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Alejandro Solano, jefe de asesores técnicos de la Asamblea Legislativa

“El que no  haya pedido o dado copia,
no es humano”

Acusado en los medios de comunicación de alteración de textos de leyes. Acusado de tráfico de influencias. Acusado de todo. Así ha sido la vida de este abogado de 51 años que de vez en cuando recibe tanta luz pública como los diputados para quienes trabaja. Es el jefe del equipo de asesores de las comisiones legislativas y de la junta directiva. Él se toma con cautela esas vicisitudes, consciente, dice, de que en un órgano tan político como la Asamblea Legislativa puede haber minas por cualquier parte. O “pescozadas”, como dice que ya le han pegado. Lo que nadie puede cuestionarle es su larga trayectoria entre diputados: 26 años. Lejos están ya su primer trabajo como jalabultos en Pan Lido. Y lejos están ya los años de colegio donde recibió múltiples expulsiones y pidió y dio copia en los exámenes.

Sergio Arauz y Ricardo Vaquerano
Fotos: Mauro Arias

cartas@elfaro.net

Publicada el 05 de mayo de 2008 - El Faro

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¿Cuándo llegó a la Asamblea Legislativa?
Yo llego en mayo de 1982, a la constituyente. Quien conducía la constituyente era el mayor Roberto d’Aubuisson. Entonces, nosotros estábamos atrás del pleno para apuntar todas las ponencias que hacían los diputados en aquel entonces y nosotros se las pasábamos escritas al mayor d’Aubuisson.

¿Para qué?
Para que el mayor d’Aubuisson, en su orden, las planteara como moción.

¿Cómo funcionaba eso de las mociones?
Lo que pasa es que en ese momento se estaba discutiendo artículo por artículo el proyecto de la nueva Constitución. Y entonces, cuando se tocaba un artículo, los diferentes partidos de aquel entonces hacían propuestas en el pleno. Nosotros escribíamos las mociones, a diferencia de ahora, que los diputados presentan las mociones por escrito. Antes, las mociones eran habladas y nosotros las escribíamos para que el que conducía, que era el mayor d’Aubuisson, las numerara y él decía tiene la palabra el diputado tal sobre la moción tal que ha presentado.

¿Y cómo llegó a la Asamblea?
Yo llego al Ministerio de Trabajo recién graduado del colegio García Flamenco. Quien me lleva a mí... a la Asamblea Legislativa no llega nadie simplemente porque les caes bien, tenés que tener un impulso de alguien ligado a la parte política. Quien me lleva a mí al Ministerio de Trabajo fue el coronel  Roberto Escobar García, que le decían “el Pato” Escobar García. Él era el Ministro de Trabajo. En 1979 se da el golpe. Entonces, en el golpe de estado continúo en el Ministerio de Trabajo bajo la tutela de un nuevo ministro, que era el doctor Samayoa. Estuve ahí de 1978 a 1982.

¿Cuándo salio del García Flamenco?
Salí en 1977, en el famoso año del gato… en el que quedó campeón el Colegio García Flamenco. Nosotros le pusimos el año del gato porque yo era el jefe de barra del García Flamenco.

¿Jugaba?
Jugué en 1976 y en 1977 fui el jefe de barra de la promoción.

¿Pero no se inventó usted la barra?
No. Estábamos sentados en una acera y le preguntamos a un grupo de compañeros qué le poníamos de slogan a este año. Y alguien dijo, “estamos en el año del gato. ¿Por qué no le ponemos así?” Y ahí nace el famoso año del gato.

¿Entre sus compañeros había alguien que ahora esté en política o sea un empresario reconocido?
Los que están en la vida pública de la generación del año del gato son Antonio Núñez, técnico de la Asamblea. Empresarios está Alex Alberto… ya recordaré el apellido. Son dueños de una empresa de madera. Funcionarios no hay.

¿Y después del García qué siguió?
Me voy a la Universidad doctor José Matías Delgado. Y ahí, pues, sí ya conozco diferentes funcionarios actuales.

Ahí conoció a Rodolfo Parker.
No, nuestra promoción es la primera promoción y concluimos en el año de 1984. Entramos en 1978 y en junio de 1984 finalizamos la carrera. Compañeros de esa época son Belisario Artiga, por ejemplo; el otro es el actual fiscal general, Garrid Safie, y el adjunto, Barahona… Aquiles Delgado, que fue el legal del Banco Cuscatlán; también René Mario Figueroa.

¿Fue compañero de Figueroa?
René Mario Figueroa llega a la universidad con todos nosotros. Es una promoción de 52 abogados que estamos prácticamente repartidos en todo lo que es el área económica, jurídica y empresarial de todo el país.

¿Cómo eran de estudiantes todas estas personas?
Bueno, como todo estudiante…

¿Qué hacían los estudiantes universitarios en esa época?
Mirá, en esta universidad no nos permitían andar con pelo largo. Esta universidad traía un esquema o una filosofía de mucho respeto académico y nos exigía andar siempre de corbata y saco. No nos exigía nuevos sacos, nos exigía un traje y corbata. Se nos quería dotar de muchos principios de aquel medioevo, como por ejemplo, de la Universidad de Salamanca, nacida en el siglo XIII, con aquel púlpito académico.

¿Usted trabajaba y estudiaba en ese momento?
Trabajaba y estudiaba. Mi historia comienza en Pan Lido.

¿Repartiendo pan?
No, jalando bultos. Te voy a contar una historia. Un día, quien me lleva ahí es Roberto Molina, el hijo del dueño Raúl Molina Cañas, que en paz descanse. Yo agarraba bandejas de producto terminado y las llevaba. Después me constituí, tal vez por ser una persona muy inquieta, en supervisor. Y empiezo a trabajar y estudiar, y yo me costeo mis estudios universitarios. Pero como ya no podía trabajar en Pan Lido, porque era un turno de 6 a.m. a 2 p.m., tengo la oportunidad del coronel Escobar García, que me lleva al Ministerio de Trabajo. Es ahí que el Ministerio de Trabajo me permite estudiar por la mañana y yo llegaba a las 10 a.m. todos los días al ministerio.

La Matías Delgado, en ese momento, era para élite...
… Yo no lo consideraría como para élite. Esa universidad nace como un esfuerzo, con profesorado que viene de la Universidad Nacional que, inclusive, fueron fundadores y accionistas de la Matías Delgado. Y, además, la cuota era sustancialmente cómoda y que podíamos pagar en esa época. Eran 40 colones mensuales.

¿Y por qué derecho y no ingeniería?
Te voy a contar esa historia. Saliendo yo del Colegio García Flamenco… Siempre fui un joven inquieto y el profesor Rubén Dimas, que en paz descanse, que era el director del colegio, me mandó a llamar y me dijo: “Solano, venga para acá”. Me había expulsado como tres veces pero me quería mucho. A mí me expulsaron de varios colegios. Yo pasé… estuve en el Externado de San José, fui compañero de Rodolfo Parker. Yo fui tan inquieto que me expulsaron de varios colegios, y todo era por peleonero, no por falta de capacidad como estudiante.

¿Peleaba a puños?
Peleonero como todo cipote, el que no haya peleado y el que no haya pedido o dado copia no es humano y no ha sido estudiante.

¿Y usted daba o pedía copia?
Daba y pedía copia. Ahora, en la balanza, dejémoslo así…
Mira, yo creo que el dar o el pedir copia, el jugar fútbol y el darse duro es la historia de todos los estudiantes. Por esa historia pasamos.

Vaya, y empezó en el Externado…
Sí, y ahí fui compañero de Rodolfo Parker.

¿Y cuándo salió del Externado?
Yo paso por el Externado de San José del primer grado al sexto grado, de ahí llego al colegio García Flamenco, me expulsan y me voy al Cristóbal Colón. Del Cristóbal Colón le pido a don Roberto Escobar García que me regrese al colegio y me dice “Solano, te voy a regresar” y regreso al García. En el García concluyo mi carrera de bachiller en matemáticas, cosa paradójica es que de matemáticas no le entro y entonces me voy al derecho. Ahí es que me inscribo en la carrera de derecho en la Matías Delgado, eso fue en noviembre de 1977.

Ahora estamos de nuevo en el Ministerio de Trabajo.
Te voy a contar quién me orientó para ser abogado: fue don Rubén. Me mandó a llamar y me dijo “Solano, venga para acá, usted ha sido un joven que ha llevado siempre liderazgo. metete a estudiar sicología o derecho”. Y yo me le quedé viendo y le pregunté por qué. Y me dijo que esas eran las dos cosas en las que yo iba a triunfar. Yo me fui a mi casa y le platiqué a una de las personas que tuve siempre muy cerca, que fue el coronel Roberto Escobar García. Él era como un padrino, era amigo de mi padre que había fallecido cuando yo tenía dos años, y me dijo: “Yo creo que te tenés que ir a estudiar derecho”. Y yo: “¿Por qué?”. “Porque yo tengo todos los libros que te van a servir, además yo puedo ser un tutor”. Es así como yo me inscribo en derecho y empiezo a caminar bajo la tutela de toda esta literatura de Roberto Escobar García. Él es el que me lleva al Ministerio de Trabajo.

Entró con cuello entonces…
No, entré como cualquiera entra. En el ministerio estuve de 1978 a 1982. Del Ministerio de Trabajo a la Asamblea Legislativa paso prestado para colaborar en el régimen laboral de la Constituyente, en el 83. La Asamblea Constituyente solicita gente que conociera el régimen laboral.

       
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