¿Te portabas mal?
No, tampoco así, era de echar bromas y poner apodos, pero no buscaba peleas. Un par de veces me amenazaron con expulsarme, pero no llegó a más.
¿Vos tenías apodo?
Shaggi, por el Scooby Doo.
¿Básicamente por no querer hacerte docente estudiaste derecho?
No necesariamente, tenía intereses. En el colegio quería estudiar bachillerato humanístico, pero no la tenía, por eso estudio la opción Química, pero ya tenía eso de estudiar derecho, algo humanístico. Sociología también estaba por ahí, letras era lo que más me gustaba. Finalmente me decidí por derecho. La UCA en aquella época, los jóvenes vivíamos en un ambiente de gran polarización, si ahora está así, pero en la guerra era el doble o triple. La población estudiantil de la UCA, aunque no eran todos adinerados, había clase media y escasos recursos. Había con mentalidad conservadora, muchos andaban en esa idea. Ahora los compañeros de la universidad son jueces, trabajan en la Corte, cosas así.
No sos un abogado tradicional
No, yo no litigo, ni siquiera saqué el notariado, me quedé trabajando en derechos humanos. Salí en el 89, bueno egresé. El asesinato de los mártires fue un hecho fuerte, marcó la generación. Ellacuría me dio clases, hice servicio social con el padre Segundo Montes. En ese momento el padre Amando López nos estaba dando clases y se cortó cuando lo asesinaron.
¿Cómo eran las clases con Ellacuría?
Eran muy dinámicas. Para empezar nos hizo cursar la materia con sus alumnos de filosofía. La cátedra era muy enfocada al tema de la realidad nacional. Analizábamos la masacre de San Sebastián por ejemplo, cargada de filosofía pero con ese elemento de historicidad y cómo se manifiesta el tema de los derechos humanos encarnado en la historia. Era muy interesante. Tenés a Ellacuría, Amando, éramos la segunda promoción de Derecho que nos graduamos de la UCA. Estaba empezando la carrera. Fue muy fuerte el martirio de los jesuitas. Los admirábamos, no sólo como profesores sino por su rol en la realidad nacional.
¿Cómo te diste cuenta?
Estaba en mi casa, lo escuchamos en la cadena de radio. Recuerdo que pensé que habían asesinado a los hombres más inteligentes del país. Eso pensé, era raro. Se anunció en la cadena de radio que lo había asesinado la guerrilla, pero no era creíble. Faltaba una semana de clases, estaba recibiendo cátedra con el padre Amando.
¿Trabajabas?
Si, yo era empleado jurídico del Viceministerio de Vivienda. Recuerdo que eran otros temas. Bueno, después de la ofensiva que trabajo varios años en la procuraduría, una amiga estaba en Tutela Legal y me llamó, me entrevistó María Julia Hernández y bueno. Fue ahí que hizo clic con el asunto. María Julia me confió casos gravísimos, identificando cadáveres, buscando desaparecidos. Estando relativamente nuevo, ella me confió esos casos.
Ajá.
Me instala en Morazán, en la zona norte para trabajar el caso de El Mozote. Ya estaba otro compañero asumiendo el caso, Antonio Aguilar, fue procurador adjunto, sigue siendo procurador de derechos económicos y sociales. Me metí con Antonio en ese caso y ahí fue que pusimos denuncia penal.
En los 80 no era muy seguro estar trabajando en casos de esos. ¿En los noventa todavía se mantenía la inseguridad?
Había disminuido la inseguridad, pero es bastante bueno la secuencia histórica que establece la comisión de la verdad, que divide la violencia por etapas. Porque cuando yo era adolescente vivíamos prácticamente encerrados por la situación de violencia. Me acuerdo de los toques de queda, afuera de la casa los soldados paraban gente y golpeaban y se la llevaban.
Se sentía fuerte. Una experiencia que me marcó muy profundamente de jovencito a los 13 años fue el asesinato de Monseñor Romero. Mi mamá era muy devota, seguidora de él y era un fenómeno comunicacional. Mi papá tenía una conciencia política y social y recuerdo que era un hombre muy cercano con los libros, es contador de profesión, pero muy dado como a lo intelectual. La casa estaba llena de libros, arte, filosofía, poesía.
¿Y cómo recordás el asesinato de Monseñor Romero?
Recuerdo a mi mamá llorando muchísimo. Recuerdo la nota de prensa que me impresionó mucho, era de Teleprensa, un reportero, señor, ya maduro, tenía un esfuerzo muy grande para no llorar, se le entrecortaba, como luchando consigo mismo para no quebrarse. La gente impresionada. Me impresionó.
¿No fue él quien funda tutela legal?
No. Los jesuitas visionariamente, el padre Segundo Montes había fundado el socorro jurídico en el Externado, para personas de escasos recursos fue en un principio. Pero luego se llenó de casos de desaparecidos y eso. Este Socorro Jurídico es que toma para sí Monseñor Romero, pero no lo funda. Por eso hay una confusión con los nombres. El socorro jurídico sigue existiendo muchos años, en el año 82, Monseñor Rivera funda Tutela Legal. La oficina creada por decreto por el arzobispo fue la de Monseñor Rivera, ya institucional.
Ya.
Pero básicamente cuando uno era niño o adolescente en esa época, si pertenecía a una familia que la hubiera golpeado la realidad- que era la mayoría – o que se preocupara por informarse, pues uno era muy afectado por los sucesos. Había muchos aparatos de desinformación. Pero bueno, no era el caso de mi familia y sí nos afectaba muchísimo lo que estaba ocurriendo en el país, la muerte de Monseñor Romero, la muerte de los jesuitas, que fue muy cercana para mí. Entonces yo sí me veía trabajando en una dinámica de cambio social, incluso en los orígenes de la guerra para mí siempre estuvo claro que había injusticia, práctica de la represión, el triste rol de las fuerzas armadas como una fuerza terrorista del Estado. Era una época en la que se vivía con mucha urgencia, incluso si no estabas metido en nada político, se tenía la sensación de que la vida se podía acabar en cualquier momento.
¿Vos nunca estuviste en ninguna organización estudiantil?
No, porque para entonces en la UCA ya no existían realmente. En los setentas e inicios de los ochentas sí existieron, incluso hay mártires populares estudiantes de la UCA, pero cuando yo entré ya no había. Yo era muy amigo de varios que andaban en grupos estudiantiles de la Universidad de El Salvador, pero no era mi universidad. Yo los visitaba y todo, pero no era parte de las organizaciones. Incluso yo me atrevo a decir que en la UCA, mis compañeros tenían visiones bien conservadoras, simpatizantes de la Fuerza Armada...
¿No era tentador, para alguien que venía de una familia como la que describís, meterse de lleno al proceso como parte de la guerrilla, por ejemplo?
Sí, sí lo era. Además, en aquel momento la juventud idealizaba las situaciones, no se tenía toda la información. La misma dinámica, la guerrilla misma era de alguna manera idealizada, figuras como la de Roberto D’Aubuisson también era idealizada. Ahora, muchos años después podemos saber que el FMLN también cometió crímenes de ex comandantes...
¿Vos idealizaste al FMLN?
Sí, me daba mucha simpatía como un movimiento liberador. Básicamente El Salvador es un país con una historia de opresión indecible, de exclusión, el sufrimiento de las mayorías es una realidad innegable, y sigue siendo una realidad hasta el día de hoy. Y la violencia del Estado también era algo muy claro. Yo recuerdo que había hasta niños con una valentía enorme. Mi papá tenía un amigo muy cercano que era sastre, y este señor tenía una hija que me lleva quizás unos dos años. Vivían relativamente cerca de mi casa y éramos amigos, y me acuerdo que ella se había metido al Movimiento de Estudiantes Revolucionarios de Secundaria (MERS), y ella salía a manifestaciones. Y en esas manifestaciones en las que iban jovencitos de bachilleratos los recibían con disparos, un hermano de ella salió herido. Y ella una niña de 15 años metida en eso.
¿Vos nunca quisiste involucrarte en esas manifestaciones?
Fijate que no, la verdad me daba miedo, ja, ja, ja. No sé, no tenía quizás ese nivel, ese contacto. Yo recuerdo porque eso me impresionaba mucho. En una de esas salidas a ella la lesionaron, teniendo 15 años. Le lesionaron la espalda y después tenía que caminar con muletas y un aparato en una pierna. Ya no siguió con ningún tipo de militancia, vivía en una casa muy pobre en el barrio Modelo. Un par de años después ella ya no participaba de nada, estaba sentada afuera de su casa, había quedado con problemas físicos, y pasó una Cherokee y quizás porque la reconocieron pues la secuestraron y desapareció. Jamás se supo otra vez de ella. Esa era la realidad de la juventud en aquel momento. Entonces claro, el movimiento de la guerrilla despertaba como un ideal de cambio.
¿En Tutela Legal luego tuviste que ver casos en los que también el FMLN cometió crímenes?
Sí, Tutela Legal es la oficina que con fuente directa, es decir en el territorio, generaba los informes más completos y más objetivos en el tema de derechos humanos. Cuando uno recorre esos informes da cuenta de los crímenes que cometían ambos bandos. Sí había una proporción que marcaba una diferencia muy grande. La Comisión de la Verdad plantea esta estadística famosa de que el 5% del FMLN y el resto por agentes estatales o paramilitares. Pero el dato que recuerdo, por ejemplo, en el año 83, el recuento de Tutela fue de más de cinco mil asesinatos cometidos por fuerzas armadas y escuadrones de la muerte y 67 de la guerrilla.
¿Cómo era vista Tutela Legal en aquel momento?
Bueno, para el aparato gubernamental y de la fuerza armada era de izquierda, guerrilla y terrorista quien tuviera un pensamiento diferente al oficial. Creo que como mecanismo de defensa muchas personas callaron y otras se amoldaron. Esto que les estoy diciendo ahorita era causal para que me mataran en aquella época, ustedes no hubieran podido ejercer el periodismo que ahora hacen, los hubiera sacado un escuadrón de su casa y los mata. Era un mundo totalmente dividido en blanco y negro.
¿Y el FMLN cómo creés que los veía?
Realmente no tuve la experiencia suficiente en Tutela Legal como para decir cuál era la visión del Frente en aquella época del conflicto, pero hasta donde sé guardaban un respeto muy grande por Monseñor Rivera y por el rol de la Iglesia, y ese respeto también era internacional, de Naciones Unidas, por ejemplo. Ellos dan las bases para que se inicie el diálogo, pero no podía haberse dado la fase de Naciones Unidas sin todo el trabajo de antes de Monseñor Rivera, Monseñor Rosa y María Julia. Entonces hay un reconocimiento, y aunque de una u otra manera el Estado y medios de comunicación al servicio de la fuerza armada, que hacían propaganda contra Tutela Legal, sí creo que se le guardaba respeto. Me acuerdo que había un documento de la Fuerza Armada, el Plan Operativo Normal, el famoso PON, y el Estado Mayor autorizaba a Tutela Legal, junto a la Cruz Roja, a ser de las únicas que podían tener acceso a los registros militares sobre detenidos. Y además la Iglesia sirvió de mediadora en varios encuentros de diálogo, entonces Tutela Legal y sus miembros no sufríamos amenazas ni una persecución directa.
¿Pero eran respetados por los cuerpos de seguridad?
Bueno, a la hora del trabajo obviamente hubo algunos choques y amenazas verbales con comandantes en cuarteles, por ejemplo, pero intentos de atentado no. Probablemente algunos compañeros de los inicios de los ochentas, pero no nada grave.