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Jorge Villacorta, diputado de CD en el PARLACEN

“En la guerra a las izquierdas nos unía construir democracia, era más simple”

El “Sapo Villacorta”, como le dicen de cariño sus conocidos desde que era un niño, tiene una particular manera de hablar que lo aleja de los acostumbrados discursos políticos.  Demócrata Cristiano de los de la vieja guardia, y social cristiano por convicción, entró joven a la política a través de la Acción Católica Universitaria con gente como Héctor Dada Hirezi o Héctor Silva. Su larga trayectoria, en la que incluye la representación del FDR-FMLN en México durante los tiempos de la guerra, desembocó en su incorporación a la entonces naciente Convergencia Democrática junto a Rubén Zamora.

Actualmente es diputado del Parlacen por Cambio Democrático, el partido heredero de aquella Convergencia. Villacorta no oculta su disgusto por la decisión de la dirección del partido de apartarlo de la Asamblea Legislativa para enviarlo al foro regional, aunque dice que le “hicieron un favor” al mandarlo ahí.

Coleccionista de sapos  -tiene cerca de 300- el diputado cuenta cómo repartió las tierras en la reforma agraria, cuando fue viceministro de agricultura; su paso por Costa Rica –donde tomaba whisky Cinta Negra desde las doce del mediodía- y su trabajo como embajador del FDR-FMLN en México. Además, intenta explicar por qué dio su voto para la elección de Félix Garrid Safie como fiscal de la República, una acción que criticó duramente su propio partido.

Por Rodrigo Baires Quezada, Edith Portillo y Sergio Arauz
Fotos: Luis Tovar

cartas@elfaro.net
Publicada el 14 de enero de 2008 - El Faro

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¿De dónde salió el apodo “Sapo”?
A los siete años me pusieron el apodo. Estaba en primer grado en el Liceo Salvadoreño y, cuando había pleitos, el profesor, el hermano marista, paraba el pleito, nos ponía guantes de boxeo y nos pasaba la última hora del viernes a agarrarnos con ganas. Nos ponían en fila a esperar y yo era el más chiquito. Una vez, Orlando Chaín, a la hora de pasar a las trompadas, comenzó a gritar a mi favor: “Vamos ‘sapito’ Villacorta”. El apodo es muy simple, dos sílabas se pegan rápido y lo asumí porque así es la vida, porque no tenía sentido estarme peleando con tanto hijo de su madre por un apodo.

¿En qué momento empieza a coleccionar sapos?
Mi esposa recibió unos cursos de manualidades y aprendió a hacer figuras de arcilla y porcelana. Hizo una rana en bikini en la playa y me pareció una cosa tan bonita que le dije: “Coleccionemos esto”. Un amigo que coleccionaba tortugas me empezó a pasar sapitos y yo le pasaba tortugas, así comenzó la colección, hace más de 25 años.

Entiendo que algunos diputados como Dagoberto Marroquín le han regalado más de alguno.
Dagoberto siempre me trae alguno y más de otro compañero diputado. La gente amiga ha contribuido mucho a la bendita colección que tiene más de 300 figuritas.

¿Cuál es la figurita más rara que tiene?
A saber… bueno, tengo hasta de esas cosas para poner jabones en el baño que tiene sapitos en la parte de abajo… Pero, ¿cuál puede ser la más rara? En Asia, en Singapur, son símbolos de deidad y me regalaron una figura con dos sapitos de muchos colores con la simbología asiática y con dos centavitos tocándose. Ese es el más raro que tengo. Pero ahí hay de todo.

¿Algún político que haya sido su compañero en el Liceo Salvadoreño?
Hato Hasbún fue compañero mío. Salí de bachiller en 1963, y estuve en el colegio los 11 años que se hacían en ese tiempo. Pero en mi grupo había muy poca gente de la que hace política. El único que hace política es Hato, que dice que no.

¿Cómo se metió en política?
Por razones de fe. En el colegio, cuando estábamos en último año, nos visitaron miembros de la Acción Católica Universitaria (ACUS). En ese momento, Pío XII metió eso: que los laicos tuviesen movimientos especializados –obreros, estudiantes, intelectuales, etcétera- y que su tesis era generar, en el lugar donde se estaba, una serie de conductas expresas que le dijeran a los demás: “Así se comporta un cristiano”. De tal manera, que nos reuníamos y analizábamos un hecho de vida.

¿Un hecho de vida?
Sí, esta reunión es un hecho de vida. El que ahorita se caiga una señora con todo lo que lleve de alimentos para comer o vender es un hecho de vida. Entonces, analizábamos ese hecho con la vista del evangelio y sus efectos económicos y sociales. Entonces, nos invitaron a eso, cuando salí del colegio, además de haber ido al Opus Dei.

¿Fue al Opus Dei?
Sí, es que tenían un centro de estudios para preparar los privados y el cura que dirigía era el hoy Monseñor Sáenz Lacalle. Ellos ofrecían el servicio porque ahí pescaban gente para el sacerdocio.

¿No trataron de pescarlo?
No, no tenía vocación para cura. Uno de los compañeros, Eduardo Barrientos, sí se hizo del Opus Dei.

¿El que quiere ser candidato de ARENA?
No, ese es “el Grillo” y no tiene nada de cura. No, Eduardo es un ingeniero eléctrico que vive en Guatemala. Lo que te decía es que así como fui al Opus Dei a estudiar, fui a la ACUS porque era interesante. Al salir del colegio, al iniciar la vida universitaria, en el primer año en 1964, empezamos a ver que existía un movimiento estudiantil fuerte. En aquellos tiempos, los movimientos estudiantiles tenían ideología definida: socialcristiano, comunista y socialdemócrata, que eran las tres corrientes más importantes.

En la ACUS se concluía que tenías que hacer tu acción como cristiano en tu actividad. La ACUS trajo a dos sacerdotes belgas, Esteban Alliet y Juan de Plank, de la diócesis de Brujas, que era de la gente más avanzada de la Iglesia Católica. Uno era filósofo y otro era psicólogo, y venían a trabajar con jóvenes. Me impactó porque yo venía de un colegio marista.

Conservador.
Bastante conservador, por no decir franquista, porque ahí se miraba la lucha de Franco y no la independencia de El Salvador. Era un colegio de derecha y conservadorísimo. La sorpresa es que con estos curas nos juntamos en una cervecería; ellos sin sotana y bebiendo cerveza como lo estábamos haciendo el resto. ¡Fumaban! Entonces nosotros decíamos: “¿Y estos curas raros?”. Luego, a la hora de plantear el evangelio, lo hacían aplicado a la realidad salvadoreña; daban la misa en español y de frente, cuando todavía no había sido aprobado por el Vaticano II; además de que permitían discutir temas sociales y veías el mundo de manera diferente. Ya en la UES, la decisión fue participar en política y sacar de los cargos estudiantiles a los comunistas porque eran un montón de corruptos, de izquierdistas no tenían nada, y de revolucionarios, muchísimo menos.

¿Y ustedes eran de izquierda?
Éramos un movimiento socialcristiano. En aquellos tiempos estaban, debajo de mi promoción, Felipe Peña y Joaquín Villalobos. ¿Arriba? los viejos, Héctor Dada. Y de mis compañeros estaba Héctor Silva. Además había un grupo bastante importante que ya estaba incorporado a la Democracia Cristiana. ¿Por qué?, porque era obvio que si hacías trabajo político como socialcristiano en la UES la relación con el PDC se daba. Así pasaba en toda América del Sur y la Democracia Cristiana tenía institutos de formación socialcristiana. Conclusión, éramos la izquierda cristiana durante la vida universitaria e hicimos política porque en la ACUS aprendimos que nuestra organización como cristianos era para arreglar este mundo, porque el plan de Dios es transformar y convertir este mundo en algo cada vez más perfecto. Esa perfectibilidad de la sociedad la podés hacer desde cualquier lado de la sociedad. Nosotros la asumimos desde la política, nuestro carisma era hacer política y nos metimos a hacerla buscando eso: cambiar El Salvador y, para hacerlo, teníamos que cambiar la Universidad.

¿Y cómo se organizaron?
Pues organizamos movimientos socialcristianos en cada facultad. Era como un partido político, con las mismas características: bases sociales, directiva, participábamos en elecciones internas.

¿Y tenían apoyo al nivel de los docentes?
No, era más algo estudiantil. Había algunos, pero eran muy pocos. Recuerde que en ese momento esto era muy novedoso. Yo me acuerdo de que nuestro primer lanzamiento, porque un compañero era especialista en publicidad, en propaganda, fue pintar unas flechas verdes, igual a la que tiene el Partido Demócrata Cristiano de Chile, y las pusimos en toda la Universidad. Los comunistas, sin saber qué era aquello, empezaron a arrancarlas. Al día siguiente, todo estaba empapelado de nuevo. A qué quiero llegar, a que fue una cosa que organizamos bien y que le entramos de lleno. En cambio, los docentes estaban muy acomodados y no tuvieron una participación directa. Algunos compañeros, por ejemplo, el Dr. Arango, Jorge Cáceres Prendes o Rubén Zamora, no estuvieron en la ACUS, pero sí en el movimiento.

¿Quiénes eran los comunistas?
Mario Aguiñada y su hermano, Schafick Hándal y sus hermanos… ¿A ver de quién más me puedo acordar?

Al ver las raíces de cada uno, se notan las diferencias actuales. Eso de Villalobos, por ejemplo.  
Sí, Joaquín fue socialcristiano. Es que esa era una forma que nosotros encontramos de practicar nuestro cristianismo, nuestro compromiso temporal, como le llaman.

¿Cuál era la diferencia entre ustedes y los comunistas?
La diferencia es que uno va a perfeccionar este mundo y eso significaba enfrentarte a tu prójimo. Vos no podés tener miseria, injusticia y al mismo tiempo decir que sos cristiano. Ahora sí se puede, ahora sos católico y te das golpe de pecho, pero no les importa el vecino, no les importa cómo está el país. Pero esa es la forma en que la Iglesia maneja las cosas, en aquel tiempo no era así.

¿Tenían relación con la Juventud Estudiantil Católica (JEC)?
La JEC se organiza, precisamente, con el padre de Plank. Esteban Alliet agarra a los universitarios para crear la JEC y creo que atendía al movimiento de intelectuales católicos, donde estaba, por ejemplo, el doctor Castillo, que fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), y Abraham Rodríguez. Después vino otro sacerdote, que no recuerdo el nombre, que tenía la acción obrera.

Para efectos prácticos, en aquella época, eran considerados comunistas.
En aquel entonces, la Democracia Cristiana era considerada comunista. Para ejemplo, cuando terminé mi carrera fui a competir en una plaza en el gobierno para economista agrícola, que era mi área, y nos examinamos 60. La plaza se la dieron a un amigo, del que no puedo decir el nombre en este momento, y a los seis meses, en una beba, en el Mar y Tierra me dice: “Tú  ganaste esta plaza, sacaste la mejor nota, pero no te la dieron por ser demócrata cristiano”. Lo chistoso fue que él era miembro del Partido Comunista. Incluso, fijate qué interesante, el ministro era Enrique Álvarez Córdova y le dieron la plaza a este amigo por recomendación de Chamba Arias.

¿Salvador Arias, del FMLN?
Sí, pero entonces era un hombre del PCN. Él fue viceministro de Molina, del “Pato” Escobar García. Era un hombre de derecha.

En los tiempos de la universidad, aparte de las empapeladas, ¿en qué se traducían las diferencias con los comunistas?
En la manera de plantear el país, en cómo resolver los problemas del país.

¿Ejemplos?
¿Qué querías? Si querías una reforma agraria, era hablar de qué tipo de reforma agraria se quería hacer y cuál era el rol mismo de la universidad en ese proceso. Es que a la UES la tenían castrada en ese momento. Ahí no se producía, no se investigaba, no tenía una relación con la gente… lo único que hacían era el desfile bufo y una suerte de payasadas, pero no había un compromiso con la gente. Nosotros planteábamos ese cambio en la universidad y, a nivel regional, lógicamente eran dos concepciones diferentes entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista, que era minoría y busca las alianzas con el PDC y los socialdemócratas de Memo Ungo para llevar la UNO.

¿Y por qué Cambio Democrático (CD) no se pone el nombre de Democracia Cristiana si son los mismos?
Porque el PDC de ahora no es la Democracia Cristiana de entonces. En la actualidad, no tienen nada que ver. Ellos solo ocupan el nombre.

Por eso, si toda la gente que está en el CD eran demócratas cristianos.
No, algunos venimos del PDC y otros del MNR.

El único que venía de la parte comunista es Aguiñada, que ya no está.
Si, don Mario, que no está activo pero sigue siendo un hombre cercano a nosotros. También Vinicio Peñate, que venía de ahí, y algún otro más.

¿Habla de la UES de los años 60 y 70?
Sí, recordá que la revolución de 1968 en Francia fue una expresión de esas luchas estudiantiles en Europa. Aquí se plantearon antes… Eso viene desde la famosa reforma universitaria en Córdoba (Argentina), en que se cambia el rol de la universidad y se traslada a El Salvador en los años 60.

¿Y sus papás qué le decían? ¿No le decían que no fuera bochinchero?
¡Ja! Mi papá. Era interesante. Yo aprendí a hablar de política desde que tengo uso de razón porque mi papá en el desayuno, almuerzo y cena, en los tres tiempos, hablaba y había que haber leído el editorial de los periódicos de noticias más importantes. Había que estar, por fuerza, al día. Mi papá conversaba conmigo el editorial. Él, en la mañana, amanecía muy tranquilo y entonces le parecía que el PCN no dejaba de tener razón o el PRUD, el partido que estuviera.

¿Cuál fue su primer cargo público?
Cuando yo estaba en la universidad todavía, estaba terminando la universidad, yo era miembro de la Comisión Política del partido, y se da la posibilidad de la elección de la alcaldía de San Salvador. Va a salir Napoleón Duarte y el candidato es Carlos Herrera Rebollo, yo no conocía a Carlos, pero con uno de los miembros del grupo de Carlos que iba en el Concejo nos conocíamos. Estoy en casa de mi novia – hoy mi esposa – y me dice si aceptaba ir en el concejo municipal. Yo tenía 26 años y le digo “mirá, dejame pensarlo”. Y me dice “mirá, tenés media hora”.  Y mi esposa “bueno, vos decidí”. Ya era saltar de la política universitaria a la política nacional. Yo, la política universitaria, a esa altura, ya la había abandonado porque los compañeros hubo un momento en que les tocó decidir si se iban a la guerrilla o se iban a la Democracia Cristiana.

Usted decidió lo último entonces…
Yo me quedé, y no tenía cualidades para irme a la guerrilla.

¿Qué cualidades?
El cuerpecito.

Ja, ja, ja, ja.
¿Usted cree que hubiera aguantado con este cuerpecito? Con unas dos mochilas y no sé qué más cosas, no frieguen.

Si no, se hubiera ido.
Quizás me hubiera ido. Además, acuérdense que el tipo de guerrilla era el foquismo, que había establecido el Che, y el foquismo en El Salvador… donde son 20 mil kilómetros cuadrados, con tres millones de habitantes, si cada media cuadra hay un chucho y cada 20 metros una lora. ¿Cómo íbamos a hacer una guerrilla aquí? Yo no le veía viabilidad, me parecía en realidad, como decía Schafik, un aventurerismo. Recuerden que el PC no estaba a favor de la lucha guerrillera, fue el último que entra y, por eso, cuando entró Schafik dijo “tarde, pero a tiempo”. Entonces, esa decisión me llevó a incorporarme más a la Democracia Cristiana a partir del 68-70, y luego me plantearon ir de regidor, acepté… estoy hablando de 1972.

Fue entonces el de regidor su primer cargo.
Siendo regidor, en el régimen de Molina, recién electo, se toman la universidad. Yo trabajaba en la universidad como docente, se la toman, ¿y qué me queda? Irme al carajo, porque, además, estaba en la lista de los comunistas, porque ser demócrata significaba ser comunista.

¿Y qué hace entonces? ¿Se va al exilio?

No, me quedo aquí viendo qué hacía. Siendo regidor de la alcaldía, me plantean lo siguiente: resulta que finalizaba la construcción de los edificios más chiquitos del sistema de mercados de San Salvador. Era conducido por un organismo que se llamaba COMERSAN (Comité de Mercados de San Salvador), en el que estaban el Ejecutivo y la alcaldía. Era un modelo bien interesante. Y el proyecto era de 30 millones de dólares de aquellos tiempos: siete mercados periféricos y uno central. Eran 30 millones de aportes del BID. Había que comprar tierra y era muy cara.
       
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