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Elena de Alfaro, empresaria salvadoreña

“Si seguimos con esta polarización vamos a ser más pobres”

Mujer, madre, empresaria, figura pública. Elena de Alfaro es originaria de Costa Rica, desde los siete años vive en El Salvador  y en los últimos años se convirtió en uno de los rostros más visibles de la empresa privada nacional. Nena, como pide que la llamen, se sentó a platicar con El Faro durante dos horas en las que explicó su vida en el mundo empresarial y gremial; de las horas que roba al sueño para cumplir con sus diferentes roles como mujer; de su visión de país y la necesidad de ser “solidarios” con la gente de un “El Salvador que necesita más conocimiento para salir de la pobreza”; y de sus críticas a los gobiernos de turno.

Frente a una ensalada, entre bromas y con mil ejemplos, se declara contraria a la publicidad gubernamental; a ser en un futuro funcionaria pública o correr por alguna alcaldía o la misma presidencia de la República; a la liberación femenina como tal; a los viajes repletos de “asesores” y otros extras de la presidencia; y a la visión de asistencialismo con que se manejan ciertos subsidios estatales.  “Hay que enseñarle a la gente a ser mejores para que ya no dependan del gobierno”, dice y la plática se extiende más allá del café.

Edith Portillo, Rodrigo Baires Quezada y Paolo Luers
Fotos: Edu Ponces

cartas@elfaro.net
Publicada el 26 de marzo - El Faro

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Usted es de las mujeres más reconocidas en la empresa privada salvadoreña, ¿cómo inició en todo este mundo de la empresa privada?
Tengo que empezar por mi mamá. Ella siempre creyó mucho en el modelo de las gremiales, de hecho ella fue la primera presidente de COEXPORT, en 1980 o 1981. Cuando ella murió, esta su servidora llegó a su empresa y me invitaron a formar parte de COEXPORT.

En 1986 nos invitaron a Guatemala y nos dijeron que las salvadoreñas no estaban haciendo un trabajo bien hecho para incluirse en organizaciones de poder políticas, sociales, gremiales… de lo que sea.

¿Quién les hizo ese regaño?
Nos llamaron a seis mujeres de cada uno de los países de la región. Fue interesante, porque entre ellas estaba María Eugenia Brizuela, Claudia Quiñónez, Ángela Biller, Lorena Alvarado… Hablamos de seis mujeres que llegamos a ocupar puestos bastante simpáticos con el tiempo. Todas fuimos ahí y la verdad es que no sabíamos a lo que íbamos.

En Guatemala nos dijeron que tenía que cambiar la cuota de participación de las mujeres en el país. Unos meses más tarde nos dieron un poco de entrenamiento e, inclusive, después nos enseñaron cómo entrar en un lugar. En esa época, más o menos, invitan a la empresa a entrar a la Cámara de Comercio y unos años más tarde a ser parte del Comité de Exportadores.

Ahí es donde empieza mi labor gremial, pero más que nada empieza de una llamada de atención de parte de un grupo de mujeres muy fuerte de Estados Unidos, entre las que estaba Holly Coors, dueña de la cervecera Coors. Ese grupo nos dijo: “nosotras las apoyamos a ustedes para que hagan algo”. El reto es un tanto difícil. Nos mandaron al INCAE a un entrenamiento donde habían un 40 mujeres de la región, a un curso de liderazgo con la condición de que le diéramos seguimiento en nuestros países.

¿Fueron a que les jalaran las orejas?
Sí, a eso fuimos, a que nos jalaran las orejas pero bien jaladas. Nosotros teníamos el compromiso de involucrar a otras mujeres a participar y viendo para atrás se ha tenido un mejoría pero no necesariamente, en este caso, apegada a la liberación femenina, porque no creo mucho en ese concepto. Es que en este caso, las mujeres, que conforman el 52 ó el 54 por ciento de la población de este país, realmente no estamos involucradas en las decisiones fuertes de este país. Algo que nos llamaron la atención… ellos tenían bien controlado toda la situación en la región y decían que la participación de la mujer se limitaba al 2.5 por ciento en instituciones gremiales, políticas, organizaciones no gubernamentales… había bien poca participación, sobre todo en la Asamblea Legislativa. Que si ven hacia atrás la participación de la mujer era bien, bien poca.

Regresan a El Salvador y cuáles son los primeros pasos para conseguir una mayor participación de la mujer.
Bueno, organizamos la Fundación para el Desarrollo de la Mujer Salvadoreña (FUDEM), que tenía el propósito de capacitar a la mujer para mejorar su desarrollar y su participación social. Hicimos varios seminarios de capacitación hacia mujeres, sobre todo en temas de liderazgo, y se creció un poco en participación pero no en la misma proporción. Lastimosamente… bueno, no lastimosamente porque bendito Dios estamos haciendo un buen trabajo, sólo el año pasado se atendieron 175 mil personas para salud visual. Pero la función principal de FUDEM se fue a salud visual y dental.

Y ahorita, ¿dónde ve más rezagos, en política o en el mundo empresarial?
En todo. Lo vemos en la parte gremial…

¿… Usted es la excepción ahí?
Ja ja ja. Yo creo que es que… yo lo veo muy poco. En la Asamblea vemos menos diputadas que en la legislatura anterior y quien más esfuerzo ha hecho en este sentido es el FMLN. Veamos en las organizaciones gremiales empresariales: en ASI, hay una mujer; en COEXPORT, hay dos o tres mujeres como mucho; en la Cámara, por insistencia personal, las mujeres tienen que tener un 25 por ciento –cuando yo llegué a la presidencia éramos dos y me propuse llegar a tres para el siguiente año y a cuatro antes de terminar mi período para ser el 25 por ciento-; en la ANEP, somos nada más dos mujeres.

¿Y en el gobierno?
Ha habido un poco más de participación en estos años, pero siempre son los mismos cargos.

Ahí vemos mujeres de carácter fuerte…
…Claro, está Yolanda (de Gaviria), la ministra de Economía, con un excelente papel. Evelyn (Jacir de Lovo), Margarita Escobar, viceministra de Relaciones Exteriores… o sea que hay un poco más de participación.

¿Cómo toman los hombres esa necesidad de inmiscuir más a la mujer en el quehacer político y social?
Yo, en lo particular, si debo de ser sincera, nunca he tenido problemas en el sentido de llegar adonde me han puesto. Yo nunca he luchado por una posición, nunca he peleado con nadie por ser presidente de una gremial o estar en cualquier cargo, siempre me han llamado. He llegado, primero -yo soy bien creyente- por gracia de Dios. Nunca me he matado por estar en un cargo… eso sí, cuando he llegado y me han pedido que trabaje en algo me he metido con el convencimiento de que hay que hacer algo.

¿Nunca llegó a un gremio y le dijeron que fuera a hacer el café?
No… Ja ja ja.

El mundo empresarial salvadoreño, por lo que usted dice, era un mundo de hombres y llegar a cambiar eso debe haber sido difícil.
Mire, solo hubo reticencia cuando me vieron llegaron llegar porque soy de una empresa chiquita (artesanías), graduada en turismo y han de haber dicho “¿y esta vieja qué anda haciendo acá?”…

… Se han de haber preguntado que entendería usted de la gran empresa…
…Sí, de exportaciones, de gran industria, de conceptos económicos… de todo eso. Quizás, más que como mujer, fue por eso que me vieron raro. Muchas veces he discutido en algunas gremiales que mis conocimientos son limitados, porque es cierto, y cuando me nombran en algo siempre digo: “Yo de esto no sé nada”. Pero, la verdad es que creo que, como muchos, aprendí en la universidad del palo, de la vida, que es la que más nos enseña a repetir las cosas que hicimos bien y a aprender de las que hicimos mal para no repetirlas. Más que sentirme desplazada como mujer, algunas veces el problema no fue el género sino a lo que me dedicaba. Pero eso es lo que me ha hecho más rica, porque me ha permitido conocer otros aspectos del país, ir a los pueblos, ver la realidad y comprender muchas cosas que otros posiblemente no conocen.

A estas alturas, ¿siente que sus palabras son escuchadas para tomar decisiones importantes en este país? Le pregunto porque está metida en la Comisión de Seguridad de la presidencia, ha hecho llamamientos muy fuertes sobre la situación de inseguridad y violencia… ¿Siente que la escuchan cuando habla de estas cosas?
No me gusta darme los tacos pero muchas veces en este país se opina pero no se dicen las cosas… algunas veces por no herir sentimientos o porque pueden tomar represalias. Pero creo que el problema es que no estamos acostumbrados a recibir críticas y todo lo que he dicho lo he tratado de hablar no como “mis intereses particulares” sino como “los intereses del país”.  Por eso creo que en repetidas veces se nos ha escuchado en temas algo peliagudos.

Si ustedes revisan, el tema de la seguridad lo enfocó la Cámara mucho tiempo antes que el ex embajador, estuvimos con Paolo en una concentración en El Salvador del Mundo… no fuimos los primeros, pero tanto molestamos unos y otros que creo que finalmente nos oyeron. En el mismo tema del reordenamiento del centro de San Salvador dijimos que no debería de ser un problema de la Alcaldía sino que de todos. Y es ahí donde hacemos el llamado al gobierno central que no se haga el loco. Y creo que es ahí donde el gobierno decide colaborar también. Entonces, nos hemos puesto a señalar problemas como la eficiencia, porque somos un país que quiere ser un centro logístico, que quiere atraer visitantes e inversiones a El Salvador pero no hacemos lo posible por facilitarlas. Decimos que los informales se vuelvan formales, pero no les facilitamos los trámites para que lo hagan. Yo sí creo que a pesar de que su servidora tiene pocos conocimientos en temas de país sí se nos ha escuchado en una buena parte.

¿Y decir públicamente que bajaran los gastos de publicidad del gobierno y que estos fondos fueran invertidos a seguridad pública no le trajo un nuevo jalón de orejas?
Ja ja ja.

¿Cómo lo tomó la presidencia?
Ja ja ja, ¿cómo lo tomaron los mismos medios de comunicación?, porque decir en un medio que estaban gastando demasiado en publicidad va también en contra de los intereses de algunos medios. A muchos medios… no digo a uno o a dos, a muchos no le gustó.

¡Pero igual lo publicaron!
Sí, pero nos jalaron la oreja muchos medios. Lo publicaron y después nos jalaron las orejas.

¿Le jalaron la oreja los medios o la empresa privada?
Medios y de los otros… No, de la empresa privada nadie… bueno, los medios son empresas privadas. Pero, en un país, por poner ejemplo, donde no hay dinero para reparar radios o vehículos de la Policía Nacional Civil (PNC) o que no alcanza para pagarle una medicina a gente de escasos recursos o comprar libros y computadoras para una escuela, es triste gastarse tanta plata en publicidad. Y ojo, una cosa es publicidad y otra es anunciar que se brindará un servicio desde el gobierno, que es algo en lo que estoy de acuerdo. Pero hacer publicidad a obras siento que no se debe de hacer y es una responsabilidad de la empresa privada y de la ciudadanía señalar que no debe de haber un gasto innecesario en lo que sea.

Como mujer lo veo así y yo creo que usted me entenderá (se dirige a Edith Portillo). Las mujeres somos las administradoras de cada centavo que entra en la casa…

… Yo tengo una madre que se encarga de eso y que quiere enseñarme sin mucho éxito.
Ajá, entonces no me dejará mentir. Como mujer nos gusta que los gastos sean razonables. Por supuesto, si vemos eso hay que señalar que no estamos de acuerdo.

¿Y no le habló el presidente para decirle: ¡Mirá Nena, te pasaste!?
Ja ja ja.

Yo pregunto porque él es un empresario y tendrá algún nexo con la Cámara de Comercio.
Ja ja ja. Me imagino que al presidente le ha de haber molestado porque fui muy fuerte con la forma de proceder y no solamente me dirigí a publicidad sino que también a gastos en viajes. Por supuesto, cuando uno ataca viajes y publicidad se va directo al presidente y eso no le habrá gustado.

Pero, ¿nunca le dijo nada? ¿No le habló por teléfono alguien de la oficina de comunicaciones de la presidencia?
Directamente, por teléfono, no; indirectamente, sí.

Nosotros publicamos sus declaraciones y hasta el FMLN lo retomó en la Asamblea Legislativa.
Es que es cierto y lo voy a seguir diciendo hasta el día en que vea un gasto razonable en difusión, no en publicidad.

¿No le parece razonable gastar 7.4 millones de dólares en comunicaciones de Casa Presidencial?
Eso es lo que les han dicho a ustedes.

Ja ja ja. Eso es lo que está en el presupuesto de este año
Eso es lo que le han dicho… ok.

Ja ja ja. Estará en la partida secreta entonces.
No sé… pero súmele lo que se gasta en otros ministerios. Miren el otro día al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social diciendo que no hay pisto para medicinas y sale un anuncio de página entera del ministro colocando un ladrillo en un hoyo. ¿Cuánto cuesta un anuncio de página entera en un periódico? ¿No cree que sea mejor gastar ese dinero en medicinas? Si usted me dice que se va a gastar dinero para comunicarle a la gente cómo se debe de utilizar el agua potable, porqué debo de estudiar… estaría bien. ¿Saben qué ataqué bastante?, aquella campaña que se llamaba “El Salvador vale la pena”, algo así. Esa es una de las campañas que más me dolió porque qué es lo que vale la pena. El mensaje tuvo que haber sido “Estudiar vale la pena”, “Cuidar bien a sus hijos vale la pena”, “Tiempo de calidad vale la pena”, “Superarse vale la pena”. Pero no fue ese, sino que lo único que nos transmitían fue una imagen de nuestro presidente. El “vale la pena” es muy bueno pero lo que realmente vale la pena es formarse, la responsabilidad social empresarial, los códigos de conducta, compartir conocimientos… eso es lo que vale la pena. Un mensaje vacío o a la mitad no vale la pena.

       
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