Plática con David Morales, especialista en derechos humanos
“Hoy el arzobispo intenta neutralizar el caso Romero”
David Morales es asesor de Derechos Humanos, trabajó como Procurador Adjunto de Derechos Humanos y fue muy conocido por su trabajo en Tutela Legal, donde trabajó con la fallecida María Julia Hernández.
Tranquilo y muy seguro, explica las diferencias dentro de la iglesia entre los que siguen la tendencia marcada por Monseñor Romero y la actitud que califica de “sumamente favorable a la Fuerza Armada” del actual arzobispo Fernando Sáenz Lacalle. Poco tiempo después de la muerte de María Julia Castillo, y acusado por Sáenz Lacalle de deslealtad, David Morales fue despedido de Tutela Legal.
Alejado ya del trabajo en la oficina de tutela donde comenzó a trabajar el caso de El Mozote, el abogado cuenta de su época estudiantil, sus clases con Ignacio Ellacuría y la guerra que marcó su carrera.
Por Rodrigo Baires/ Sergio Arauz /Edith Portillo
Fotos: Mauro Arias cartas@elfaro.net Publicada el 24 de marzo de 2008 - El Faro
De Tutela Legal, digamos que vos has visto dos visiones de la Iglesia: una, la de la opción preferencial por los pobres, la visión de Monseñor Romero; y dos, la visión quizás un poco más conservadora y más apegada al estricto apego a la fe y religión...
Eso por fuera es como muy evidente. Fue evidente como cuando la Conferencia Episcopal se divide en la época de Monseñor Romero y lo abandonan algunos de los obispos. Ahora, yo no percibía dentro de Tutela Legal y dentro del arzobispado la idea de una Iglesia así tan dividida. Yo creo que eso también fue un mérito que lo permitieron las circunstancias, pero era un mérito de Monseñor Rivera. Había una autoridad tal en Monseñor Rivera que no se trasladaba a Tutela Legal.
Pero se da un cambio al morir Monseñor Rivera Damas...
Je, je, je, les voy a contar una historia que creo que nadie más conoce. Una de las razones que me motivaron a salir de Tutela Legal en 1995 fue el nombramiento de Monseñor Fernando Saénz como arzobispo. Ahí es donde yo experimenté el tema de la eventual división, porque antes había estado clarísimo para Monseñor Rivera, Monseñor Rosa Chavéz y María Julia Hernández que la opción preferencial era por las víctimas. Eso estaba encarnadísimo en ellos. Yo recuerdo cómo hablaba Monseñor Rivera, me acuerdo de cómo María Julia tomaba el teléfono y le hablaba a los coroneles, y ella gritándoles para que dejaran de maltratar personas. Uno se llenaba como de fuerza, entonces la división de la Iglesia en aquel momento no se percibía. Es más, a mí me parecía ver descontentos entre la iglesia de base, que se supone que es más la del pueblo, con Monseñor Rivera, por ver en Monseñor Rivera a alguien conservador.
Nos hablás de dos imágenes que no se conocen mucho: un Monseñor Rivera con los pantalones bien puestos y una María Julia, que la veías tan tranquila, gritándole a los coroneles.
Ja, ja, ja, es que María Julia no era tan tranquilita cuando estabas en su equipo de trabajo. María Julia era dura…Te exigía. Miren ahí había un día, que era el día de informe, y lloviera temblara, hubiera guerra, lo que fuera, el día viernes había que estar ahí y terminar el informe de derechos humanos de la semana. Recuerden que salíamos a las zonas bombardeadas; había cosas gravísimas que habían pasado y lo teníamos que poner en el informe. Monseñor Rivera lo tenía que tener el sábado a las 9 de la mañana o Monseñor Rosa porque iba a ser parte de la homilía. Monseñor Rivera conserva esa tradición de Monseñor Romero de leer el informe de derechos humanos en homilía, cosa que abandona Monseñor Sáenz.
Eso era de ley. Nos hacía amanecer a veces. Nos gritaba, regañaba, exigía, no había horarios. María Julia era muy dura en el tema de trabajo. Primero eran las víctimas. Nunca la vimos así como alguien “muy suavecita”.
Jajaja
Pero sí, yo sé, con la gente era distinta ella, muy cariñosa. Creo que la misma dureza… y dicen que en la época nuestra ya era un poco más blandita, que en los primeros años era mucho más dura.
… entonces no mirábamos una división, pero de cara a Monseñor Sáenz yo sí pude ver esa división.
Y te fuiste.
En el año 93 pasa un suceso trágico y es que el obispo castrense fue asesinado. Era Monseñor Joaquín Ramos Umaña. Es asesinado en condiciones muy extrañas. Recuerden que es la época en la que están funcionando escuadrones de la muerte todavía dentro de la misma policía civil nueva. Se da el intento de exterminio de la comandancia general del PRTC; que se asesina a García Prieto también… en esa época es asesinado monseñor Ramos en condiciones muy extrañas.
¿Cómo?
El viene regresando de Nicaragua, un matrimonio amigo le da aventón y en teoría, según lo que dice la pareja, iban en marcha cuando un presunto asaltante hizo disparos y esos disparos le pegaron a monseñor Ramos y lo mataron. Como Tutela investigamos en ese caso y había muchas cosas que no pegaban con esa versión: se suponía que había cerrado las calles con ramas para detener el vehículo, el tiro fue muy preciso, se trataba de una bala explosiva, se fragmentó adentro, muchas cosas no pegaban. Teníamos la impresión de que podía tratarse de una ejecución. Que probablemente las personas que contaban esa historia estaban con temor, lo que fuera. En ese caso, la unidad élite de investigación era la Comisión de Hechos Delictivos, la que hizo el fraude con (el asesinato de) los jesuitas, que cuenta la comisión de la verdad, y generan un fraude procesal. Fabrican una historia y terminan agarrando a un ex soldado, culpándolo. Frente a toda esa manipulación –y porque era un caso en el que monseñor Rivera tenía mucho interés-, decide que Tutela Legal lleve el caso. Nos dio un poder la familia y yo fui uno de los abogados que actuó como acusador particular en el caso. Nos involucramos y demostramos que el fraude procesal se daba, pero la verdad era ya muy difícil esclarecerla. Entonces la conferencia episcopal designó a monseñor Fernando Sáenz como el obispo encargado para estar dando seguimiento al caso. Recuerdo que las reuniones fueron terribles.
Monseñor Sáenz no nos ponía ningún cuestionamiento porque éramos los apoderados de la familia Ramos. Pero recuerdo su actitud sumamente negativa hacia Tutela Legal y hacia María Julia. Esto es algo que por supuesto María Julia se molestaría si me escuchara contándolo. Pero ahora me siento con la libertad de contarlo después de la conducta pública que Monseñor Sáenz ha tenido con el caso Romero. Él tenia una actitud totalmente prejuicidada; y sumamente favorable al tema la Fuerza Armada en materia de derechos humanos.
Él decía en las reuniones que Tutela Legal era una oficina que mentía, que solo buscaba perjudicar a la Fuerza Armada y se oponía a que Tutela Legal como oficina estuviera participando con protagonismo en el caso de Monseñor Ramos.
¿Qué respondía María Julia?
Como siempre, totalmente respetuosa de cualquier autoridad de la Iglesia. Jamás la iban a escuchar hablar mal de un sacerdote, alguna religiosa, muchos menos de un obispo. “No monseñor, aquí debo estar, soy delegada del arzobispo”. “No monseñor, lo siento…”. No cedía. Pero sí yo me pude dar cuenta de que monseñor Sáenz se oponía al trabajo de derechos humanos. Me parece que era un obispo totalmente ajeno al dolor de las víctimas de la guerra y de las víctimas de violaciones de derechos humanos.
¿Qué pasará ahora con Tutela Legal?
Espero que siga adelante ahora, como siempre. Creo que Tutela lo que más tiene que superar no es la actitud del arzobispo sino el gran vacío de María Julia, que aún se hace sentir.
¿Crees que tras la muerte de María Julia Tutela Legal ha perdido terreno frente al arzobispo?
Sí, porque me parece que esta actitud, este manejo que ha dependido del arzobispo… él ha dado su beneplácito, pero el manejo del diálogo, de entorpecer el caso ante la Comisión Interamericana, de limpiar la imagen del Estado en el caso Romero, es un manejo que fundamentalmente ha hecho el vicario de pastoral social, que es Richard Antall. Que es quien le informa y es muy influyente en las decisiones que vaya a tomar sobre ese tema el arzobispo. Me parece, sobre todo de parte de monseñor Antall, que hay un irrespeto a la memoria de María Julia, porque María Julia no lleva ni seis meses de muerta. El peso del caso es enorme, han denunciado al estado y la comisión ha llevado por ocho años el caso, se obtuvo el informe de fondo, se obtuvieron las audiencias de seguimiento, se hizo el juicio de Fresno contra Álvaro Saravia. O sea, cosas de muchísimo más peso, más impacto que una audiencia de seguimiento en la Comisión Interamericana. Y en todo este proceso, estando María Julia viva, no hubo ningún tipo de injerencia.
Pero hoy que no está María Julia, se lanza monseñor Antall y monseñor Sáenz a un intento de neutralizar el caso Romero tratando de legitimar un gobierno infractor ante la Comisión Interamericana. Creo que ha habido un irrespeto a la memoria de María Julia y me parece grave. Pero aparte de este incidente no conozco otro que afecte el trabajo de Tutela Legal. Entiendo que incluso siguen trabajando con independencia.
Pero te fuiste de Tutela Legal en el 95 hacia la PDDH
Recuerdo que le molestó a María Julia. Luego de trabajar en el caso de Monseñor Ramos, me desanimé al conocer la nominación de Monseñor Sáenz como arzobispo. Pensé que sería difícil trabajar ahí. Pero no fue esa la única motivación. También había un deseo de trabajar ahí porque en aquella época… bueno, había otro elemento muy frustrante: la ley de amnistía. Era un ambiente muy fuerte. Por otro lado, estaba esa expectativa generada por los Acuerdos de paz. Había una euforia nacional de los cambios que se estaba produciendo, el nuevo pals que se iba a construir. Y la gran esperanza estaba en la institucionalidad democrática. La nueva policía. La PDDH que surgía… Y entonces me hacen la oferta de trabajar en la procuraduría como jefe de investigaciones de la doctora Victoria de Avilés.
Diez años.
Una gran experiencia. Para el año 2006 realicé para la cooperación sueca un estudio sobre la situación de los acuerdos de paz: cumplimiento y la agenda pendiente, etcétera. Y bueno, me doy cuenta que se robaron el proyecto, lo destruyeron, lo abandonaron. A veces me he preguntado si valió la pena haberme ido a trabajar diez años ahí, cuando al final todo ha derivado en una especie de comedia en la cual todo eso se destruyó. ¿Valió la pena estar ahí tanto tiempo? Una de mis grandes deudas es no haber terminado de escribir la historia de El Mozote.
¿Estabas escribiéndola?
Yo era el encargado del caso. Se dieron varias situaciones. Yo me gradué el año 91. Y antes –bueno, todavía hoy- se requieren hacer prácticas judiciales. En aquella época era una especie de farsa. Hoy no. En aquella época, llegara o no al juzgado, tenía que llegar a firmar y hasta que completabas tres años: dos de penal y uno de civil, te graduabas como abogado. Y yo me dormí en la práctica, empecé muy tarde. Me gradué pero me faltaban dos años de práctica para que la corte me autorizara como abogado. Y por no estar autorizado no podría mostrarme como abogado acusador en el caso. Había escrito la historia de la masacre, que es el informe que dio Tutela Legal en el 91. Entonces tengo esa deuda de escribir la historia completa y la lucha jurídica. Como es algo de Tutela Legal ya no trabajé en eso. Y entonces uno de los objetivos –o el principal- después de regresar a Tutela, luego de la PDDH, era escribir la historia de El Mozote, que es como el informe enorme de Tutela Legal sobre el caso de El Mozote.
¿Y lo terminaste?
Ya prácticamente está hecho. Lo hice en esta época que estuve en tutela legal. Es cosa de afinar. Hay un proyecto de que salga pronto ese libro por Tutela Legal.
Y ahora ya no estás en Tutela. ¿Cómo fue tu segunda salida?
A mi me hubiera gustado que por lo menos Monseñor Antall me lo dijera en la cara. A Ovidio de Tutela Legal le comunicaron que yo estaba despedido y punto.
¿Deslealtad laboral?
Sí, y lo que argumentaron públicamente era mentira. Monseñor Sáenz dijo que había un acuerdo entre la delegación del gobierno y del arzobispado de hablar a la comisión del diálogo y que yo incumplí ese acuerdo. Y eso es falso porque yo informé. Afortunadamente esa audiencia fue de las que quedaron registradas en video. Y lo que se acordó decirle a la Comisión yo se lo dije.
¿Pero tú no estabas de acuerdo con este diálogo con el gobierno?
Ni Ovidio tampoco. Como Tutela Legal les advertimos a los monseñores del riesgo, que era un estado de mala fe, eso era coyuntural además. El Estado estuvo viendo cómo cancelar la audiencia, lo pidió a la Comisión, amenazaron con no ir por escrito, la Comisión siguió con la audiencia y como no les dio resultado buscaron a Monseñor Sáenz y tuvieron este par de regiones oscuras. Y el temor que teníamos era que nos ordenaran silencio.