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¿Cómo un economista chileno termina trabajando en El Salvador? Era el economista en el Fondo Monetario que estaba a cargo, primero, de Belice y Guatemala. Luego tomé Guatemala y Nicaragua; y, después, agregamos El Salvador. Era la época de grandes conflictos en la región: los sandinistas recién habían llegado al poder en Nicaragua; había un conflicto interno en El Salvador; y, en Guatemala, con los militares en el gobierno y grandes problemas de derechos humanos. No había mucha gente que estuviera decidida a trabajar en países como estos. Pero yo no vi ningún problema. Pasado el tiempo se aproximó a hablar AID y me ofrecieron que diera apoyo de políticas macro económicas al gobierno de Napoleón Duarte, que tenía serios problemas de conformación, especialmente, de los presupuestos monetarios y el diseño de las medidas que tenía que adoptar. Entonces me vine a El Salvador por un año, hace más de 20 años, y vivo aquí desde 1986. Claro, para medir la estadía de una persona en El Salvador se hace por la cantidad de terremotos, y tengo tres. ¿Y por qué se quedó en el país? Porque me casé con una salvadoreña y en ese momento teníamos que discutir si nos íbamos a Washington, Estados Unidos, o quedarnos en el país. Al final, el poder de convicción femenino fue más fuerte y me quedé. Incluso, mi madre se vino de Chile a vivir con nosotros, falleció y está enterrada aquí. Soy salvadoreño nacionalizado desde hace más de 10 años, con dos hijos salvadoreños y dos hijas americanas. En plena guerra civil y lo convencieron de quedarse en el país... ...Por la familia. Ella quería estar con su familia, mi señora es una salvadoreña de raíces profundas en su país. Hasta en la forma de comer, ella no puede dejar de comer sus tortillas, sus frijoles, su queso duro y sus chacalines... Yo venía por un año y el contrato se alargó por uno más y luego por otro, entonces echamos raíces poco a poco y nos quedamos aquí. ¿Cómo vivió la guerra? Saliendo a la calle todos los días con algún grado de inseguridad. Además, dentro de las mismas familias siempre había alguien que moría de algún lado u otro del conflicto. Creo que no lo viví diferente que cualquiera de los salvadoreños. Lo que pasa es que me acomodé muy rápidamente al estilo de vida del país. El salvadoreño tiene una sociedad muy abierta, sobre todo si uno no viene a imponer sus ideas o tratar de apantallar con ellas. Creo que el salvadoreño se abre cuando uno intenta compartir sus ideas y facilita una comunicación. La otra cosa interesante es que se venía un proceso de grandes transformaciones y era desafiante trabajar por cambiar las estructuras económicas y, especialmente, el trabajo social que había que desarrollar era formidable. En esa época teníamos una pobreza que abarcaba el 71 por ciento de los salvadoreños y había que decidir como reducirla, como efectivamente se ha hecho aunque seguimos teniendo problemas grandes. Trabajó muy de cerca con el Gobierno de Duarte... ...Empiezo a trabajar con AID, cerca del gobierno de Duarte, viendo el análisis de la evolución económica. Trabajábamos directamente con el ministro de Economía, Ricardo Perdomo; el de Planificación, Fidel Chávez Mena; y el presidente del Banco Central de Reserva, que al final quedó Mauricio Choussy. ¿Qué fue más difícil, cambiar la estructura económica del país o la estructura mental de los actores del gobierno de Duarte en plena crisis? Las dos porque estábamos en guerra. Hace unos días atrás, Ricardo Perdomo me decía: “Tu tuviste la valentía y la visión de se tenía que cambiar el rumbo económico del país aunque estuviéramos en plena guerra”. El problema era que había que empezar a liberar la economía para que los privados tuvieran mayores opciones de emprender negocios. ¿No fue en ese momento en que se nacionalizó la banca, por ejemplo? No, la banca se nacionaliza en 1980. También se inicia la reforma agraria; la nacionalización del comercio externo, más enfocado a controlar las exportaciones de café; además de imponer restricciones a las importaciones, en ese momento había que pedir permiso al gobierno para importar una botella de licor, un televisor o un carro. Usted intentaba convencer al gobierno de liberar la economía cuando éste hablaba de todo lo contrario… Se podía convencer a la gente haciendo planteamientos; demostrando con hechos porqué en otros países se avanza más o menos; qué es lo que puede hacer la diferencia entre un país con otro o una sociedad con otra. Miren, cuando era joven, se decía que Estados Unidos progresaba porque ahí vivían sajones y nosotros no porque somos latinos, como si hubiera algún virus de incapacidad por la raza. Pero ahí tenemos uno de los mejores ejemplos que nos ha dado la historia: el caso de los cubanos que se fueron a Miami. Lo primero que hay que ver es que no todos los cubanos que salieron de la isla eran grandes capitalistas, eran empleados, profesionales y oficinistas en su mayoría. Pasados los años, si bien Cuba tiene algunas cosas que han progresado (en términos de calidad de vida sigue mejor), pero anclado en los años 60 y 70. Los de Miami, tomaron una ciudad que era de retirados y transformaron todo el estado de Florida completo en uno de los estados más prósperos y con mayor atracción de inversión en el país. ¿Cuál es la diferencia entre el cubano de la isla y el de Miami?, genéticamente no hay ninguna. ¿Es el sistema? Sí, el sistema de libertades y oportunidades y hay que saber aprovechar eso. En Estados Unidos les enseñan a cuidar, ahorrar e invertir el dólar para salir adelante. Eso mismo le ha pasado a los salvadoreños que se han ido para allá. Ellos tienen una mentalidad diferente que les ha cambiado con el sistema... eso es algo que nos falta a nosotros. ¿El Salvadoreño no ahorra, no sabe invertir lo que gana? Tenemos que dividir la sociedad salvadoreña en dos: los que pueden ahorrar y los que no pueden. Si tú tenés un ingreso familiar que apenas alcanza para comer es difícil pedirte que ahorres. Ahora, hay otro segmento de la sociedad que tiene mayores ingresos, van progresando significativamente y resulta que no sólo gastan en un 100 por ciento lo que ganan sino que todavía piden un crédito y consumen en el presente lo que pudieron haber hecho en el futuro. Ese es un pequeño problema porque no sabemos invertir en lo más familiar, en lo más básico. El salvadoreño se gasta 25 dólares por semana llevando a la familia a comer fuera, pero sí les decimos que inviertan esa misma cantidad en educación terminan diciendo que eso es una responsabilidad del Estado. Corea ha avanzado justamente porque todo el ahorro que pueden tener lo invierten en la educación de sus hijos, en aprender otro idioma, en clases de computación, en hacerlo pensar reflexivamente para aplicar estos conocimientos. Eso no lo tenemos aquí y es uno de los grandes desafíos que tenemos como sociedad salvadoreña.
Cuando Cristiani comenzó gobernar en 1989, ¿representó algún cambio en su trabajo en AID? Hay un cambio anterior. Lo que sucede es que 1988, antes de las elecciones, se vio que ARENA podía ganar y también se veía que el país necesitaba cambiar el rumbo. Entonces, AID se trajo un equipo de la más alta calidad posible en el área económica y social que ayudaran a hacer un plan de gobierno. Se quería un equipo independiente y teníamos que FUSADES era un tanque de pensamiento de mucha fuerza, quizás el mayor que había en ese momento, y se montó un proyecto junto a ellos. Se trajo a Arnold Herberger, a todo un grupo de la universidad Católica de Chile, encabezada por Ernesto Fontén, en la parte económica, y María Teresa Infante, en la parte social. Se armó todo un programa para desarrollar un plan económico y social con liberalización de la economía, con mayor profesionalidad en los programas sociales, etcétera, y estaría a disposición para quién ganara las elecciones. ¿En ningún momento se sometió a consulta de los partidos políticos? No, con partidos políticos jamás. Se habló con ellos, en el sentido que se les hicieron presentaciones y se recopilaban opiniones. Este era un proyecto eminentemente de concepción técnica y no política. Lo interesante era que por primera vez se estructuraba políticas económicas de la mano de políticas sociales. Cuando ganó ARENA y se acercaba la toma de posesión del presidente Cristiani, llegó un momento en que se tenía que estudiar el plan de gobierno propiamente dicho. Y como yo tenía experiencia trabajando con el FMI, con el BCR y el Ministerio de Hacienda, sugirieron –entre AID y gente que se veía que serían ministros- que fuera yo el que coordinara la estructuración de un documento para el gobierno entrante. Ahí, el que hizo la mayor aproximación fue Roberto Yaz, que terminó siendo el primer designado a la presidencia de Cristiani. Y tuve la responsabilidad de coordinar la redacción e implementación del primer plan de desarrollo económico y social. Así empecé a trabajar con el gobierno. ¿Ese plan tomó en cuenta la firma de los acuerdos de paz? Se vislumbraba la posibilidad y se tenía en el mismo diseño dos escenarios. Uno, si continuaba la guerra, y el otro, sí se firmaban los acuerdos. ¿AID no estaba convencida de que el proceso de paz terminaría bien? No era una cosa de convencimiento. Los políticos negociaban en una pista y los técnicos estábamos en otra pista programando para los dos escenarios posibles. La concepción global del plan sí era una, pero las políticas se van modelando de acuerdo al escenario que se presenta. ¿Cuáles eran las ideas globales del plan? Para empezar, abolir todos los permisos de exportación y liberar el mercado cambiario. Los aranceles de exportación, que algunos llegaban al 300 por ciento, empezaron a bajar... se abrió la economía. Las empresas estatales empezaron a tener menor injerencia y algunas de ellas se empezaron a preparar para privatizarse. Esa es la historia. Los acuerdos de paz imponen otras situaciones porque implicó hacer las primeras provisiones para todo el proceso de reinserción. Incluso, se tuvo que diseñar un plan de reconciliación nacional... ... Que implicaba millones de dólares. Sí, pero una cosa es el dinero que dijeron que te iban a dar y otra lo que realmente te llega. Y de ese monto que te llega, cuánto realmente puede ser utilizado. ¿El proceso de reconstrucción estaba en el plan B diseñado por AID y FUSADES? No, es que el presidente Cristiani inicia ese plan, pero quién toma con fuerza la reconstrucción del país es Armando Calderón Sol y creo que ese es su mérito más grande. ¿Se han cumplido las perspectivas que se trazaron en este escenario B? Se ha ido cumpliendo todo y siempre hago una aseveración que se la puedo demostrar a quién desee: “Jamás en El Salvador, la población en general no ha tenido mejores condiciones de vida que las que tiene en este momento”... Le podemos traer una fila de gente del FMLN que no cree eso. No hay problema, pero que traigan los antecedentes. Pero, y es la segunda parte de mi aseveración, “lamentablemente al mismo tiempo pocas veces la gente en El Salvador se había sentido más incomoda con su forma de vida como en este momento”. Es una paradoja social. ¿Qué es lo que sucede? La gente empezó a mejorar su nivel de calidad de vida en forma dramática y empezó a tener acceso a todos los bienes que hay en el mercado. Ahora la gente vive mucho mejor pero demanda muchas más cosas que antes no tenía. No vayamos tan lejos, en 1992 se tenían un teléfono cada 37 habitantes; en 2004, se tienen dos personas por teléfono; ahora tenemos 1.3 teléfonos por persona. Si vemos la distribución de la propiedad, que es muy diferente a la distribución de la riqueza, hay que tomar en cuenta que el 98 por ciento de las empresas en el país son de la micro y de la pequeña empresa, y son las que mueven el país. ¿No son las remesas? Por supuesto que las remesas son un factor que ayudan a mejorar el nivel de calidad de vida. Pero antes, en los años 80, los dólares no ingresaban al país y se quedaban alimentando la fuga de capital. Ahora, en este momento, todos notan las remesas porque ayudan a financiar el desarrollo del país. A que se refiere cuando dice que hablar de la distribución de la riqueza es diferente a la distribución de la propiedad. Es que la riqueza en todas partes del mundo está concentrada en unos pocos... ¿Y en El Salvador? ... es igual, el 20 por ciento de la población concentra el 80 por ciento de la riqueza... eso pasa en todas partes. Ahí tienen el caso de Chile que ha progresado tanto y tiene una concentración de riqueza más grande que acá. Es bueno tratar que disminuya, totalmente de acuerdo con ello. Pero a veces idiologizamos esto. El 98 por ciento son micro y pequeños establecimientos, 0.4 por ciento son grandes empresas, pero este pequeño sector es el que genera el 35 por ciento de todos los empleos del país. Los mejoren empleos están pagados en las grandes empresas y no en las otras. Pero a veces tenemos cargas ideologizadas. A mi no me interesa que el rico gane mucho más, no le tengo envidia porque ésta lleva al odio de clases. Lo que me interesa es que el rico reconozca el esfuerzo del trabajo y le retribuya lo que le corresponde por ello. Yo soy solidario, me gusta la solidaridad, que es la preocupación activa por el mal ajeno. ¿Pero no todos los grandes empresarios piensan así? Indudablemente hay de todo en la viña del Señor. Mira, por eso es que se establece FUNDEMAS para ir creando conciencia de lo que significa la responsabilidad social de las empresas. Es que a veces hay algo que desconocemos, un sistema de libertades se preserva en la medida en que todos los que participan encuentran la razón de ser de la libertad, que es tener las oportunidades para seguir mejorando y progresando en términos sociales y económicos. Hace unos años estábamos en la ANEP y me decían que tiene que crecer la economía, más o menos lo mismo que siguen repitiendo ahora. ¿Pero quién es el responsable de este crecimiento? Si es un sistema estatal es el Estado. Allá en Cuba, le podemos echar la culpa a Fidel Castro. Entonces, ¿en un sistema privado es responsabilidad de la empresa privada? Sí, en Estados Unidos o Europa nunca escuchas que los empresarios pregunten que va a hacer el gobierno para que crezca la economía. La responsabilidad del Estado es sólo imponer reglas del juego, que haya transparencia, que funcione el mercado y asegurar las condiciones macro económicas: reducir el déficit fiscal, que no haya fluctuaciones cambiarias porque ayuda a que no haya inflación. Con estas tres variables, el resto de la gente trabaja como quiere. Me perdí, ¿de quién es la responsabilidad de que crezca la economía en el país? De los privados... ¿De la empresa privada? De los privados, quita la palabra empresa, es de todos nosotros. Un tema que siempre se toca es el aumento de impuestos para generar mayor inversión social, ¿dentro de este concepto de solidaridad de los empresarios cabe el pagar más impuestos? En la parte económica no hay solidaridad. Ja ja ja ja En la parte económica no hay solidaridad. Como empresario intento maximizar mis utilidades netas. Ahí no hay nada de solidaridad. Esta está en otro tipo de relaciones de los empresarios y sus empresas... ahí es cuando hablamos de responsabilidad social de la empresa, algo que inicia desde adentro: pagar los salarios que corresponden; si se les hace un descuento que llegue a donde tiene que llegar; tener las condiciones y las facilidades en las que trabajan tus trabajadores. Hacia afuera, la responsabilidad social es con el mercado vendiendo un producto o un servicio tal y como lo hemos promocionado. ¡Esto es toda una clase de economía! Es que no me gusta hablar las cosas en términos genéricos. Tú me preguntabas como logré cambiar mentalidades en el Gobierno de Duarte y te digo que lo hice así, hablando de esta manera. |
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