Plática con Carlos “El Chele” Santamaría, camarógrafo de televisión:
“Estoy vivo porque no quise ser héroe ni mártir”
Es una leyenda con una cámara al hombro. Carlos Santamaría saltó a la fama por una frase de Guillermo De León, el fundador y director de Teleprensa, durante la cobertura de un enfrentamiento: “¡Agachate Santamaría!”. La frase, escuchada por todos los televidentes, nunca llegó a oídos del “Chele”, que se encontraba lejos de su jefe/reportero.
Curtido en la guerra, captó enfrentamientos, asesinatos, campamentos guerrilleros, la caída del Puente de Oro y un sinfín de históricas escenas para Teleprensa y para varias cadenas de televisión de Estados Unidos. Terminó haciendo deportes en Canal 12, a lo que aún se dedica.
El “Chele”, como lo conoce todo el mundo, narra toda una vida de aventuras, trotando las calles salvadoreñas en medio de balas, terremotos y desastres al lado del fundador del primer noticiero televisivo del país.
Por Rodrigo Baires y Carlos Dada. Fotos: Luis Tovar cartas@elfaro.net Publicada el 03 de diciembre de 2007 - El Faro
¿Cómo empezaste haciendo cámara?
Como todo en la vida, si no tenés un contacto no entrás a ningún lado. Yo quise ser mecánico. Estudié bachillerato industrial, había la opción de estudiar tu plan básico y podías estudiar bachillerato en la noche y optar a trabajar. Así fue, empecé a trabajar en un proyecto industrial como tres años, pero siempre hay problemas en las empresas. Un chero de la colonia era camarógrafo donde Guillermo De León, en Teleprensa, y él me dijo si no quería entrarle a eso. “Llevame”, así llegué. Me presentó con De León, un viejo de carácter, y me dice “ajá, vos sos el recomendado de Víctor. Aquí es bien fácil, venís a aprender o venís a pasar el tiempo”. Y le digo: “vengo a aprender, lógicamente”.
Pero nunca habías tenido una cámara en tus manos.
Nooo, y en aquel tiempo no eran cámaras como hoy. Si hoy sólo hace falta que la cámara te diga “estás equivocado”, son inteligentes. Yo aprendí con cine, no sonoro, mudo, cine 16 mm, de esas cámaras con cuerda. Manejaba cámaras, tenía ahí Bolex y Bell & Howell. Esas eran de la Segunda Guerra Mundial, y usaba una cinta de 100 pies, que equivalía en tiempo a dos minutos y medio. Era tanta la limitante que teníamos que sacar de ahí cuatro o casi cinco voladitos. Teníamos que gastar treinta segundos por nota. Como era mudo, sólo te dedicabas a apoyo.
¿Eso era en qué año?
Ahí por los setentas.
(Carlos Dada se incorpora en ese momento y pide a Luis, el fotógrafo, que le indique dónde sentarse para no estorbarle en su trabajo. “Para que veás cómo respetamos a nuestros fotógrafos”, le dice al Chele).
Así está bueno. A mí me molesta cuando un reportero le dice al camarógrafo “mirá, quiero que me hagás esto, quiero que me hagás aquello”. Yo soy fregón, pero laboralmente derecho, y les digo “mirá, ¿y por qué te dejás tratar así?”, es como si uno les dijera “mirá, preguntá esto, preguntá aquello”. Pero qué bueno que ustedes se respetan, ja, ja, ja.
Hablabas del año en que empezaste.
Ah, empecé en el 73. Llegué de “marañón” a jalar cables. Todo era novedad para mí, porque venía de limpiar bujías y eso. Llegando me tiró un libro don Guillermo y me dice “una semana de prueba para ver qué sabés”. Era el famoso libro, aquellas preguntas qué, cómo, cuándo, porque De León era periodista en Guatemala y luego lo ejercía acá. Cabal a la semana viene y me dice “mirá, ¿qué has leído?”, “Fíjese que he leído esto y esto”. Y ahí me fue envolviendo.
Era una nueva etapa en mi vida, de querer ser mecánico a aprender a ser camarógrafo. Empecé a quemar cine, pero como eran las grandes limitantes de película, empecé a enamorarme al laboratorista. “Mire, Rafa, consígame película”. Le daban la bobina de mil pies y él tenía que sacar diez latas de cien pies para los cámaras. A los camarógrafos: “Prestame la cámara”, “no hombre, no jodás”. Y eso que me metió un chero ahí, porque sólo eran tres camarógrafos, y a cuidar la posición, pues, bien celosos. Pero yo veía que el laboratorista se echaba las heladitas…
Ja, ja, ja, ja. ¿Ajá?
Entonces lo empecé a invitar a aquel famoso “Chipilín”, y ahí ya el tipo más camarada, va, sus cervecitas, y “aquí hay una película”. Mi problema entonces era conseguir la cámara. Había que involucrarse en todo eso de la parranda, ya en la misma amistad de las cervecitas y todo empecé a quemar películas, a aprender de los lentes. Así me fui involucrando. A los diez meses exactamente hubo una plaza porque se fue un cámara y dichosa es mi suerte porque en esos días viene la campaña del general Romero, que venía de candidato a presidente. Y me meten ese mango, ocho meses de campaña.
Bueno, pero ya de cámara.
Sí, yo ya me había fogueado, pero ya cuando te dan la responsabilidad viene el nervio. Era un compromiso serio.
¿Y el reportero?
No había. Uno iba a la conferencia de prensa a oír lo que decía el fulano, a tomar datos, y ya cuando decía yo que tenía lo básico, como eran 30 segundos, entonces ya tomaba dos segundos aquí, dos segundos allá. Luego llegaba ya a Teleprensa a hacer mi notita, a dársela al redactor. Por cierto, me “tromponeé” con un redactor como dos veces porque él quería que le diera ya todo. No hombre, “yo te doy lo básico”.
¿Y dónde revelaban?
Ahí mismo en el canal. Si es que De León empezó, digamos, artesanalmente. Ahí se secaban como pollos rostizados, la mara ahí les daba vuelta. El señor que era laboratorista ya solo se encargaba de pegar adecuadamente las cintas. Cuando ya salía al aire en el Canal 2 positivaban, pero todo era con negativo. Más tarde empezamos a color, pero siempre artesanalmente, sin exposímetro, puro ojo.
¿Sin exposímetro?
Pues sí, si es más, la cámara ni era reflex. Gracias a Dios era bien compensable la profundidad de los lentes, pero era a distancia, a puro ojo. Había solo una cámara reflex que toda la mara la deseaba, que el zoom acá, que enfocabas acá, y ya jugabas. Era una Bolex. Pero a mí me dio sólo Bell & Howell el De León, porque me decía “es que vos sos rudo, Chele”.
Las Bolex son esas que ponían los checos para hacer animaciones, cuadro por cuadro.
Sí, eso de los cuadros lo aprendí yo con un chero, medio lo aprendí. Tomando el famoso Tik Tak. Tomaba la foto de una nube pasando, entonces ya salía la botella sobrepuesta en la nube.
Ja, ja, ja, ja
Es verdad, ja, ja, ja.
¿Y entonces te echaste toda la campaña de Romero?
Me eché toda la campaña. Conocí variedades de luces, ahí ya me siento fortalecido. La campaña duró como ocho meses. Para entonces ya se veían venir movimientos jodidos en los cuales nos empezamos a involucrar un poco más serios con De León. Él nunca obligó a nadie a hacer algo, sino que decía “estamos en una situación difícil, aquí va a ser el que desee”. Dicen que en el barrio Santa Anita nacen los verdaderos hombres, y uno se quita el miedo, digamos, cuando nace en ese barrio.
¿Ahí creciste?
Sí, yo nací ahí en “Los Arcos”, ahí en Santa Anita. Y la vida te lleva a que primero aprendés a tromponearte antes que caminar. Porque antes era trompón, no era como hoy. Entonces yo chévere, eran movimientos bien suaves al principio. Y a mí me encendió eso, me gustó. De León tenía sus áreas bien definidas: violencia conmigo, comercial con uno y social con el otro. Sin saber que iba a venirse una avalancha de años. Gracias a Dios aquí estoy todavía platicando, porque no quise ser un héroe ni tampoco un mártir.
Y De León salía a reportear…
Sí, es que De León al principio, cuando empieza a ver aquello, empezamos a trabajarle una corresponsalía a la ABC. Al principio era “mirá, hay que empezar a ver cómo hacemos mejores tomas porque hay unos cheles que tienen interés”. Entonces uno “para los cheles, va, para los cheles”. Y yo “mire, ¿y los cheles cuándo se van a dar algo, pues?”. Y los cheles no aparecían, pero cuando ven que la cosa iba para largo, ahí aparecen los famosos cheles. Ya las cadenas empezaron a venir. Y viene este señor que era el productor para Latinoamérica, vamos al hotel Camino Real, que era la base, y me dice “ah, vos Santamaría, mucho gusto, ya te conozco por tu trabajo”. “Mirá”, le dijo a Don Guillermo, “Santa se queda aquí conmigo”. Me quedé, pero yo a todo esto no sabía nada de los cheles, de cómo era en lo económico, pues.
¿Y qué pasó?
Pues ya cuando tenía como una semana me dice “hey, Santa, vení a la oficina”. Y me saca un fajo de billetes, papá, y dólares. Me tira esos billetes, “tuyo, un adelanto por lo que estás haciendo”. Y yo “no, ¿cómo? Si a mí Don Guillermo… “ y “nooo, si él igual te tiene que pagar, pero esto es otra cosa. No preguntés más”. Me reporto donde Guillermo de León y le digo “mire, don Guillermo, tal y tal cosa”, y él “ta bueno, hijo, agarre el dinero”.
Los cheles que venían con equipo mucho más sofisticado…
De León, además de enseñarte a trabajar, te enseñaba del carácter también. Cuando él vio toda esa monstruosidad me dice “nunca tenés que ahuevarte ante nadie porque no es la cámara la que hace las tomas, es la cabeza de cada quien”. Gracias a Dios le hice caso porque una vez había unos cheles y yo ahí con mi camarita, y se me quedan viendo de pies a cabeza. Cuando yo ya me meto de lleno a las cadenas me doy cuenta de que somos más limpios para trabajar que ellos. Ellos para sacarte una pieza de 30 segundos se gastaban hasta diez casetes de UMatic, de 20 minutos. Y nosotros aquí con las limitantes. Los cheles cuando llego me dicen “te pido que gastés más material”. Y yo “vaya, correcto”, ya hacía tomas de cinco minutos, ya me clavaba, pues.
¿Y no te costó el paso de cine a video?
Sí, porque la primera cámara de video que Don Guillermo trajo no tenía motor. Era manual, y como él también desconocía y la compró sin manual quizás, empezamos a hacer tomas y me decía “a mí me han dicho que esto es automático”. Pero qué, descubrimos que no era automática, era manual.
A nosotros nos han contado un par de cosas de cuando era De León reportero y el Chele Santamaría de cámara…
Ah sí, es que como en la efervescencia de este asunto, a diario en el centro eran las matanzas, pues, los enfrentamientos. Llegó un momento que me dijo “mirá, te voy a acompañar”. Y yo le dije que se pusiera buzo entonces, y él, como siempre bien ingenioso, él veía que los cheles traían los “boom”. Y me dice “mirá, yo voy a inventarme algo, vamos a la ferretería”. Compró como dos metros de poliducto, metió el cable ahí, y chas, “mirá, ya tenemos boom”.
Ja, ja, ja, ja.
Y normalmente él no estaba a la par mía, por eso cuando empezó aquel chiste, aquella frase de “agachate, Santamaría, ahí viene la bala”, y yo decía “¿Y por qué me dicen así, pues?”. Y yo tal vez estaba en una esquina tomando las tomas, pero él estaba más atrás, donde había algo más grueso, pero él narraba, y como no usábamos audio, entonces él narraba la historia y él veía y me decía.
¿Y vos no lo oías?
Yo nunca lo oí.
Ja, ja, ja, ja.
Y cuando él podía evacuábamos el casete, él se iba y yo me quedaba hasta que pasaba y podía evacuarme. Cuando ya salía al aire aquello él me mencionaba, y yo sin saber. Entonces empecé ver los videos. Ahí fue eso de “agachate, Santamaría, que ahí viene la bala”. Pero yo qué le iba a oír.
Ja, ja, ja, ja.
Ahí ya le gustó eso a él. Y cuando había marcha le decía “don Guillermo, vámonos”. Pero eso sólo en la ciudad, ya lejos no iba conmigo porque él tenía que ver lo del programa, no como ahora que hay productor y todo. Él era amo y señor. A mí me gustaba irme cuando tomaron la carretera “x” los de la guerrilla, pero teníamos un impase, no lo permitían, había limitantes de la Secretaría de Información de la presidencia. Censurado. “No, esto no lo pongás”. Teníamos un redactor que trabajaba en el Ministerio de Defensa, entonces él mismo contribuía a decirle “no vaya a sacar eso, lo van a cerrar”. Se llamaba Joaquín Pineda. Pero una vez era ya tan obvio y tan grande lo de la toma de carreteras que ya no se podía, y nooooombre, a la gente le encantó eso, si fue un boom incluso comercialmente. Teleprensa tenía media hora, de 1 a 1:30. Eran las 2:15 y pasando noticias del conflicto. Y mucha gente decía que estábamos en vivo, pero no era en vivo, evacuábamos material y yo seguía grabando.
Y para entonces eran todavía el único noticiero en televisión.
No, bueno, estaba también Telediario, pero era más social que informativo. Es más, cuando se agravó la cosa y vio que en eso había pisto, a su gente la metió con la cadena NBC, que por sus malas prestaciones laborales a ese personal lo absorbió las cadenas. Teleprensa era más noticioso. Me acuerdo que con los fotógrafos, hubo un cuate que murió rápido. Yo estaba aquí protegido en esta esquina, pero él ahí se iba a hacer la foto, y para eso tenías que tener adiestramiento militar, pues. Yo no iba a hacer eso con esa babosada y con el asistente de cámara atrás. Don Guillermo, como era buzo, mandó a hacer la bolsa no guindada acá, sino que como mochila.
Yo me la zampaba… porque al asistente le daba miedo. Y me ponía a correr…
Estás hablando de un noticiero a pura creatividad. No había recursos, pues con poliducto. O mandamos a hacer la mochila.
Cuando Teleprensa se convierte a 24 horas... poco a poco aquello desapareció… hombre, da tristeza. Da Tristeza. No era solo por ganar y comer mis frijoles… no. Era algo más. Yo lo sentí. Pero aquello cambió. Aquel día me preguntaba alguien, ¿mira, y tiene 50 años Teleprensa? No sé exactamente. Yo llegué en el 73. Pero para mí Teleprensa, al que se le debería celebrar su cumpleaños, desapareció hace años. Desde que se convierte en canal.
Pero se convirtió en canal cuando Canal Dos los sacó.
Sí. Ya ahí yo ya no estaba con ellos. Yo me retiro a la muerte de Don Guillermo. Aguanté casi un año.
¿En qué año?
De León muere en junio del 85, yo me zafo en diciembre del 86. Me voy porque soy de los que pienso si uno dura en un lugar es por que capacidad, porque no das motivo de que te corran. Cuando muere el padre, los hijos…es otra mentalidad. Primero, desconocían porque nunca se involucraron. Estábamos en la vela de De León, le decimos al varón que tome las riendas. Se lo dijo Max Hernández, uno de los mejores vendedores, se lo dijo la gente de oficina y yo. Él dijo que no. Y nosotros le dijimos que lo íbamos apoyar. El insistió. “Me gradué de ingeniero, -estaba trabajando en el helipuerto de San Miguel-; y entonces se queda mandando Angélica. Y empezaron los choques. Ella prefirió gete que sólo le gustaba el güiri güiri. Con el que me tromponeé dos veces, un redactor que se llama Salvador… se me olvidó el apellido. Cuando murió De León le dije: vos sos el más feliz. A él le dábamos el material, ponía el papel en la máquina, y le decía De León: ¿a qué horas esa nota? ¿Sabes qué hacía De León? Le sacaba el papel y se lo daba a la secretaria. ¡Él le dictaba, le redactaba! Este muchacho quedó bien con la señora Angélica, era su protegido. Ahí empezaron los choques. Yo nunca fui jefe de cámara de Teleprensa con De León. Ahí era parejo, el jefe era él. Que era su caballo de batalla, por eso me apoyó un resto, en muchas cosas.
Los hijos vienen y me dicen: vos sos el jefe. Ah pues, hablemos de plata. Reunieron al personal para decir que yo era jefe de cámara. En aquel tiempo yo ganaba 750 colones. Terminó la reunión, y les digo que el nombramiento cuesta algo. Y me dicen: hoy vas a ganar mil. Mil bolas dije yo. 250 de una sola vez, cunado los aumentos de De León eran de 10 colones. Él era metódico. En el 73 llegué ganando 90 colones, y en el 86 ganaba 750.
Guillermo de León fue mucho para vos.
Como un padre. Siempre lo halago porque era derecho. Y si tú le rendías, estabas bien. Yo fui su caballo y considero que le ayudé a hacer capital con todas esas ventas que se hicieron cuando me hacía de los cheles. Que me di cuenta, como a los tres años, cuánto pagaban las cadenas por día: 750 dólares. Comos a los dos años, me llama y me dice: vení hijo, me mandaron unas fichitas los cheles; y me regala150 colones. Y yo ganaba como 120 al mes. ¡Puta, que vergón! ¿Qué hice? Me llevo a los compañeros al Golden Fish, una cervecería que era muy buena, que llevaban un pescadito. Don Guillermo esto y esto… ¡qué bueno! Al siguiente mes me da 50 colones. ¡Igual me fue al Golden Fish! Pero ante todo buen padre, porque siempre guardó lo que trabajamos los empleados. Yo nunca he pedido un cinco más ni nada.
¿En el 86 adónde te vas?
Después de los choques con los hijos, le dije a Guillermo hijo: Mirá, creo que a tu papá le ayudé a hacer dinero y yo ya no me siento bien en la empresa y me voy. Aparte de eso, tenía un gusanito que me llamaba allá por Los Ángeles. Una querencia.
¿Una gusanita?
Una gusanita jajaja. Así me fui en diciembre del 86 en avión. Con Guillermo ya habíamos acordado que me merecía el 100 por ciento por los años trabajados. Pero un día lo veo y le digo: veo que ya hablaste con Angélica. Y me dice: si mirá, el equivalente a un 75%. Dámelo pues que ya me voy. No, mirá, ahorita no tenemos dinero. Yo tenía una deuda porque a De León Padre… él me decía: qué tenés. Ando sin pisto. ¿Cuánto querés? 200 pesos. Vaya. Claro, firmado. Me hicieron la cuenta, teníamos la deuda ahí. Me descontaban un poco de aguinaldo... pero no tenían pisto. Tenían canje con Taca y me dieron el boleto. En aquel tiempo valía tres mil y centavos y con validez de un año el tiquete. Y me fui. Pero una cosa era aquí y las cosas allá cambiaron así que decidí regresarme.
¿Y allá qué hiciste?
Me dieron el contacto de Raymundo Díaz, que estaba en el canal 54, que funciona en Glendale, y lo fui a visitar. Me recibió, me conectó. Yo llevaba unas pruebas, las únicas que saqué de un video. Le gustaron al productor y me preguntó ¿cuál es tu situación? Ilegal, tengo visa pero no papeles para trabajar. Cuando arregles tu situación venís, porque me gusta tu trabajo. No se pudo. La gente donde llegué era de aquellas gentes que tenían 20 años allá pero sin papeles. No me iban a dar una visa. No se pudo. Me quedé en una fábrica que hacía marcos de fotografías. A los seis meses llegó uno del canal 54 a preguntarme que sí había arreglado algo. No. Decidí regresarme.
¿Ya no estás con la misma esposa?
Falleció.
Lo siento.
Falleció el 24 de diciembre de 1987, en un accidente. Estábamos en la casa de mi mamá y se metió un baboso con un carro -iba drogado y borracho- e hizo un destrozo grande y ahí murió mi esposa y la madre de mi hijo. Ya cuando regresé me dediqué a la freelanceada. Ya las cadenas me conocían. Me fui al hotel, al Camino Real. Que ahí se manejaba todo. Mirá, estoy a la orden. Sí, sí. Y de repente: ¿Chele qué estás haciendo? Nada. Tenés tres días… Conseguí a un mexicano que me alquilaba el equipo y también Sergio Gallardo. Con Sergio nos conocemos desde hace muchos años, desde el 74, 75. Había veces que no salía de camarógrafo, pero no había que estar con penas. Mira, de sonidista una semana, 75 dólares. ¡Juega! Motorista, juega. Hacer mandados. Imagínate cómo botaban la plata. Págame estos recibos… 100 billetes.
PTM pues
¿Qué es eso? Jajaja
Pa toda… madre.
Ja ja ja. Sí, PTM.
Marañón pues.
Marañón. No hay que aturrarle la cara al dinero mientras sea honrado. Me involucré con CBS en el 87. Nunca fui staff, sólo freelance. Trabajé casi cinco años con ellos.
Ahí tenías que adaptarte a la dinámica de ellos.
Sí. El equipo yo lo ponía. Era el de un mexicano del staff de ellos, una Sony, ya Betacam. El trabajo lo había aprendido con la gente de ABC. Para ellos es toma estable, si se puede usar trípode, largas las tomas. Así el editor escogía.
¿Y Delfín?
Está en España. Por cierto, mi gran chero… me dejó enhuevado de fiador en Simán. Hace un año me dieron la novedad. Mire, por aquí lo tenemos; fíjese con don Delfín Rosales; usted era el fiador, no pagó; así es que le vamos a solicitar que pase. Ni modo.
No tengo contacto con él. Dicen que está metido en La Marina. Es que ese hijue puta es loco.