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Aída Mancía, maestra de ceremonias de Casa Presidencial 

“Siempre fui fuera de serie por la voz grave”

Aída Mancía es la voz que abre los actos a los que asiste el Presidente de la República. Su tono al hablar es solemne. Ella lo describe como “grave” y le ha servido para abrirse campo en el mundo la locución. Ha sido la maestra de ceremonias de Casa Presidencial durante tres de los cuatro períodos que ha gobernado ARENA. Mancía también ha sido la voz detrás de las brujas en obras de teatro infantiles y la que ha presentado y leído poemas en Radio Clásica y Radio El Mundo.


Por Edith Portillo/ Sergio Arauz /Gabriela Castellón
Fotos: Mauro Arias

cartas@elfaro.net
Publicada el 21 de enero de 2008 - El Faro

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(Se encienden las grabadoras y lo primero que hace Aída es advertirnos que está nerviosa…)
Siento que los jóvenes son agresivos, en el buen sentido de la palabra. Siempre he creído en los jóvenes y me encanta combinar conocimientos, pero me pueden preguntar algo que yo tal vez no les pueda contestar.

Ja, ja, ja. Ya vamos a ver. Su voz es muy conocida y muy peculiar…
La voz grave. Hay gente que dice “la de la voz ronca”, pero yo realmente digo que ronca es cuando hay algún problema fónico. En el caso mío yo tengo una voz grave, un registro grave.

Y es una voz que ya reconocemos asociada a Casa Presidencial, la voz del presidente…
Ja, ja, ja, los embajadores así me dicen a veces: “la voz del presidente”.

¿Y cómo llegó a maestra de ceremonias de Casa Presidencial?
Por esas circunstancias tan bonitas de la vida, porque yo llegué ya siendo una persona adulta. No tenían maestro de ceremonias y estaba como jefe de comunicaciones Francisco Imendia. Cuando él solicitó un maestro de ceremonias, alguien le preguntó que si necesariamente tenía que ser un hombre y entonces le hablaron de mi persona. Cuando llegué a hablar con él me dice: “mirá, vamos a llevarnos un riesgo nada más. Quiero que me hagás la presentación al Presidente, se te va a dar un programa y vamos a ver cómo responde la gente”.

¿Eso fue con Armando Calderón Sol?
Sí, con él. Y me dijeron que me iban a pagar por lo que iba a hacer y que si luego requerían de mis servicios me iban a decir. Llegué, conduje la ceremonia y me parece que escuchó doña Ely, la esposa del Dr. Calderón Sol. Ella parece que le dijo a Imendia: “Mire, deje a Aída”. Y me quedé.

¿Y recuerda de qué fue la ceremonia?
Ah, síiiiiii. Fue en los actos de independencia. La noche antes no dormí… es que dormí peinada. Era la inauguración del mes cívico y los actos iban a ser en San Miguel. Y yo me había ido a peinar un día antes porque dije: “Dios mío, tengo que ir bien presentable”. Dormí casi sentada, estaba emocionadísima, se puede imaginar qué premio para mí. Ahora, la cosa es que si no me quedaba, ni modo.

¿Y cómo se inició en el medio?
Incursiono en la radio en 1971, pero mi génesis era el teatro también. Empecé haciendo teatro desde que nos vinimos de Santa Ana para San Salvador. Estaba estudiando en un instituto que ya no existe, que la gente lo ubicaba con el nombre de “comunista”, era el Instituto Obrero “José Celestino Castro”. Pero ahí fue muy bonito porque tuve la suerte de que había teatro, estaba un director, don Miguel Ángel Ortega, con tendencias muy revolucionarias, pero me encantaba cómo dirigía. Cuando a mí me ofrecieron un papel vi que el teatro era bonito, yo no venía con la tendencia de que eso iba a hacer, pero me encantó cómo dirigía y así fui descubriendo que tenía las condiciones para hacer teatro. Montamos la primera obra, que se llamaba “Ante la Muerte” de un autor noruego, y con esa obra me gané una beca de 50 colones para estudiar en el bachillerato en Artes.

¿En el Centro Nacional de Artes (CENAR)?
En el CENAR, pero que antes no se conocía así, sino como Bachillerato en Artes. Eso fue en los 70. Y tuve profesores de altos quilates, unos españoles que vinieron aquí, unos famosos señores Malonda, unos esposos. Además un señor de apellido Sastre, con un alto grado de preparación. Tuvimos una buena formación vocacional, se nos enseñaba la relajación, la meditación, cómo proyectar, cómo tener una interacción emocional con los actores…

¿Y desde ahí ya destacaba por su voz?
Creo que sí, desde que estudiaba bachillerato me decían, a veces incluso se burlaban de mí, pero bueno…

¿Tenía apodo?
No, bueno, que yo sepa no. A lo mejor tuve muchos pero en ese tiempo la camaradería y el compañerismo era muy sano. Departíamos con el bachillerato en artes, que ahí se integraba música, artes plásticas y teatro. Ahí había la crema, lo mejor de lo mejor, y había buenos estudiantes, estudiantes que hasta hoy en día dan clases en el CENAR. El teatro me encantó, pero el deseo de estar en la radio ahí estaba.

¿Y cuál fue la primera oportunidad para trabajar en locución?
Estaba la Radio Teatro, una radio con mucha audiencia, pasamos como tres años en el primer lugar de audiencia, esa radio empezó con radionovelas. Entonces trabajaba grabando radionovelas, me ubicaron el teatro, me dijeron que les parecía  mi voz y que si tenía algún interés en trabajar en eso. Pagaban como 13 colones al finalizar la semana, era muy bonito.

¿Qué papeles hizo en radionovelas?
Siempre me ponían papeles de adulta, quizás por la voz me ubican ya así, pero en ese entonces yo era una persona joven. Yo tenía el papel de una madre.

¿Y usted tenía cuántos años?
Tenía… unos 15 años.

¿Y ya tenía voz de mamá?
Pues así parece, yo siempre era así como un poquito fuera de serie por la voz grave. Uno no repara, yo por ejemplo nunca he reparado en la voz grave, pero la demás gente sí. Yo, a estas alturas, llego a un lugar y la gente me dice: “usted es la de la presidencia” o “usted es la de Radio El Mundo”. A mí el mundo de la radio me encanta, pero el teatro también me fascina. Lo que hago lo disfruto, lo gozo, porque cierta parte a veces la tenemos que improvisar. No todos los actos son iguales, en muchos actos el jefe de protocolo me da ciertas indicaciones que voy a seguir, me dice si un punto se va a obviar o si hay que meter otro punto. Y yo ya más o menos le capto la idea de lo que él quiere. Muchas veces también los errores que se cometen sólo los sabemos nosotros, pero no los advierte el público, lo disfrazamos tratando de improvisar. O si alguien se equivocó, tomó el micrófono que no debía de tomar o algo, nosotros decimos: “bueno, esto es parte de la emoción”, para que no se sienta mal la persona.

¿Y qué tipo de personajes le gustaba más interpretar?
Todos. Después, seguí trabajando en teatro, con el grupo de teatro Hamlet. Yo hacía los papeles de las brujas.

Me acuerdo, en las obras infantiles.
¿Y daba miedo, Edith?

Yo recuerdo que sí.
¿Verdad? Sí, si claro, desde ahí está el éxito de algo. Me acuerdo que en los cuentos la bruja era la mala, pues. En La Cenicienta, por ejemplo, hacía de la madrastra.

¿Se acuerda de alguna línea?
De un párrafo no, pero lo puedo improvisar.

Veamos.
“¿Pero qué te pasa? Has pasando toda la mañana no haciendo nada. Tú tienes que trapear, lavar pisos…”. No, no era lavar era: “fregar los pisos, barrer las escaleras…” Pero la voz había que hacerla imperativa, una voz autoritaria. Y todo eso a los niños les cae mal.

Ja, ja, ja.
Es que como tienen el alma tan pura, tan bonita, a ellos eso les caía mal. Entonces cuando yo daba la media vuelta en el personaje los niños hacían burla, no les gustaba el malo de la película. Para entonces la gente me ubicaba más con la radio y como maestra de ceremonias muy poco. Luego sí me empezaron a llamar para eventos, para animaciones en concursos de modelaje. Luego vino la parte seria. Ahora cuando me contratan para un trabajo como maestra de ceremonia ya es trabajo serio.

¿Hace trabajo como maestra en otros eventos todavía?
Sí, aunque a estas alturas de mi vida, con la agenda que tiene el presidente, es muy difícil. No me puedo comprometer porque no soy informal, si no voy a poder cumplir mejor no me hago cargo. Segundo es que lo primero es mi trabajo.

Entiendo que ha trabajado en la Academia de Gerardo Parker...
Me invitó a un curso, no era de locución. Era para personas que tienen temor de hablar en público. Eso es curioso, la mayoría de personas acá tiene miedo de hablar en público. Mucha gente llega que no puede prescindir del vasito de agua, hay gente que tiembla, otra gente tiene situaciones raras, no llegan para aprender a locutar, si no para aprender a hablar en público, por eso le digo que el teatro le ayuda en eso.

¿Y usted ya no tiene miedo?
Valor es el que tengo, porque el temor a equivocarse siempre está. Cada evento es distinto, se ensaya cuando viene un personaje, por ejemplo un presidente.

El Papa Juan Pablo Segundo la conmovió mucho ¿Cierto?
Ha sido uno los eventos... yo creo que la gente que no sabía que yo lloraba, o que era una persona que un alto grado de sensibilidad. El maestro de ceremonias no debe dejarse manejar por la emoción. Yo acababa de llegar, de hecho Paco Imendia pensé que lo iba a presentar, él era el jefe de comunicaciones. Yo le dije, pero es que yo nunca he visto al Papa le dije... Ni yo tampoco me dijo...

Ja, ja, ja. ¿Es usted muy católica?
Mi madre. En la jerarquía católica (el Papa) es el más alto, cuando lo vi me emocioné, me vi como una tremenda pecadora, ante tal personaje, y me puse a llorar. Es que le vi en los ojos una proyección... Se le notaba una figura de amor... es que se le miraba tan sereno, tan precioso, una mirada... A mi me provocó como temor, ese día sentí como si estaba en el cielo. Fue de los momentos más grandes que he tenido en ceremonias. Los eventos hay que manejarlos con tiempos, el maestro de ceremonia tiene que respetar eso. Pero en ese momento nadie decía nada. 

Cuéntenos de los errores que hay a veces en el protocolo o programa de algunos eventos.
Es que errores siempre se cometen.  Cuando alguien se cae, pero talvez no en la ceremonia. A mi me pasó en el Hospital Rosales... yo venía de retroceso y me caigo. No fue adentro, pero acababa de concluir la ceremonia. Recuerdo que en la del Doctor Calderón Sol, era la inauguración del Hospital de Soyapango, no sé de qué partido era el alcalde, pero quizá se había echado sus tragos. Se tambaleaba, casi que me caía encima cuando estaban cantando el himno nacional. Era un espacio muy reducido, y era una pata a alcohol terrible, se miraba emocionado cantando el himno. Tremendo.

¿Su relación con los presidentes como ha sido?
Si yo fuera abusiva, pudiera ir por ejemplo adonde el presidente a decirle algo, pero no. Yo pienso que quizá por eso he durado. No me gusta ser abusiva, me gusta dar el tratamiento como la gente lo merece. Ya no digamos el presidente Saca, él sin embargo me trata con mucha confianza, cuando se trata de romper el protocolo, él lo personaliza. Me dice: “mira Aída, permíteme que quiero decir tal cosa”. Pero no es que yo voy interactuar con él, para eso existe un jefe de protocolo.

Y cuando dice que los actos se ensayan...
La banda, todos los actores involucrados, protocolo.

¿El presidente no ensaya?
No, a él el jefe de protocolo le indica lo que va a hacer.

¿Qué ejercicio hace antes de cada acto?
Siempre antes de cada acto me va a ver mascando chicle. Es para darle movimiento a la lengua y no tener lengua estática. A veces uno amanece como muda, cuando masco chicle la mandíbula se distensiona, se relaja y puedo hablar mejor.

Se dice que el presidente Saca es que el más rompe protocolos
El presidente será muy recordado. Quizá con cariño con los periodistas, ha tenido una mística, quizás porque viene de un área de comunicaciones. Él da instrucciones de tratar bien a los periodistas, para mí este presidente ha sido muy comunicativo.

Antes de Casa Presidencial,  ¿Qué hacía?
Estaba en Radio El Mundo y en Tele10. Además, di clases en la Universidad, la Matías, por 15 años. Pero con la llegada de la administración del presidente Flores, el ex vicepresidente Quintanilla Schmidt tenía muchas salidas. Y yo dije, si al alumno se le exige presencia, debemos predicar con el ejemplo. Si yo estoy faltando no puedo decirle a un alumno que no falte. Entonces había muchas salidas, por eso me salí.

Ese paso por la universidad para mí fue importante. Bonito. Porque yo le dije en un principio: “Aprendo de la gente joven”. A mi me encanta estar al día con conocimientos y hay cosas que a estas alturas de mi vida, para mí ya no cuentan. El uso de las computadoras, ya la tecnología, la que nos está dejando atrás, esa viene con todo, viene fuerte. Esa es la que ustedes tienen, a mí me gusta empaparme de lo que ustedes saben también. Si no, me quedo estancada. Y allí en la Matías, con estudiantes muy creativos…

       
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