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Gerardo Parker, músico y presentador de TV

“Tuvimos una oferta de Raúl Velasco pero nos dio miedo”

Por Sergio Arauz, Edith Portillo, Rodrigo Baires
Fotos: Luis Tovar

cartas@elfaro.net
Publicada el 24 de diciembre de 2007 - El Faro

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¿Y registran los jingles?
No, eso lo haría el mismo cliente, que es quien me paga por eso.

¿Y un jingle que te haya sacado canas?
Híjole, no tengo muchas canas.

Ja, ja.
No hay.

¿Se te hace sencillo, entre comillas?
Tenés que pensar mucho y sentirle el sabor. Así, como cuando creas una escultura o una pintura, que te tiene que gustar a ti primero. Es un trabajo bien divertido.

¿Y en la Academia das clases?
No, yo no. Tenemos maestras y maestros para cada clase. Lastimosamente, no tengo la pedagogía para dar clases.

¿La paciencia?
Bueno, si se puede llamar así. No tengo la paciencia.

Cleo: No pasó la entrevista.

Ja, ja, ja, ja. ¿Y de Hola El Salvador, qué nos podés contar?
Es un formato de televisión bastante complicado porque  necesitás un montón de gente para trabajar, son tres horas diarias con miles de temas. Con gente que a veces llega, a veces no, y con temas que tal vez la competencia los tuvo un día antes. Es difícil de coordinar y de transmitir, más que nosotros estamos transmitiendo a Estados Unidos y Canadá a través de un canal de DirectTV. Hay que tener cuidado.

Yo quiero recordar otra cosa que decía Daniel y era justamente sobre el formato de este tipo de programas, que es muy parecido a los típicos programas mexicanos. Daniel decía: “Dejá de decir parecidos, son igualitos”. ¿No es un poco más sencillo trabajar para ustedes un formato televisivo que, digamos, de alguna forma ya está fabricado?
No, al contrario. Cuando copiás algo lo tenés que hacer igual o mejor. Si ya lo copiás menos, ya estás en la calle. Es cuando dicen: “Estos están copiando y ni lo pueden hacer bien”.

¿Y cómo eligen los temas?
Nosotros tenemos una reunión cada semana. Al inicio de semana nos reunimos y empezamos a tirar ideas porque una sola persona no puede, es muy difícil. Son tres horas.

¿No hay alguien responsable de hacer eso?
No, hay una productora o un productor, que es la persona que toma el mando en el momento en que exactamente empieza el programa hasta que termina, a las 11:00 a.m. Él es la autoridad, el árbitro dentro de la cancha.

¿A él o ella se le ocurrió lo de hacer boxeo entre los presentadores?
No, en el momento no. Eso ya estaba…

Es que a veces tienen temas que son como hablar de la tenaza izquierda del cangrejo de castilla.
Es difícil, a veces hay temas que son muy difíciles de desarrollar ya sea por la falta de información que nos dan o porque los panelistas no dan para eso.

Es que temas de esos podrían parecer bastante aburridos. ¿No han intentado hacer más dinámico el programa?
Claro, fijate que hemos tenido la idea pero las limitantes que hay en el país para hacer televisión son muchas. No podemos y más o menos lo hemos tratado de hacer. Edwin estuvo con la idea, por ejemplo, que estemos platicando con un diputado, de repente suena una canción y nos levantamos a bailar. El Salvador no está acostumbrado a esas cosas. Llega un momento en que no podés hacer eso porque no podés saber cómo reaccionará la gente.

¿Algún momento que recordés en que se les ha salido de las manos el programa con personajes muy polémicos?
Eso pasa en el momento. En lo personal, con mi carácter, soy antipolémico totalmente. Que en televisión debería de ser lo contrario, pues es otra cosa.

Yo recuerdo una vez a Carlos Herman Bruch peleando con Milena Mayorga por las inundaciones en Nueva Orleáns.
Sí, tuvieron un problemita. Creo que le dijo “tonta” o que no estuviera diciendo tonterías, y ella le dijo “no me digás tonta”.

Ja, ja, ja, ja. ¿Y qué haces en esos casos?
Bueno, el presentador tiene que ser muy prudente. Por ejemplo, el caso de Max Branon se le invita a él por su sabiduría, todo lo que él sabe.

¿Sabiduría entre comillas?
… En libros, tal vez no sea la palabra correcta sabiduría. Él llega a eso, a hacer polémica; ayuda un poquito al programa; y habrá personas que no les gusta, que dirán “para qué invitan a este tipo”. Pero ahí ya no tengo ninguna autoridad, es algo de producción.

¿Crees que este tipo de programas puedan ser más educativos que sólo el show de la mañana?
Es educativo y en eso se hace mejor que “Viva la mañana”, que es muy light y no le gusta meterse a los temas fuertes. Nosotros hemos hablado de temas fuertes y hemos hablado de todo: hemos tenido a brujos, en la oscuridad; mujeres violadas; homosexuales… de todo.

Según ustedes qué quiere ver el público de la mañana
Yo como presentador veo que cada vez que hay un tema polémico la gente llama, participa. Religioso también. Les gusta. Porque son educativos y uno aprende. En ese sentido creo que el programa está bastante ubicado… en ese sentido.

¿Qué se mira haciendo Gerardo Parker a los sesenta años?
Aparte de la silla de ruedas… Híjole. Quiero ver el fruto de todo el esfuerzo que estoy haciendo ahorita. Sueño con que mis hijos hagan su propia vida, porque ya a los 18 años cada uno agarra su propia responsabilidad así como me pasó a mí, y espero que les vaya muy bien. En la música sueño con ver una universidad, por decirte algo, musical en nuestro país. Que la gente pueda aprender, que la música sea un complemento muy importante y que no sólo sea un hobby.

¿Como un conservatorio?
A eso me refiero, pero conservatorio suena muy antiguo. Pero un lugar en el que podás llegar a estudiar formalmente y del que salgás graduado y sea reconocido por el gobierno.

¿Pero después qué van a hacer?
Eso te puede generar una apreciación de la cultura más fuerte.

Hablá con Rebeca Dávila
Sí, al CENAR. Pero yo esto lo veo como una institución privada. El Gobierno está muy lejos de eso todavía. Nosotros como salvadoreños no lo vamos a poder hacer.

¿Por qué?
Porque no hay personas que te enseñen a ese nivel. Maestros no hay.

Vicente Feliú nos decía que en Cuba hay bastantes.
Sí, por ejemplo. Claro.

Cleo: En el país probablemente haya una que otra persona, pero los pocos que hay, como esto no deja mucha remuneración, se van al otro extremo. Nosotros quisimos poner nuestra academia y buscamos a las personas que sabían de música. Nos hablaron de un salario… Veían el proyecto tan grande y tan positivo que querían ganar el 95 por ciento. La gente aquí se aprovecha y se vuelve egoísta. La música es para darla, para compartirla.

¿Cuántos maestros tienen ustedes?
Alrededor de 12 y como 150 alumnos. Es la más grande. Dentro de ese rubro de escuelas privadas de nivel intermedio, porque no nos engañemos, no es un nivel alto. Estamos recibiendo niños que comienzan de cero. ¿Y después qué? Talento hay. Tenemos un niño de seis años que toca batería increíblemente, la batería es más grande que él. Tenemos otro que toca el piano burrrrruruuuu… ¿Y después qué? Llegará el momento en que van a superar al maestro. Hay una alumna que quiere estudiar canto, y obviamente se va a tener que ir. A Londres o a saber dónde.

Para profesionalizarse…
Exacto. ¿Por qué no hay muchos conciertos de música clásica? ¿De Jazz? Porque no hay músicos.

Yo fui a ver a la Sinfónica Juvenil en la calle, ahí había como cinco mil personas, gente callando al tráfico, pasaba un bus pitando y la gente “shhh respetá”…
Claro, espacios no hay porque nunca ha existido la cultura de la música. Ahí está tirado el Teatro Nacional porque no les gusta el teatro, porque nunca hay obras. Las pocas cosas que hay las hacen a lo que vaya saliendo. Tenemos que tener escenarios también. Somos productores de la Orquesta Platinum, tengo cuatro años de estar con ellos y la gente ya los conoce, pero el Teatro Presidente ya no cabe. En la Feria muy grande… hay unos desequilibrios… O La Sinfónica tocando en el Teatro Poma o en FEPADE, y nada que ver. Si hubiera más semilleros… Si hubiera una super institución de música daría espacio a eso, les haría sentir a los músicos que se puede vivir de esto. La calidad tiene que mejorar.

¿Y cómo hacen los de ahora?
El músico aquí se hace solo porque el papá es músico o porque escuchó a alguien tocar, un tío o algo. Eso me incluyo yo. Yo no tuve estudios musicales y sin embargo pude lograr algo.  Pero falta calidad.

       
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