Pero hay bastante gente queriendo cantar, digamos…
Sí, un montón de gente, no tenés idea. Y con ganas de meterse a los medios, y espacios no hay.
Y de paso está una competencia en la que si vos saliste por primera vez en una televisora en la siguiente ya estás vetado. Y como ya son conglomerados, lo mismo pasa en las radios.
Exactamente, a eso me refería cuando te digo que en la televisión topás. Si yo me quisiera salir por “x” razón, ¿a dónde voy a ir?, No voy a ir a TCS, imposible.
Pero entiendo que TCS, y bueno el 12 también, si bien son como los grandes, mucha gente de otros canales más pequeños tienen también mucho reconocimiento en los medios…
Yo no creo que ahora podás considerar a un canal chiquito, yo creo que TCS no puede ya considerar a ningún canal como pequeño. Y una muestra fue lo que se hizo para los Medios Unidos…
Por ejemplo, el programa donde hoy está Daniel parece una respuesta a un programa que era clásico en Canal 12.
Exactamente, el negocio de TCS es copiar. Ese es el verdadero negocio de ellos, a ellos les gusta algo que ya esté maquilado y pensado, y probado con éxito. Eso es negocio, muy inteligente.
Y no lo hacen tan mal…
Tienen los recursos para hacerlo bien, y tienen la experiencia.
Pero antes te veíamos siempre en TCS, presentando Miss El Salvador…
Es curioso, porque yo nunca estuve en la planilla de TCS, pero públicamente mi figura sí estaba. Incluso estuve trabajando un año dando noticias en El Noticiero, pero no era parte de Canal 6. Era independiente, que en aquel entonces era el actual secretario de comunicaciones de la presidencia, Julio Rank. Él tenía su empresa privada, que tenía su espacio en Canal 6. Esa fue la experiencia que yo tuve en TCS.
¿Y al 12 cómo llegaste?
Uno de los proyectos que yo me había quedado con ganas de hacer era televisión ya formalmente, no esporádicamente. La oportunidad surgió, por cierto, gracias a Luciana (Sandoval, hoy en la competencia de “Viva la Mañana, de TCS”). Obviamente ella nunca me dijo que iba para afuera, básicamente ella fue la que me hizo el contacto directo. Yo una vez le hice el comentario de que aunque sea me consideraran para limpiar los vidrios en el programa, así en broma. Y ella ¿de verdad?
Ja, ja, ja. Ya con eso, me voy tranquila. Con esta me despido.
Ja, ja, ja. Cabal. Obviamente yo tuve que competir con otra gente, tampoco fue de “aquí vengo, denme permiso”.
¿Con quiénes competiste?
Había varios. Estaba Carlos Herman Bruch, David Acuña. Estuvimos en prueba, también Aída Farrar estuvo, que hubiera sido el papel de Marta, del perfil de ella.
¿Cuál es tu papel en “Hola El Salvador”?
Hasta este momento no lo sé, ja, ja, ja. No, es el papel serio, digamos, sobrio, el intermedio. Yo digo que lo cumplo, lo que pasa es que al inicio la gente me criticaba que era demasiado serio.
Imaginate, si cantabas un día “A mí me suena como Mozart” y después aparecés sentado ahí todo serio en un canal.
Ja, ja, ja, ja, ja.
(Aprovechando la presencia de Cleo, su esposa, hacemos el esfuerzo de sacar algunas verdades. Pero ella le hace muy buenas relaciones públicas a Gerardo).
Mejor usted díganos cómo es él.
Sí, mi amor, aclare, por favor.
Cleo: No, Gerardo es realmente una persona… no simpático, digamos muy bromista. Bromea siempre, es muy difícil verlo molesto, es una persona bien espontánea, sumamente alegre, que le gusta mucho compartir sus momentos alegres y no sus momentos tristes.
Vos dijiste que un día vas a topar en la televisión, ¿esto lo mirás cercano, a más largo plazo o tenés un plan “B”?
No tengo un plan “B”. Seria mentirte decir que sí porque no sé qué día pasará esto. Puede ser dentro de cinco años o dentro de dos meses. Si sale otro proyecto que me llene más, no sólo económicamente, como lo de la música, que es realmente mi pasión, pues el canal quedaría en un segundo plano.
Cleo: De sus momentos alegres y no de sus momentos tristes. Eso lo transmite, lo irradia. A mi me pasa haciendo reír todo el día. En la empresa también, donde llega y desde que entra, la recepcionista se ríe hasta que sube.
Buena relacionista pública tenés.
¿Verdad?
¿Y es celoso?
(Gerardo saca dos billetes de un dólar y se los da a su esposa en forma de pago por los comentarios)
Ja, ja, ja, ja. Cleo: ¿Y sólo eso me vas a dar? Tacaño sí es.
Ja, ja, ja, ja. Cleo: No es celoso. Es una persona muy amorosa y muy cuidadosa de la familia, de los hijos, de mi persona.
¿Es muy casero? Cleo: Sumamente hogareño. Si le hablan de un evento donde lo van a premiar por “x” o “y” razón y le digo que le voy a preparar unos huevitos en la casa, ¿qué preferís? Los huevitos. Es sumamente hogareño.
¿Hijos?
(Gerardo retoma el papel de entrevistado) Sí, dos. De 16 y 13 años.
¿Y son músicos?
Sí, el mayor ya tiene su bandita, su grupo… que por cierto se llama “Dos que tres”, y él canta y toca la guitarra. Es el líder de la banda.
¿Qué tipo de música toca?
Pop, rock pop. Y aprendió, básicamente, igual que yo. Solito agarró la guitarra y empezó a tocar.
¿No pasó por tu academia?
Estuvo dos clases nada más y cuando vio cómo era la onda se fue él solo. Ese es uno de los problemas de los músicos y voy a poner de ejemplo a mi hijo en este caso. El músico cree que en tres o cuatro clases aprendiéndose los acordes de una canción ya está hecho. Esto es mentira. La música es una carrera. En otros países es una carrera de cinco o seis años. La única persona en El Salvador que tiene un doctorado en música es el director de la sinfónica nacional, German Cáceres, y nadie más. Entonces, ahí queda el músico. Yo soy uno de ellos. Ya me hubiera gustado aprender solfa, pues. ¡Dirigí una orquesta en Ecuador sin saber una jota, a puro oído!
¿Y cómo fue eso?
Así, me puse el papel.
¿Solo llegó alguien y le dijo a Gerardo Parker que tomara la batuta?
Fue una casualidad. En aquel entonces, Juan Manuel “el Chele” Bolaños iba representando a El Salvador. Él no es un cantante reconocido. Y yo le hice el arreglo acá, a puro oído, y como de regalo, o de premio, me dice: “Mirá, te conseguí un pasaje y vámonos para Ecuador”. Entonces, ya allá, me le puse a la par del director de orquesta, a escuchar cómo la interpretaban. La canción la había grabado y tenían una grabadorcita a la par para escucharla antes de tocarla. Entonces me dice: “Qué bonito el arreglo” y no sé qué otras cosas. Le hice un par de comentarios y luego casi que me obligó. “Vos hiciste el arreglo, ayudame a dirigir la orquesta”.
Ja, ja, ja, ja.
Yo cumplí uno de mis sueños, porque siempre había querido dirigir, pero jamás pensé lo que sería. Eran 50 músicos… y yo dije esto será pan comido, sólo se trata de un, dos, tres, cuatro y los músicos van leyendo. Pero empieza a sonar esa cosa horrorosa que me dio vergüenza, pero al final lo logré.
Sos un padre joven.
Yo tuve al mayor de mis hijos a los 23 años.
Me imagino que con una banda que se llama “Dos que tres”, tiene que ser una persona inquieta.
Realmente no. Él lo ha agarrado como algo muy profesional… no son de esos que andan de pelo largo ni con aritos, sin desprestigiar a nadie…
… Ja, ja, ja, ja. ¡Eso va conmigo!
No, no, no… hablando musicalmente. Lo ha agarrado como un complemento de sus estudios. A eso me refiero. Están en el colegio todavía.
Él de 13 años juega béisbol, está becado por FESA… sabe de música pero le importa más el deporte. Él es el deportista de la familia.
También te has dedicado a los jingles, ¿cómo terminaste cantando para anuncios?
También fue de pura casualidad. Cuando yo salí del colegio, yo comencé a grabar mis pistas musicales, como solista y como arreglista. Pero en ese entonces, un estudio de grabación profesional se mantenía comercialmente haciendo jingles y en aquel entonces solamente Willie Maldonado tenía un estudio. Entonces, como Willie estaba como que muy quieto en sus laureles porque nadie le hacía competencia, Larry Zedán vino como a revolucionar la tecnología, trajo las mejores consolas de la época. La persona que estaba haciendo jingles con él, que se llama Héctor Majano, me dijo que se tenía que ir, que le habían ofrecido un trabajo en Panamá y que me quedara con su puesto. Y así aprendí.
Es un trabajo muy especial. Somos pocos los que hacemos eso y un buen “jinglero” (sic) no precisamente es un buen músico. O sea, German Cáceres no podría hacer un jingle, es otra cosa totalmente diferente. Tenés que tener un cierto talento.
¿Cómo es el proceso de elaboración?
Por ejemplo, te dan un texto de cualquier producto…
Aquí podés decir la marca, no importa.
A bueno, vaya… de KFC. El texto te lo da la agencia, generalmente, aunque te lo puede dar el cliente. Y te dicen: “Necesito que me hagas de esta frase –por ejemplo, ‘tostadito, doradito, bien cocido’- que me lo hagas a 30 segundos”. Uno tiene que ver cómo va a ser el ritmo, a quién vas a llamar para que lo haga… tiene que ser algo que se pegue, que sea sencillo y que se pueda recordar. Al final queda... “Tostadito, doradito, bien cocido” (canta y marca el ritmo con golpes sobre la mesa).
¿Y son muy recurrentes las voces que escuchamos en los jingles de El Salvador?
Sí, porque no cualquier cantante puede hacer jingles. Es un grupo muy reducido. Por ejemplo, de los conocidos con quien ya tengo ratos de estar con ellos, está Manuel Gómez…
¿El ex de la Fiebre Amarilla? ¿“El Bebé”?
Sí, “el Toro virgo”. Julio Roberto Hernández, de la orquesta de los Hermanos Flores; está mi sobrina, Lucía Parker… Cecilia Regalado, en aquel entonces. O sea, son gente que en un momento casi trabajamos todos los días, nos llegamos a acoplar muy bien… ya nos conocemos, nos miramos y ya sabemos cuáles son las voces que vamos a ocupar. Es a pura práctica. Es un grupo muy reducido con un trabajo muy especial.