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Plática con Lisandro Pohl, empresario de bares y directivo de fútbol
“Aquí se quiere satanizar la vida nocturna”
El dueño del bar Los Rinconcitos y presidente del club de fútbol Chalatenango llega muy puntual a la entrevista, muy puntual. Tanto que tuvimos que pedirle disculpas por nuestro “pequeño” retraso. Vestido con unos jeans y una camisa manga larga, cuenta su ingreso al negocio de los bares desde que era joven, allá por los años setenta. Trabajó en un hotel, se casó con una clienta y se fue a vivir a Estados Unidos, en donde estudió lo que él ahora llama su “profesión”.
Se divorció, regresó a un país todavía en conflicto a trabajar en los hoteles y restaurantes de un primo y luego buscó su propio sueño. Y no le ha ido mal.
La plática inicia con una oferta para que hagamos algo parecido a esta sección –o que pasemos la sección- a su bar-restaurante Los Rinconcitos; y con una declaratoria tentadora: “pregunten, yo no guardo respuestas para nadie”.
Daniel Valencia y Rodrigo Baires Quezada
Fotos: Gracia Rodríguez
cartas@elfaro.net
Publicada el 26 de febrero - El Faro |
¿Qué más sos, aparte de dueño de bares y restaurantes y directivo de fútbol?
Básicamente creo que soy una persona decente. Me honro mucho de mi palabra. Es algo que uno oye cuando crece… la gente de antes decía que su palabra valía más que su firma. Tuve la suerte de tener un papá que ejemplificaba eso. Es una persona bien honesta, responsable, mucha gente confía en él y él siempre les respondió. Cuando yo estaba pequeño, ver cómo la gente se expresaba de él, escuchar los comentarios que hacían de mi papá, me hizo sentir muy orgulloso, saber que esa era una cualidad que había de cultivar. Ser honesto, decente… Mi vida la he tratado de manejar bajo ese principio de cuando das tu palabra, cumplirla.
¿Es difícil abrir un bar-restaurante y que sea exitoso?
A veces, te diré, es cuestión de suerte. Puedes abrir un gran negocio, tomando en cuenta todos los detalles, pero al final el veredicto te lo dan los clientes. Y a veces, aunque un lugar sea muy bonito, por X motivos no van. Y entonces te dicen “ah!, es que no servía”; y no, el lugar era precioso lo que pasa es que la gente no lo quiso ir a conocer o la ubicación del lugar era un poquito difícil. Existen muchos casos. A veces se necesita un poquito eso, la suerte; y que a la clientela le guste.
¿Cómo empezaste?
De joven. Estaba en la universidad de El Salvador y la cerraron por cuestiones políticas en el año 72-73, más o menos, cuando la época de Duarte y que Molina ganó la presidencia; y todas las manifestaciones universitarias de la época. Cerraron la universidad por dos años y toda la masa estudiantil se fue a la calle a ver qué hacía.
¿Y qué hiciste?
Me fui a trabajar al Hotel Camino Real, que en esos momentos estaba por abrir, y a Dios gracias siempre fui una persona que me gustaba el trabajo, me responsabilicé en él; y entonces el gerente me tomó cariño y confianza.
¿Qué hacías en el hotel?
Comencé como “cubre turnos” en la noche. Cubría la recepción nocturna, la auditoría de alimentos y bebidas, el conmutador, la subgerencia nocturna; y mala suerte para un compañero que era subgerente nocturno, y que era bolito. A los dos meses lo echaron.
¿Vos no eras bolito?
No, yo no. Nunca tomé. Yo tomé ya después.
Ja ja ja ja
¡Bueno, tampoco es que ahora sea bolito! La verdad es que borracheras me habré puesto cuatro o cinco, en cincuenta y picos de años. No son muchas.
¿Te dieron el puesto del bolito?
Me quedé como subgerente nocturno, porque era el único que cubría los turnos y aprendí bien el trabajo. Después de eso fui subiendo en la escala de promociones del hotel y me gané la confianza del gerente. Después se me hizo difícil reiniciar en la universidad la carrera (Ingeniería química). Posterior a eso, ya en Estados Unidos, hice la carrera de administración de hoteles y restaurantes.
¿Por qué te fuiste a Estados Unidos?
Me fui porque en el 78 me casé con una americana. Y en ese momentito comenzaban ya los conflictos bien serios en el país, y ella estuvo en medio de una balacera cuando secuestraron al embajador de Sudáfrica. Ella estuvo tirada como por una hora y media mientras pasaba toda la… ella daba clases de inglés y ahí había una escuela de inglés. Cuando la fui a traer y todo, los papás, todos escandalizados, le dijeron que se fuera. Estaba recién embarazada y decidimos irnos. Me fui a trabajar en lo mismo.
Ella no se hospedaba en el hotel, ¿o sí?
Ahí la conocí.
Ja ja ja ja
Cuando la vi yo era el maitre del restaurante El Escorial. Cuando llegó con los papás y todo dije: ¡qué bonita esa rubia! Estaba cipote. Ahí empecé a hacer ojitos y en esa época, en el restaurante, preparabas la comida frente a las mesas. Entonces había una gran comunicación con tus clientes. Y claro, la malicia, la época y todo, después de la cena la invité a una discoteca y ahí comenzó el romance.
Rapidito pues.
Fue rapidito, sí. Duró siete años y lamentablemente después nos divorciamos. Ella era modelo, era bonita, y vivía en su mundo de modelaje. Y ya después que pasa la primera emoción de la atracción física hay otros valores que te empiezan a hacer falta. Nos divorciamos y regresé al país.
¿Y durante siete años, sólo estudiaste?
Saqué la carrera y trabajé en el área de restaurantes. Originalmente en hotelería, lo que pasa es que es bien sacrificado cuando estás en un nivel ejecutivo. Las empresas te mandan de un país a otro. Yo estaba trabajando con la Holiday Inn y me había ido a Panamá; y de Panamá me querían mandar a Costa Rica. A mi esposa no le gustó, decidí regresar y reubicarme nuevamente en Estados Unidos. Ahí pasé al área de restaurantes. Trabajé cuatro años y tomé la decisión de venirme.
¿En el 85?
Casi al final.
Aquí estábamos a medio conflicto.
Estaba bien difícil. De hecho cuando fue la ofensiva final yo vivía en la Escalón. Había viajado esa mañana a dejar a mis hijos al aeropuerto. Los mandé precisamente por la situación. Cuando regresé del aeropuerto ya no pude ingresar a mi casa. Estaba toda la cuadra tomada. Trabajaba en ese tiempo en el Hotel Siesta y en las empresas de mi primo, Carlos Hirleman. Ahí me quedé como tres días (el Hotel Siesta). Menos mal que tenía esa facilidad, sólo tuve que comprar calzoncillos, camisas y pantalones ja ja ja.
Entonces acá iniciaste en el Siesta.
Mi primo tenía la cadena de restaurantes La Diligencia, el Hotel, la Ponderosa, Doña Mercedes… Fui gerente general por toda la experiencia y los estudios que tenía. Trabajé con él aproximadamente cinco o seis años.
Pero tenías tus ideas.
Obviamente. Aún cuando aprendimos juntos y crecimos juntos, siempre querés tener cierta independencia y creatividad de lo que querés hacer. Me independicé y fundé el primer Dallas en la Zona Rosa. Fue un éxito a Dios gracias; después abrí el otro Dallas en la autopista.
¿En qué año?
En el 90.
¿No te pareció arriesgado poner negocios en un país, en ese año, todavía en conflicto?
La verdad es que uno cuando se cree a sí mismo, tiene ilusiones, son cosas que no las pensás tanto. Tenía la idea clara de lo que quería hacer, tenía confianza en mis capacidades y me dejé ir… después fue Puerto Escondido y luego desarrollamos, creo yo, uno de los lugares más bonitos en el país que era OK Maguey y Papasitos. Un concepto de un restaurante mexicano y una taberna bailable. Lamentablemente al año de eso tuvimos problemas financieros por una serie de inversiones financieras que se hicieron y prácticamente todo eso se perdió. Me tocó comenzar nuevamente con Dallas y Puerto Escondido y, otra vez, a Dios gracias, logramos levantar la empresa y fue así como hice la inversión en la Zona Rosa con un bar-café.
Los Rinconcitos
La idea era que fuera un bar-café donde la gente pudiera ir a hablar, tomar sus tragos y comer rico. La verdad es que fue un éxito tremendo desde que lo abrimos y sigue siendo una referencia en la Zona Rosa. Fue en 2000-2001. Vamos a cumplir siete años hoy en marzo.
¿Es difícil ser empresario un este país?
Como en todo hay un poquito de desorden en todo. A veces se cambian las cosas de administración en administración (municipal) y se confunden en cómo hacer las cosas. De un jefe a otro jefe te cambian las cosas, los requisitos varían, las prioridades…
¿Invertir en el 2000-2001 en la Zona Rosa no fue una locura? Ya estaba muriendo.
Pienso que hay parte de la Zona Rosa que muere, pero en esto de los negocios de los restaurantes hay muchos lugares de moda que cuando los abrís todo mundo quiere ir y después de seis meses abren otro y todo mundo se va. Yo traté que lo mío no fuera de moda, que fuera algo que se instituyera, que la gente fuera no por la moda, sino por el servicio, la ambientación, por todo lo que iba a encontrar ahí.
¿Qué pasó en la Zona?
Eso ya lo veía venir. La Zona tuvo su problema por la falta de ética de muchos empresarios que se meten no por profesión sino que por negocio, entonces no entiende. Yo a esto me he metido no por negocio sino porque es mi profesión. Si cuidás lo que hacés, porque metés tu orgullo en eso…
No te entiendo.
La diferencia es que tú podés hacer algo porque ves que a aquel le va a bien y lo haré porque sacaré dinero; o que tú hagás algo porque tenés una idea, creés en eso, es tu profesión.
Hubo un momento que la Zona, como dicen los jóvenes, perdió patada.
Yo no creo que la zona haya perdido patada, perdieron patada los bares que no se cuidaron. Te pongo el caso de Los Rinconcitos: siete años, es un éxito. Vas cualquier día de semana y siempre verás bastante gente. Mucho extranjero sigue llegando, y eso es importante, porque te sirve para asentar más ese ambiente bohemio, informal, no es un lugar clasista, elitista, en donde si no vas vestido de tal forma no te dejamos entrar. No creo en eso.
¿Es una percepción nada más?
Sé que muchos lugares abrieron, no los supieron cuidar, y eso generó el cierre de muchos de ellos.
Toda la parte original, por la embajada de Brasil.
Sí. Te puedo mencionar, sin querer ofender a nadie, baños sucios, cocinas a la par de los baños, meseros que no sabían de servicio y te cobraban aparte de la factura. O a una persona que estaba muy bola le seguían sirviendo con tal de seguir vendiendo. Y los resultados ahí están. Pero tenés muchos buenos lugares: Tre Fratelli, Shaw's, tenés dos hoteles y tú estás en medio –y ahora hay mucho tráfico de turistas de esos dos lugares-; tenés Tony Romas, Paradise… lugares que tienen tanto tiempo y siguen teniendo relevancia. No nos confundamos. De hecho, creo que la Zona Rosa en cualquier momento volverá a tener un realce mucho más grande que cualquier otro lugar.
¿Cuándo?
Ahorita aquí se ha puesto de moda el concepto de los malls de entretenimiento, pero esas cosas en Estados Unidos ya fracasaron. Tuvieron su momento. Aquí lo que pasa es que siempre venimos con ideas que allá ya se rechazaron. La idea de ir a un mall a buscar un bar allá ya no funciona. Te lo digo porque todavía vivía allá cuando se inauguraron este tipo de conceptos. Ahora tú vas y la mayoría son cuestiones de oficinas.
¿Cuál es la diferencia?
Que cada lugar es distinto. Cada lugar tiene la identidad de su dueño, su propia estructura, dinámica, interacción de cada quien. En los otros lugares, internamente podrán ser distintos, pero es todo un mall igual.
¿Y cuál es tu identidad?
Siempre ha sido un poco más lo bohemio, lo colonial, lo viejo. Viví en la hacienda cuando estaba chiquito y siempre me identifiqué con las cosas coloniales. A mi lo moderno no me gusta, me aburre bien rápido, me choca, siento que es impersonal, de moda que pasa.
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