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Plática con David Pinto, director de comerciales de televisión

“La publicidad es como el gimnasio para hacer cine”

David Pinto es un hombre irónico y con una visión muy crítica sobre los intentos de hacer cine en el país. Ha hecho dos videoclips para artistas nacionales, ha asistido en cortos cinematográficos, y desde hace muchos años produce y dirige comerciales en formato de cine en El Salvador desde su propia empresa. Su principal escuela fue México, donde trabajó durante siete años y  conoció a algunos productores que ahora han adquirido fama como directores de cine. A uno de ellos, el director de “El Crimen del Padre Amaro”, lo trajo una vez a El Salvador para dirigir los comerciales de una compañía telefónica.

Daniel Valencia, Edith Portillo, Juan José Sánchez y Edu Ponces/ Fotos: Edu Ponces
cartas@elfaro.net
Publicada el 01 de octubre de 2007 - El Faro

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Empecemos por tu visión general, ¿qué pasa con el cine en El Salvador?
Bueno, no me quiero hacer responsable de esa respuesta porque está fuerte. Pero sí es muy simple: en El Salvador, para empezar, no hay cine. Lo que existe son intentos individuales por protagonizar y hacer cine, pero con protagonizar me refiero a que casi todos buscan ser protagonizar. Quieren hacer “la película”, que está bien, y la fortuna ahora que se está dando es que hay talleres, hay un montón de gente, y con la venida del internet y el video pues va a ayudar a muchísimos a que por lo menos empiecen a descubrir cómo contar sus cuentitos, en lugar de estar pensando en cómo hacer “la película” en 45mm y esas cosas. Es un buen ejercicio tener el video ahora.

¿Pero entonces es un problema de pretensiones desmedidas o de la calidad de formación  que la gente tiene en cine?
Creo que hay una combinación de ambos. Y la pretensión viene porque el que tiene la capacidad o la posibilidad de hacerlo no puede generar un equipo que pueda permitirle, por lo menos, construir las facilidades para contar su historia. Tan simple como eso, porque hay esfuerzos que sí hemos visto, pero de repente, ya sea que no cumplen con la calidad u otra cosa… entonces se puede juzgar no por la calidad de si es en video o no, pero sí he visto esfuerzos de gente que quiere filmar, quieren hacer algo, pero no tienen la historia, no tienen el cuentito. Creen que es una cuestión del dinero y el equipo, y para mí es también una cuestión de juntar el talento.  Se necesita un buen fotógrafo con propuesta, un buen director de arte con propuesta… pero no colocarse en la situación de que con el agraviante de ser salvadoreño, y que el esfuerzo, y aplaudirle el pequeño esfuerzo que haga para dejarlo a veces sumido en esa posibilidad de ya no hacer más. Por eso hablo de la forma pretenciosa en la que muchos quieren ser el primero en hacer tal cosa.

Pero entiendo que sí sos de la línea de que primero hay que educarse para andar camino.
Claro, y yo no digo que no se están haciendo esfuerzos aislados. Hay gente muy talentosa, o por lo menos tienen muchas ganas. Hay gente, me imagino, que a ustedes les han de llegar que quieren trabajar, pero talvez no le ves que pueda formarse por lo menos. O hay gente que tiene sólo dos meses y ya quiere que lo pongan en primera plana.

Ja, ja, ja, ja, ja. (David acaba de hacer su primera puntada en la plática. La primera de varias. Esta fue para Juan José, que desde hace dos meses trabaja en El Faro).
… entonces eso es justamente. Debe haber paciencia. A este trabajo ha llegado gente que empieza a trabajar, y ya en la filmación, el desvelo, cuando se pierde el glamour de lo que ven en los “making off” o lo que ven en la tele, desaparecen. No quieren ser el que coloca las cosas, el que pone el boom, no quieren ser sonidistas. Quieren ser directores, o fotógrafos, o los que protagonizan algo, pero no ser parte de eso. Y obviamente cuando ustedes llegan a un lugar, saben que hay un proceso natural que lleva esto y ahí se va descubriendo a la gente que le interesa. Además, las posibilidades de prepararse, si aquí no hay una escuela de cine. Yo, por ejemplo, me acerqué al cine a través de revistas, de “American Cinematographer”, ni siquiera internet tenía.

¿Y vos dónde te formaste en cine?
Yo estudié Comunicaciones en la Matías, porque no había dónde estudiar cine. Después busqué en revistas, en libros, fui muy autodidacta. Pero luego encontré un taller, en Maine (Estados Unidos), que vino a resumir un poco… porque yo no teníamos, digamos, la posibilidad de tener una carrera después de lo de Comunicaciones.  

¿Hace cuánto fue eso?
(Silencio) Je, bueno, si me quieres maltratar…

Ja, ja, ja.
Fue… a ver, yo salí en el 87 de la Matías. Trabajé inmediatamente después, afortunadamente, me sacaron para trabajar en unas casas productoras, que no me gustaban, la verdad, no sentía que estaba aprendiendo. Y fue hasta el 91 que pude irme a Maine, estuve unos meses ahí haciendo talleres. La comunicación a lo que ayuda, y es fantástico, es la parte de la cultura general, que para mí es valiosa. y eso es lo que permite también que no seas un técnico. Porque técnico podés ser, y hoy es bien fácil, recibís un curso y ya sos un técnico. O fotógrafo, ahora con lo digital.

(Edu, nuestro fotógrafo, con su cámara digital en mano, captó bien la segunda puntada).

¡Qué ahuevada!
(Risas de todos en la mesa)
Ja, ja, ja. No, no, lo digo porque eso ayuda a que ahora la gente vea que es muy fácil, que es muy práctica la parte técnica.

A ver, ¿pero y lo de Maine cómo fue?
Ahh, es que fue gracias a un accidente. Porque tuve un accidente que me permitió hacer una pausa en el trabajo. Y con ese accidente, que fue un accidente automovilístico, me dieron un dinero, de la compensación del seguro y esas cosas, y entonces eso me permitió pagar los cursos. Fue un accidente de moto, me chocaron. Entonces con ese dinero me lo pagué, y allá en Maine conocí a mexicanos que ya eran “pro”. Yo ya dirigía en El Salvador, pero ellos eran asistentes. Pero demostraron sus trabajos y yo dije “no, esto es otra cosa, ya es otro nivel”.

¿Qué dirigías ya acá?
Comerciales, ya filmaba en 16mm.

¿Estabas ya en Valle Films?
Sí, en Valle, que ahí estaba con Virgilio Valle, que estudió en Alemania y bla, bla, bla… ahí fue donde yo me junté con él, que pasé del hoyo de pasar de una casa productora a otra… y me junté con él porque era cine. Y justamente ahí mismo me desprendí para irme a Maine. Cuando estaba haciendo ya algunos trabajos, estos compañeros me invitaron para que fuera a México. Entonces hice un proyecto que me permitió pagarme un boleto y un mes de vacaciones, en enero. Llegando a México, llegué un domingo y el lunes ya estaba en el doblaje de una película, el martes en una filmación, el miércoles en una post producción. Cada uno de ellos, eran cuatro, me fue invitando a sus trabajos. Y la semana siguiente me invitaron a que yo hiciera un “making off” (un material sobre cómo se hizo otra producción). Yo ni sabía qué era eso. Y me explicaron entonces que era como el detrás de las cámaras, un documental de cómo se hacían los comerciales. Yo lo capitalicé y dije “ok, lo que me va a permitir es seguir con mi taller de cine”, era como tener un pase para entrar a cualquier parte con la camarita. Y eso hice. Eran dos comerciales de Kodak, era estudios Churubusco.

Lo empecé a grabar y todo, hice la música. Me permitió también dirigirlo, fotografiarlo… cuando lo vieron, Simon Bross, se llama, de García Bross, que es un director de comerciales y que ha hecho una película ahora, “Malos Hábitos”. La cosa es que él vio el “making off”. Llegué en la madrugada a presentarlo, lo entregué. Y ahí viene lo de cómo me quedé en México. Yo no había ido a vivir a México. Pero me dijo él “bueno, tengo ahí un proyecto que se llama Cambio 16, quiero que tú hagás cámara y esto y lo otro”. Entonces me asusté y dije “¿qué onda aquí? Yo solo venía de vacaciones”. Habló con el director, que era un húngaro, y este le dijo al dueño de la compañía “David empieza a trabajar desde hoy”. Y yo que apenas llevaba dos semanas en México, no tenía papeles, no tenía dónde vivir. Y que “nosotros te arreglamos todo”. Y bueno, tenía que tomar la decisión. “Este es el momento”. Había una empatía también en la forma de trabajar.

¿No te costó adaptarte?
Para nada, es cuando la teoría se vuelve práctica. Todo lo que había leído agarra forma. En cambio aquí, cuando yo me fui, el creativo dirigía, y la casa productora lo que tenía era equipo. Entonces básicamente rentabas el equipo para que hicieran ese trabajo. Así que al día siguiente ya estaba en la preproducción de una campaña de General Motors. Y bueno, afortunadamente entré por ese camino. Además ya llegué grande, ya no tenía 18 ni 21 años. Entonces cuando pasa esto ya empecé a filmar sin parar, y era como estar inmerso ya en lo práctico de todo lo que había visto en las revistas y los libros.

¿Y uno de estos cuatro amigos que mencionaste era Carlos Carrera (director de la película “El Crimen del Padre Amaro” y ganador de la Palma de Oro en Cannes por mejor cortometraje con “el Héroe”)? ¿O a él lo conociste después?
No, después. Es que ya estando en esa casa productora, tuve la invitación para asistir a la dirección, con Carlos Carrera, porque, de alguna manera, me había preparado para técnicas como el “stop motion”. Había trabajado con la compañía de González Iñarritu (director de las películas “Amores Perros” y “Babel”), que tenía una casa productora y él había montado una campaña para Televisa. Entonces uno de los directores que él llamó, me llamó para asistirle a un comercial que iba a ir cuadro a cuadro, un “stop motion”, o pixelación o como se llame. Entonces esta productora vio que yo ya había estado relacionado con eso. Le comentó a Carlos y dijo que sí, que habláramos. Así fue como lo conocí. Le asistí un cortometraje de dibujos animados, él me pedía que dibujara, porque yo antes también dibujaba… pero perdí la habilidad, por flojo.

Pero la cosa es que sí trabajé con él en “El Héroe”, que es un corto que duró un año y pico trabajándose. Y en ese año yo ya sentía la necesidad de seguir trabajando en comerciales también. Carlos también, de hecho él se fue a una compañía donde yo trabajaba, porque me decía “bueno, yo también necesito generar…” es que decimos que cine con la publicidad siempre se han llevado muy mal, pero lo necesita. Porque los comerciales tienen esas propiedades alimenticias que te permiten hacer tus proyectos. Me lo llevé a la compañía, empezó a dirigir, yo empecé a asistir. De hecho, lo traje una vez para dirigir la campaña de Telecom, cuando vinieron los franceses y compraron la telefonía. A Carlos le pedí que él dirigiera esos comerciales, porque yo estaba dirigiendo Telefónica. Por ética. Ja, ja, ja, ja. ¿Cómo cometí ese error? Pero bueno… fue ahí donde conocí a Carlos, casi no le hablo pues, pero cuando voy a México, afortunadamente el trabajo me permite seguir yendo a México, porque las post producciones o revelados me toca ir, también a filmar ahí.

¿Cómo funciona el proceso? ¿Llega el concepto terminado o podés meter mano ahí?
Afortunadamente, esa es una de las razones por las que me siento más cómodo acá que en México, acá se puede meter mucha mano y en México se puede meter muy poca mano. Hay demasiada gente y la gente que está ahí no contribuye y cuida mucho su proceso. Acá si te dan un guión, una historia, afortunadamente te cuentan el concepto, de qué se trata, te cuentan cuál es la idea de hacer esto. Te dan un guión y de ahí partimos, te dan como un mapa donde podés desviar o tomar atajos. La ventaja es que te permite hacer cosas y practicás cosas. Esa es de las grandes bondades de la publicidad, es como el gimnasio para cuando quieras hacer algo para cine.

¿Cuánto tiempo estuviste en México?
Estuve siete años. Y a los cinco años empezaba a venir a filmar a El Salvador, me llamaban porque la compañía que yo había abandonado me invitaba para que yo viniera a filmar comerciales. Venía a filmar, me regresaba, filmaba y me mandaban que yo les ayudara con la post producción y eso es lo que me llevó a quedarme en El Salvador. Venía acá por un proyecto y me decían “salió este otro”. Me sentía más cómodo, también la calidad, cansado del D.F., y uno dice “qué rico, allá trabajo menos y gano más y aquí trabajo más y gano menos, pero no importa”. Lo que trabaja de alguna manera forma a los otros. Sufría mucho porque cuando venía no tenía todas las bondades que te da la industria, porque sí la publicidad está ya muy industrializada en el sentido de equipo técnico, personal, tiene hasta opciones. Acá no tienen opciones, ni modo… les toca recurrir a nosotros. Ja, ja, ja.

¿Y qué tanto se gasta en cine para producir un comercial?
No es tanto el volumen.

Pero ha de ser sustancialmente más caro.
Es sustancialmente más caro, pero los agentes de publicidad también tienen bien claro la calidad que genera el cine. Con la llegada del HD, hemos empezado a hacer cosas con HD en 24 cuadros, que emulan el cine, pero realmente no se logra. Se reduce la calidad cuando llega a los canales de televisión, que no cuidan control de calidad, ahí es otro tema.

¿Cuántos anuncios has hecho?
Nunca los he contado, nunca me he hecho esa pregunta… No sé, no hay. Pero si he hecho uno al mes, hacé cuentas, pero a veces hacés tres en un mes, o seis en dos meses o más.

¿En el 98 viniste?
Regresé casi en el 98. Fue como una disolvencia, dije, hoy me voy a llevar estos calcetines, hoy me voy a llevar….y así. Creí que ya había formado raíces cuando me tuve que comprar un carro acá, para que no me… para movilizarme, en ese año más o menos. Lo tenía, me iba y dejaba el carro acá, en México también tengo un auto, para cuando llego. Cada vez que filmo en 35 (mm) revelo en Miami o en México. Cuando quieren filmar en México, la ventaja es que sin tener la casa productora, pero tuve una casa de post producción. Filmar en México me permite dar precios… no los de acá. Llamar a mis amigos, al fotógrafo, al fulanito, que son  de la generación esta con la que crecí. Crecí en la parte cinemática.

¿Y Relativo Fimls (su actual casa productora) cómo nace?
Sale de un divorcio, de Valle Films… durante tantos años trabajaba por pasión, todavía sigo trabajando por pasión y me siguen pagando. Lo que pasó con Valle es que la compañía no crecía, no invertía en equipo, yo empecé a invertir en equipo, yo compraba el equipo, compraba una cámara de cine, yo compré algunas cosas. Las traía, pero la compañía no era mía, yo dije “quiero percibir algo de lo que yo he puesto, incluso de mi trabajo”. Yo no recibía por dirección, estaba tan contento que hacía lo que me daba la gana. Esa era una ventaja también. Nos divorciamos y surgió Relativo, hace cinco años.

¿De la generación de la Matías, nadie se ha destacado en esto?
En publicidad sí, hay mucha gente, en agencias. Sí hay creativos, ejecutivos, pero en el medio este así no. Hubo uno que era compañero mío, asistente de cámara, de la misma generación. Pero con el divorcio también…

Dijiste que las primeras casas productoras en las que estuviste no te gustaron mucho.
Eran en vídeo, no sabían nada, simplemente tenían equipo. Yo quería aprender, y Virgilio no tenía equipo, pero sabía. De escondidas me agarraba la cámara y me iba a filmar.

¿Es más una buena escuela?
Si, era por escuela, era la única persona, no hay opciones.

¿Y ahora?
Hay opciones, hay dos.

Ja, ja, ja, ja.
Es terrible, pero bueno. Por eso es que yo…

Son polarizantes…
Ese término se los ha enseñado El Faro.


Ja, ja, ja.
Hay casas productoras, muchas opciones, se van a filmar a Argentina, Guatemala, de Guatemala filmamos nosotros para Guatemala. Hay otra casa productora, se dedica a lo mismo, no es mi competencia, les da risa. Pero trabajamos distinto. Ellos tienen como tres directores, un edificio. Y nosotros apenas tenemos ahí,  no hemos arreglado ni la recepción.  Nos enfocamos más a otra cosa.

En relación con Centroamérica, ¿como está El Salvador en esta área?
Bien. En Costa Rica tienen un equipo de gente, filman mucho más, tienen gente más preparada y hay más opciones. Hacen cine, hacen películas, de hecho acabo de ver una película costarricense, algo hacen, no importa, no tiene que ser maravillosa la película, pero… que se vea que están comprometidos con el cuentito, no con la historia. No tiene que salir de ahí un González Iñarritu, no estos que están de moda y son pura moda. Pero sí tiene que ver mucho que Centroamérica busca tener la calidad en la realización, no hablo de la parte creativa, pues es otro tema. Pero en equipo, hay vestuaristas, hay equipos de sonido muy profesional, cosa que aquí no existe, a pesar de la publicidad.

¿Hay potencial?
Siempre voy a decir que hay potencial, lo que pasa es que no sé donde está.

Pero hay quien pague.
Sí, lo hay, poco, pero hay. Pero si lo estás planteando…

Hablo de si hay alguien que financie.
 Sí, buena pregunta. No hay quién pague todos esos servicios, pero sí los puedes tener. Y nosotros estamos mal acostumbrados a que por poco damos mucho, digo los que trabajamos en el medio. Ahí es donde nos permite ejercer casi como cuando ustedes lo hacen en la Universidad. Haciendo de tripas corazón, sacando provecho a todos los recursos. Si ves un proyecto por nosotros y se lo muestras a alguien en México, les dices las condiciones y lo que costó, no te lo pueden creer. No te lo pueden creer porque ellos… Igual tú sabes que en otra parte hay otros recursos, que se paga además el talento. Cosa que aquí no se paga, te pagan los servicios. Les da igual que me haya preparado en tal parte y que el otro sea alguien que lo que quiere es un negocio, y te va a cobrar menos, obviamente menos, no importa la calidad. Porque la calidad la mide en que por menos va a tener una calidad muy parecida. Es como el tema de la piratería y la marca.

¿En el medio qué abunda más, la calidad o la cantidad?
Hay una lucha por obtener calidad, pero una calidad de realización, no de comunicación, que es lo más complicado, la dirección de actores. La parte cosmética es bien complicada, es lo que buscan, y eso se confunde con calidad. La parte cosmética es lo que ves en los comerciales, la modelo está bien linda, pero no ves un compromiso narrativo, aunque sean zapatos.

¿Cómo es un anuncio bueno?
Uno que te atrapa realmente. Y además te está dando un servicio que ya conoces, pero te lo da de otra manera, te está ofreciendo otra cosa. Todo es relativo. Alguien puede hacer esa pregunta como cliente, para él es qué es lo que más le va a vender. Para nosotros es el que tenga ambos, tenga buena narrativa, tenga buena calidad y que se salga de los clichés. Ya estamos todos cansados, y ustedes también… salen “vea no sé qué” y acarician el producto…

       
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