolsa 10 morteros número 3 y 8 morteros número 1, que recién toman fuego. Algunos accidentes ocurren cuando los niños, con su movimiento, logran que los cohetes dentro de su ropa se enciendan por el roce de las mechas.

     

  • Foto: Mauro Arias

    En fracciones de segundo las explosiones acaban con todos los morteros y provocan una llama que derova la tela del pantalón.

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    Resultado: la pierna del pantalón rota por las explosiones y achicharrada por el intenso calor.

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    Este experimento es un clásico de la niñez: extraer la pólvora a los cohetes u otros pirotécnicos para hacer un volcancito al que luego se le da fuego. Esta situación suele ser causa de quemaduras en el rostro en los menores.

     

  • Foto: Mauro Arias
    La pólvora inicia su ignición.
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    En fracciones de segundo una bola de fuego y una nube de gases ardientes envuelven al oso de peluche.

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    El fuego alcanza el metro de altura y hace casi desaparecer al osito.
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    Resultado: quemaduras en todo el cuerpo del oso, desde las patas hasta las orejas, en el lado expuesto a la pólvora. Los ojos lucen blancuzcos por una capa de ceniza que los cubrió.

     

Estas imágenes tomadas a una velocidad de 1/8000 segundos dan una idea del poder destructivo y del peligro que representa la pólvora de venta legal que muchos niños manipularán en estas fiestas. El Faro probó el efecto de la explosión de diversos productos e hizo un experimento que suelen hacer los menores: quemar un volcancito de pólvora extraída a los pirotécnicos. Vea la versión en vídeo.
Publicada el 20 de Diciembre de 2009