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Yo creo uno nace con el arte. Alguien dijo la otra vez que es un divino virus, y es cierto. A veces hay gente que quiere hacer arte, yo quisiera ser pintora, pero con las manos soy inútil. ¿Entonces qué hago para perfeccionar? A través del estudio, el oficio, pero con eso se nace. ¿Y a usted quién le contagió el virus? Mirá, tengo un tío, el hermano mayor de mi padre, él se llama Jorge M. Dada, él se fue a México y fue director, productor, guionista, y hasta la música de las películas hacía, pero por parte de mi abuelo, él era alemán, dicen que mi abuelo tenía una hermana en Alemania, que era la tía Frida, yo jamás la conocí, que la ilusión de ella toda su vida fue ser actriz. Pero nunca la dejó la familia, entonces yo creo que por los dos lados. Un tío, otro hermano de mi padre, el negocio de él era traer las películas que producía mi tío y después más películas mexicanas, además de las de mi tío, y presentarlas en El Salvador. También fue de las primeras empresas que vendieron música y, más adelante, fue uno de los directivos de la Comumbia Pictures. Entonces yo por los dos lados tuve la oportunidad, cuando ya era mujer, de entrar al mundo del espectáculo, ya hubiera sido por el lado de la Columbia Pictures o en México. Pero siempre he sido muy del terruño, para mí mis hijos, mis hermanos, mi familia, mis amigas, el calorcito de mi gente es lo que me ha dado vida y lo que me inspira en las cosas. Probé, probé en México y empecé unas actuaciones en “El hombre de la Mancha” como sustituta de la Dulcinea, el actor era el hijo de la María Félix, pero me volví, yo no sé cómo es que no me demandaron. ¿Cuántos años tenía para entonces? 32 años. ¿Y cómo se fue para México? ¿Cómo era ese ambiente? Es que el teatro comercial primero se hace con pocos recursos, con pocos ensayos, digo el comercial, porque hay también grupos intelectuales buenísimos, pero se hacen apoyos, digamos, muletas. Por ejemplo, si voy a llorar (actuando como llorando), simplemente hago asíiiii. Porque no da tiempo el teatro comercial, las palabras lo dicen, teatro comercial. Y, segundo, se salía muy noche, tipo 2 ó 1 de la mañana y parrandeaban. Isabel Dada no era parrandera, pues. Bueno, sí, a mí me encanta salir con todos mis amigos, que vamos mucho a cenas, a esto a lo otro, pero allá cuando ya iban las drogas de por medio, y que la fulana era amante de la otra fulana, y fulano era amante del otro fulano, a mí me agarró un vértigo, un vértigo continuo, era un mareo que pasé un mes así, como cuando uno ha tomado licor y uno dice “bueno, ¿por qué ando mareada?”. Y me di cuenta de que no podía torear el ambiente, a menos que me metiera en él. Y yo he sido en muchos campos muy conservadora y el ambiente nuestro me ha cuidado, mis amigos me han querido. El mismo Roby (Salomón), cuando hemos ido de viaje a Cádiz, “me cuidan a Isabel”, decía (imita al director de teatro), “cuidado alguien me le ofrece una cosa rara por ahí”. Ja, ja, ja. Porque el ambiente lo va envolviendo a uno, entonces yo decía “bueno, ¿y esta muchacha no va a ir con nosotros?”, y me decían “no, es que ella ahora va a salir con su amante, porque ella tiene amante hombre y amante mujer”. O iba a una fiesta y estaban inhalando cocaína, en una palabra salvadoreña: un desvergue. Ja, ja, ja. Pero no es todo, sino que donde me había tocado a mí “no”, dije.
¿Se sintió sola estando allá? Sí (silencio largo), pero con muchas ilusiones de que era lo que había soñado en mi vida. Después, cuando mi tío que te digo que era de la Columbia Pictures me llevó a unas reuniones, a una fiesta en Panamá, donde iban a estar directores, entonces me hablaron de películas y estaban hablando de que se iba a empezar a trabajar ya con mucho desnudo y con mucha violencia. Las películas hasta los años 50 habían sido muy románticas, en los años 60 todavía, pero iba a empezar mucho más un poco de violencia, iban a usar armas, el sexo… cómo decirlo, más vivo. Y me asusté, dije “ay Dios mío”… pero yo creía que podía torear los ambientes, porque se puede, con inteligencia, apartarse lo que te conviene y meterte en lo que no te conviene. Si lo que me preocupaba es que tenía tres hijos: mi hija tenía 14 años, el otro 12 y el otro 11. Y entonces mis hijos no iban a poder torear el ambiente y estaban en una edad bien delicada, es ahí donde yo volteo a ver hacia atrás y digo “no, no me arrepiento”. ¿Y estando allá se hizo muy amiga del hijo de María Félix? No, él era un muchacho que llegaba a su camerino, era un divo, del camerino al escenario lo acompañaba su secretario deteniéndole una capa que él se ponía, esa capa tan preciosa solo para irse del camerino al escenario. Había que llegar y rendirle casi una pleitesía. Me decía la esposa de Fernando Junco “llevale un obsequio”. Yo una vez compré un Quijote de bronce para mí. “Regaláselo, hacele un regalo, dale un abrazo”. ¿Y se lo tuvo que dar? No, es que mirá, se ponía en un puesto de divo. Él no platica mucho a menos que tú te hagas… no servil, sino que lo sepás atender. Entonces yo le digo “mirá, no, yo no le voy a regalar mi Quijote, Eva”. ¿Por qué voy a llegar yo todos los días que cómo está, que si quiere un café, que qué tal durmió, que en qué le puedo servir? No. Entonces él me conversaba que “tú eres de El Salvador”, pero después que miró la forma en que lo trataba me decía “mira, salvadoreña”, así que comprendí cuál era el ambiente que había, y qué hacía con mis hijos. Y soy además madre sola. A ver, y una vez se decidió, habiendo dejado atrás la oportunidad de ser actriz en un país donde el teatro sí tiene bases sólidas, ¿con qué perspectivas llegó de vuelta a El Salvador? Es que, es más, ya habíamos estrenado “El Zoológico de Cristal”, de Tennessee Williams, en Guatemala, ya habíamos hecho las 10 presentaciones o 20 en el Teatro Nacional, trabajando con ActoTeatro bajo la dirección de Salomón, y teníamos una función y Salomón “¿y la función?”. Y yo (haciendo voz a punto de llorar) “es que no ves que me han contratado en México, y además estamos en guerra, era el año 80, si yo hago esto me traigo a mis hijos, me hago rica y además me salvo de la guerra, ¿Y cómo no vas a entender que te deje plantado por una función?”. Ja, ja, ja, ja, ja, ja. Entonces sí había perspectivas, pero Roby entendió. Al venir aquí casi todos mis compañeros, a los meses, se estaban yendo para afuera. La vida da muchos cambios, estaban viviendo fuera, en el extranjero, la guerra duró 12 años, casi nadie quedó aquí. Lo que hice en ese tiempo fue hacer recitales de poesía, monólogos en galerías de pintura. De repente murió mi padre, me deprimí, se me arruinó mi tiroides porque me deprimí, me engordé. Pasé cinco años esperando que pasara la guerra, en el 92 se firman los Acuerdos de Paz, inmediatamente le hablé a Salomón y le dije “Roberto, montemos Bodas de Sangre”, y me dice “mejor trabajemos con Sol del Río en un proyecto que se llama Tierra de Cenizas y Esperanza”. Y yo inmediatamente que dije vienen los Soles de regreso, otra vez entramos. ¿Y cuándo no vive del teatro, cuando no hay la oportunidad sobre las tablas, qué hace? Es que a mí mi padre me dejó para comer porque yo no podría haber hecho teatro y vivir del teatro, y ninguno de mis compañeros, al menos que estén dando clase… vaya, Roby está como director en Suiza y aquí dirigiendo todo lo del teatro Poma. Dinora (Cañénguez) trabaja como directora del elenco en la UCA, Ana Ruth (Aragón) trabaja como directora de un grupo teatral y no sé si todavía en la Escuela Americana, pero que alguien me diga que vive del teatro es mentira. Yo he gastado con el teatro, puse mi academia, y en aquellos tiempos hacíamos teatro en los parques, se daban clase, pero yo tenía egresos, egresos, egresos. Aquí no hay subsidios, esas alianzas que hace el Estado con la empresa privada. Para que algo sea sostenido y con bases, que valga la pena, pero la prueba es que no tenemos un teatro nacional, entonces el teatro Poma, por ejemplo, funciona, pero no siempre. Cuando yo estaba chiquita había tres teatros y yo veía que la gente mayor iba al teatro, al Variedades, El Apolo, yo veía que la gente se iba a pie al teatro hasta con unas sus pieles, con el gran calor, ja, ja, ja, pero la gente con sus pieles. Si tú me preguntas si el teatro ha evolucionado, yo digo que al contrario, que ha involucionado. ¿Pero es por falta de un público que lo consuma o por qué? Yo no he visto un teatro donde vaya poquita gente, la gente donde hay teatro va encantada. Lo que pasa, vaya, cuando yo tenía 10 años habían traído a Don Edmundo Barbero a dirigir bellas artes, después, en los años 60, Salomón y el maestro Béneke formaron el bachillerato en artes. Ha habido épocas de interés acerca de la cultura y las artes, pero como el interés no ha sido sostenido. Pero antes en los colegios se daba clase de canto, clases de teatro, llegaba don Edmundo a montar obras con los alumnos. Aquí no hay educación artística, se borró, se borró. ¿Falta de interés de los gobiernos entonces? De un interés verdadero. Que el país es pobre, sí, pero Costa Rica no es un país rico, y Costa Rica no te digo que tiene los teatros de Broadway, pero tiene salas particulares de teatro. Desde hace muchos años tiene dos facultades, ¡facultades! de arte en Heredia y San José. Los primeros profesores llegaron de Europa y cuando se hace aquel bachillerato en artes Salomón trajo a una pareja de España y con él y otros salvadoreños me acuerdo que dirigían el bachillerato en artes. Entonces si no hay un verdadero interés gubernamental, ¿qué hacemos? Para mí, que somos pobres, lo vuelvo a repetir, sí, pero yo veo un gran desbalance en el desarrollo de ciertas áreas en el país y en el desarrollo de otras áreas. ¿Dónde ves el desbalance? Como que fueran los parientes ricos y los parientes pobres, ja, ja, ja. Que la familia dice “que ahí viene fulano, ay no, qué será, que quiere dinero quizás”, ja, ja, ja. Entonces la educación, la salud, el arte y la cultura son los parientes pobres. Los parientes ricos ya sabemos cuáles son, pero en ese tema ya no me meto más profundo, je, je, je. Pero bueno, para mí en el arte y la cultura se conoce la verdadera indentidad y el verdadero progreso de un pueblo. ¿Que tenemos que ser competitivos en esta globalización? Pero para ser competitivos tenés que tener educación y cultura, tenés que ser creativo y para eso tener educación más avanzada, si no lo que vamos a ser es la mano de obra de otros creativos. No hay interés y yo ya no me siento en una edad de ir de almacén en almacén y decir “miren, por favor, me da telas para tal cosa, nos regalan madera”. |
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