Esa botella de whisky habrá estado… jajaja esa anécdota me interesa, cómo se llegó a tal decisión jajaja.
Bueno, ¿saltamos de una historia a otra?
Pero contá la de la botella hombre…
Jaja… en Los Cóbanos ha habido momentos que me he peleado. “Y no voy a bucear y me voy”. En una de esas me fui a bucear a Ilopango. En Ilopango hay un cerro hundido. Está como a 60 pies. Y luego baja a 400, 500 pies. Negro, negro. Buceando en la parte superior del cerro me encontré una botella, con la parte de abajo redondita, que decía: Coby & Company. Belfast.
¿Irlanda?
Empiezo a investigar la botella y resulta que es de las primeras botellas de ginger ale que se hicieron en el mundo. Conjugué que esa botella era de alguien que había llegado a Acajutla, llegó a ver el volcán de Ilopango, que todavía estaba echando humo y la botó ahí. Es una loquera que me inventé. La casualidad: tira la botella, tiene que ver con Acajutla y los barcos que venían, y eso me dice que tengo que regresar a Acajutla y los barcos.
¿Y por qué te peleas con Los Cóbanos?
Porque me fijo sueños y metas en al mente que van creciendo creciendo, creciendo en espiral, se va haciendo amplia y más amplia…. Tal vez con la comunidad de Los Cóbanos como tal, con quienes inicié mis primeros pasos. Me fui involucrando con la gente, viendo el potencial de esa gente en conocimiento de pesca, puchica, conocimiento específico de dónde bucear, de los arrecifes sin necesidad de haber bajado con tanque.
Es decir, que las piezas que sacaron del otro barco las sacaron los pescadores a pulmón limpio.
A pulmón limpio.
¿Y a qué profundidad está el barco?
A 32, a 33 pies. Yo le llamaba a Mario Campos. Él es quien más conoce ahí. Mario Campos me decía: “Adónde quiere ir”. Yo le decía que a un lugar donde hubiese abanicos, porque andaba con la pila de los abanicos. Llegado al lugar, sin GPS, sacando coordenadas a puro ojo, me decía: “Va a bajar. A mano derecha va a encontrar una peña grande. Del otro lado están los corales. Él me indicaba. Eran los 30 años de estar tirando anzuelos en el mismo lugar, de estar midiendo profundidad, temperatura.
¿Eso no lo ha visto él? Solo lo ha notado.
Él te puede llevar de noche, agarrando luces como puntos de referencia; y de día, agarrando montes y árboles. Te lleva alrededor de 300 lugares distintos. Y así como él son todos. Poco a poco fui entendiendo a esta comunidad, que no era una comunidad cualquiera. Una comunidad que por A o B razón están ahí; y que tienen que ver con los barcos hundidos. Yo me imaginaba a esta gente viviendo en sus ranchitos, y estos grandes barcos de vela pasando en frente, y ellos con su canoita de madera. Hace 40 años, cuando Mario Campos conoció Los Cóbanos, iban a las playas y en las pozas miraban los pescados y con machete lo chuteaban y sacaban los (pescados) boca colorada. Si querían cangrejo, solo movían los árboles de morro, ponían costales en el suelo y caían los cangrejos. Era el paraíso.
¿Seguís pensando que todo este lugar tiene ese potencial?
Sí. Mirá, sigue teniendo la misma magia; pero a la misma vez tiene el ingrediente que no sé si es latinoamericano o salvadoreño: no nos gusta ver ojos bonitos en caras ajenas. Entonces el vecino mira al otro que está al lado y trata de bajarlo. No ha habido una integración. Hemos tratado.
Por ejemplo, Mario Campos, desde que tuvo GPS, dijo que iba a comenzar a registrar los lugares. Comenzó a anotar con su GPS ubicación, temperatura, coordenadas. 140 lugares identificados con nombres, ubicación, apuntados en un cuaderno. Y para que no se le perdiera, había apuntado lo mismo en otro cuaderno y lo tenía escondido. Ahí nació la idea de Mario, de un documento valioso. Paralelamente estaba el proyecto de hacer la reserva ecológica de los arrecifes. Entonces nació la idea de hacer un documento que le podamos vender al Ministerio de Medio Ambiente. Ellos están queriendo hacer un parque y no tienen nada. Mario Campos era clave.
¿Y qué pasó?
Fue dándoles ciertos límites, ciertas cosas para comenzar esos documentos. Llegó un momento en el que le dije a él que ya no más. Así es que comenzamos después a hacer un documento visual. Conseguí mapas de profundidades, ubicación, Photoshop. Él escribió un poco de su historia de cómo llegó ahí. Al final sacamos un documento que la primera parte es la historia de Mario y la siguiente parte es lo técnico. Comenzamos a quererlo vender. Mario lo que quería era una lancha y un motor. Llegó una señora un fin de semana al hotel y le encantó la convivencia de los niños, del lugar. Entonces el lunes que vino de regreso, me habló y me dijo que me quería felicitar por ese lugar, por la gente. Me preguntó cómo podía ayudarlos. Le dije que había un personaje, llamado Mario Campos, que quería una lancha y un motor. Fui donde Mario, y le pedí el libro. Mario me dijo que qué podíamos hacer. Yo le dije que el derecho de autor era suyo, que ahí que viera qué hacía. Me dijo que lo iba a donar, pero no sabía a quién porque en el museo nacional se pierden las cosas. Total ella dijo que lo iba a comprar.
¿Y se la compró?
Le mandó a hacer la mejor lancha y con el mejor motor que podía comprar acá. Hoy tiene Mario Campos una lancha que hizo con el mejor motor para el turismo de pesca y buceo. ¿Por qué te cuento esto? Porque Mario Campos me ha llamado y me ha dicho que le haga un documento que le haga constar que la señora le ha regalado la lancha porque, en la comunidad, se ha levantado el chambre que él se encontró coca, que ha vendido droga. Y que con eso ha comprado la lancha.
A lo que voy es que no hay solidaridad. Igual que con el libro de fotografía. Se me acercó un local y me dijo que cómo era posible que yo me estuviera lucrando por algo que les pertenecía. Yo me le quedé viendo y les pregunté que cómo era eso. Les dije que yo vine a esta playa, y que los arrecifes son un abanico de 160 kilómetros cuadrados. Yo hago lo que me ronque la gana con las fotos que quiera. Pero son las cosas que suceden en esa tribu. Eso de Los Cóbanos es una tribu. Es parte de la belleza del lugar. Ahí encontras diferentes rasgos étnicos. Eso es parte de la belleza del lugar. Al indio cara de bola, chiquito, bravo. Ahí encontrás al morenito, chinito, ya mezclado. Encontrás chelito, los extremos. Y todos están relacionados. Es un lugar increíble. Además de eso hay bastantes cosas geológicas. Del lado derecho de la comunidad está la playa el amor donde hay la piedra está como granito, que es como de origen volcánico. Ahí hay fósiles de coralito y posas y vida. Este lugar necesita que sus pobladores abran los ojos y se dediquen a darle la bienvenida a quienes quieren venir a ver barcos, a bucear, a pasear, a ver geología.
¿Cómo se puede hacer esto sin que se destruya ese paraíso?
Tal vez lo único que puede destruir es el buceo.
Porque los arrecifes de coral son muy frágiles. Si tuvieran un gran número de buceadores, sería peligroso.
Se puede regular. Los arrecifes no son al estilo Roatán. No son paredes coralinas, sino que son promontorios de piedra, de roca. Luego tenés arenal, como si fuera un mar de arena en línea. Entonces podés determinar que vamos a bucear en cierta zona donde no hay corales frágiles. También el buceo solo es en noviembre, diciembre y enero, porque son las aguas claras, menos corrientes. En invierno hay mucha corriente. Es un río.
Pero por eso es que hay corales, porque necesitan agua fresca. Son corales bajitos porque hay bastante suciedad. Es un arrecife de coral miniatura. El buceo se puede regular. Pero no es eso tanto el problema. El problema es la pesca. Hay animales migratorios, como el pez dorado. O el boca colorada, que viene en noviembre. Los mismos pescadores hacen vedas y dicen: hoy no vamos a pescar, porque sacan muchos huevos.
Toda la historia de la construcción de Las Veraneras, eso da muchas luces de lo que puede ocurrir.
Es que es una zona muy frágil El proyecto de Las Veraneras puede funcionar. Pero es un lugar muy frágil y tendría que planificarse bien cómo hacerlo. Porque en esos cuatro kilómetros de playa, donde hay hoteles muy grandes, donde luego está una camaronera, luego está CEPA… Lástima que, por un lado, todas esas empresas están en una zona que alberga este arrecife. La contradicción es que no puedes cerrar Las Veraneras, no puedes cerrar Decameron. Hay que buscar un balance para que esto se conserve en el tiempo.
¿Qué pasó en Las Veraneras?
Fue falta un poco tal vez de conocimiento. Lo que pasa es que tiene que llegar un momento en el que tenés que decir: “Paramos o continuamos”. Paramos para que nuestro mundo continúe como mundo o destruyámoslo.
¿El problema en la pedrera frente a Las Veraneras, cuando se iba a construir el embarcadero, era muy grave o se podía hacer?
No conozco. No sé si llegaron a tanta profanidad para ver qué iba a pasar con esta poza, si con la obra la temperatura cómo iba a afectar, si el oleaje o las arenas sub acuáticas se verían afectadas. Ahí hay una zona gigantesca. En época de invierno hay olas de cinco metros. ¿Cómo serían los muros? Hay muchas interrogantes. Posiblemente la visión del inversionista es que funcione su proyecto. Pero tiene que ver los pro y los contras. Fíjense que lo importante de los arrecifes es que, por ejemplo, en la parte sur de México, en Baja California, la isla de Cocos, ahí hay arrecifes. Nosotros no sabemos qué intercambio de animales, larvas, hay en esos sectores. No sabes si un animal, por pequeño que parezca, es un eslabón importante.