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Ana Vilma de Escobar, vicepresidenta de la República y ex precandidata de Arena a la presidencia.

“¡No tengo pecados!”

Irónica y de broma fácil, la vicepresidenta Ana Vilma de Escobar llegó a La Ventana, donde aguantó una plática de dos horas y después se quedó charlando en otra mesa. Conocida en su entorno íntimo como Pica, se declara católica, bromea que es inmaculada y revela que en su juventud nunca le faltaron novios. Recuerda la guerra -oía las homilías de monseñor Romero- y considera que Napoleón Duarte fue un prócer de la democracia salvadoreña. Habla con soltura de todo, excepto de la reciente campaña interna de Arena, de la que la democracia -sugiere- salió magullada y de la que salió candidato Rodrigo Ávila. “Había que dar un mensaje de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es democracia y de lo que no es democracia”, justifica, a la hora de explicar por qué denunció con nombre y apellido a quienes cree que hicieron campaña ilegítima en su contra dentro del partido.

Sergio Arauz/Ricardo Vaquerano/Diego Murcia/Óscar Luna
Fotos: Mauro Arias
cartas@elfaro.net

Publicada el 12 de mayo de 2008 - El Faro

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¿Como le fue ahora?
Estamos en PROESA, diciendo que no estamos sacando lo que quisiéramos en inversión extranjera.

(Pide una copa de vino tinto. Cabernet)
Yo no me siento mal por tomarme una copa yo sola.

Con la segunda la acompañamos.
Va.

Cuando tenga hambre, avisa.
Yo siempre tengo hambre, me encanta comer.

¿Hace mucho ejercicio también?
Sí. Pero con los viajes es espantoso. Pero ya tengo días de haber vuelto a empezar a hacer ejercicio.

Y con la campaña interna de Arena estaba más ocupada aún.
Pero en la campaña no se necesita hacer ejercicio, porque ahí no había tiempo de comer y entonces uno adelgaza.

No vamos a hablar sólo de su cargo como Vicepresidenta, queremos hablar con Ana Vilma de Escobar. Así que puede despojarse de su cargo como lo hizo en la campaña.
¿O sea que yo no representaba el continuismo, dígame?

Ja, ja, ja. Mejor pregunto yo. ¿Donde estudió y cómo era su tiempo de estudiante antes de la universidad?
En la Escuela Americana. Mi padre fue un hombre que comenzó sin nada, que estudio aquí, sacó la profesión de abogado y tuvo la visión de esperar que sus cuatro hijas estudiáramos y sacáramos una carrera. Siempre tuvo la visión de que nos volviéramos personas independientes, con una excelente educación, para él y mi mamá representaba un sacrificio muy grande. Nosotros como familia vivimos bastante limitados, nunca me faltó nada, aunque todo se iba a la educación de las hijas. Todas estudiamos en la Escuela Americana y estábamos conscientes del sacrificio que significaba.

¿Y era de cuadro de honor?
Sí, es que si no sacábamos una tarjeta de aprobación todos los miércoles, no podía salir. Mi papá y mi mamá eran bien estrictos con los estudios. No había excusas. Había mucha disciplina. Nunca vi a mi papá viajando, ni a mi mamá, ni siquiera a Guatemala. Todo era para nuestra educación, ahora se alegran porque todas nosotras cumplimos.

¿En qué zona creció?
En la colonia Centroamérica. Yo nací frente al cuartel El Zapote, justo en una casita que estaba frente a El Zapote y después nos pasamos a la Colonia Centroamérica. Pasaba todo el día en el parque, patinando en la calle, jugando ladrón librado. Era divertido.
 
(Sirven los canapés y la vicepresidenta casi ha terminado su copa)
¿Otra copa de vino para acompañar?
Nooo, imagínese que tomo más vino, les puedo contar a saber qué cosas.

Je, je. En parte ese es el propósito.
Ja, ja.

¿Y quiénes eran sus amigos que hoy son famosos?
Compañero desde kínder era Federico Bloch, era mi amigo. Marco Arroyo, trabaja conmigo en Proesa. Era una clase muy pequeña, la mayoría se fue a estudiar a Estados Unidos, de cuarenta que éramos, tres nos quedamos estudiando en la UCA. Marco Rollo, Prudencio Llach y yo.

En los pasillos políticos le dicen la Pica. ¿Es cierto que fue por Vilma Picapiedra?
Je, je, je. Me lo puso Lula Rodríguez. Ella trabaja en protocolo de Casa Presidencial y era compañera de clase mía. Los compañeros de clase me decían así y llegó un momento en que todo mundo me conocía por Pica. Me volví a llamar Ana Vilma en la política.

¿Y a usted le gusta?
Es que casi era mi nombre.

O sea que cuando firma un documento, ahí dice “conocida por Ana Vilma de Escobar”…
Ja, ja, ja. Hay gente que ni sabía cómo me llamaba yo.

Dibújenos su época de universitaria.
Fue una época muy bonita. De descubrimiento, de conocer mucha gente nueva. Ingresé a la UCA en 1972. Estuve dos años. Luego obtuve una beca para irme a Francia. He estudiado francés siempre, por insistencia de mi mamá y me fui. Yo no hubiera tenido la oportunidad de estudiar en Europa porque mis papás no me hubieran podido mandar. Era un profesorado en francés y letras. Pero tenía siempre en mente que tenía que regresar a terminar mi carrera.

¿Habla francés a la perfección?
Pues… ¡oui! Estuve allá dos años, viajé todo lo que pude como estudiante. Vine a la UCA y no perdí ni un mes porque sabía que lo que tenía que hacer era sacar mi carrera. El francés era muy lindo y las letras también, estudiar literatura, pero estaba segura de que no iba a comer de eso.

Latinoamérica en esa época estaba hirviendo. Muchos latinoamericanos emigraron a Francia. Chilenos, salvadoreños…
... Venezolanos.

¿Participó en alguna de esas comunidades de latinoamericanos? ¿Vio a Roberto Armijo por allá?
Sabía que estaba, pero no... yo estaba estudiando en un pueblecito cerca de Suiza. Pero al volver aquí quizá fue una de las épocas más difíciles del país. Encontré al país en una etapa diferente. Y a medida que se adelantaron los años, comencé a ver muchísimos movimientos a nivel de la universidad.

¿Y qué pensaba de la dictadura?
Nunca estuve de acuerdo con lo que podía ser cualquier restricción a la libertad. A la fecha no estoy de acuerdo con eso.

Cuando entró a la universidad estaban en boga los valores hippies. ¿Fue hippie?
Les voy a dar una foto.

¿De verdad? ¿Qué estaba haciendo en mayo del 68?
(Solo sonríe, sin responder)

¿Se hizo hippie?
No.

No la dejaban sus papás, me imagino.
No me dejaban ni salir.

¿Y cómo tomaron lo del viaje?
Ya me habían formado, ya tenía mis valores. Ya tenía 20 años. Si a esa edad no era capaz de salir adelante o asumir mis responsabilidades… pues.

Si sus papás eran tan estrictos y ni la dejaban salir, ¿a qué edad tuvo su primer novio?
Siempre tuve novios.

Ja, ja, ja. ¿Siempre desde cuándo?
Bueno, desde los 15 años.

¿Y cómo le hacía, con las restricciones que tenía?
Llegaban a mi casa. Eran mis novios y llegaban a visitarme.

¿Compañeros del colegio?
No. Del colegio no tuve porque esos eran mis amigos.

¿Eran de la colonia?
Sí... Los va conociendo uno en las fiestas.

¿Entonces sí podía ir a fiestas?
Con mi mamá, pero iba... o iban mis hermanas también.

¿Y cómo le hacía? ¿Qué maniobras hacía?
Me portaba bien.

Vaya, y cuando entró a la universidad, ¿estaba del lado de Duarte o del PCN?
No estaba de ningún lado. Creo que con Duarte vimos gestarse la democracia en el país, estoy convencida de que él, aun cuando no comulgo con todas las decisiones que tomó posteriormente, vino a impulsar la democracia en el país.

¿Y usted votó por la Unión Nacional Opositora?
Creo que no estaba…

¿En el 77, cuando se eligió al general Romero?
Ya no recuerdo.

¿Cómo vivía esa época?
Bueno, se estaba gestando lo que posteriormente vimos manifestarse como un confrontación entre salvadoreños, fue creciendo ese sentimiento de malestar de partes diferentes, malestar por lo que eran condiciones y situaciones no resueltas, insatisfacciones. Todo lo que vivimos en el conflicto armado posteriormente, 12 años, fue muy duro para el país.

Para entonces ya había comenzado a trabajar.
Mi primer salario fue cuando trabajé en Schwartz (un almacén local ya desaparecido), para mis vacaciones del colegio. Gané 60 colones. Poníamos en orden alfabético el inventario de las vendedoras del almacén...

Ah, no era dependienta. No atendía clientes...
No, a mí me daban una libreta y me tenían en una bodega. Ja, ja, ja. Y escribía todo lo que habían vendido las muchachas...

Los papás la seguían cuidando para que no conociera muchachos.
Ja, ja, ja. Pues así fue, y con el primer salario les compré un regalo a mi mamá y a mi papá y lo demás lo gastábamos en las milhojas del Pan Lido, que estaba atrás del almacén. A los 17 años, al salir del colegio, di clases en el Centro Cultural de Estados Unidos con El Salvador. La primera vez que me tocó dar clases me impresionó ver que eran adultos a los que yo les iba a dar clases, yo tenía 17 años. Luego trabajé dando clases en el Liceo Francés, di clases de matemáticas en la Escuela Americana, trabajé en un gremio también de empresarios jóvenes. Siempre estuve trabajando y de noche estudiaba.

¿Era estricta como profesora?
Mi meta era enseñarles valores a los niños. Era estricta...

Eso de los valores me suena a la campaña de Rodrigo Ávila...
(Reprime una risa mientras lanza una mirada fulminante).

¿Por qué se rié así? Estamos descubriendo a la asesora secreta...
Sí. Todos aprendimos unos de otros.

Se copiaron, dijeron en alguna ocasión...
¡A mí me encanta cuando escucho a Mauricio Funes hablando de inversión extranjera!

¡Ah, también a él lo está asesorando!
Ja, ja, ja, si quiere lo asesoro en ese tema.

Cuéntenos, ¿cómo llegó al partido?
Simplemente admiraba la valentía de Roberto d’Aubuisson en un momento cuando los salvadoreños estábamos cabizbajos, preocupados de lo que estaba sucediendo, vivíamos en una época donde nadie se atrevía a decir nada. Él fue valiente al presentarse y hacer denuncias. Siempre he admirado el valor de la gente y él fue una persona que denunció lo que le parecía que no estaba correcto.

¿Qué la hizo tomar el camino de la política?
Me tocó vivir cuestiones difíciles, dos situaciones de inseguridad, como salir de mi casa y encontrar de repente todo el carro pintando de rojo, como que era sangre. No era para mí, pues, pero simplemente esa sensación de llegar uno y ver el carro totalmente pintado de rojo así como que era sangre.
También me tocó llegar de visita a casa de unos amigos, de noche, y un microbús se paró a la par de mi carro y quisieron bajarme para asaltarme, como no pudieron abrir la puerta se pusieron enfrente y después a balazos nos empezaron a disparar de frente.

Poco antes, en el 80, mataron a Monseñor Romero... ¿cómo vivió ese hecho?
Esto lo sentí como un momento muy duro para el país.

¿Oía sus homilías?
Sí. Creo que todos las oíamos.

Mucha gente pensaba que era un viejito comunista.
Yo creo que lo importante en eso es mantener la conciencia social, la claridad de que hay muchas injusticias que resolver, pero en lo que nunca estuve de acuerdo es en promover el odio de clases. Eso le hace daño a un país en general.

Escuche la respuesta

¿Monseñor Romero promovía el odio de clases?
Creo que por momentos había cuestiones donde se iba al extremo, pero eso no significa, de ninguna manera, que tenía que morir de la forma en que murió. En eso estoy en total desacuerdo. Son muy importantes las denuncias, la concienciación, que haya la defensa de las personas que no tienen voz. Concuerdo con eso. Pero nunca con promover odio de clases.

Había gente que decía que Romero le hacía el juego a la izquierda y le llamaban peyorativamente “Marxnulfo Romero”.
No me acuerdo.

¿Pero usted percibía que le estaba haciendo el juego a la izquierda o a la incipiente guerrilla?
Yo creo que lo que sucedió en esa época es que el púlpito se ocupaba, en muchas ocasiones, para hacer política y creo que el púlpito debe ser para promover otros propósitos, la espiritualidad de las personas, no para toda la denuncia política que se daba en ese momento. Y veíamos mucho de esto, no solo en monseñor Romero sino también en muchos otros sacerdotes de esa época.

¿Y qué piensa ahora que el hermano Toby pide desde el púlpito que no se vote por Funes?
Creo que se tiene que mantener la espiritualidad y se tiene que promover los valores. Yo no sé, exactamente, lo que quiere promover el pastor Toby. Yo le estoy diciendo lo que yo percibía en ese momento y también... no voy a esa iglesia. Pero sí le puedo decir lo que yo podía escuchar en la iglesia católica a la que yo iba.

¿Era católica de esas que van a misa cada domingo?
Bueno, iba... cuando empezaba el mes de mayo iba todos los días. A mi mamá la gustaba que fuéramos y nos inculcó todo eso.

¿Hoy ya no va todos los días?
No, ya no.

¿Cada cuánto va?
Cuando uno es adulto, uno va porque siente la necesidad de estar cerca de Dios.

¿Cuándo fue la última vez?
Hace una semana.

¿Y se confesó?
¡No tengo pecados!

Ja, ja, ja... ¿y comulgó?
No, no comulgo. Estoy divorciada.

¿Y cómo se fue de su casa?
Me casé con el papá de mi hija a finales de la universidad.

       
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