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Plática con Jorge Jiménez, primer lugar del ranking mundial de tiro con arco
“Mi esposa me dice que por qué no me metí en golf o en otro deporte que sí pague”
Jorge ignora la grabadora y habla con naturalidad. Luego de que se destacó en el tiro con arco salvadoreño, las entrevistas llegaron por añadidura y se acostumbró a las preguntas. Desde 1994, cuando regresó a la práctica de la arquería, su buena puntería lo ha llevado por cuatro continentes compitiendo bajo la bandera salvadoreña y ahora, con el primer lugar del ránking mundial, está a un paso de volver a la Copa del Mundo. “Siempre pienso en ganar. A todas las competencias que voy me trazo el objetivo de ganarlas”, dice durante la plática, minutos después de decir que ha pensado en dejar el deporte. “Y no una vez, sino que varias veces en algunas discusiones, no creas que toda mi vida siempre es rosa”.
Rodrigo Baires Quezada y Alexis Henríquez / Fotos: Gracia Rodríguez
cartas@elfaro.net
Publicada el 25 de junio - El Faro |
¿Por qué tiro con arco y no otro deporte?
Es que nunca fui bueno en otro deporte. El fútbol y el básquetbol fueron los que practiqué un poco, pero nunca fui de los mejores.
Y eso que eres alto.
Mido 1.80 metros. Pero no era bueno en esos deportes. Nunca me escogían para la selección del grado ni nada por el estilo. Y aparte de eso, cuando estaba pequeñito –entre los ocho y los 12 años, más o menos – tuve la oportunidad de practicar este deporte porque mi papá también lo practicaba. Él nos involucró a mi hermano y a mí; nos compró nuestros arquitos y flechitas. Y se me quedó la onda porque me gustó. Fue una época muy bonita en la vida. Incluso tuve oportunidad de salir una vez a Guatemala y me acuerdo que otra vez fue a Costa Rica, donde en la categoría infantil quedé en primer lugar.
Pero no era un deporte popular.
Para nada. No era nada conocido.
¿De qué año estamos hablando?
Cuando fui a Costa Rica era 1978. Yo tenía 12 años. Pero ahí se quedó la onda hasta que mi esposa me dijo que aquí en El Salvador había una federación. Me metí en 1994 – entonces mi primer hijo estaba por nacer –, tenía guardado mi arco viejo y comencé a tirar con él.
¿No practicabas en la casa?
No, no, no. No había espacio. Y me agarró una pila bien seria desde el primer día que volví. Llegaba a la federación a tirar tres o cuatro veces por semana. Comencé con el arco olímpico porque para entonces los arcos compuestos comenzaban a salir y no eran conocidos para nada. Como a los tres meses, probé el arco compuesto, me gustó muchísimo y, en la primera oportunidad que tuve de conseguir un arco, lo compré y me metí de lleno en eso.
Estás hablando de 1994 y para 1998 ya eras la figurita del arco nacional.
Ya en el 98 fui a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Maracaibo, Venezuela. Tuve una crecida rapidísima, porque en el 97 ya era campeón nacional.
¿Involucraste entonces ya a Patty (su esposa)?
Hasta en el 2000. Patty fue seleccionada nacional en los juegos San Salvador 2002 y fue la única mujer que sacó medalla. En ese entonces yo era su entrenador. Para mí era un gran orgullo, teníamos que manejar la onda que yo era su entrenador y teníamos que tirar en la misma competencia. Total que fue buena onda esa experiencia.
Estábamos en Maracaibo 98. Para ese entonces tengo la impresión de que en El Salvador nadie tenía todavía idea de qué era el tiro con arco.
En el 98 quizás fue que nos dimos a conocer.
¿Cuántas medallas ganaron ahí?
Siete medallas. Fueron dos de oro mías, dos de plata y tres de bronce. Para ese entonces habían pasado 40 años para ganar una medalla de oro en esos juegos. Por eso fue una gran noticia que un solo deporte diera dos medallas de un solo, y que fuera en un deporte desconocido. Y una figura nada más, porque en ese momento fui yo el que más se dio a conocer.
Esa época marcó un gran cambio a nivel del deporte nacional. Se comenzaron a ver frutos del deporte federado no tradicional y de las disciplinas individuales. Era otra onda. También el trabajo del ingeniero Enrique Mollins (ex presidente del Instituto Nacional del los Deportes, INDES) se veía que estaba dando resultado. Esto me dio la oportunidad de que me dieran una beca deportiva y pude trabajar más profesionalmente.
¿En qué consistía la beca?
Era una ayuda económica mensual, por la que te comprometes a cumplir un horario de entrenamiento y a obtener ciertos resultados. Si no estás dando resultados, puede ser que te la quiten el siguiente año.
Decís que en esa época se empezaban a ver los logros de Enrique Molins…
…Cuando comencé mi carrera, entré a ese proceso que el ingeniero Molins venía trabajando. Éramos Eva María Dimas, Julio Molina, Juan Salmerón… un montón de deportistas de ese momento. Éramos los deportistas de alto rendimiento a partir de los juegos de Maracaibo. Antes de los juegos yo no estaba en ese grupo. El ingeniero Molins tenía una filosofía de hacer creer que se podía ser un profesional en el deporte y es lo que, bendito sea Dios, yo he alcanzado. Porque si no es fútbol o un deporte muy conocido y que tenga mucho público, es muy difícil ser un profesional. Creo que en ese lado he tenido mucha suerte.
En 2002 se habló de que Molins había contagiado a los atletas de “medallitas”. ¿Tú te sentías contagiado?
Sí, sí… A mí nunca me gustó ese término porque mencionaban a la “medallitas” como si fuera una enfermedad. Yo no lo veía desde ese punto de vista. Lo que pasa es que antes de eso pensábamos que nunca íbamos a ser alguien en el deporte. Entonces nos conformábamos con decir que lo importante era participar y darlo todo aunque no se ganara. En ese momento lo que se intentó fue cambiar esa mentalidad, que fuéramos más soñadores, más perfeccionistas y entrar en lo que es profesionalismo. La mal llamada “medallitas” simplemente era la búsqueda de tener medallas, que son el máximo resultado que podés conseguir en una competencia.
¿No creés que pueda ser un elemento en contra para el deporte?
Lo que creo es que los deportistas de esa época seguimos pensando que podemos hacer las cosas a pesar de todo lo que esté en contra. Lo único que pedimos es que nos den lo mínimo para seguir llevando nuestros entrenos para desarrollarnos.
¿Y cómo es la actitud de la nueva generación?
No puedo hablar de otros deportes. Pero en lo personal, en tiro con arco veo que la gente nueva que llega está pidiendo y luego quieren dar resultados. Cuando yo llegué no había nada y a mí me tocó comprar mi equipo, costear mis viajes a los primeros torneos. En ese tiempo podía hacerlo y sirvió para que lo valorara… Yo vendí mi bicicleta para comprar mis primeras flechas; y una navaja suiza para comprar el segundo grupo de flechas. Cuando yo vine a probar las flechas de última generación, que eran las X10 –que son de fibra de carbón y todo lo que querrás- no fue que me la compraron en la Federación, sino que me las regaló un arquero costarricense, que me vio las puntuaciones que estaba haciendo. Eran flechas que costaban 450 dólares la docena. Increíble. La gente de ahora no valora cómo cuesta conseguir las cosas. Están un mes y ya tienen una docena de flechas de esas para ver si dan más resultado.
¿En algún momento, en Maracaibo, pensaste estar donde ahora te encuentras?
Pues no. No pensé llegar a estos niveles. No me gusta pensar de aquí a 10 años lo que voy a estar haciendo. Sí me gusta imaginar lo que me encantaría, pero en aquel momento no pensé estar en estos niveles. A medida que me he desarrollado, he ido alcanzando metas más altas.
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En 2002 ya eras conocido y a mí me preguntaban cómo ese gordito podía ser atleta de alto rendimiento…
Es una realidad. No es una parte de la que esté orgulloso. Yo soy una persona que se preocupa de la imagen que le doy a la gente y el ejemplo que puedo ser para los jóvenes. Vos, (Rodrigo), me conocés desde hace muchos años y, por ejemplo, nunca has sabido que me han visto borracho en un chupadero o mujereando en algún lado. Y la parte física, como decís, no es algo de lo que me pueda sentir orgulloso. Pero si lo tomamos por el otro lado, el mensaje para la juventud es que no es necesario ser físicamente superdotado para poder llegar tan alto; que las oportunidades la tienen todos, desde alguien súper musculoso hasta alguien con un poco de sobrepeso. La cuestión es involucrarse en el deporte donde tenés más aptitudes y que las explotés.
¿Vos tenés hijos?
El mayor tiene 11 y el menor siete años. Están pequeños.
¿A tus hijos les gusta el arco?
Sí. Les he dado sus arquitos y de vez en cuando lo llevo a practicar.
¿Cómo es la relación con tus hijos?
Una relación normal de padres e hijos. No soy estricto, me gusta que me vean como un amigo al cual deben respetar. Ellos están pequeños y la parte difícil recién está empezando… cuando ellos entren a la adolescencia.
¿Tú no fuiste difícil en la adolescencia?
Desde mi punto de vista no, pero desde el punto de vista de mis papás sí. Pero dentro de todo no era un chico rebelde.
Pero no…
…No. No los he forzado a un horario de entrenamientos ni nada. Los llevo cuando a ellos les nace ir a tirar.
¿Los tenés en algún otro deporte?
Fútbol.
No salieron igual al papá, pues.
No, fíjate que… o sea, a mi me gusta el fútbol también pues…
¿A qué equipo de España le vas?
Al Real Madrid.
¿Y en el país?
No tengo un equipo preferente. Por ser capitalino, quizá al Alianza. Pero sé que no es buena opción.
(Las preferencias futbolísticas de Jorge no cazan bien en una mesa con seguidores de otros equipos de la liga nacional, así que mejor se deja el tema de lado)
Sigamos con la plática mejor. ¿Y quién cuidaba a tus hijos cuando estaban tú y Patty en competencia?
Con suerte que tienen a sus abuelos vivos, de parte de mamá y papá, entonces se quedaban con mi suegra, que ha sido de una gran ayuda y siempre nos han apoyado. Mi mamá igual, también los cuida en algún momento que sea necesario, cuando tenemos torneos… Bueno, ahora que Patty no tira no hay problema, pero a veces ella tiene responsabilidades de trabajo y todo… y es necesario dejarlos con alguien. La parte más difícil sería lo de mis viajes al exterior, ¿me entendés? Yo paso… bueno, he pasado hasta más de un mes afuera. Por eso dejar a los hijos, que están pequeños, tanto tiempo… sí a mi me afecta un poco, imaginate a ellos. Entonces, es un sacrificio que hay que hacer.
¿Nunca te has perdido una fecha importante para tu familia?
Muchas, muchas, muchas. Muchas fechas. Te puedo decir que desde que empecé en serio en esto, talvez he estado dos o tres veces el día del padre con mis hijos, cumpleaños míos, cumpleaños de alguno de ellos y cosas así en las que me ha tocado estar fuera. Incluso, la muerte de un tío, un hermano de mi papá, no estaba aquí cuando sucedió. Cosas así… aniversarios de bodas… cosas.
¿Y cómo te aguantan?
Ja, ja, ja…
¿O dónde se encuentra una familia tan comprensiva?
Ja, ja, ja… Es bien difícil porque… yo le agradezco muchísimo a mi esposa… pero tampoco es que mi esposa sea una santa. Ella me lo echa en cara cuando las cosas se ponen mal y hay alguna discusión. Y me lo hace reconocer, porque es cierto. No es algo fácil, no se puede retroceder el tiempo para decir: “Ok, lo voy a hacer bien”. No puedo y el día de mañana que mis hijos me digan “¿por qué no estabas con nosotros cuando estábamos pequeños?” no les voy a poder decir “Bueno, pero ahora sí estoy aquí”. Es una cosa bien yuca y sólo le pido a Dios que no me toque pagarlo muy caro cuando me toque hacerlo.
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