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Empecé a trabajar a los seis años, como puedes ver en las fotos acá, en la primera gira que hicimos con mi familia, con el grupo ‘Los Parra de Chile’. Este grupo fue dirigido por Violeta Parra, mi abuela. Estuvimos tres años haciendo giras por Europa y representando un poco la cultura popular chilena a través de los espectáculos que organizaba Violeta con sus canciones, con canciones que ella recuperó del folklore chileno y con toda la escenografía y el vestuario diseñado por ella. Unos espectáculos maravillosos que hoy día ya están muy de moda y se llaman multimedia, pero ella ya en ese tiempo hacía estos espectáculos con coreografías, con danzas, con escenografías enormes, por ejemplo máscaras de la cultura del norte de Chile. ¿Cómo fueron esos primeros años en esa familia tan particular de los Parra? Fueron muy entretenidos, muy alegres. En ese tiempo existían las juventudes comunistas del mundo, que se reunían en diversos lugares, con veinte mil invitados de muchos países. Nosotros estuvimos en el Festival Mundial de las Juventudes de Finlandia y recorrimos Europa en tren, haciendo conciertos, haciendo giras, estuvimos en las playas de la Unión Soviética. Yo viví entre Ginebra y París. Violeta tenía su taller de artes plásticas y de canciones en París. Y en Ginebra cantaban en el barrio latino, que eran donde nosotros vivíamos. Y yo, entremedio de eso, iba al colegio, un poco, pero iba al colegio. Y aprendí a hablar francés perfecto, escribir, leer y todo eso. ¿Cómo eran esos pequeños momentos de vida en hogar?, ¿Íntimos? No hubo muchos. Es decir, la vida del hogar, íntima, era muy a la pasada, muy despertarnos en la mañana. Me despertaba en la mañana en la cama con la Violeta, tomábamos el desayuno y después chao. Los desayunos y los despertares es lo que más recuerdo como estar en la intimidad. La Violeta se despertaba siempre muy temprano, en ese momento ella estaba siempre conmigo, era como el momento de estar juntas, y de jugar. Es lo que pasa con todas las nietas y los nietos, o con los papás cuando regalonean en la cama con los niños en la mañana un ratito. ¿Cómo era ella? Violeta era una mujer muy creativa, muy vital, muy apasionada, llena de vida, muy intensa para vivir el momento. A mí me encantaba esa fuerza de ella. A veces yo sentía que tenía que quedarme callada y no molestar para no desconcentrarla, porque Violeta se concentraba muchísimo cuando se ponía a escribir una canción. Obvio, ahora yo la entiendo muy bien, para poder escribir tú tienes que estar en silencio, estar concentrada, buscar adentro de ti lo que tu cabeza te quiere decir y cómo lo quieres decir. Y además que hay que hacerlo calzar con la letra, con la música, con la rima, con el canto, con la melodía, con los acordes... entonces es un trabajo que requiere una intensidad de concentración tremenda. Violeta era rápida para escribir sus canciones, igual se concentraba a fondo y las hacía rápido. Rápido en una sentada, en un día. En media hora de repente ya tenía lista la música. La guitarra la usaba como escritorio. Estaba con la guitarra (hace ademán de rasguear cuerdas) y después daba vuelta a la guitarra y la ponía para abajo, y sobre la cubierta el papel con el lápiz escribiendo. Entonces le daba vuelta, cantaba, le daba vuelta otra vez y así hacía sus canciones, muy rápido. Y me las mostraba, porque yo estaba ahí. Y me quedaba alucinada escuchando, muchas canciones.
¿Participó en las famosas “Peñas de los Parra”? Lo que pasó es que nosotros al regreso de esa aventura europea de tres años, cuando volvimos a Chile, mi madre y Ángel ya tenían un dúo que había armado en país. Independientemente del dúo con Violeta ellos hicieron un dúo, aparte, que se llamaba “El dúo de Isabel y Ángel Parra”. En ese dúo, junto con otros músicos, que eran Víctor Jara y otros más, hicieron “La Peña de los Parra”. Hicieron esto en una casa, que era muy modesta, de un tipo colonial, que no estaba en buenas condiciones, pero ellos la arreglaron, la repararon sin ningún capital. Eso fue un éxito tremendo porque era la música alternativa y fue muy acogido por toda la gente que quería escuchar la verdadera música chilena, que era la herencia de Violeta. Porque Violeta participó en la creación de esta peña. Todos los turistas que llegaban a Chile querían pararse en la peña y los músicos que iban a visitar Chile querían cantar en la peña… ¿Ahí nace el concepto de “Peña” entonces? ¡Exacto! Y de ahí vinieron peñas por todas partes, peñas universitarias. Después del golpe hubo peñas, durante la resistencia, era como lo único que de repente se atrevían a hacerlo, los universitarios hacían sus peñas. Después del golpe, en el año 78, 79, que fue cuando yo volví a Chile, canté en varias peñas. Durante el tiempo que se desarrollan las peñas es que fallece su… ¿Violeta? Sí. Murió en el año 67, antes del gobierno de Allende. ¿Cómo fue ese momento para ustedes? Yo tenía once años (y) para mí fue un poco como una pérdida que no lograba dimensionar en ese momento. Sí era conciente de que Violeta tenía ganas de… estaba cansada y quería partir de este mundo, yo eso ya lo tenía un poquito asimilado. Porque Violeta en su vida ya, yo me daba cuenta que ella sufría mucho, ella esta afligida por muchas cosas: por su vida personal, por su trabajo y muchas veces sentía que no se podía contener. Entonces cuando pasó esta cosa yo como que casi tuve un sentimiento de alivio, pensar: ‘Bueno, ella quiso esto’, y ahora como que no lo veo así. Yo tuve una especie de alivio porque yo era niña, no lo entendía, (yo pensaba) ‘Violeta va a descansar’. Pero ahora no lo veo así. Una niña no alcanza a darse cuenta lo que significa la muerte. Dice que le había sentido que estaba cansada… ¡Es que era cosa de conocer las canciones! Ella también hizo canciones muy amargas, muy tristes, muy dolorosas, muy sufridos, entonces ahí se notaba su dolor, su pena, su rabia por el país, su rabia por los gobiernos, porque ella no sufría solamente por cosas personales sino que ella realmente estaba muy cansada de este mundo. Analizando su obra con una visión de ahora, Violeta estaba deprimida. Hubiera sido maravilloso que alguien le dijera: ‘Violeta relájate’. Eso es lo que uno tiene que hacer, no suicidarse. Pero le faltó ayuda terapéutica. ¿Cuál fue el aporte de Violeta Parra a la música chilena? Violeta murió en el año 67, el golpe fue el 73. Hubo tres años antes del golpe, que son los años del gobierno de Allende, donde hubo mucha actividad cultural en Chile. Hicieron una cantidad de cosas, se consolidó el movimiento de la nueva canción chilena, que fue un movimiento que vino a raíz de una propuesta de Violeta, utilizando las raíces del folklore chileno, con instrumentos chilenos y latinoamericanos, para hacer canciones con un contenido completamente diferente al que nunca se había hecho en Chile. Violeta hizo toda está música nueva que llegó a convertirse en la nueva canción chilena, un movimiento que trascendió a todas las fronteras.
¿Cómo recuerda el momento del golpe y el exilio? Fue un shock que vivió todo Chile. El golpe fue el 11 de septiembre (de 1973) y los acontecimientos fueron muy rápidos. En un día nos dimos cuenta que teníamos que escapar, escondernos, teníamos que esconder a mi mamá porque la llamaban por radio. Toda la gente se tenía que presentar en los centros de detención por sí mismo. Había bandos militares que, cada diez minutos, llamaban a la gente por nombre y apellido, que se presentaran. Era tan horrible que tú, por haber sido de izquierda, o por haber sido simpatizante, o por haber tenido un primo simpatizante, tenías que sentirte castigado, condenado y tenías que presentarte para ser detenido. Había toque de queda, la gente no podía salir a las calles y hubo que quedarse guardado en las casas. En ese momento yo tenía un novio, que era mayor que yo y sabía un poco qué podíamos hacer. Nosotros pusimos a mi madre en una casa, otra casa que no era la nuestra, a esperar. Y a Ángel también, pero él no quiso esperar, no pudo apuntarse más de tres días. Volvió a su casa y a la media hora lo vinieron a buscar. Se lo llevaron. Ellos trabajaban entonces en “La Peña de los Parra”, que fue allanada por lo menos unas ocho veces y le destruyeron todo. La gente tenía que quemar los discos, los libros, los mismos milicos quemaban los libros. Y bueno, fueron días espantosos. ¿Qué pasó después? Entonces mi madre se refugió en la embajada de Venezuela, había quinientas personas, no había espacio, no había comida, no había baños pa’todos, y eso era con todas las embajadas. Y en esas condiciones estuvieron dos o tres meses esperando que algún país quisiera ponerles pasaje y un avión para llevarlos fuera de Chile. Al final, Cuba, que es un país solidario, se llevó a todos los que nadie se llevaba, y en uno de esos aviones se fue mi mamá, con el montón de obreros y dirigentes políticos, a la Habana, después de tres meses de estar en la embajada. Toda esa historia está en un libro que se llama “Ni toda la tierra entera”, el título de la primera canción que escribió mi mamá en La Habana, que es la canción que todos los chilenos le llamaban “La canción de la exiliada”. Y en este trabajo mi mamá puso toda su experiencia dolorosa, en este libro, en este disco, con mi colaboración. Es un libro que es un testimonio del exilio. Es una experiencia difícil de contar en un minuto como este. ¿Qué hizo usted entonces? Yo había vuelto a Chile, a los diez años, e hice un tiempo de vida más o menos normal. En mi adolescencia había comenzado a estudiar guitarra clásica, empecé a acompañar a mi madre en sus conciertos como guitarrista, a los quince o dieciséis años, y me toca el golpe de Estado a los diecisiete años.
¿Cómo describiría el Chile de esos años? Era un país oscuro, con una bota militar encima que no permitía ningún tipo de expresión, ni de comunicación, ni de relación que no fuera la cosa de la televisión, totalmente militarizada. Yo volvía a Chile y tenía que retomar esa cosa, o sea, yo quise estar en ese Chile. No quise vivir el exilio que estaba viviendo mi mamá, porque mi mamá efectivamente no podía volver a Chile, tenía una prohibición rotunda. En cambio yo, tenía mi pasaporte, pero nunca tuve prohibición de entrar a Chile. ¿Para qué me iba a auto castigar, de no poder volver a Chile? Yo me quedé un poco con las alas cortadas por el golpe a los diecisiete años. Para mí fue completamente diferente el proceso porque yo tuve que callar, en el momento que yo quería que florecer, eso le pasó a mi generación, tuvimos que quedarnos callados. ¿Cómo experimentaban esa imposibilidad de decir cosas? Hice una especie de autoexilio y me fui a vivir a una caleta de pescadores, lejos de Santiago. Traté de tener una vida rica interiormente, me dediqué a componer, a criar a mi hijo, a estar con mis amigos más cercanos, que eran un grupo enorme de artesanos, y a hacer un trabajo interior, ¿Cuál considera que es el aporte de Nicanor a la cultura popular de los años 70? Nicanor se salió de los cánones de la poesía tradicional, inventó la anti poesía y con eso se convirtió en un revolucionario de la poesía, y no es que él haya contribuido en esos años, sino que sigue contribuyendo hasta el día de hoy, porque Nicanor está vivo y sigue siendo anti poeta, un poeta muy vigente, y está muy metido en la realidad actual. En esta familia muchos se han dedicado al arte ¿cómo han manejado esta cercanía y el peso de sus antecesores? En mi caso, tengo que luchar continuamente por hacer mi trabajo o por enfocarme desde mi ángulo, poner mi visión del mundo en mis canciones y no abusar de lo que significa ser nieta de Violeta Parra. A mí me gusta mucho, me siento muy orgullosa de ser nieta de la Violeta, he disfrutado la vida siendo Parra, para mí no ha sido ningún peso, pero mi enfoque ha sido ser yo misma siempre. La tradición familiar ha continuado con Antar, su hijo, también actúan juntos. Él es guitarrista, es compositor y tiene su banda de rock. Tiene unas composiciones preciosas para orquesta sinfónica. Hemos hecho conciertos con mi mamá, tocamos juntos los tres también. Él tiene su grupo y yo tengo mi grupo donde él también toca. Usted ha cultivado también la música popular-folklórica pero ha incursionado en otros géneros, jazz, música electrónica ¿Cómo fue su proceso de definición musical? Bueno, yo no tengo definición musical; tengo indefinición musical. He estudiado mucho música y me encanta la música clásica… Estudió guitarra clásica… Sí, escribo música, puedo escribir música para orquesta sinfónica, aprendí el lenguaje de la cultura musical, armonía, composición y sigo estudiando porque me encanta, mi mente está abierta. Decía antes que de niña iba y no iba a la escuela ¿Tuvo finalmente educación formal? En la adolescencia la secundaria la hice súper normal, hasta cuarto medio y después estuve un tiempo en la Universidad Católica de Chile. Estudié un poco de filosofía entonces y música he estudiado toda la vida, pero no tengo ninguna carrera hecha en la universidad formalmente. Una de las cosas lindas que aprendí de Violeta: la libertad de crear, la libertad creativa. Violeta fue una mujer que no estudió tampoco, fue autodidacta, pero se atrevió a dibujar, se atrevió a pintar, se atrevió a cantar, se atrevió a escribir y sus grandes maestros fueron las mujeres campesinas que le enseñaron las canciones. Violeta inventó las “anticuecas”, como Nicanor inventó la “antipoesía”. Y así como en el folklore existen las décimas, que se escriben en poesía, Violeta inventó las centésimas. Eso es lo que yo trabajé en este disco que se llama “Centésimas del alma”, y son décimas numerativas que llegan al trescientos. Y eso no existe en el folklore, es un invento de ella, motivada por su hermano Nicanor. Y yo, le puse música a ese invento. ¿Décimas que llegan a tres cientos? Porque las décimas numerativas son como una historia, en estrofas de diez versos, con una rima específica. La décima es una forma poética antiquísima, que en España, en Inglaterra, están las décimas de Shakespeare. En Chile, en el folklore existen también las décimas y Violeta recopiló décimas, cantadas, de la poesía popular chilena, y también ella escribió sus propias décimas, escribió su vida en décimas. En el folklore existen las décimas numerativas, existen las que van del uno al diez. En una décima se ponen versos ¿te fijas?: “Una vez que me enseñaste/dos juramentos me hiciste/tres lagrimones vertiste/cuatro sonidos sacaste/cinco minutos dudaste/seis más porque no te ví/siete quedaste/ocho razones me aquejan/nueve mentiras me alejan/diez que te vuelva a sentir”. Esta es una décima numerativa, y llega de diez en diez, el último verso es el verso cuarenta: cuarenta, amargo despecho. Pero la Violeta siguió escribiendo esto, y siguió del cuarenta y uno hasta el ochenta, y se voló y voló y voló: “A ver si alguno se atreve/seguir del ciento sesenta”. “Señores, yo me doy cuenta, siento sesenta y uno es/ más complicado que un pez nadando por la compuerta”. Esas son las centésimas, es un invento de ella. Y usted les pone música. Claro, este fue un manuscrito que encontramos, y a este poema de números yo le puse la música, e hice este disco. (Lee en la carátula). En París de los años ochenta grabé ‘Veintiuno son los dolores” de Violeta Parra. Esta canción es el inicio de las décimas numerativas que Violeta escribió en 1958, motivada por su hermano Nicanor. Luego del hallazgo de las centésimas hasta el trescientos, basándome en el texto inédito compuse esta música electroacústica. En síntesis es esto: “Por fin oyentes queridos/ la despedida va al punto / casi los vuelvo difuntos golpeándoles el sentido/ han encontrado aburrido esta mi tan larga cuenta/ y les he causado afrenta con tanta barbaridad /perdonen la cantidad y ya llegué a las trescientas./ Otra vez entra mi hermano mayor con cuento infinito/ y me ha obligado el bendito a escribir a cuatro manos / Me dijo muy soberano/ si sos tan buena p’al verso/ a ver si haciendo un esfuerzo le deletrái en tus décimas/ una preciosa centésima más larga que el universo/ Yo me devoro le dije/ con esta bonita tarea haré una jalea del roticuajo y el pije/ lo único que me aflige es no disponer de un papel/ y ni siquiera un clavel/ para infundir su fragancia/ que muda toda ignorancia y adorno todo mantel…” |
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