“Si me dieran lo que gastan en estudios de pobreza… ¡ya no habrían pobres!”
Doce años atrás tenía una esposa y tres hijos, un negocio que le permitía volar en “un avioncito” propio y estabilidad económica. Entonces, a René Núñez se le cruzó la idea de crear un dispositivo que permitiera un consumo mucho más eficiente de leña para cocinar y bajar los niveles de deforestación en el país. De ese chispazo nació la Turbococina, patentada en Estados Unidos, que le ha dejado un gasto de casi tres millones de dólares, un divorcio, dos hijos que no le hablan y una plaza como profesor de la Universidad Francisco Gavidia.
El inventor sostiene que con su Turbococina se podría reducir el 95 por ciento de las emisiones de monóxido de carbono del planeta. “Este invento surgió por una necesidad de la que me di cuenta cuando escribí un capítulo sobre recursos energéticos para el libro de Historia natural y ecología de El Salvador”, dice y la plática se extiende por una hora.
Por Edith Portillo, Sergio Arauz y Rodrigo Baires Quezada Fotos: Frederick Meza cartas@elfaro.net Publicada el 28 de enero de 2008 - El Faro
¿Era un libro de texto para escolares?
Sí, el doctor Francisco Serrano era el responsable de este libro, que era patrocinado por el Ministerio de Educación. Él me pidió que escribiera sobre ese tema. Y cuando descubrí eso de la leña, dije: “Bueno, ¿y cómo se usa este recurso?”. Al darme cuenta de que se usa de una manera tan ineficiente y que se destruyen los bosques que aún existen en El Salvador, calculé que aproximadamente la demanda de leña del país es cerca de cuatro millones de toneladas métricas por año. La producción sostenible, en cambio, es un poco menos de dos millones de toneladas métricas, que se obtiene de la poda de la sombra de los cultivos del café.
La aritmética es bien simple; y me dije: “¡Bingo, descubrí por qué El Salvador se está deforestando!”. La solución parece ser muy simple: ¿Por qué no hacer que la gente que usa cocinas de leña cambie a cocinas a gas?, pero en lo que se hace un cambio transcurriría una década.
¿Cuántas personas usan leña para cocinar?
Entre el 65 y el 70 por ciento de la población. Por eso no era posible cambiar a gas licuado de petróleo. Además, a principios del siglo XXI, había logrado obtener suficiente información que me confirmaba que íbamos a entrar a un periodo de altos precios del petróleo y, muy pronto, a una escasez. Había que desechar eso de inmediato, había que pensar en una cocina de leña que fuera realmente muy eficiente. Además, la costumbre de cocinar con leña no se puede cambiar muy fácilmente; la gente se opone a dejar de cocinar con leña porque lo han hecho siempre y dicen que la comida queda mejor. Entonces empecé a buscar en el mundo qué había de cocinas de leña. Encontré una cocina muy eficiente en la India, desarrollada por el Instituto de Ciencias de Bangalore, pero muy pronto me di cuenta de que era todavía una curiosidad de laboratorio y bastante impráctica de llevar a una escala suficiente para distribuirla en hogares.
¿Cómo era?
Era una cocina en forma de un embudo invertido. En realidad tenía en el extremo una candelita, una llama de tan poco poder calorífico que bien pudiera funcionar en India, pero aquí no. Aquí la gente necesita fuego fuerte para cocinar y además necesita hacer tortillas. Entonces ya me dedicaba a la investigación en el campo de la electrónica y siempre había trabajado en el campo de la energía, pensé que la competencia en la industria electrónica se estaba yendo a China por precios bajos, iba a ser muy difícil competir en este ramo.
Usted tenía su propia empresa
Tenía una industria electrónica que producía reguladores de voltaje y fuentes no interrumpidas para computadores. Después de ser un empresario industrial, ahora soy un empleado de una universidad. Y me siento muy contento de estar ahí porque le puedo servir a mi país orientando la investigación, pero mientras no tenga una industria para la fabricación de Turbococinas estoy en desventaja.
¿Era rentable su anterior empresa?
Sí, ganaba, pues. Pero empezaba a dejar de ser rentable. Era salirme de eso o empezar a perder; pensé que haciendo una cocina de leña que yo pudiera desarrollar iba a tener la posibilidad de montar una industria de cocinas de leña de alta tecnología. Es era la idea inicial, je, je.
Esta es la cocina de leña más avanzada que existe en el mundo y es una tecnología única. Podríamos tener fábricas aquí en El Salvador para exportar a todo el mundo. Y dejemos de estar pensando en que si nos vamos a desarrollar, que si vamos a traer nuevas tecnologías, que si vamos a… ¡20 industrias de estas y ya estuvo!
¿No hizo estudios de qué tan factible podía ser el nuevo negocio?
La cuestión es que yo vi todo lo que había en el mundo y nada me pareció bueno, y pensé: “Yo puedo hacer algo mejor”. Pensé que iba a tener una buena solución en un año, pues. Dediqué todo mi tiempo, mi esfuerzo, mi dinero y, antes de un año, ya tenía una respuesta. Así apareció lo que se llamó la “Turbococina”, porque tenía mucho parentesco con una turbina de un avión y poco con el resto de las cocinas. De broma en broma, con un amigo empezamos a llamarle la “Turbococina” y se le fue quedando. Había entrado en un campo nuevo y estaba en el umbral de desarrollar un método de combustión que era nuevo y que podía ser muy revolucionario.
¿En qué año hace la primera Turbococina?
En el 96.
Y me imagino que invirtió mucho dinero.
Todo mi dinero, todo lo que pueda imaginar, y continué haciéndolo en un lapso de 12 años. Mi trabajo y mi esfuerzo… Ya pasaron más de dos millones y medio de dólares, podría decir que ando cerca de los tres millones, porque mi trabajo es valioso. Yo soy un profesional altamente calificado, pues.
Usted decía que antes era un empresario, un industrial, y ahora está nada más como docente en una universidad, ¿qué tanto ha cambiado su estilo de vida de cuando empezó usted a hacer sus investigaciones para llegar a la Turbococina y ahora?
Bueno, yo tenía… un avioncito. Ahora tengo un carrito viejito.
Ja, ja, ja, ja.
Y tengo que cuidar mi cuenta de gastos…
¿Tenía un avión?
Yo soy piloto de avión y de helicóptero.
¿Y cómo consiguió el avión, o como…
… Bueno, esa es otra historia.
Ja, ja, ja. ¿Le gusta mucho volar?
Me gusta mucho volar. Por supuesto, era un avioncito pequeño. Pero tenía una industria que me daba mis ganancias, pues. Pequeña, pero me daba ganancia.
¿Parte de sus estudios lo realizó en Inglaterra, verdad?
Yo estudié en El Salvador, en Inglaterra y en Estados Unidos. He tomado cursos especializados. Además, soy un gran lector y he leído miles de miles de libros. Creo que en mi vida he leído unos ocho ó 10 mil libros, por lo menos. Hoy ya no leo tanto. Antes me leía un libro cada tres días. Hoy ya no, ya no tengo…
¿Qué estudió en Inglaterra?
Hice un postgrado en electrónica y control automático.
Ja, ja. ¿Y con quiénes se lleva aquí? Es decir, ¿hay un círculo de científicos o de gente amante de la ciencia?
No. Veo al doctor Serrano, que es un reconocido ecólogo a nivel mundial y, talvez, una de las personas que más sabe de crianza de mariposas en el mundo. Es una eminencia, pues, con dos doctorados y profesor visitante de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. Durante la presidencia de Duarte, él trabajaba en parques nacionales; y lo echaron porque se quedó en Cambridge dando unas conferencias y no estar aquí recolectando insectos, mosquitos…
Ja, ja, ja
O sea, solo dementes tenían que estar en el país para quitarlo. Tener a una persona que tiene dos doctorados en el campo, recolectando larvas de zancudos, solo a un idiota se le ocurre, pues. Pero bueno, en gobierno de burros mandan los burros.
¿Y no ha habido resultados económicos todavía?
No, sí mucha fama y mucho reconocimiento, pero eso no resuelve el problema. La cuestión es que cuando se empezó a conocer la Turbococina, el Fondo Iniciativa de las Américas (FIAES) nos dio un dinero para evaluar en Chalatenango qué grado de aceptación tenía la cocina y cuánto ahorraba frente a las cocinas de leña tradicionales con el primer modelo, la Turbococina de primera generación. Se dieron 100 cocinas a 100 familias. Eran cocinas de una sola hornilla. Cuando se entregaron a una organización de mujeres llegaron a mi fábrica y me dijeron: “Mire, ingeniero, ¿y los comales para las tortillas?”. Y yo, “¿cómo que comales?”; y me dicen: “La gente come tortillas y tienen que hacer sus tortillas en su casa”. Por supuesto, no soy tan buen salvadoreño en el hecho de que no como tortillas así que jamás se me pasó por la mente de que había que darles cocinas en las que pudieran hacer tortillas.
¿Y entonces?
Reuní a mi gente y les dije que para las cocinas íbamos a hacer unas planchas pequeñas, para hacer unas cuatro tortillas, mandé a comprar tortillas ahí cerca, vi el tamaño y dije: “vaya, en una planchita pequeña pueden hacer cuatro”. No me puse a averiguar cuántas tortillas se come una persona.
Ja, ja, ja, ja.
Yo pensé: “Yo me como una tortilla y sentiría que me he tragado un elefante”. Pensé que habían de comer una tortilla cada uno y si son cinco, salían bien. Ahí calculé mal, y resultó que la gente que tenía que hacer su comida y las tortillas en una sola cocina, con una plancha pequeñísima, hizo su comida pero siguió haciendo sus tortillas en sus comales. Excepto un grupo de gente que se sintió muy comprometida con el proyecto y fueron muy responsables, y usaron la cocina así como se les había dicho.
Ese grupo, cuando lo identificamos, nos dimos cuenta de que había reducido el uso de la leña aproximadamente nueve veces menos. Los de FIAES me habían dicho que si lográbamos reducirla cantidad a la mitad iba a ser un éxito espectacular. Y lo sobrepasamos con creces pues. Pero a costa de este sacrificio de esta gente que quiso hacer las cosas muy bien. El proyecto terminó y se presentó el informe, que se llama “Introducción de la turbo-cocina en Chalatenango” pero yo le puse algo un poco más divertido pensando que había estudiado tanto la cuestión de hacer tortillas y frijoles: “El arte y la ciencia de hacer tortillas y cocer frijoles”. Porque los manuales de ciencia dicen: el arte y la ciencia de tal cosa y son unos tratados de cinco mil páginas, así que un poco en broma le puse este título. Pero había mucho trabajo de investigación de cómo cocina la gente con leña para hacer frijoles y tortillas. Y en ese momento me había un experto en la tecnología de hacer tortillas.
¿Cuánto duró el proyecto?
Un año. Les di dos cocinas y dos planchas, mucho mejores y más amplias. Podían hacer más tortillas a la vez.
¿Cómo funciona la Turbo Cocina? (va hacia el carro donde tiene un quemador)
La que entregamos en Chalatenango era un modelo negro (el que trae es blanco y provisto de un ventilador pequeño). Necesita un pequeño ventilador de 15 watts.
¿Pero cómo funciona?
Empezando en la parte inferior, consta de una válvula para regular emisión de aire a un ventilador. Este ventilador eléctrico succiona el aire por la parte inferior y lo pasa a una cámara de aire a presión en forma tubular. El aire presurizado –a través de una serie de aperturas y agujeros de de diversos sistemas de inyección de aire- pasa a la parte superior, que es lo la cámara de combustión. La cocina tiene cinco sistemas diferentes de inyección de aire. Tres de ellos están en la cámara de combustión, donde se quema el combustible (que son trocitos pequeños de leña), la cámara de combustión es tubular donde se pone la leña en pedazos pequeños. Está localizada en la parte inferior y tiene una camisa externa en forma circular y concéntrica. La cámara de combustión tiene una ventana de admisión de aire y combustible… Con las cocinas convencionales hay una enorme diferencia.
¿Cuántos trocitos son necesarios para cocinar?
Un trozo pequeño dura aproximadamente tres minutos, talvez un poco más. Como con 16 pedacitos tendría una hora (muestra un trozo de madera de unos ocho centímetros de largo y un grosor aproximado de tres centímetros). Con este se puede conseguir una llama más fuerte, si quiere una llama más débil tiene que regular el aire y reducir el tamaño de la leña (muestra un pedazo más diminuto y delgado que el anterior). Todavía hay otros más pequeñitos y más delgaditos, parecen astillas. Cuando la llama es grande, se pone los pedacitos más grandecitos y para llama mediana, pedazos medianos. No me acordé de traer un pedazo más pequeño para mostrarlo.
O sea, cocinar con pedacitos de leña así, le da risa a la gente. “Cómo voy a cocinar con esto”, dicen. Pero el combustible se quema de una manera tan eficiente que se gasta el mínimo del combustible y se obtiene el máximo de calor sin ningún contaminante. Es un proceso de combustión perfecto. Esto se verificó en Canadá, haciendo pruebas de emisiones y se determinó que no producen óxidos de nitrógeno, que son los que destruyen la capa de ozono, además son muy dañinos para la salud. Por otro lado, la producción de monóxido de carbono era de 3.5 partes por millón. En este modelo eso ya se corrigió y ahora la cantidad de emisión de monóxido debería ser cero. Ahora la combustión es completa y perfecta. Este modelo son 12 años de trabajo, investigación, ensayos. Esta es la décima generación y cada generación ha tenido diferentes versiones. Tres, cuatro, cinco, seis, siete versiones… es decir por cada generación, son casi 40 diferentes modelos.