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Plática con Ulices del Dios Guzmán, magistrado de la Corte Suprema de Justicia

“Una vez tuve que embargar un televisor, pero no pude porque los niños estaban viendo Chiquilladas”

Ulices de Dios Guzmán era un muchacho pobre que quería ser abogado y graduarse de la Universidad de El Salvador. Empezó en la década de los 80 como litigante, fue ejecutor de embargos y ahora es magistrado de la Corte Suprema de Justicia. También es el más (sino el único) mediático de los magistrados, quienes no pueden dar declaraciones a los medios de comunicación debido a una resolución emitida hace un año por la Corte, que dice que el único autorizado es el magistrado presidente, Agustín García Calderón. Nuestro entrevistado llega media hora después de lo pactado. Pide disculpas y comienza a conversar de todo y bastante. Pide un café con leche; y le dura la hora y media que mantuvimos esta plática.

Rodrigo Baires Quezada, Sergio Arauz y Alexis Henríquez
Fotos: Léster Hernández

cartas@elfaro.net
Publicada el 16 de julio - El Faro

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¿De dónde viene su nombre?
De mi papá propiamente. Todos los hijos de mis papás llevan la partícula “del”. Pero solamente yo soy el varón. Todas mis hermanas llevan por nombre “del Rosario”, “del Carmen”, del aquí, del allá… Y en mi caso, “del Dios”. Somos cinco hermanos.

¿Y sus hermanas no están involucradas en el mundo judicial?
Una de ellas es abogada y fue incluso compañera mía en la universidad. La que me sigue a mí. Yo salí primero del bachillerato, pero la universidad (de El Salvador) estaba cerrada. Así que por eso ingresamos juntos, cuando la abrieron. Después yo egresé, y más tarde ella; pero como ahora está ella en Estados Unidos no ejerce la abogacía.

¿Por qué decide meterse a estudiar Derecho?
La verdad es que siempre he estado yo con la intención de estudiar Derecho. Lo que me gusta es que siempre se tiene la oportunidad de gestionar a favor de personas que necesitan. En las relaciones sociales considero que siempre hay personas que están con mayores desventajas que otras, y esas necesitan eventualmente la ayuda de otros. Siempre tenía en la cabeza esa imagen del origen del abogado, que es el llamado para gestionar y defender los derechos de otros.

Pero imagino que en la década de los 80 era difícil ser abogado. Algunos eran hasta perseguidos.
Bueno, siempre ha existido ese riesgo. Pero en aquella época no creo que haya existido algo especial contra los abogados. Más bien yo recuerdo que en los 80 el riesgo principal provenía para los abogados que se metían en política. Recuerdo que era un riesgo ser político y meterse a una candidatura para las alcaldías o diputaciones. Tanto así que tengo la idea de que una persona, diputado del Partido de Conciliación Nacional – se llamaba Héctor Flores –, compañero de nosotros, a quien lo mataron antes de graduarse, fue por eso.

La UES era un lugar donde se podían encontrar grupos de la guerrilla en aquellos años...
Por cierto, era bastante peligroso. Para esa época todavía había grupos insurgentes dentro de la facultad de derecho, como las FPL. Nunca me involucré, y sin embargo me llevaba bien con ellos. Es que nunca me metí en cuestiones políticas.

En esa época, ¿había mucha demanda de estudiantes para entrar a la facultad de Derecho?
Había una demanda bastante alta porque, recordemos, cuando yo comencé a estudiar Derecho la única facultad que había era la de la Universidad de El Salvador. En medio de la carrera es que ocurrió la gran explosión de las nuevas universidades. Si mal no recuerdo, la Matías fue la primera en tener la facultad de Derecho fuera de la UES.  Hubo una gran fuga de estudiantes que se fueron a la Matías Delgado.

Rodolfo Parker, el diputado del PDC, fue uno de los que se fugó a la Matías. ¿Era su compañero?
No, no… Él iba más adelante en la carrera. El grupo que se fue era bastante grande. Yo no me fui realmente porque tenía dificultades económicas para poder pagar la mensualidad, que en aquella época era de 10 colones.

¿Pero era de San Salvador?
Ese era otro problema. Yo soy originario de San Miguel. Me vine aquí a estudiar. No conocía a nadie. Era un extraño. Entonces, sin familiares, amigos, me vine. Vivía en una pieza que alquilaba, una habitación. Así la iba pasando. Aparte de eso, sinceramente yo quería salir de la Universidad de El Salvador. No sabía yo entonces cuál iba a ser el destino final de las universidades privadas; pero sabía que la Universidad de El Salvador siempre iba a estar.

¿Qué pasos dio luego para llegar a ser magistrado?
Nunca tuve intenciones de entrar en la vida pública. Un gran tiempo de mi carrera me la pasé trabajando en el sector privado.

¿En qué año se graduó?
En 1984. El mismo año saqué el notariado. Del grupo que nos graduamos, fui yo el primero en sacar el notariado. Para ese entonces, ya nos habían puesto el examen de notariado. En ese tiempo yo necesitaba graduarme lo más pronto posible por cuestiones económicas. Solicité examen en el área penal, pero era la que más demanda tenía porque era lo que menos se estudiaba. Tenía que esperarme como un año. Pregunté cómo estaba el área laboral, y estaba saturada también. La única área donde no había nadie era la materia de derecho privado del área mercantil. Me gradué ahí porque nadie se examinaba.

¿Cuál fue su primer trabajo?
Los primeros trabajos fueron en el área penal. Para ese tiempo uno podía litigar una vez cursado el derecho procesal II. Entonces medio me defendía por parte de la litigación. Saqué también la autorización para ser lo que ahora se llama “juez ejecutor de embargo”.

Ah, ¿andaba embargando? Uno no se gana muchos amigos ahí.
No, uno se gana muchos enemigos ahí.

Debe de ser feo.
Es un trabajo verdaderamente desagradable. Se trata de quitarle las cosas a la gente, y hay quienes son personas necesitadas.

¿Alguna vez se tocó el corazón y no embargó a alguien?
En una ocasión recuerdo que llegué a embargar – como ejecutor de embargo de la Curacao –, y no se llevaba policía. Uno llegaba y les explicaba a las personas que iba a embargar y que tomaran conciencia y que entregaran los aparatos. Esa vez llegué a los condominios de la Zacamil, y tenía que embargar un televisor a colores. Entré, le expliqué a la señora que tenía que embargarle, pero no pude porque los niños estaban viendo la televisión. Estaban viendo Chiquilladas. Entonces, eso fue desastroso para mí: quitarle el aparato y dejar a los niños. Entonces fui y me hice un reporte que había tenido dificultades para embargar, etc., etc.

¿Cuánto tiempo pasó trabajando en el área mercantil?
Más o menos desde antes de egresar hasta principios de 2000. Pero no solo trabajaba lo mercantil, sino que también lo civil y lo penal. Bueno, pero para esa época uno salía de abogado generalista, no con especialidades.

¿Defendió algún caso sonado?
Defendí a un señor que tenía problemas con el alcalde de Soyapango. Me puse a defender a este empresario, que era de Ciudad Delgado. El alcalde tenía bastante poder. Lo que sucedía era que la extracción de arena que hacía el empresario de Ciudad Delgado se realizaba en un área de Soyapango. Ahí había un problema, y tuvimos bastantes dificultades. El alcalde tenía poder. Lo bueno es que al final logramos resolver el asunto, aunque mi cliente se sintió tan intimidado que se fue del país.

Los abogados penalistas, me imagino, reciben muchas amenazas.
Siempre vienen de los dos lados las amenazas. Yo siempre tuve dificultad de defender delitos como los secuestros. Hubo un tiempo que, cuando comenzaban los secuestros – y saber que iba a defender a un delincuente –, me fue alejando de la materia penal.

¿No salió nadie libre por su culpa?
Por mi culpa no. Aun cuando sí tuve algunas solicitudes de defensa por personas que ya antes había defendido, por robos. Pero cuando me enteraba que los involucraban en homicidios, en secuestros… para ser franco, les salía huyendo. No quería ser un abogado de ellos. Así me fui retirando un poco en el área penal. Regresé a la práctica pero por la práctica mercantil, porque los empresarios se vieron involucrados en actividades penales y, para defenderlos, me tuve que meter en eso.

¿Qué tipo de actividades?
En muchas ocasiones, algunas deudas de los empresarios se cobraban por las vías penales, por problemas fiscales. La actividad penal rozaba con la actividad comercial.

¿Caso Perla es ejemplo?
Es un caso que tiene que ver con la materia del ejercicio público y que se mete en el tipo penal.

Podría mencionar algún cliente de esos poderosos que terminó defendiendo.
No, no, no quisiera, porque terminaría metiéndolos en problemas innecesarios.

       
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