NOTICIAS
ELECCIONES 2009
MIGRACIÓN
EL FARO ACADÉMICO
INTERNACIONALES
OPINIÓN
PODCAST
REPORTE ESTRATÉGICO
ENCUENTROS
EL ÁGORA
PLÁTICAS
CARTAS
ESPECIALES
EDICIÓN ANTERIOR
ARCHIVO
SUSCRIBIRSE
RSS EL FARO


Tecnología
Libros
Revistas
Computadoras
Salud

 

Plática con Ronald Morán

“Si no hiciera arte a lo mejor estaría vendiendo ideas”

Ruth Grégori y Rosarlin Henández
Fotos: Luis Tovar

cartas@elfaro.net
Publicada el 28 de mayo - El Faro

Enviar Imprimir

¿Por qué te saliste?
Sentí que ya se estaba poniendo reiterativa la carrera. Lo que me interesaba era el arte y no mucho las nuevas técnicas mercadológicas de la publicidad, seguir una pista a cuestiones de diseño, aunque me apasiona siempre, pero sin ese afán de tener como a lo mejor podía existir en la carrera. Me interesaba comenzar a decir cosas con otros medios.

¿En qué crees que radica que hayas podido abandonar la publicidad para dedicarte de lleno al arte?
Nunca lo dejé. Mientras estaba trabajando la publicidad siempre estaba haciendo mis cosas. Creo que lo fui dejando gradualmente hasta el punto en que dije que el arte era mi camino y lo demás era una cosa paralela. Fui compenetrándome más en mi trabajo, puliendo mejor el impulso y haciendo más presencia a nivel internacional a través de exposiciones importantes hasta que llegó un momento en que me fui alejando. De repente hay cómo cosas en el alma que te estas diciendo: ‘no desistas, hazlo’, y vos sabes que en este medio se aguanta hambre.

¿Que fue lo más importante que hiciste en publicidad?
Estuve manejando cuentas en diferentes publicidades. La Pizza Hut a nivel gráfico era un paquetote. Después trabajar con marcas como Coca Cola y ADOC. Vos sabes que la publicidad es un mundo de sorpresas, la mayoría de cosas quedan a nivel interno, si se pudieran exhibir, si se pudieran sacar ideas de todas las que se descartan por ineptitud de los clientes, que a lo mejor no comprenden el mensaje o lo quieren de una manera extremadamente ilustrado. Me parece ingrato.

¿Sufrías llevando las dos cosas?
Hasta cierto punto lo disfrutaba por el hecho de estar con gente loca, creativa, cerebros pensantes que te están dando tips, gente que a lo mejor no es de este país y que tienen otra mentalidad, oyen otra música, leen a otras personas. Esa era la retribución, era el polo a tierra que me hacía aguantar un poco más y no verlo como algo tortuoso sino que por lo menos esas ocho horas laborales las iba a pasar en un buen dialogo muy activo creativamente.

¿Te ha tocado aguantar hambre?
Si, claro y no solamente a mi sino que incluso hasta mi familia. Son tremendas lecciones, que a veces uno ya no sabe si es terquedad de seguir en esto. Pero siempre hay chispazos internos que te muestran cuando las luces están apagadas levemente en el camino, y entonces vos decís realmente no es el tope.

¿Cómo fue esa etapa más difícil en la que te tocó a ti y a tu familia aguantar hambre?
Tal vez no aguantar hambre pero si vivir muy limitado. Fue un proceso de transición en el cual había demasiada confusión, bastante duro.

¿Y vos crees que esa efervescencia creativa del mundo publicitario está en el mundo del arte?
Yo creo en un momento más que nada, a lo mejor a inicios de los 90 había una explosión más gráfica, el diseño gráfico estaba implícito en las obras. En eso tuvo que ver la Universidad Matías Delgado, donde coincidimos varios locos que estábamos estudiando arte aplicado con miras a lo artístico. Ahora no siento… Creo que quizá hubo un fenómeno que vino a cambiar las cosas y fue la pinche computadora. Con la computadora ya nadie toca un lápiz y, al mismo tiempo, hay muchos artistas en las publicidades con tremendos potenciales creativos, que vos decís ‘que injusticia estos tipos deberían estar haciendo cosas de avanzada y sin embargo estaban recluidos 24 ó 48 horas metidos de corrido’.

¿Con qué otros artistas coincidieron en la Matías?
Walterio Iraheta, José Rodríguez, Verónica Vides, Simón Vega, Guillermo Araujo, Juan Carlos Rivas y Osiris Reyes.

¿Cuál era el rollo de ustedes?
Más piliar… Hablar de arte, saber de música y piliar entre nosotros, trasnochar.

¿Y de ahí surge el grupo ADOBE?
Empezó en una bienal centroamericana que se hizo en Managua en 2000, donde coincidió el mismo grupo que habíamos estudiado artes aplicadas, ya con muchos años y con una carrera más consolidada. Entonces decidimos hacer un colectivo con proyectos que rompieran con lo estábamos haciendo a nivel individual y hacer cosas alternativas, más de lanzarse a la calle otros materiales, otra visión de una exposición o del trabajo artístico. Esos fueron los parámetros que nos fijamos de entrada.

Todavía funciona aunque en el grupo no hay prisa. De repente nos juntamos y planeamos algo en un día, y nos quedamos escribiendo por correo electrónico. Es que ahora todos estamos dispersos, hasta este mes que estamos juntos nuevamente. Hay gente en España; la Vero que está en Argentina; Walter, en Guatemala; y los demás, a lo mejor, aquí o viajando. Por eso mantenemos contacto en un foro de internet, compartiendo ideas y haciéndonos leña.

¿Se critican los trabajos mutuamente?
Sí, creo que eso ha sido que lo más beneficioso. Y ya eso se puede notar en las últimas exposiciones, como que cada quien asumió más sus conceptos personales, y eso mismo se trata de encajar en el colectivo.

Tú has trabajado distintos géneros:  pintura, fotografía e instalación, ¿Hay alguno de ellos con el que te sintás más cómodo?
Son dos. La pintura, yo siempre estoy pintando. De hecho tengo cuadros empezados en este momento. Yo siempre vuelvo a la pintura, porque encuentro mucho placer en el oficio, por lo manual, estar combinando tonos, con ese reto de transmitir una sensación suave, y vaporosa, casi imperceptible en óleo sobre lienzo. Eso me crea una sensación de equilibrio emocional que no me da otra cosa.

Y el otro medio es el dibujo, que siempre ha sido como una especie de mantra. A medida que vas dibujando, vas creando, vas por la línea haciendo formas “equis”, es una forma de meditación. Ahí es donde me han salido muchas veces las ideas que he querido encontrar. Si sólo me pongo a pensar, y me pongo a escribir, ok, logro cosas, pero yo siempre ando con mi lápiz, con mi libreta, haciendo anotaciones, porque muchas veces esas anotaciones han salido los espacios que después creo. Todo pasa por el papel.

¿Y tenés tus manías de pintor o de artista?
Quizá una manía pueda ser que sea mi ambiente: necesito un olor, lo busco y lo pongo. Yo soy muy sensorial en ese sentido.

César Menéndez dijo en una plática que sabía que ya había terminado un cuadro cuando bailaba frente a la pintura. ¿Tu cómo sabes?
Depende que obra sea. Si es una instalación y huís sin la preocupación de que tenés que llegar a hacer algo en esa pieza, entonces es que ya se terminó. Cuando digo: “ya no quiero ver esto más”, es señal que ya no le falta nada, es que ya estoy contento y prefiero mejor pensar en otra cosa.

¿Es cómo el límite del cansancio?
Es como un orgasmo y decís “ay madre mía, qué pasó aquí”, pero ya lo hiciste.

¿Hay alguna obra que signifique algo particular en tu vida por alguna razón?
Tengo muchas porque he trabajado en muchas series. Algo que trabajé concretamente fue algo que se llamó “Esos espacios virtuales” y que eran tremendos espacios blancos y en un extremo de la composición dos niños que van pero en blanco y negro, de una manera bien fotográfica. Y esa era toda la obra, allí no había horizontes ni nada, era como que estaban caminando en la neblina o en el espacio pero se sentían integrados de una u otra manera. Ese blanco, que hasta cierto punto no decía nada, terminaba siendo un espacio virtual. De esa serie tengo varias piezas que sentía la necesidad de tenerlas y a lo mejor no para estarlas viendo sino que para mi o para mis hijos. Es el gesto que terminan teniendo las cosas, lo que me decía, lo que me evocaba y ahora lo veo y siempre se mantiene algo de eso.

¿Qué te evocaba?
Quizás un devenir o mucha sensación transitoria. Quizás estaba pasando por etapas demasiado confusas y entonces no tenía el camino claro, yo iba a la deriva claro eso lo puedo decir ahora pero en aquel momento me gustaba porque me gustaba como si ves algo y decís esto lo conservo.

¿Ahora si sabes para donde vas?
Bueno creo, siempre es una sorpresa. No sé, a veces llegas a un aeropuerto y hay mucha neblina, sin visibilidad, pero vos sabes que el piloto aterrizará perfectamente y a lo mejor hasta haga un aterrizaje increíble. Así yo siento que muchas veces es el camino.

¿Y en tu etapa de neblina llegó tu esposa?
Durante la neblina digamos. No es que haya neblina, lo que pasa es que son espacios muy libres.

¿Cómo se conocieron?
Curioso. Se llama Patricia y fue un encuentro bien singular de aquellas cosas que te pasan una vez. Fue una reunión a la que nos habían invitado. Yo no tenía ni idea de quién era ella, pero me llamó muchísimo la atención.

Suena el celular de Morán y deducimos que habla con su esposa por el comentario con el que inicia la breve conversación: “Estoy hablando de vos”.

Están bien conectados…
Es increíble, me pasa mucho. A veces yo estoy muy lejos y de repente estoy con esa sensación de querer hablarle y cae su llamada o que tengo que llamarla urgentemente y exactamente es que pasa algo.

¿Y cómo fue el encuentro con ella?
Fue tridimensional (risas).

¿Por qué te pareció tan singular ese encuentro?
Yo acababa de salir de muchas relaciones y andaba como medio decepcionado, medio ansioso de encontrar algo. Pero son de aquellas veces que andas con la cabeza revuelta y las hormonas también (risas).

Esa vez fue inesperado. Vos llegas, conoces a las personas que están allí y, de repente, la hija de una de ellas te impresiona y nada… se te nota, no lo podes disimular. Las mujeres son más recatadas en ese sentido. Hice las formas de cómo conocerla, inmediatamente, a través de su hermano (risas).

¿Cuántos de casado?
14 años

¿Cuántos años tenés vos?
35 años

¿Cuántos hijos tienen?
Tenemos unas gemelas que tiene ocho años que son las menores; luego esta Gala, de 11 años; y Osiris, de 13 años.

¿Qué tal la experiencia con hijos adolescentes?
¡Ay Dios mío! Es muy precoz. La pre adolescencia de él ya la viví. A veces tenés que explicarle cómo ha sido tu adolescencia para que no crean que le estas dando paja.

¿Vos eras un adolescente rebelde?
A pesar de todo no fui tan rebelde. Mi adolescencia la disfruté muchísimo pero, por dicha, de una manera muy sana y ahora la veo hasta aburrida. También me emborraché y probé droga, pero no lo hice costumbre. Los problemas que di fueron quizá más preocupantes porque me quedaba demasiado quieto.

¿Cómo haces para combinar tu vida familiar con el arte?
Cada vez es más difícil y para eso tenés que tomar ciertas medidas. Por estar en el arte me he perdido muchas cosas familiares importantísimas, es lo más duro de la carrera porque a veces dejas cosas o que un padre convencional o normal jamás dejaría. Pero qué haces si de repente te vas a estudiar una beca a México y tenés que estar cuatro meses y en ese momento es el bautizo de tus hijas. Y después decís: ‘’ojala que esto haya valido la pena’.

¿Y ha valido la pena?
Sí, porque no fue un tiempo perdido. Aparte de la enseñanza, los contactos fueron muy importantes porque a lo mejor nos dieron de comer dos o tres años posteriores. Cuando regresé, casi me lancé a trabajar oficialmente para México durante tres años. Pero esos cuatro meses si fueron dolorosos, tortuosos y me perdí de muchas cosas importantísimas; pero siento que no quedaron como un viaje de placer sino que dio pautas para otra cosa.

¿Por qué creés vos que hay artistas que sencillamente no logran reconocimiento, aún cuando a lo mejor tiene talento y un buen trabajo, pero no ha logrado proyección que le permita vivir del arte?
Yo tenía bien claro, desde un inicio, que no me quería proyectar en este medio. Este medio me nutre pero es bien duro como medio de vida y mucho más para un artista. Es decir, el arte no es n producto de consumo, de una canasta básica; sino que es una necesidad espiritual, esnobista algunas veces, una necesidad social, y en El Salvador no es ni una de esas cosas. Por eso realmente tenés que buscar fuera. Y en ese afán de buscar fuera se te va mucho tiempo, mucho dinero y te perdés de muchas cosas importantes, pero si no lo hacés estás frito y terminás pintando bodegones. Y yo no estoy en contra de eso, es un talento, hay mucha gente que lo aprovecha al máximo como modo de vida, pero es bien difícil meterte a otras ramas que no sean tradicionales, que no sea arte figurativo.

¿Vos vivís exclusivamente de tu arte?
Sí, por dicha estoy viviendo directamente de los proyectos que hago.

¿Qué significado tiene para vos lo que hacés?
Mirá, es un significado vital, definitivamente, es que ni siquiera me visualizo, porque de una u otra manera siempre estoy creando, a lo mejor no en papel y lápiz, pero sí estoy enlazando ideas. Vaya, por ejemplo, si yo me quedara sin manos, podría crear piezas, producidas por otras personas. De hecho, mis instalaciones a veces son el cinco por ciento de mis manos, yo solamente estoy creando el concepto, y otra persona lo hace físicamente. Por ejemplo, lo que pasó con el arma en el centro de San Salvador: yo no sé de armas, tampoco sé hacer las cajas y a lo mejor sólo hubiera podido atornillarla en el poste y nada más, pero ni eso hice, había gente que estaba para hacerlo. Entonces creo que a lo mejor estaría vendiendo ideas… yo tengo clientes…

       
Enviar Imprimir  

 
 
Google

 
 
  + NOTICIAS
Rodrigo Baires Quezada
Lea también:
  Aciertos y desaciertos de tres años de gestión
Alexis Henríquez
Lea también:
 

Rodrigo Ávila, director de la PNC:
“En campaña me voy al carajo”

Edith Portillo
Sergio Arauz
Daniel Valencia

Plática con Ronald Morán

 
 
 
Escribir carta
Leer cartas enviadas
 

 

                                                     Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en El Faro
 

EL FARO.NET (Apartado Postal 884 , San Salvador, El Salvador)
Dirección: Bulevar del Hipódromo, Edificio 237, Cuarta Planta,
Zona Rosa, Colonia San Benito, San Salvador, El Salvador.C.A.
Teléfono:(503) 22 45 64 69, Teléfono-Fax:(503) 22 98 04 80
Todos los Derechos Reservados. - Copyright©1998 - 2006
Fundado el 25 de Abril de 1998