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Vicente Feliú y Lázaro García
Cantautores cubanos

“La cocaína es más sana que el reguetón”

Vicente habla mientras Lázaro da un trago a su café expreso. Desde 1973, cuando se conocieron como parte de la Nueva Trova Cubana, Vicente y Lázaro forjaron una amistad entre acordes, pentagramas y letras de canciones que recordaban un nuevo momento de su Cuba natal.

Junto a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, entre otros, Feliú y García son parte de un movimiento que pasó de “proscrito” a convertirse en uno de los referentes de la revolución cubana y de su idiosincrasia.  Aprovechando una visita de seis días, El Faro los reunió en La Ventana y la plática tocó la música, la historia de la Nueva Trova Cubana y a sus herederos, los nuevos críticos de la isla.

Por Rodrigo Baires Quezada y Sergio Arauz
Fotos: Edu Ponces

cartas@elfaro.net
Publicada el 02 de octubre - El Faro

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Vicente, tu viniste en 1996…
V.F. …Vine en 1996…

¿Y tú no quisiste venir Lazaro?
L.G. No… no fue así.

VF. No, había una invitación del Foro de Sao Paulo específica para mí. He trabajado durante muchos años con movimientos de izquierda latinoamericanos y me invitaron. Fue una invitación para Cuba y vine yo; Víctor Cassaus, poeta, cineasta y un investigador tremendo; y vino un compañero, no me acuerdo el nombre ahora, que venía de la Academia de Ciencias. Esa fue la pequeña delegación que logró llegar, con muchísimos esfuerzos, que gracias a Shafik (Hándal) logramos salir del aeropuerto de Comalapa, donde nos tuvieron entretenidos en un rato.

Fue la primera vez que vine y me resultó impresionante por muchísimas cosas. Canté en varios lugares que no recuerdo porque ya tengo memoria de alemán, de Alzheimer…

L.G. El mismo que nos esconde los títulos y las letras de las canciones…

¿Lázaro es la primera vez que viene al país?
L.G. Es la primera vez que vengo. Hemos salido mucho en otras ocasiones y en otros años; y me interesa mucho conocer otros países, más Latinoamérica, y esta parte de Centro América no la conocía… ni Guatemala, ni El Salvador. Había estado en Costa Rica, en 1978; en Nicaragua, Panamá y México, mucho más, que es más cosmopolita en el sentido cultural.

¿Es una visita o vienen a presentarse?
V.F. Sí, venimos a cantar. Estamos invitados por la Alcaldía Municipal de San Salvador, que está cumpliendo 400 y no sé cuantos años, a hacer un grupo de actividades y por el FMLN. Hace años que yo, sobre todo, estoy por venir invitado por el Frente a cantar. Y, ahora, he podido conjugar estas dos cosas.

Yo venía a Guatemala con Lázaro, en un viaje pendiente que teníamos desde el año. Decidimos esperar que mi hermano (Santiago), que es consejero político de la Embajada de Cuba en Guatemala, tuviera más conocimiento de la realidad guatemalteca para ver cómo podíamos entrar y cantar en algunos lugares. Esto se concretó ahora y aprovechamos que era el aniversario de la ciudad, para venir a El Salvador.

¿Qué diferencia encontrás entre El Salvador de 1996 y el del 2006?
V.F. Me parece que hay más desarrollo en el sentido geográfico, si le queremos decir de alguna forma. Me parece que las calles están mejor, que son de esas cosas que uno ve aunque uno no quiera. No estoy muy seguro que haya más desarrollo social. Quizás lo hay, pero no me he dado cuenta. También estuve muy breve tiempo la vez anterior y muy metido en las actividades… Y bueno, algo que me ha llamado la atención es que los amigos de entonces siguen cantando, siguen escribiendo poesía, cosa que da mucha esperanza, algo que hace mucha falta en estos tiempos jodidos. Y sí noto un Frente mucho más sólido.

¿Qué diferencia hay entre este El Salvador y el que conociste a través de los salvadoreños que han estado en Cuba en diferentes momentos?
L.G. Es muy coherente. Sobre todo en el alma humana del país, que es lo que decide, a mi juicio, la figura del país. Creo que sí, gente afable, desprendida, cariñosa…

V.F. …Noble…

L.G. …Noble… algo que he constatado de la gente que he conocido allá en Cuba. Que en realidad es muy poca. Yo vivía en Cienfuegos, en el centro sur de Cuba, y mis viajes eran muy pocos, muy esporádicos, a La Habana, donde vivo ahora desde hace unos años por una cuestión de trabajo. Pero los salvadoreños que conocí, a los que les he cantado por supuesto, he patentizado la coherencia de ese rostro afectivo que tienen ustedes con la gente que he conocido aquí.

¿Existen diferencias entre la personalidad de los cubanos y los salvadoreños?
V.F. Yo creo que hay una personalidad común en nuestra América, del Río Bravo hasta abajo… habría que hablar de muchas condiciones de idiosincrasia…

¿Entonces no encontrás diferencias?
V.F. Sí, hay diferencias pero yo no sabría decírtelas, quizás porque siempre me ha interesado conocer las cosas en las que coincidimos, las que nos acercan, más que las que nos alejan. No sé, diferencias deben haber pero no me he puesto a encontrarlas…

¿Mujeres?
V.F. Hay muy bellas aquí y allá también. Ustedes son más bajitos aquí aunque en Cuba no somos muy altos… Pero qué se yo… No tienen negros, que nosotros sí tenemos muchos y podemos enviarles unos cuantos…

… Mejor negras…
L.G. (Risas) Mejor las mulatas, que es el mejor invento que hicieron los españoles.

V.F. Son increíbles las mulatas… pero volviendo al tema, la idiosincrasia tiene que ver cómo se empieza a constituir al país cuando nace… Y eso que nosotros no conocíamos sobre este individuo (el General Maximiliano Hernández Martínez) que le prohibió la entrada a negros y chinos al país fue una barbaridad, eso fue intentar un purismo fascista ridículo. Eso es como en la música… la música pura no existió nunca porque el primero hizo lo que hizo y el segundo la tocó a su manera impurificándola gracias a la vida y a Dios, si es que se puede decir.

Entiendo que en Cuba la convivencia entre negros y blancos es…
L.G. …Normal. Es que justamente es lo que nos da el sentido de nación porque nosotros nos tenemos indios, fueron exterminados. La nación cubana es eso, la fusión de los negros con los ibéricos y un poco de los chinos. Esa mezcolanza integra la identidad del país y, por supuesto, que nace un carácter un poquito diferente al resto de Latinoamérica, que conserva un poco de su población indígena…

V.F. … y la fusión esa de lo indígena con los españoles.

Pero yo fui al barrio chino en Cuba y no vi chinos, ¿dónde están?
V.F. ¿No viste chinos en el barrio chino?

No vi ningún chino
V.F. Pero si está lleno de chinos, quizás estaban de vacaciones.

Ja ja ja
V.F. Lo que pasa es que ya no soy chinos puros… son nietos y bisnietos de chinos mezclados, sobre todo, con mulatas y criollos. Entonces hay una gama, una impurificación divina.

¿La misma impurificación de la música cubana?
V.F. Claro, igual.

L.G. Sí, y la vida la ha confirmado. Donde ha existido esta misma mezcolanza de lo africano con lo europeo, en términos de música popular, es donde más invadida está la música a nivel mundial. Lo grandes consumidores de música popular en el mundo son los brasileños, los caribeños y los americanos… El sur americano, donde nace el jazz. Eso es muy significativo porque es una mezcla explosiva que tiene toda la rítmica africana, la armonía europea y el calor del Caribe. No sé, pero la vida ha demostrado que surgen cosas de consumo de esa mezcla y nos premia con un resultado musical extraordinario.

¿La revolución cubana cambió la música cubana?
V.F. Cambió al ser humano pero no erradicó o mutiló formas musicales. Al contrario, una de las primeras cosas que hizo la revolución fue la alfabetización de la isla, en 1959, pero tres años después del triunfo se crearon las escuelas de arte. Y, desde entonces, no se ha cerrado ninguna escuela ni en los momentos más cabrones del período especial, donde no había cuerdas para las guitarras y pianos, boquillas para las trompetas o lengüetas para los saxofones…

L.G. … o comida para los músicos…

V.F. Entonces, la gente estudiaba a tacto pero no se cerró ninguna escuela. Esto ha permitido que todo el caudal musical del país se multiplique. La hemorragia de músicos que hay en el país es tremenda. La gente se pregunta por qué los músicos se van de Cuba, bueno, porque aunque tuviéramos el dinero para pagarle a todos los músicos que hay habrían más de ellos por cuadro que miembros de los comités de defensa de la revolución… porque son decenas de miles de músicos.

L.G. Y todos los años se gradúan más y más.

V.F. Músicos con un nivel muy alto, como se gradúan cualquier cantidad de profesionales.

L.G. Pero la música tenía una proyección fuerte antes de la revolución porque es una parte importante de la idiosincrasia del cubano.

¿Pero la revolución los inclinó a hacer música a ustedes?
L.G. No, yo tenía 11 ó 12 años al momento de la revolución. En mi caso, me gustaba la música desde pequeño. Cantaba lo que oía, boleros y rancheras. Pero el cambio al que quieren llegar ustedes se da en el escenario social donde nos desenvolvimos. Los asuntos a tratar dentro de la música cuando estás en la adolescencia y en cambios sociales profundos lógicamente que crea un lenguaje para cantarle a ese tiempo y es ahí cuando se retoma al trova cubana, que había estado un poco adormilada, y van apareciendo jóvenes por distintos lados cantándole a su tiempo y de una forma que parecía distinta porque la realidad era distinta. Los asuntos a tratar eran nuevos como era nueva la revolución.

¿Eso ya marcaba una diferencia?
V.F. Ya… (Vicente deja su respuesta a medias, lanza su mirada a un costado, fijo en una señorita que camina sobre la acera del monumento a Palestina)… Ahí hay una gran diferencia.

Ja Ja Ja… ¿Me imagino que en ese contexto les gustó que se abrieran estas escuelas de arte?
L.G. No teníamos conciencia de eso.

V.F. Yo vengo de una familia con mucha conciencia musical. Mi abuela era profesora de piano; mi padre tocaba la guitarra y hacía canciones; todos mis tíos y tías tienen un sentido de la entonación extraordinario, mucho mejor que el mío; y a mi madre le gusta mucho la música y, por ahí, todavía a sus 70 y no sé cuantos años, escribe algún que otro versito. Para mí era normal que me gustara la música, quería ser rocanrrolero cuando salió Elvis Presley y por eso me construí una guitarra malísima. Además, con un peine y un trozo de papel de china tocaba toda la música de Glen Miller, un músico norteamericano con grado de capitán que murió en la Segunda Guerra Mundial y que fue un paradigma de lo que podía hacer un músico en una guerra. Tengo también una familia vinculada a las luchas independentistas en Cuba al grado que hice mi primera guardia con los comités de defensa de la revolución, a los 12 años, con una ametralladora Thompson con muescas en la culata que había pertenecido a mi tío. En todo ese entorno me enganché, empecé a hacer canciones con la guitarra de mi padre y lo primero que hice fue un collage de música espantoso, horrible.

Entonces no tenía sentido de la trova cubana y me gustaban más los boleros, las rancheras y las habaneras mexicanas… y el rock and roll. Con todo eso conformé mi “estilo”, por decirlo de algún modo. Pero tuve la suerte tremenda de vivir a 20 metros de un investigador de la música trovadoresca cubana, Nino Betancourt, que en la noche me escuchaba. Cuando empezó la nueva trova, su esposa que era periodista de una revista me entrevista y me dice que se saben todas mis canciones. Entonces, por libros, empecé a descubrir la trova cubana. Y, al final, la música clásica la descubrí gracias a Silvio Rodríguez que me agarró por los pelos y me llevó a ver “Fantasía”.

¿La película de Walt Disney?
V.F. Sí, muy a regañadientes llegué al cine y no salía hasta que terminaron todas las funciones. Al día siguiente regresé de nuevo… la vi 16 veces en dos días.

¿En esa época ya se conocían?
L.G. No.

V.F. No, te estoy hablando del año 62. Lázaro y yo nos conocimos hasta 1973.

¿Cómo se juntan Silvio, Pablo Milanés, Nicola y ustedes?
L.G. Por lo que te decía. A partir de 1960 aparece gente a cantarle a la vida con un lenguaje nuevo de acuerdo a la realidad que se vivía. Y no se conocían, con excepción de algunos que vivían en la misma ciudad.

V.F. Como yo con Silvio, con el que nos conocimos en la secundaria, con 12 años, en 1962, cuando empezábamos a hacer canciones.

L.G. Con el tiempo se prendió mucho esta forma de cantar en las universidades y se decidió ver cómo se organizaba eso de algún modo y darle un perfil. Nos metimos en algunos rollos entre el ministerio de Cultura y la Unión de Jóvenes Comunistas. Entonces en Manzanillo, el 2 de diciembre de 1972, se bautiza esta forma de hacer canciones como Movimiento de la Nueva Trova, con Noel Nicola como presidente.

¿el movimiento de la Nueva Trova Cubana?
V.F. Sí, yo te lo explico muy rápidamente. Movimiento porque estábamos en todo el país; trova porque veníamos de un tronco común de la canción cubana que nace antes que la misma nacionalidad cubana; y nueva porque se estaba ante una nueva realidad social, económica y humana.

Y fue el arranque formal…
V.G. Sí, porque desde ahí se hicieron muchos festivales, encuentros, conciertos, debates teóricos y nos fuimos conociendo. Así empezó la amistad con Vicente y con los demás.

Hay una canción de ustedes que me llama mucho la atención que es “Cuba va”, que me parece bastante rocanrolera en un momento que este tipo de música estaba prohibido en Cuba.

V.F. Mirá, antes de 1972 éramos medio proscritos porque éramos bastante críticos como tiene que ser un trovador joven. Nos cerraron todas las puertas y hubo un momento, en 1967, que empieza la Casa de Las Américas a hacer los festivales de la canción protesta. Así llegaron a Cuba Zitarrosa, Biglietti, Peter Siegel… para entonces no teníamos ni idea lo que era la canción protesta. Nos conocíamos unos pocos… Yo conozco a Pablo y Incola en el primer concierto de la Canción de Protesta en 1968, cuando se le acabaron las canciones y pidieron a tres trovadores que estábamos ahí que subiéramos a cantar con ellos. Esos tres trovadores éramos Martín Rojas, Eduardo Ramos y yo. Y subimos a cantar lo que teníamos.

Después, al año, la Casa de Las Américas decidió organizar el centro de la Canción Protesta para mantener ese movimiento y sumarle el de Cuba. Entonces se juntan Silvio, Pablo y Nicola en ese esfuerzo y otros como Carlos Gómez, Sara (González) y yo. Los más importantes, sin la menor duda, son Silvio, Pablo y Noel y se les encuentra una forma de darles un trabajo remunerado creando el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC con un programa de estudios musicales muy avanzado. Y este grupo, en un momento en que no nos invitaban mucho a cantar, era el encargado de hacer la música del semanario ICAIC. Por ahí se abrió un horizonte para nuestra música en la televisión, en el cine y en el país. Ya no éramos tan proscritos.

¿Pero todavía faltaba?
V.F. Sí. En 1971 hubo una fuerte discusión ideológica para mejor en el congreso de educación y cultura, en el que una persona de la más alta dirección de la revolución dice “si estos jóvenes han llegado hasta aquí es porque son muy revolucionarios. Y, si no son mejores es culpa de nosotros”, después que le preguntaron sobre los nuevos trovadores.

¿Quién dijo eso?
V.F. Nunca me dijeron. La más alta dirección de la revolución debe de llamarse Fidel Castro y la persona que habló de esos jóvenes trovadores tuvo que haber sido Aidé Santamaría, heroína de Moncada y directora de la Casa de Las Américas, o Alfredo Guevara, ex guardaspaldas de Fidel, director del ICAIC, hombre de letras y de la cultura cubana. Los dos eran el vínculo histórico de la dirección de la revolución con los intelectuales cubanos. En esa reunión se funda la Unión de Jóvenes Comunistas, una organización nacional, que empieza a detectar a los trovadores que estaban regados por todo el país, los reúne en 1972 y surge el movimiento.

Y de nuevo llegamos a la reunión de diciembre de 1972
V.F. Sí y ahí la dirección de la revolución se dio cuenta de que esos jóvenes no eran descargosos, borrachos y noctámbulos… Además de eso.

Ja Ja Ja Ja

V.F. Sí, que vivíamos en esa bohemia maravillosa, pero estábamos metidos, desde la adolescencia, en la epopeya de hacer un nuevo país. Es que nadie habló una palabra de sus problemas personales. Todo lo que se discutió ahí fue sobre la revolución, la cultura, la canción, la porquería de música que se estaba pasando en los medios de comunicación…
 

¿Cómo vivieron esto a la par del rock and roll, los jeans, los Rollings Stones…?
L.G. … Los Beatles y su influencia.

V.F. Bueno, a Silvio le costó el programa de televisión que tenía el responder que creía que los Beatles eran la vanguardia de la música mundial… al día siguiente no tenía más programa.

Ja Ja Ja Ja… ¿Y qué hizo Silvio?
V.F. Se fue a pescar en los barcos. Dijo “me voy pa’l carajo” y esa fue su auto sanción.

¿A playa Girón?
V.F.

¿Y de ahí salió la canción?
V.F. Sí. Yo me fui a la agricultura, Noel se fue para columna juvenil de Centenario.

¿O sea que los Beatles eran prohibidos?
L.G. Sí, nos pasábamos los long plays en forros de otros grupos.

V.F. Bueno, no te metían preso o te torturaban por eso.

L.G. Pero hay que tomar en cuenta que tomó el país después de la revolución fueron campesinos de la sierra y los cuentos son para mearte de la risa porque el inglés era americano y americano era hijuputa.

Ja ja ja ja ja ja
V.F. Si se veía a un ruso hablando inglés había que fusilarlo…

Ja ja ja ja ja ja
L.G. Tanto así no… es broma.

¿Pero no era la única música que había en la isla?
L.G. No, en Cuba siempre se mantuvo el cha cha cha, el bolero o el son. Y claro que nos cayeron como un aluvión las versiones españolas de los Beatles, que tenían una diferencia de calidad tremenda con los Brincos, los Pasos y todos esos grupos. Y a esos nadie les decían nada porque eran en español… ese veneno de la música en inglés estaba permitido pero en español. Era para mearse de la risa.

V.F. Lo interesante de esto es que estos problemas no estaban a nivel de la dirección de la revolución, que estaba más enfrascada en cualquier otra cantidad de cosas. Esto empieza a romperse cuando Aidé agarra la Casa de Las Américas y empieza a trabajar con los intelectuales de la revolución.

¿Una mujer rompe con esa barrera cultural?
V.F. Aidé es una mujer de poca escolaridad pero con una inteligencia y una sensibilidad cultural tremenda. Ella funda el premio de Casa de Las Américas y junta con los intelectuales de izquierda más importantes de América Latina. Te estoy hablando de Benedetti, Neruda, Cortázar, Vallejo, Cardenal y Roque… y ella procura que estos intelectuales conozcan a los trovadores cubanos.

L.G. De hecho se inserta Cuba y América Latina en ese nuevo movimiento cultural porque surgen en esa década los movimientos de izquierda, la campaña del Ché Guevara, el gane electoral de Allende en Chile… y esto contribuyó a crear un clima creativo que hizo resurgir a la música, a la poesía, al teatro… Pero honestamente, ahora que hablamos nos damos cuenta de ello, pero en ese momento no sabíamos eso.

V.F. Pasamos a ser históricos pero creo que se dieron cuenta de ello antes afuera que nosotros, adentro.

¿Ustedes no estaban conscientes de que eran un referente para la música latinoamericana?
V.F. Para nada.

L.G. Para nada.

Digo, al ver un estadio lleno, cantando junto a Silvio Rodríguez.
L.G. Eso fue en los ochenta.

V.F. Mirá,  el encuentro de la canción de protesta de la Casa de las Américas significó el descubrir que había un nuevo cancionero argentino, el manifiesto del nuevo cancionero argentino de 1954. En Chile estaba Violeta (Parra), Margot Loyola, y estaba Víctor (Jara) comenzando. Pero nosotros nos damos cuenta de eso a partir de 1967. Entonces nos planteamos rescatar la música cubana y vincularlo a todos estos movimientos latinoamericanos, incluso de Estados Unidos. Tenemos una relación, desde el punto de vista musical, con los Estados Unidos mucho más fuerte que nadie.

¿Qué tipo de relación?
V.F. Mucho más fuerte. De toda la vida.

¿En qué sentido?
V.F. En el sentido de que el primer televisor y radio en toda América Latina se encendió en Cuba. Y quienes transmitían eran los americanos. La primera orquesta de Jazz Band se hace en los años 30, todos los músicos cubanos iban a México y Estados Unidos desde los años 20. Siempre ha habido un toma y daca tremendo ahí. Empezamos a darnos cuenta que también conforma la Nueva Canción.

¿Hasta que punto la nueva trova se planteó objetivos políticos?
V.F.  Nosotros no nos dimos a la tarea de hacer historia de la revolución, ya la estábamos haciendo, cada uno de nosotros tenía un pedacito de historia. Estábamos viviendo esa época.

L.G. Fue instintivo.

V.F. Totalmente instintivo. Después nos planteamos, vamos a hacer esta canción por esto, o por esto. A veces nos pedían canciones por encargo y la mayoría ya estaban hechas.

V.F.  “Cuba va”, con esa empezamos, que fue hecha para una película que hizo un americano o finlandés, no sé.  La película se llama “Cuba va”.

L.G. No creo que hacemos política con la canción, sólo cantábamos la realidad desde nuestra óptica.  Y es que todo es política en el mundo, todo. También es de aclarar que la nueva trova no es un género, yo puedo hacer nueva trova desde el rock o desde lo que tú quieras.

V.F.  El trovador es un concepto ante la vida, ante la cultura.

L.G.  Pero eso de política…

Pero no se puede negar…
L.G.  Puedo, y creo que puedo asegurar, que el 80 por ciento o más del movimiento de la nueva trova son canciones amorosas, de parejas… Al calor de lo que representaba la música cubana se divulgaba aquellos temas que tenían más que ver con lo puramente político. Se ha creado una imagen, no falsa, pero parcializada. Por eso es que se confunde.

¿Cómo los trata la fama, luego de hacer la revolución…?
V.F.  Gracias a Dios nadie me conoce.

Ja ja ja ja ja, ¿dice que no es famoso?
V.F.  No, no lo soy. Soy conocido y querido, pero no famoso.

¿Quién es famosos entonces, sólo Fidel?
V.F.  Trovadores, Pablo, Silvio, Sara, Santiaguito, mi hermano.

… Hay algo que no entiendo. En Cuba, en el bar café que se llama  “La Zorra y el Cuervo”, vi un tipo que tocaba, muy bien, casi cinco instrumentos. ¿Eso es ser malabarista o músico?
V.F.  Es gente que le hace de todo.

¿Un músico debe saber tocar la mayoría de instrumentos?
L.G.  No, no.

V.F.  En las escuelas de Cuba se tiene que estudiar piano, como complemento. Pero no tiene que ser pianista, tiene que saber.

V.F.  Ahora esto es un “showman”, que hay donde quiera. Un amigo nuestro, Boby Carcasés, toca casi todo, es un “showman”. Lo toca bien, no muy bien, pero bien casi todo: piano, bajo, contrabajo, trompeta, actúa, pinta… es un horror. Y el hijo de él es uno de los pianistas más importantes de Cuba en estos momentos.

¿Hay músicos que no suenan en Cuba?
L.G.  Muchos, ni hablar.

¿Les gana Orishas?
L.G. Sí, sí todo el tiempo.

V.F. En Cuba es lo que suena. Yo soy de los que piensa que los medios, la televisión, son el enemigo. 

¿Y la radio?
V.F. Ahí cuidado, con la radio cuidado. Lo que pasa es que en la radio no necesitas ser bonito, un sistema de moda, un culito lindo. La radio te llega al corazón no a la vista.

¿Pero ustedes tuvieron su imagen, su estética. ?
V.F. Sí, pero deplorable.

Ja ja ja ja ja
L.G. Sí, pero era más bien una lucha contra la estética establecida: cuellos y corbatas. ¡Ojo, ojo!, los propios Beatles tenían una moda de cuello y corbata, era el “establishment”.

¿Y el pelo largo?
L.G. Era la imagen del pueblo, de la guerrilla, del pueblo cantando. Era lo más cómodo. Algunos las exageraban, aquellos no se bañaban. Era más eso, cagarse en lo que es la lentejuela, la brilladera y lo artificioso de la estrella. Desde una imagen normal, un tipo normal. Un hombre común como ellos.

Me están ilustrando un grupo de jóvenes rebeldes. Con problemas de decir ciertas cosas, ¿hay ahora algo parecido? ¿quiénes son los que vienen detrás?
V.F. Un montón. Son dos generaciones. La de mi hermano (Santiago) que está. Y la de Ariel Díaz…

Yo viví con Ariel…
V.F. …En serio… Hoy está con Amanda, una niña que canta y es actriz, una morena de ojos verdes, imagínate. Todo lo contrario a Ariel, quien tiene una voz aguda, y ella tiene una voz así (grave). Llevan dos meses en Ginebra, regresan en octubre. Bien, bien, está bien Ariel y el dúo        que hacen es impresionante.

¿Son los herederos?
V.F. Claro.
 
¿Hay ahora un grupo de rebeldes de la trova?
V.F.  Es algo más de inteligencia, es de más compromiso. Pero hay críticas que dices “no seas gilipollas. Critica, pero critica bien”. Algo que criticamos nosotros es la torre de marfil, la urna de cristal del intelectual… no, no, hay que  romperse el culo con la gente. Hay quienes han seguido más o menos ese criterio y hacen canciones críticas. La crítica está presente en toda  la obra de la trova cubana.

¿Carlos Varela?
V.F. Sí, es un crítico.

L.G. O Frank Delgado.

V.F. Sí, hay gente que piensa que Frank es disidente. En Estados Unidos siempre lo quieren comprar y él no se deja. Frank Delgado si tú pones una canción en la radio… eres un hereje. Pero él es maravilloso, aplausos totales.

Si yo quiero comprar un disco de Frank Delgado, ¿a dónde lo compro?
V.F. A él. Ja ja ja ja ja ja ja.

L.G. Sí, a él. Es cierto, él vende sus discos en sus conciertos.

¿Hay canciones que no se pueden escuchar en la radio y la televisión cubana?
V.F. Hay canciones que no se pasan. Puedo decir el 90 por ciento de todas las canciones de nosotros no se pasan, pero no por un criterio político, a Frank Delgado sí no lo pasan por criterios imbéciles. Yo tuve un programa en la radio hace años y antes de empezar pregunté si había censura. “Para ti, ninguna”, me respondieron. Entonces digo: “voy a pasar a Frank Delgado”; me miraron así… (hace un ademán con las manos) y digo ya  está. Y no hay más nada, no pasó nada. Lo que pasa es que a veces hay autocensuras o directivas imbéciles, de imbéciles de primer piso.

¿La nueva trova puede ser crítica con la revolución?
L.G. Debe, si no, no sería trova.

V.F. Pero una cosa es criticar la revolución y otra quererte echar a la revolución. La revolución no puede estar estática. Lo que se trata de darle pa’ delante, dale pa’  delante coño. Y Silvio sigue siendo el más crítico.

¿Ustedes se pelean con el poder?
L.G. Bueno, sí.

V.F. ¿Y si no pa’ qué?

¿Pero Silvio está en el poder?
V.F. Está en el poder, está en la Asamblea Nacional por tres períodos, se va a morir diputado a menos que se orine en un rincón del parlamento. Pero no ha dejado de ser crítico.

L.G. Pero desde dentro, de esto que es mío y quiero mejorarlo. Yo quiero arreglar esto, no quiero joder esto. Son dos enfoques y hay quienes los mezclan.

¿Todavía tiene validez “Créeme”?
V.F.  Si, yo creo que si.

¿Hay canción de los 70 que no sea válida ahora?
L.G. Bueno, quizás las canciones para Nicaragua…

V.F. … O para El Salvador, que son históricas pero que están pendientes.

L.G.  Pero de las otras no, las de Silvio, por ejemplo.

V.F.  Silvio acaba de hacer un disco con canciones de los 70 y él mismo dice que es lamentable que todavía tengan vigencia. Pero coño, siguen, “Créeme” sigue teniendo vigencia y vamos a seguir diciendo: “El Salvador vencerá”.

¿También “El Salvador vencerá”?
L.G. Fue una canción por encargo. A mí me dijeron vamos a hacer esto y yo la hice. Pero la acepté y la hice por que me solidaricé con esa causa.

V.F. Pero era así, sólo había que darte el último empujón… te decían “tú harías…”  y ya estabas respondiendo “¡sí!”. Al otro día estaba la canción.

¿Y qué piensan dos trovadores como ustedes del reguetón?
V.F.  A mí me gusta más la cocaína.

Ja ja ja ja ja.
V.F.  Es más sana. Créanlo.

Tengo un amigo que dice que el reguetón es magnifico en “mute”… sólo por ver a las mujeres bailar…
V.F.  … Nooooooo, así son casi todos lo vídeos que pasan en la televisión

L.G.  En el reguetón no hay que ser poeta ni músico, ni cantante.

V.F.  Hay un tipo en Cuba que dijo que gracias al reguetón él era músico.

¿Y qué piensan de gente como Orishas, por ejemplo?
V.F.  He escuchado poco a Orishas.

L.G.  A mí sí me gustan, de la cosa lo más interesante que he oído es Orishas. Tiene sus cosas, a mí me gusta.

¿Y el rap?
V.F.  Es que yo estoy, en las cosas del rap, así como Sabina: “no sopor, no sopor, no soporto el rap”.

Ja ja ja ja
V.F.  Y sin embargo hay un grupo, cómo se llama, “Hoyo colorado”. Es una maravilla, tienen un clip tan bueno, excelente, en contra de la guerra y contra de George W. Bush. Además conocí a una rapera argentina que se llama, “Conexión María Marta”…

¿La que ha cantado un par de canciones con “Todos tus muertos”?
V.F.  Sí, muy buena. Déjame decirte que en este momento la gente más aguerrida en lo político no es la de la nueva trova, es la que hace rap en Cuba. Contradictorio, ellos son los contestatarios y es interesantísimo porque son buenos músicos. 

El rock está, hasta donde yo he visto, en una decadencia en eso de la onda de los pelos y los ladridos: “gua, gua, gua”. Mi hijo ha tocado en varios grupos de esos. La vez anterior lo pasaron por la televisión y no logré distinguir cual era él entre tres lanudos que hacían “gua, gua, gua”. “No es inglés”, me dijo. No sé en qué cantan creo que lo hacen en chow chow, en pastor alemán o en cualquier cosa, pero no hay quién carajo entienda qué pasa ahí. Es lamentable porque había grupos de rock al estilo de los Beatles, que cantaban en inglés muy buenos en Cuba. Además, apareció un grupo impresionante, “Síntesis”, que fundió el rock con la música cubana.

L.G. Con lo afro sobre todo.

¿Cuál es el futuro de la nueva trova?
V.F.  Los que vienen y vengan siguiendo. La nueva trova fue un momento.

L.G. Yo creo que es una repetición de momentos.

V.F.  El trovador no se puede erradicar del país, porque es parte de la nación.

L.G. Hay que ver qué pasa.

 

¿Cómo ve Cuba en el futuro, en cinco o 10 años. ?
L.G. Mejorada, quitando un poco de torpezas que hemos hecho, desarrollándonos, nos encanta el proyecto que hemos hecho con la revolución, como hacen los hombres las revoluciones. El futuro tiene que ser mejor, más consolidado, limando esas fallas, abriéndonos un poco más, en el orden doméstico incluso.

V.F.  Creo que el futuro de Cuba dependerá de dos cosas fundamentalmente: de lo que nosotros seamos capaces de mantener y de la correlación que se dé en América Latina con respecto a la izquierda. Los americanos están en una crisis grave. Lo cual es peor, pues un país en crisis puede hacer cosas terribles. Y las hará menos terribles en la medida en que América Latina logre ser América Latina y no un patio de los Estados Unidos. Esos son los dos elementos que decidirán el futuro de Cuba en 10 años, si se logra mantener Hugo Chávez en el poder; si Lula y si Evo logran mantenerse; si Argentina sigue por donde va, que no va mal.

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