Tenías amigos en ambas partes.
¡Hasta tenía amigas que me mandaban cartitas!
¿A ver?
Sí, de verdad, tenía amigas que me mandaban cartitas. Me acuerdo de una en particular que me describía cada poza en Morazán donde se bañaban. Yo transmitía por la Femenina y entonces me escuchaban. Y aparte de todo eso, en mí, la idea de expansión cultural, yo fui el primero que como viajaba a Uruguay y Argentina, empecé a poner música de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés…
Que era música que la identificaban como de izquierda…
¡Y en la Femenina!, que era una radio que era de la juventud de la Escalón.
¿Y nunca te sentiste más identificado con un bando?
No, yo también tenía 20-21 años. Estaba en una época muy hedonista de mi vida, de tratar de vivir como si me fuera a morir pasado mañana. Yo mis concepciones políticas siempre las tuve, pero obviamente siempre las fui definiendo con el paso del tiempo, y el hecho de que lea Ann Gibbs no significa que no voy a escuchar Silvio Rodríguez. O el hecho de que me fascinen las canciones de Pablo Milanés no significa que no voy a leer las teorías de Adam Smith. La personalidad política del ser humano es mentira que se forja a esa edad, se forja mucho más adelante y por una sumatoria de factores. Pero sí tenía amigas que se bañaban en las pozas y me describían las pozas. Ah, uno de los que me escribía y quería conocerme era Marvin Galeas, conocí a Santiago (Consalvi) después, porque finalmente aquí arriba escuchaba la Venceremos, quería escuchar la Venceremos también.
No lo vayan a regañar en TCS por lo que está diciendo.
Nooooo, TCS es mi casa, me dio mi trabajo y he estado ahí por más de 25 años, pero por encima de todas las cosas, Telecorporación Salvadoreña ha sido un hogar muy benévolo conmigo. Y en Viva la Mañana pueden escuchar a veces cosas que las opina Daniel Rucks y no es una opinión editorial. Don Boris (Esersky, principal propietario de TCS) es un tipo que me ha ayudado de sobremanera a salir adelante, pero vamos a entender que el pluralismo político es algo que no solo es característico de las democracias, sino también de la convivencia. En Domingo para Todos, por ejemplo, tenía mi alter ego, que era Timoteo Pampa, que se calzaba con una guitarra y hacía lo que le daba la gana y decía lo que opinaba, pero tampoco hay que tomar eso como una actitud de confrontación.
Pero sí que era un discurso más crítico que el que se podía observar en el resto de canales de la Telecorporación.
Bueno, pero te estoy hablando también de una época donde el principal enemigo era el entorno, y el entorno no estaba en el canal. Lo importante era no comprometerse con ninguna parte, porque una persona que está en un medio de comunicación no debería hacerlo. Yo hice una afiliación política al salirme de la televisión, no antes.
¿Timoteo Pampa no se enojó con Daniel Rucks cuando era precandidato por la alcaldía de Soyapango?
Para empezar, yo no fui precandidato, je, je, je. Yo fui víctima de la rumorología política. Yo ni me postulé ni me candidateé, lo último que yo espero en la vida, porque cada vez que hay elecciones me salen con la misma, ¡además Soyapango!, donde no solamente no vivo sino que no tengo el más mínimo arraigo. Y no me interesa ningún cargo público, ningún cargo de elección popular.
Pero sí estás en ARENA.
Sí, cuando me salí de los medios me afilié, y lo sigo siendo hasta la fecha. Y bueno, tenés que entender que Timoteo Pampa era mi “otro yo político”, pero agarraba parejo. Obviamente, si querés como humorista televisivo hacer reír a la gente, nada es más fácil que hacer chistes solo sobre los que están gobernando. Pero sobre todo lo más importante de Timoteo Pampa es que era un desafío mío a mi agilidad mental, porque era sentarme con una guitarra a cantar en rima cosas que yo solo anotaba de qué tema iba a hablar. Era medio improvisado porque la idea fundamental era siempre tener el chance de ponerme yo mismo en jaque y en un momento dado, porque si yo lo guioneaba me iban a pedir leer los guiones. Ja, ja, ja.
Ja, ja, ja, ja, ja. Era estrategia, pues.
Sí, es más, cuando me fui de Domingo para Todos me despedí haciendo de Timoteo Pampa, y fue la primera vez que lo escribí realmente.
¿Y ese sí lo tuviste que enseñar?
No, ya iba de salida, ja, ja, ja. Pero sabía que por cuestiones emocionales, me estaba despidiendo de algo que había sido gran parte de mi vida, me podía impresionar, los nervios, y no iba a tener la claridad mental para hacer lo que quería hacer. Pero yo mismo me caracterizaba y era también Fidel Castro, en imagen partida con Gorbachov, Gorbachov tratando de explicarle a Fidel Castro lo importante que era el glasnost y Fidel Castro renegándole. Y fui Hitler y fui Sadam Hussein cuando me daba la gana también.
Vos hiciste comedia política en teatro, ¿no?
Sí, pero básicamente lo que yo hacía era ceñirme a guiones, y la sátira de teatro que siempre hizo Antonio (Lemus Simún) me tuvo de alero en mucho tiempo.
¿Cómo te reclutó?
Fijate que mi abuela, que era polaca, era profesora de teatro, y uno de sus sueños era que yo hiciera teatro alguna vez. De chiquito hice teatro bajo la dirección de ella, haciendo papeles de niño, hice obras de Pirandello cuando tenía siete u ocho años. Y luego fue ahí que los de Hamlet me echaron el ojo y me jalaron con ellos. Estuve diez años en teatro.
¿Y la decisión de ir saliendo de los medios cómo se tomó? Porque saliste de Domingo para Todos, de la Femenina, donde tenías el programa de las Siete Lunas.
Pues tenía una vida exitosa, gracias a Dios, pero soltero, sin familia, con una empresa fundada, que es la misma a la fecha, a la que no le dedicaba el tiempo que se merecía, sin un patrimonio propio. Porque yo era un empleado, bien pagado, pero empleado, y eso fue marcando las decisiones, que me dije ¿qué es lo que yo quiero hacer? Uno, formar una familia; dos, mi empresa; y tres, quiero dedicarme a la política. Quiero dedicarme a escribir, a hacer las cosas que a mí me alimentan. De hecho, publiqué un libro, Memorias de la Calle del Tuerto.
Para entonces ya estabas saliendo con Tania (su esposa).
Ya había conocido a Tania, en la iglesia, es mucho más joven que yo. Ella tenía 20 años y yo tenía 37, pues. Yo ya le había echado el ojo y todo, pero en ese preciso momento la cuestión ni siquiera me había pasado por la cabeza. Lo que sí sabía era que tenía que consolidarme en matrimonio y después en familia, que era algo importante para mí, y para hacerlo necesitaba un tiempo que no tenía.
Una duda morbosa: ¿cuánto ganabas por hacer Domingo para Todos?
(Un silencio acompañado de una sonrisa) Suficiente.
Ja, ja, ja.
Alcanzaba, ja, ja, ja.
Mirá, aquí se habla mucho de cómo se privilegia únicamente el tener una cara bonita para estar en televisión. ¿Vos sentís que te supuso una ventaja el ser extranjero, físicamente distinta…?
(Daniel Valencia aprovecha para molestar a Edith e interrumpe con un “Daniel (Rucks), ya te dijo bonito”)
Ja, ja, ja, ja, ja.
¡Y además me dijo extranjero! Ja, ja, ja,ja.
Uruguayo, pues.
No, pero ya no era uruguayo. En 1985 yo asumí y juramenté como salvadoreño, con tan poca suerte que la doble ciudadanía solamente existía en El Salvador para los ciudadanos de Centroamérica, hasta después, con el gobierno de Calderón Sol, vino el presidente Sanguinetti y firmaron un decreto para la doble nacionalidad.
Pero no me has contestado.
Ah sí, y ahí viene la parte más fea de todo esto. Probablemente, la razón por la cual desde un principio me dediqué al trasfondo, digamos, cultural-intelectual. Es decir, sí estoy de acuerdo, era un bichito de ojos claros, que hablaba raro y que eso obviamente cuando yo estaba en radio la gente no me conocía la cara, pero cuando se les dio por sacarme en televisión. Entonces sí, me pudo haber favorecido, pero entonces era un reto para mí, porque solo por eso bien pude haber durado un par de años… y bueno, físicamente tampoco digamos que yo tuviera mucha competencia. En los 80s en televisión acá los que salían era un atajo de viejos gordos que estaban desde la creación de estar ahí…
¿Atajo de viejos gordos?
Sí.
¿Ya estaba Willie Maldonado?
(Silencio) Sí, ya estaba.
Ja, ja, ja, ja. Ok. ¿Y por qué decís que te hicieron la vida imposible?
Es que antes hice, por ejemplo, Buscando Estrellas, era traductor en los Miss Universo. Si mi paso de radio a televisión fue tan controversial como el hecho de que yo en radio, como en la Femenina solo era música en inglés, yo traducía canciones, porque también me parecía importante que la gente supiera de algunas burradas que oía. Entonces un día alguien que no conozco y que es el culpable de todo esto me escuchó traduciendo simultáneamente y como Don Boris (Esersky) andaba buscando gente para eso, entré a televisión como voz de traducción, pero un día se les ocurrió sacarme al aire porque era una emisión en vivo de Miss Universo.
Entonces las críticas eran porque tenía ojos claros, que eran de verdad, y encima y me hicieron la vida imposible cuantos sindicatos te imaginés porque no concebían eso. Me cuestionaban mi status migratorio, se iban a quejar con Don Boris, hubo un par de personas con las que llegamos a agarrarnos a patada limpia, porque es la mejor manera de resolver cuestiones radicales…
A ver, ¿y serás una especie en extinción, de ser una figura “televisiva con coco”?
Es que no veo televisión, no sé quién hay, en radio solo escucho a Carlitos Aranzamendi. No veo televisión, pero estoy plenamente conciente de que la transculturización de mexicanadas esta que nos ha caído es la más letal que le podría pasar a una generación incipiente de gente como yo, que tenía otra idea.
Pero Viva la Mañana es muy parecido a esas mexicanadas.
Quitale el “muy parecido”, es idéntico. Pero quedemos bien claros: Viva la Mañana, cuando TCS me llamó de regreso porque me necesitaban para ese proyecto, no iba a ser como antes, director, escenógrafo, productor, etc. etc. yo ahora trabajo de maniquí.
¿Te gusta ser un maniquí de la televisión?
Es muy cómodo. Me siento muy cómodo, es una extensión de mi oficina, en la cual paso tres horas toda la mañana, conectado a la computadora, viendo que todo se vaya entregando.
Y siempre bien pagado.
Y bien pagado. Ja, ja, ja. Pero sí soy un maniquí.
En este país no existe la farándula, pero lo más cerca de lo que se concibe aquí como farándula está alrededor de Viva la Mañana…
¡Imagínate qué asco! Mira, yo detesto todo ese tipo de… y lo he detestado siempre.
Se va enojar Luciana cuando lea esto.
Perdón. Poca gente me conoce tanto y te puede ratificar esas palabras como Luciana. Si es una mujer con la que paso sentado tres horas al día.
¡Y qué mujer!
Sí. Es más, lo principal que tiene ese grupo de Viva la Mañana, y digamos que es lo único que medio salva al programa, es que somos cinco seres humanos totalmente heterogéneos, que nos llevamos maravillosamente bien. Y esa parte de la neo prensa de espectáculo a mí me resulta vomitiva.
Habrá quienes disfrutan ese mundillo de la farándula, de ese trato.
Hay mucha gente que lo disfruta. Es más, yo sé de gente que donde hay un fotógrafo se para enfrente. Pero yo no soy así y nunca he sido así. No va conmigo.
¿Cómo aguantas ser parte de esto?
¿De qué?
De este ambiente. Lo estás criticando…
No, yo no lo estoy criticando. Escúchame, es una forma de vida mía y muy necesaria. Televisión lo haces por dos motivos: o porque te apasiona, o porque necesitas el dinero que te están pagando.
¿Vos regresaste porque te apasionaba?
No.
Jajaja
Es más, busquemos respuestas a lo que ya platicamos. A mí lo que me fascina es la radio, pero no hago radio simplemente porque no es rentable, porque me absorbería cualquier cantidad de tiempo. Soy feliz llegando a las ocho de la noche a mi casa, estar con mis hijos, abrazarlos, leer un buen libro, etcétera, etcétera.
¿Dejas a tus hijos ver la programación nacional?
¡Claro! ¿Por qué no? Mis hijos son libres de ver lo que quieran.
¿Te ven a vos?
No porque están estudiando los tres. Y aparte que…
Jajaja.
Entre ver a papá y ver a Bob el constructor, Bob el constructor va por goleada.
¿Cómo nace Domingo para todos?
Domingo para todos nace de la necesidad imperante de Canal 2 de ocuparme en algo, porque no me aguantaban, ja ja ja. Entré en septiembre del 81 a Canal Dos con un montón de trabajos esporádicos. Y como les resultaba muy oneroso estarme pagando por ese montón de trabajos esporádicos, me dieron un sueldo y a veces por no hacer nada o hacer muy poco. Yo era de los que estaban en los pasillos… ojo que me sirvió mucho; ahí aprendí a manejar cámaras, editar, mezclar audios. Ya había presentado cuatro o cinco proyectos para hacer cosas diferentes en televisión. En el área televisiva, no es tanto las ideas que presentes para que estas caminen, si no la necesidad que tiene en un momento dado la televisora de tomar esas ideas. Y en un momento dado me dijeron que las películas de Pedro Infante, de tanto pasarlas, veías a través del celuloide. Y añadieron: te animas a hacer un programa en vivo, los domingos, porque no podemos grabar tanto. Domingo para todos llegó a durar seis horas y media.