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Plática con Chac, indigenista
“Yo no le pido a dioses indígenas”
Su nombre es Roberto Wilfredo Pérez. Pregona el náhuat al mismo tiempo que se mercadea como un indígena en tiempos modernos para vender sus pitos de madera y hueso. Se dice autodidacta en el manejo del idioma de nuestros antepasados, pero confiesa que aún le falta mucho por aprender. Vende sus artesanías en Panchimalco y desde ahí viajó hasta La Ventana, cargado de sus pitos (con los que imita sonidos de pájaros) para contarnos su paso por las artes marciales, la Universidad Nacional y la marcha de 1975, hasta el Chac que vende pitos para subsistir y busca permanentemente salvar las tradiciones de donde vende artesanías.
Por Edith Portillo, Sergio Arauz, Daniel Valencia / Fotos: Frederick Meza
cartas@elfaro.net
Publicada el 29 de octubre de 2007 - El Faro |
Usted no nació hablando náhuatl, ¿o sí?
Todavía lo estoy aprendiendo y trato de rescatarlo. Mi aprendizaje es lento pero es bastante investigativo. Para utilizar una palabra y explicarla primero debo investigarla. Aprendo solo, no tengo maestros.
¿Cómo aprende?
De los libros. Anteriormente, desde los años ochentas, me empezó a gustar el náhuat. Me dio inquietud por aprender la lengua ancestral. Nosotros, todos, lo hablamos en pequeñas palabras comunes como tomate, huacal, aguacate, güisquil, atol, son palabras de origen náhuat. Y como le digo, he aprendido sin maestros. Tuve un libreto de Pedro Geoffroy Rivas, que se llama La lengua salvadoreña. Me lo memoricé. Siempre me han gustado los idiomas. En la universidad hice como dos años de idioma japonés.
¿Estudió en la UES?
En el 75 iba para ingeniería agronómica, pero como comenzó la efervescencia política y la persecución de estudiantes me retiré. Yo soy uno de los sobrevivientes de la masacre del 30 de junio de 1975. Yo estuve ahí, en primera fila. De milagro estoy vivo.
¿Estuvo en la marcha?
En la punta iba.
Cuéntenos.
Me gustaba el idioma japonés y en aquel tiempo yo estaba en artes marciales. Aprendí. Entonces, en la marcha, en la que se protestaba por la represión a los estudiantes, nos integramos como todo estudiante.
Usted pertenecía a algún…
No, nada. Fui porque quise ir. Iba en la parte de en medio de la marcha y a la par mía iba un compañero que practicaba otro estilo de artes marciales. Y él comenzó a sacarnos uno por uno.
¿Por qué?
Nos dijo: ¡los de artes marciales a la punta! Nosotros fuimos, sabíamos que había enfrentamiento, pero no esperábamos armas.
A la punta a pelear les dijo.
Sí. Contra los antimotines y sus garrotes. Nunca pensamos que nos iban a agarrar a balazos.
¿Cuántos eran los de la punta?
Logré contar de artes marciales a unos 25. Hay una foto histórica donde están cruzando, sobre la 25, un grupo de estudiantes y atrás está una tanqueta, por el hospital Rosales. Entonces, en ese grupo que está cruzando la calle, ahí iba yo. No nos dejaron salir. Ya íbamos a agarrar la Rubén Darío para buscar el parque Libertad, y ahí nos cercaron.
¿Quién?
La Policía de Hacienda. Sólo recuerdo que salió un tipo con sombrero y saca una 38 larga y empezó a disparar. Ya no pudimos avanzar. Yo no veía lo que pasaba (del otro lado). Les narro lo que nos pasó a los de la punta. Un grupo que nos conocíamos y no nos conocíamos, nos atravesamos una taller, de ahí a la calle… ya llegando al Rosales (para ir a salir a la Fábrica la Estrella) sólo pudimos tirar dos que tres piedras. La tanqueta de milagro no nos disparó. Recuerdo que un estudiante estaba totalmente herido y me dijo: ayúdame.
¿Y qué hizo usted?
¿Cómo le ayudaba si detrás de mí venían los machetes de los soldados? Mejor aquí corrió que aquí cayó.
¿Cuántos años tenía usted?
Andaba por los 21.
¿Qué hizo después de la marcha?
Del 75 al 82 le ayudé a mi papá en la carpintería.
¿Por eso puede hacer estos pitos?
Sí, pero ya no trabajo en eso porque es muy pesado.
Usted no nació en Panchimalco ni se crió allá. ¿Cómo le interesó estudiar náhuat e instalarse allá?
Es porque el lugar es antiguo. A Panchimalco aún llegan estudiantes preguntando por gente que hable náhuat y yo llego a promover mis artesanías. Desde hace mucho tiempo yo quería hacer maracas, pitos… trabajo con hueso también. Yo tengo la habilidad de que si usted me trae cualquier basurita, de esa basurita le hago una artesanía.
Usted también ha hecho danza.
Me gusta el folclor y me metí al grupo Maquil. Ya no tengo tiempo de practicar la danza, pero todavía hago papeles especiales como la yegüita, Don Simón, la hago del pollero que ataca a la Siguanaba. La hago de viejo también con una máscara. Soy el que más hago reír a la gente.
¿Por qué Chac?
Chac lo tomo porque es un nombre corto. Son solamente cuatro letras, preferí tomar un nombre indígena para firmar mi obra. No quise ponerle Roberto ni tampoco Pérez.
¿Cuál es su nombre completo?
Roberto Wilfredo Pérez.
¿Y por qué escogió Chac?
Porque es el dios de la lluvia, uno de los principales dioses de la época prehispánica, sería prácticamente el segundo principal. El otro es el sol. Y dentro de los rituales que se hacían al dios sol para que alumbrara siempre y mantuviera viva la tierra, y a Chac, el dios de la lluvia, para que diera los frutos de la tierra, los alimentos, usualmente en a cultura del maíz.
¿Y usted le pide a Chac?
Es que con respecto a eso soy muy práctico. La verdad es que uno tiene que ver cómo hace para subsistir. Ellos creían así, pero so no implica que yo voy a estar haciendo adoraciones. Eso no es así.
¿A usted lo criaron como católico?
Sí, soy más católico que de otra religión.
¿Y cómo fusiona lo católico con las creencias indígenas, de creer en todos estos dioses?
Es que yo no le pido a dioses indígenas, eso no lo hago. Si se le va a pedir a un ser supremo que se llama “dios” lo podemos hacer, lo importante es que nosotros nos mantengamos sanos y vivos, pero por lo demás nosotros somos los que tenemos que ver cómo le hacemos.
Entonces lo que usted busca promover es…
Es la subsistencia. No me fanatizo. Yo digo que no soy fanático de ningún partido político, de ninguna religión ni de ningún equipo de fútbol. Ahí les resumo.
Ja, ja, ja.
Es que yo veo cómo se pelean que por el Barça, por el Real Madrid. Eso pasa en España, eso ni pasa aquí.
¿Pero y por qué luce tantas cosas indígenas, los collares…?
Es que yo tengo que promoverme, promover mi arte. Prácticamente soy mi propio modelo.
Ja, ja, ja. Ya veo.
Y a la vez estoy rescatando lo indígena, que eso es uno de los patrimonios de cada nación.
¿Y no se pierde mucho del original arte y costumbres indígenas por presentarle algo más atractivo al turista?
Generalmente la gente extranjera que visita los lugares en cualquier parte del mundo anda buscando lo antiguo de ese lugar. Ellos lo que necesitan es una historia, una naturaleza, es una fantasía, porque entre todo esto también hay leyendas, hay fantasía. Y eso es lo que ellos buscan, no andan buscando otras cosas. Panchimalco es un pueblito pequeño que por los hechos de 1932 se pierde el idioma. Entonces yo fusiono lo que he aprendido, lo que me gusta hacer, y como me gustan los idiomas… para darle promoción. Prácticamente soy el único promotor cultural e histórico que hay en Panchimalco, y sin apoyo de nadie, y el apoyo me lo da la gente que me compra algo. Y generalmente yo vendo con extranjeros.
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