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Plática con Yolanda de Gavidia, ex ministra de Economía
“No soy mercado ciego, el mercado
no es Dios”
El primer día como ex ministra de Economía tenía una gripe horrorosa. Lo ocupó en ir al médico y al banco a hacer algunos trámites. El 30 de junio se fue triste por alejarse de las personas con las que había trabajado los últimos ocho años. En esta plática, Yolanda de Gavidia mide cada palabra cuando habla de su relación con el equipo de gobierno o de las tareas de sus ex compañeros de gabinete. Sostiene que el consenso de Washington fue necesario y las privatizaciones se hicieron porque esos vientos eran los que soplaban en la época, pero ahora las cosas han cambiado.
Sergio Arauz y Daniel Valencia / Fotos por Mauro Arias
cartas@elfaro.net
Publicada el 08 de septiembre de 2008 - El Faro |
¿Cómo fue su salida? ¿Estaba ya cansada o no quería estar ahí?
En la vida hay que tener claras las metas, los planes a futuro. Creo que como país se dio la oportunidad de que me postulara a esta secretaría y seguir apoyando algunos temas en beneficio del país. Se dio esta oportunidad y consideré que era una oportunidad importante.
¿Ya tenía pensado irse?
Digamos que no necesariamente. Pero sí existía una posibilidad. Eso está siempre, no sólo… desde que usted toma un cargo público, es un cargo que usted pone a disposición del presidente, siendo él el que lo elige o a tomar cualquier decisión. Entonces, yo siempre había estado abierta a terminar el período o salirme a mitad del mismo por cualquier motivo. Sin embargo, cuatro años en el gobierno… y en mi caso no fueron sólo cuatro años, en mi caso trabajar con el candidato Saca, apoyándolo en la elaboración del plan de gobierno, había sido un tiempo bastante interesante que me dio la oportunidad de contribuir al país.
¿Usted llegó donde el presidente y le dijo que se quería salir o el presidente la llamó y le dijo: “Yolanda, yo creo que ya es tiempo…”?
No, fue una iniciativa personal. Hablé con el presidente, vimos la posibilidad de esta secretaría, que era una oportunidad mutua porque para el país es importante ocupar cargos en secretarías regionales. En el Sistema de Integración, El Salvador tiene mucho tiempo de no tener presencia en este organismo y era una buena oportunidad.
¿Fue difícil ser la última de un gabinete económico que poco a poco se fue desintegrando?
Para mí, la salida de elementos como el ministro de Hacienda o Eduardo Zablah fue difícil porque eran elementos valiosos dentro del gabinete económico. Sin embargo, yo ya tengo mucho tiempo de estar trabajando en la función pública y este tipo de cosas siempre se dan. Es más, creo que he tenido la oportunidad de trabajar con otros colegas dentro de los ministerios y siempre se está sujeto a cambios. Lo que se tiene que hacer es adaptarse a esos cambios. Obviamente, en lo personal esto costó porque tanto Mito como Eduardo eran amigos más que compañeros de trabajo. Lo importante es que las cosas dependan de las instituciones y no de las personas para que sigan su rumbo.
¿Qué pasó cuando el equipo se desintegra?
Las personas que sustituyeron el equipo… Willian, en el caso de Hacienda, venía de afuera, pero lo importante es la institucionalidad. Si usted tiene un equipo de mandos medios, de viceministros, que tienen claridad de a dónde van las cosas, estos cambios son muchos más suaves, digamos. Por eso es tan importante fortalecer hacia futuro a la institucionalidad. Y me refiero a que si en este país se da un cambio de gobierno con un partido distinto, ojalá –y por experiencia- que mantengan de alguna forma los cuadros técnicos porque son los que realmente le dan continuidad y fortaleza a las instituciones.
El actual ministro de Hacienda como que no tenía muy claro cuando llegó.
No podría hacer ese juicio de valor. Lo que le puedo decir es que tiene un equipo ahí en el ministerio que había estado trabajando durante mucho tiempo.
Se lo menciono porque pareció que hubo un cambio de visión. Un ministro estaba luchando por recoger más impuestos y otro que, en una entrevista a El Faro, dijo que no había que pelearse con los empresarios.
El rol de Hacienda es clarísimo: recolectar más impuestos y buscar un gasto público racional. En ese sentido, quizás esa entrevista al ministro, que venía del sector privado, fue al principio de su gestión. Pero al final tenés un viceministro que había estado antes y al final se va adaptando a la visión.
Entendemos la presiones que puede recibir un ministro de Hacienda. ¿Qué tipo de presiones recibe uno en Economía?
Es uno de los ministerios más incomprendidos. Y les voy a explicar por qué. Con solo el nombre, usted piensa que de ese ministerio depende cualquier situación económica que se dé en el país, cuando realmente el desempeño económico de un país depende de un trabajo en equipo y no solo del Ejecutivo. El ministerio, obviamente, tiene que fomentar la inversión y el empleo; pero de nada sirve hacer una política para el fomento de empleo si la Asamblea Legislativa toma acciones en contra de esa visión. La seguridad jurídica es importantísima y esto no depende de Economía, sino que depende de un sistema judicial que funcione. Seguridad pública es un tema importantísimo para la inversión y depende de un Ministerio de Seguridad.
¡Le está echando la culpa a René Figuera!
Ja, ja. No, lo que estoy diciendo es un trabajo de equipo. Entonces, si la gasolina sube, es culpa del ministerio de Economía; si la inversión se para, es culpa de Economía. En ese sentido creo que es un ministerio incomprendido porque realmente no mucha gente sabe qué es lo que se hace en realidad en Economía. Ahora, presiones, obviamente siempre hay. Por ejemplo, en la política arancelaria tiene sectores interesados en que se mantengan las protecciones y otros, que disminuyan. Ese tipo de presiones siempre se dan en un Ministerio de Economía. Incluso en el tema fiscal, no necesariamente la visión que tiene Economía se comparte con la de Hacienda, porque tienen intereses diferentes. ¿Me explico? Por ejemplo, la aprobación de una ley que contempla incentivos para promover inversiones resulta que a Hacienda no le conviene mucho porque se quiere más recaudación fiscal. Entonces, ese tipo de conflictos…
¿No se peleó con Guillermo López Suárez cuando la ley de turismo, por ejemplo? Me imagino que usted la apoyaba.
Obviamente. Tanto así como que me peleé, no necesariamente. No creo que me haya peleado con ningún ministro, ja, ja, ja.
Digo, como son amigos. Yo me peleo con Daniel a veces, en el sentido sano.
Digamos que uno tiene elementos técnicos que poner sobre la mesa y las discusiones eran a ese nivel, de explicarle al ministro la importancia que a pesar de que se tenían incentivos, estos daban posibilidad de exención de impuestos a ciertas actividades… Entonces, ese tipo de discusiones siempre las tuvimos. Por ejemplo, con el ministro de Agricultura tenía una visión diferente, a veces natural a Economía, entonces parte del éxito de un programa es compartir la visión; si hay diferencias, que se discutan en la mesa, que se pongan en la balanza y que se tomen decisiones en función del mayor beneficio para el país.
Me la imagino diciéndole a René Figueroa: “Púchica, René, deme más seguridad en Perquín porque ahí hay turismo”
Y seguro que René Figueroa me podría decir: “Ministra, lo que tiene que hacer es fomentar más empleo porque el desempleo genera violencia”. En fin…
¿Y se dijeron eso?
No.
¿Cuál fue el peor momento en estos cuatro años como ministra de Economía? ¿Cuál fue el día cuando llegó a su casa, se echó un par de rones o güisquis y dijo: “Ya no soporto”?
El Ministerio de Economía está lleno de problemas y presiones a diario. Creo que no hay día en el ministerio que llegue y no haya una situación difícil.
¿Nos puede dar un ejemplo?
No es eso…
Si quiere le doy uno yo.
¿A ver?
Vaya, un día que estábamos trabajando con Daniel y nos estábamos peleando con nuestro jefe, Carlos Dada, muy fuertemente porque queríamos publicar una nota sobre la salida de Zablah y yo estaba enojado. Un ejemplo así quiero que me cuente.
Le puedo decir…
¡Mire con qué transparencia estamos hablando!
Eso estoy viendo. No sé, discusiones, por ejemplo, de alguna legislación. La Ley de Servicios Internacionales fue una ley muy discutida con el equipo de Hacienda. Y a veces no nos dejaba de dar un poco de decepción que no se comprendiera la visión que estaba detrás de esa ley, pero yo creo que momentos así críticos para decir “aquí tiro la toalla y me voy”, creo que no.
¿Subsidios focalizados, por ejemplo?
La focalización de subsidios es algo en lo que yo siempre creí, pero se tiene que entender también realidades políticas. Y no me refiero a que usted tenga un subsidio para una elección, sino que se tiene un subsidio porque hay una realidad que afecta a la gente. En el tema del gas, por ejemplo, que era para nosotros complicado en el Ministerio porque el subsidio, además de que no está focalizado genera actividades negativas -por ejemplo, fomenta contrabando y otras cosas-, entonces en ese tema se trataron de estudiar metodologías para focalizar, y a veces era frustrante porque no existía una metodología que nos permitiera que la gente que necesita el subsidio se quedara fuera. Entonces yo creo que en este trabajo de ministra lo que yo sí aprendí fue a tratar las opciones que tenía.
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¿No se enojaba con cosas como, hablando del gas, no contaba con el apoyo para hacer algo tan sencillo como vigilar que estas prácticas no se den?
Cómo no, es algo que a veces decepciona, porque uno tiene una responsabilidad grande y a veces no tiene los recursos para realizarla. Pero ese es un tema de día a día, sabemos que el Estado tiene recursos escasos y lo que buscábamos era entonces tratar de hacerle ver al Ministerio de Hacienda las necesidades que se tenían. Pero eso es algo normal en el gobierno.
¿Con quién se peleó por la Ley de Servicios Internacionales?
No, no fue pleito. Eran visiones un poco diferentes.
Ja, ja, ja. ¿Ajá?
Con el Ministerio de Hacienda, por ejemplo, nos costó mucho esa ley…
¿Con William Hándal, Rafael Mercado…?
Mmmmm… (silencio)… con algunos, y que son muy amigos, con Gustavo Villatoro, por ejemplo. Al de Aduanas, al director de Impuestos Internos. Nos costaba mucho conciliar posiciones.
¿Ellos decían que no porque se iba a abrir mucho…?
Exacto.
Yo se lo dije en una entrevista y usted se levantó.
¿Yo me levanté?
Sí, se levantó y me dejó ahí con el técnico. Yo me acuerdo, por la Ley de Servicios Internacionales, ja, ja, ja.
Con esa ley sí había como visiones diferentes. No es que me peleé, pero para mí fue una ley que tomó más discusión de la necesaria, hubiésemos podido avanzar un poco más. Pero igual salió y yo creo que al final tenemos una excelente ley, ojalá sea aprovechada.
¿Ya está siendo aprovechada?
Creo que sí, creo que ya hay algunas empresas que están calificándose dentro de la ley. Pero ya no es un trabajo que me toca a mí, sino que a la vicepresidencia y a otras instituciones.
¿Usted qué le dice al salvadoreño común si de repente en la calle le dice: “púchica, ministra, la economía sí que está mal y usted es la responsable de eso”?
Y no crea que es pregunta hipotética.
¿Se la han hecho en la calle?
Sí, en el supermercado generalmente. Siendo mujer nunca dejé de ir al supermercado, a pesar de que esta agenda durante estos cuatro años fue bastante apretada, porque me gustaba tocar un poco el tema de precios y la gente en el súper me decía “¡qué barbaridad!”. Es difícil a veces explicar temas complicados, como que “mire, el tema del petróleo, es por una coyuntura, tiene condiciones estructurales”, etcétera. Yo creo que si la gene me paraba y me preguntaba estos temas, lo que yo simplemente trataba de hacer era explicar lo que pasaba. Y es un tema bien recurrente, en función de que “esta señora cree que está en el país de las maravillas porque está hablando de que la economía crece, de que las exportaciones crecen”, pero al final al explicarle a la gente los beneficios de un crecimiento muchas veces sí es complicado. Porque usted tiene su visión desde el punto de vista de su situación personal, y muchas veces, por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, que logró traer inversión extranjera y que abrió muchos puestos de trabajo, la gente dice “bueno, yo no me estoy beneficiando de esto”. Pero sí se está beneficiando porque tal vez usted era una persona que no tenía empleo y ahora sí lo tiene.
El PNUD dijo una cosa bien fea hace poquito, con el informe sobre el empleo.
La necesidad es seguir…
Empleos dignos y de calidad, en detrimento del empleo de maquila también. Una cosa es una maquila tecnológica, pero otra cosa…
Absolutamente, aquí tenemos que tratar de entender qué tipo de inversiones están viniendo al país. En el tema de la maquila, una operaria de maquila ahorita está recibiendo más que un salario mínimo, y usted lo puede preguntar a la mayoría de empresas. Y la bonificación por productividad les da más posibilidades a ellas de tener más ingresos. No puedo negar en este momento que en la parte de maquila, sobre todo con algunas empresas asiáticas, sí se dieron problemas de abuso con las empleadas. Y yo creo que eso lo que hay que hacer es combatirlo y que las leyes se respeten, pero yo no puedo decir que un empleo en la maquila es indigno, sino que todo lo contrario…
Indigno el empleo no, indigno el salario… ¿Y eso no le molesta? Que no se investigue, porque uno no ve a la Fiscalía investigando o al Ministerio de Trabajo…
Cómo no, el Ministerio de Trabajo sí, y trabajamos en conjunto. Es más, promovimos cambios de ley.
¿Usted es feminista?
¿Feminista? Ya me dirá usted qué entiende por feminista.
¿Cómo lo entiende usted?
Digamos que hay distintas definiciones. Hay feministas de feministas. En mi definición la mujer necesita que se le abran espacios. En todos los campos.
¿Y por qué no apoyó a la vicepresidenta en la campaña interna de Arena?
(silencio).
Ja, ja, ja...
Creo que los espacios se ganan. No creo en las cuotas. La mujer tiene suficientes méritos para abrirse espacio sin necesidad de una cuota. Creo que en este país se está avanzando mucho, pero falta trabajar. Sí difiero en el tema del aborto terapéutico. Yo creo en la vida, desde la concepción.
¿Sí a la vida?
Soy pro life. No pro choice, en ese sentido, pero creo que eso no tiene nada que ver con el feminismo. Lo importante aquí es que la mujer abra espacios, se desarrolle en el campo profesional sin perder su esencia femenina.
¿Le cocina a su esposo?
Ja, ja, ja... eso no necesariamente necesita de esencia femenina. Pero realmente no soy muy dada a la cocina.
¿No es así como una madre... una mujer que atiende al hombre?
No. Creo que las necesidades primordiales son las afectivas, de formación... Mi prioridad número uno sí siempre ha sido mi familia, antes que mi actividad profesional.
Mire, pero no le contestó la pregunta sobre la vicepresidenta.
¿El qué?
¿Por qué no apoyó a la vicepresidenta en la campaña interna?
¿Y quién dice que no la apoyé?
No sé, no la vi en ninguna foto con ella.
No me vio ni con la vicepresidenta ni con ningún candidato. Yo creo que los puestos públicos son incompatibles con la política, al menos en mi concepción.
Yo que la vicepresidenta le reclamaría a usted y a Gloria Salguero por la falta de apoyo.
Je, je, je. La verdad es que yo estaba trabajando y no podía andar en campaña con tanto lío en el ministerio. Pero insisto. Un funcionario, desde que asume el cargo público, su primera prioridad es el servicio público, no partidista. Esa es mi concepción.
¿Usted es militante de partido?
No. Soy una mujer de derecha, entre lo que ahora se puede decir de derecha. Creo en la libertad, en el mercado, en la empresa privada.
Mauricio Funes le podría decir eso mismo.
Mauricio Funes, pero a ver qué dice el resto de gente que está con Mauricio Funes. Esto no se predica con la palabra, sino con el ejemplo. A mí me dan miedo ejemplos como los que se están viendo en Suramérica: de un socialismo entre comillas que se ha convertido en populismo. A Mauricio lo conozco personalmente, creo que tiene buenas intenciones, pero lo que tiene que definir para que entendamos su visión es qué piensa de lo que está pasando con gente cercana al FMLN que está tomando temas que yo no comparto.
¿Tiene chaleco en su casa?
Sí. Porque para la campaña del candidato Saca apoyé.
Qué chivo que nos cuente eso porque quizás podemos revelar los vacíos del partido Arena. Si no es ni militante ni afiliada, ¿cómo el partido le dejan a usted y a Eduardo Zablah, que tampoco ha sido militante, la elaboración del plan de gobierno? ¿Cómo funciona eso?
No sé cómo funciona. Hay que preguntarle al partido. Porque Arena es un partido bastante abierto. Siempre lo ha sido y nos invita por las capacidades técnicas y la experiencia que se tiene. No era el primer plan de gobierno en el que participo.
¿En serio?
Desde el gobierno trabajamos en un plan de transición para Calderón Sol y luego para el presidente Flores.
¿Quién los llama a ustedes, los técnicos, los pensantes?
A mí el candidato Saca.
¿Quién le dio las referencias a él de usted?
No sé. Habrá que preguntarle. Eduardo Zablah me lo propuso en nombre del candidato. Al candidato Saca no lo conocía mucho antes de que fuera presidente.
¿Y en las anteriores ediciones quién la llamó?
No, desde el gobierno había apoyado estos temas. Para la campaña del candidato Saca tuve que renunciar porque no podía estar dentro del gobierno trabajando para un partido. Renuncié al ministerio de Economía para irme a trabajar junto al candidato.
(La mesera llega a preguntar si queremos algo más. La ex ministra le reclama porque nunca le llevó el jugo de limón para su agua mineral. Sergio y Daniel piden otra copa de vino Merlot y Mauro una Coca Cola. La ex ministra pide otro cigarro y le ruega a Mauro que no le tome fotos. “No me censure, decile, Mauro. Nos está coartando nuestros derechos y casi en nuestro día”, bromeamos, ya que esta Plática se hizo hace cuatro semanas, cerca del día del periodista.)
Esa es una de las cosas que más me costaron.
¿El qué usted?
El trato con la prensa. Antes no había estado expuesta. Es como…
Usted se ha peleado con algunos periodistas.
No….
Sí.
¿Con quién?
Con Edwin Segura, de La Prensa Gráfica, por lo del censo.
No, no. Lo que a veces me molesta es que a veces son un poco superficiales las noticias. Y creo que la responsabilidad de ustedes es enorme…
Superficiales nos dijo.
No, en algunos casos. Pero con Edwin no me peleé. ¿Qué pasó con él? No recuerdo.
Lo del censo.
¡Claro! Es que afirmó cosas que no eran así… y teniendo la apertura que tiene este gobierno es importante que los periodistas indaguen un poco más.
¡Apertura! Ja, ja, ja. ¿Cuál apertura?
Ustedes todavía tienen mi celular.
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