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Entrevista con Román Mayorga, ex
miembro de la Junta de Gobierno:
“Con el golpe del 79 se acabó el gorilato”
El paso de los años se nota en Román Mayorga.
Este académico, al que no se le veía en público
desde su paso por la Primera Junta de Gobierno en 1979, tiene
ahora el cabello completamente blanco, más arrugas y unas
libras de más. Camina más pausado, pero expresa
sus ideas y su visión del país con la misma energía
con que levantó, más de alguna vez, la voz y el
dedo a los militares que terminaron sacándolo de El Salvador.
La sonrisa sigue igual. Bonachona, agradable, abierta a expresar
un sentido del humor que siempre está presente en él,
un ex rector de la UCA que ahora trabaja como representante del
BID en Venezuela. Vino hace un par de meses a El Salvador a brindar
su apoyo a la rectora de la Universidad Nacional y ayudar a convencer
a sectores universitarios de aprobar un préstamo por $25
millones para la máxima casa de estudios. Mayorga concedió
gustoso esta larga conversación, en la que no oculta sus
enormes simpatías por el presidente venezolano y recuerda,
con muchos detalles, cómo se involucró en un golpe
de Estado que abrió una nueva etapa en la historia nacional.
Por Carlos Dada y Carlos Martínez.
Fotos: Edu Ponces
cartas@elfaro.net
Publicada el 17 de julio - El Faro
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Usted dijo hace no mucho: “Soy de izquierda y voy a ser de
izquierda toda mi vida”. ¿No le parece una frase muy peculiar
para un empleado del BID?
Jajajaja. Sí, tiene razón.
¿No le ha causado problemas?
No. En primer lugar ya conocían mi trayectoria en El Salvador
porque hubo dos préstamos del BID que yo coordiné y que
en buena medida yo manejé.
¿Desde la Junta de Gobierno?
Nooo. Mucho antes de la Junta. Desde la UCA, entonces ya en el BID conocían
toda mi trayectoria y mis posiciones en el país. Aún así
me contrataron, sabiendo perfectamente lo que yo pensaba. De modo que
cuando llegué allá, yo ya tenía cierta imagen de
izquierdista, digamos, que no hice nada por desvirtuar, jajaja, al contrario.
Y después de tantos años, ¿se puede seguir
siendo de izquierda y estar en el BID?
Me sigo considerando un hombre de izquierda. En el periodo del consenso
de Washington los que estábamos en esa posición nos sentíamos
bastante aislados. Durante algunos años no nos dejaron hacer una
sola operación de educación ni de ciencia y tecnología.
Nada. Pero nos dejaron trabajar en algunos proyectos de educación
primaria y en elaboración y evaluación de proyectos. Ocasionalmente
el presidente del BID me pedía que le ayudara a escribir discursos.
¿Qué camiseta se le iba deslavando, la de izquierdista
o la de funcionario del BID?
Yo me mantenía exactamente en mis mismas posiciones. En el BID
siempre han existido alas. Acuérdate que el primer presidente del
BID fue Felipe Herrera, un hombre de izquierda, íntimo amigo de
Salvador Allende. Él constituyó la planta inicial de funcionarios
del BID y llevó a gente que más o menos pensaba como él.
Los funcionarios antiguos del banco, como Jorge Sol Castellanos y Rafael
Glower Valdivieso...
Jorge Sol fue asesor del FMLN en la Asamblea, ¿no?
Cómo no. Y también del Frente Sandinista.
Nos está desmitificando el BID, no sabíamos que
era un refugio de cabecillas rojos, jajaja.
En un tiempo hubo una concentración bastante grande. No eran tampoco
gente de visiones demasiado radicales o dogmáticas. Era un izquierdista
moderado de los años sesentas y setentas. Eran más bien
intelectuales. Pero eso fue antes del consenso de Washington. Siempre
hubo un remanente de estos individuos, pero las nuevas camadas fueron
cambiando.
Incorporaron a los “Chicago boys”
Sí, a los Chicago Boys. En la medida en que se fue intensificando
esta visión del mundo neoliberal y que permeó a todas las
instituciones con sede en Washington, el BID fue quizás la última,
pero en la medida en que se intensificaba esa persuasión de ese
grupo de gente fueron aislando a los antiguos “camaradas”,
a los rojillos como nos decían, ¿no? jajaja. Entonces experimentamos
muchos recelos, un ignorarte, ningunearte...
¿No se sienten ahora ustedes, los “rojillos”,
un poco reivindicados ante las pruebas de que el modelo aquel falló,
de que Sudamérica está dando la vuelta?
Absolutamente. Hay un grupito de gente muy contenta ahora, jajaja.
¿Como usted ahora en Venezuela?
Sí. Yo estaba totalmente ignorado, tan frustrado que estaba dispuesto
a renunciar. Cuando la gente se enteró de esto recibí ofertas
académicas, incluyendo alguna que otra aquí en El Salvador.
Yo ya estaba pensando en esas cosas cuando se presenta el fenómeno
venezolano. Todo el equipo que atendía a Venezuela era más
bien neoliberal, porque esa era un poco la moda en Venezuela en los años
anteriores.
En los años de Carlos Andrés Pérez.
Sí, y eran como agua y aceite con el gobierno de Chávez,
y se creó una tensión bastante fuerte. Entonces al presidente
de la institución, Enrique Iglesias, era un hombre de mucho olfato,
y ahí subieron mis acciones. Necesitaban un rojillo que fuera ahí,
jajaja. Y si tienen antecedentes académicos mejor. La gente que
acompañó a Chávez eran profesores de la UCV, de izquierda,
que incluso le ayudaron a formar sus planes de gobierno y han sido sus
ministros. Yo era un candidato que llenaba el perfil porque además
tenía antecedentes de manejar situaciones conflictivas, así
había sido mi posición en la UCA. Ahora también están
subiendo las acciones de otros rojillos, jajaja.
A ver, a ver. Demostrado que al menos en América Latina el
modelo neoliberal no funcionó. ¿Estamos viendo realmente
un nuevo modelo o simples reacciones al otro fracaso? ¿Esto irá
a funcionar?
Uno puede desear que se encuentre un modelo que funcione, por lo que
supongo que todos entendemos por funcionar, algo que contribuya a resolver
los problemas de pobreza y exclusión social, que lo haga de una
manera solidaria con los sectores tradicionalmente postergados, respetuoso
con los seres humanos...
Pero Venezuela es más pobre ahora que cuando llegó
Hugo Chávez
Eso es lo que la prensa internacional de derecha está tratando
de decir. Yo creo que eso no es verdad.
¿Esos no son números?
No. Cuando citan esas cosas son cifras del año 2000 ó de
cuando se terminó el paro petrolero que le costó 20 mil
millones de dólares a Venezuela y un regreso tremendo en el PIB.
Claro, si mides del 99 cuando entró a Chávez al 2003, pues
claro, el producto había bajado al mínimo. Pero no te dicen
que al año siguiente el PIB creció al 18 por ciento real.
El año pasado 9 y medio real. Este año pronosticado 7 u
8 por ciento, real. Si te vas a la distribución, el impacto que
están teniendo las misiones sociales en los sectores más
pobres es enorme. ¿Cuánto vale para una madre que no se
le muera el hijo de disentería? No hay barrio de Venezuela que
no tenga un médico. ¿Cuánto vale para un ser humano
salir del analfabetismo?
¿Y eso lo mide el BID?
Estamos apoyando al Instituto Nacional de Estadística, no hay estadísticas
adecuadas para medir los impactos de las misiones. Pero quien vive ahí
y lo ve con ojos no prejuiciados es evidentísimo. Vete a los barrios
pobres de Venezuela y pregúntale si su vida está mejor o
peor.
¿Se puede en Venezuela no estar prejuiciado por un lado
o por el otro?
Es muy difícil ser absolutamente objetivo porque hay intensas emociones
involucradas. A mí incluso me cuesta a veces ser objetivo, porque
tengo mis emociones, tengo mi corazoncito. Es difícil ser completamente
objetivo, pero quien te diga que los estratos de población pobres
han empeorado su vida, o no ha visitado Venezuela o es un mentiroso tratando
de prejuiciar.
Pero de un lado o del otro, en Venezuela hay una tensión
social que no existía antes de Chávez.
Es difícil decir qué fue primero, si el huevo o la gallina.
El mensajero es el culpable de identificar el problema. Pero cuando yo
llegué a Venezuela me horroricé de la forma como trataban
al presidente. Mono con metralleta, epítetos raciales espantosos.
Este hombre, que es orgulloso, que tiene elementos de megalomanía,
que se cree la reencarnación de Bolívar y que se ha ganado
legítimamente la presidencia de Venezuela, lo insultan estos otros,
pues se enfurece y comienza a responderles.
A ver, si cada vez que Chávez advierte de una invasión
gringa fuera cierto... ¿no los habrían ya invadido como
veinte veces?
En la historia latinoamericana ha habido muchas invasiones gringas y en
todas hemos dicho qué horror, cómo va a invadir esta gente
buena. Y siempre lo niegan. Que hay un odio espantoso en la CIA y el Departamento
de Estado contra Chávez no tengo la menor duda.
Pero si le dedica poemas hasta Condoleeza Rice.
Sí, pero hasta qué punto tienen planes de contingencia para
eso... tampoco tengo duda. ¿Lo van a hacer? No lo sé, porque
está tan mal el gobierno norteamericano con su invasión
en Iraq...
Nadie nos va a creer que estas son respuestas de un funcionario
del BID.
No, yo no soy muy típico de eso.
Así como medio chavistón es usted, ¿no?
No. Soy más que medio, jajaja.
Jajaja.
Pero también tengo una distancia crítica al proceso.
¿Qué cosas?
La lista de Tascón. Y pienso que el presidente es demasiado impulsivo
y primario en sus manifestaciones públicas, que le cae mal a mucha
gente y antagoniza por pura cuestión de estilo. Hay cosas verdaderamente
vulgares.
¿Pero nos las va a contar?
Sí. A Condoleeza Rice, que le dice la Condolencia. “Todos
los días manda a un vocero de ella a hablar muy mal de mí”,
dice. “Esta mujer está obsesionada conmigo”. Se queda
pensando y se ríe, en cadena nacional, y dice: “Pero no le
voy a hacer el favor”.
Jajajaja.
El presidente de Venezuela hablando así de la canciller de Estados
Unidos. ¿Qué necesidad tiene de hacer eso?
¿Le ve resabios de militarismo?
Eso sí. Él tiene actitudes de yo mando, yo ordeno.
El estado soy yo.
El estado soy yo y usted se tiene que cuadrar. No tanto con los extranjeros,
sino con sus subordinados. Sus actitudes son mucho de hombre formado en
los cuarteles. Repite con frecuencia lo que decía Bolívar,
no tiene una noción fuerte de las instituciones.
Por supuesto no habla así con el BID.
No, con el BID no.
¿Ya le ha dicho “no Hugo, esto no”?
Sí. En una ocasión teníamos un proyecto de la sociedad
civil para apoyar proyectos surgidos de las comunidades. Pero decía
el contrato que no podían ir estos recursos a entidades del Estado,
sino a organizaciones de la sociedad civil. También después
del golpe, el gobierno pensó que había que fortalecer los
medios estatales y medios alternativos. Nos pidieron financiamiento para
eso, pero dijimos que lo lamentábamos mucho, que eso se hacía
en contraposición de otras visiones y no podíamos meternos.
¿No financian medios alternativos?
No.
Se nos fue. Tendremos que pagar este café.
Jajajaja.
Me imagino que después de su experiencia sospechará
casi instintivamente de las actitudes militaristas.
Cómo no. Me caen mal. Muy mal. Esa es la principal fuente de mis
reservas. Los elementos de autoritarismo que yo asocio a toda esa cosa
militar me infunden temor. Pero uno ve una tendencia a copar todas las
posiciones públicas, la Asamblea, las gobernaciones, las alcaldías,
los concejos municipales... Esos elementos a mí me preocupan y
son las fuentes de una cierta distancia crítica. Otra es la tremenda
debilidad gerencial del Estado venezolano. Son muy deficientes, están
acostumbrados a no trabajar muy duro, a no rendir cuentas, un cierto patrón
de desorganización. Esas cosas exigirían de la misma presidencia
un esfuerzo muy grande para corregir.
¿Pero esa revolución bolivariana tiene institucionalidad?
¿Puede funcionar sin Chávez?
Hay un movimiento, el V República, que está vinculado a
cinco o seis partidos. Todavía hay una verticalidad muy grande,
la presencia de Chávez es arrolladora, pero están tomando
acciones para institucionalizar y hacer irreversible eso aún faltando
Chávez. Están descentralizando los recursos del Estado y
hoy la plata va más a los concejos comunales. Todo eso está
implicando un grado de organización de la base y de participación
de millones de personas que difícilmente van a aceptar un retroceso
en el proceso.
¿Hay que ser chavista para representar al BID en Venezuela?
No. Con ustedes me estoy explayando a favor, pero en el mundo en el que
yo vivo no ando haciendo estos discursos ni concedo entrevistas políticas.
Si me preguntan allá los periodistas les digo que es impropio que
yo me meta en esos temas. Pero si Chávez no ve empatía lo
va a ignorar. En ningún lugar está escrito, pero yo creo
que se requiere un cierto grado de empatía, y así es en
todas partes.
Bueno, ya hablamos mucho de Chávez, ahora hablemos de
usted. ¿Lo suyo sigue siendo un exilio?
No, yo no me siento así. No hay nada que me impida regresar. Así
lo sentí algún tiempo pero ahora no.
Dice que está pensando en retirarse. ¿Tiene planes
de volver a El Salvador?
De momento no.
¿Qué va a hacer?
Me voy a quedar en Venezuela.
¿Retirado?
Sí. Y voy a apoyar el proceso, con distancia crítica.
¿Desde dónde? ¿Universidades?
Probablemente desde universidades, con análisis.
¿Por qué allá y no aquí?
Porque posiblemente incluso pueda influir más a El Salvador desde
allá y no aquí.
Mmmmm. ¿A ver?
Yo creo que si viviera en El Salvador, y hablara como me han oído
hablar aquí, sentiría un rechazo terrible de la derecha.
¿Allá no?
Bueno, un momento, pero allá la izquierda está en el poder.
Ajá.... jajajaja.
Jajajaja. Y qué poder. Y qué influencia en el mundo, de
inspiración. Entonces si viniera acá sería para mí
una frustración.
¿Y ya no está para eso?
Creo que desgastaría mi vida en dimes y diretes con la derecha,
que me tolera mientras yo no hable.
O con una izquierda como la que está en la UES.
Bueno, mi entrevista con Narciso Castillo provocó enojos.
¡Y espérese a que lean ésta!
Jajajaja. Sí. Hubo gente que se enojó conmigo.
¿Qué le parecen las cosas aquí?
Difícil. Es un país sin mucha libertad para maniobrar.
Pues los organismos financieros dicen que es uno de los países
con más libertades.
Desde ese punto de vista sí. Desde el punto de vista de la búsqueda
de un sistema alternativo al neoliberal, no. Aquí hay mucha pobreza.
¿Posibilidades de un cambio?
Veo intentos de gente, pero no una expresión organizada.
¿Guarda algún resentimiento con el país?
Absolutamente ninguno, no no no.
¿Y cuando se fue?
Yo no lo podría llamar resentimiento.
¿Frustración?
Sensación de fracaso, era sensación de dolor. Era angustia.
Toda la gente querida estaba sufriendo.
¿Nunca valoró la violencia como una alternativa?
No, yo siempre estuve claro de que no era para eso. Que eso iba a conducir
a una guerra civil interminable de muy largo plazo y no le veía
que las soluciones iban por ahí. Opté por otras cosas en
mi vida. Luego fue pasando el tiempo, ya tengo bastantes años y
no tengo la misma energía que antes.
A ver. Estuvo en la Junta Revolucionaria de Gobierno. Dirige
antes la UCA. Siente que se tiene que ir y se va primero al Colegio de
México y luego al BID...
En primer lugar yo no me fui voluntariamente. Llegaron unos militares
a mi casa y me echaron.
Lo exhortaron...
Je je, sí, me exhortaron. Me pusieron en un avión y se va.
Eso no nos lo contó en De la guerra a la paz. Cuente.
Estaba en mi casa, renuncié el 3 de enero (de 1980) y se desató
una andanada de llamadas telefónicas anónimas, amenazas
de muerte etcétera...
¿Usted fue tan iluso de pensar que podía renunciar
a la Junta y quedarse en el país?
En algún momento yo creo que era bastante iluso, sí. De
alguna manera yo no creía que me tenía que ir. Creí
que podía volver a la vida académica... Me fui a mi casa.
Y al día siguiente llegaron unos militares jóvenes y me
dijeron “Román, usted está en una lista de personas
que van a ser eliminadas y nosotros no queremos que eso ocurra...”
Qué buena gente.
Sí. Me dijeron: “Díganos por favor a dónde
quiere ir, nosotros nos encargamos de conseguirle la visa, arregle su
maleta y tiene tantas horas para que usted y su familia tomen un avión.
No nos vamos a separar de usted para que no le pase nada, Vamos a cuidar
su casa y lo vamos a llevar al aeropuerto”.
¿Los reconocería ahora?
No. Me trataron muy respetuosamente y no parecían estar mintiendo
en su preocupación por mí.
¿Alguna vez su familia le reclamó por llevarlos
al exilio?
No, nunca. Mi familia ha sido siempre muy solidaria.
Si aquellos caballeros no le hubieran invitado a salir del país,
o si usted hubiera regresado tras los Acuerdos de Paz, ¿dónde
estaría usted? ¿Sería el sucesor de Schafik Hándal
en el FMLN? ¿Estaría junto a Héctor Dada Hirezi en
la construcción de una izquierda alternativa? ¿Estaría
en la universidad o listo para suceder a María Isabel Rodríguez?
Es una pregunta que me lleva a considerar hipótesis que no se
dieron.
¿Nunca las consideró?
Yo soy un hombre modesto. Nunca me he sentido importante.
A diferencia de Chávez...
A diferencia de Chávez. No sé qué habría sido
de mi vida. Yo participé en la Junta no por que lo buscara. Lo
hice con gran renuencia, porque la vida me estaba imponiendo un reto que
yo no podía desestimar. Lo sentí como un deber moral. Que
si yo me acobardaba ante ese deber iba a reprochármelo toda mi
vida. Pero no por algo que a mí me gustara. Yo me veo más
bien como un hombre que le gusta el pensamiento, que se siente muy cómodo
en la vida académica, que me preocupan mucho las cuestiones de
la polis pero que temperamentalmente no me agrada la lucha por el poder,
no me agrada la politiquería. Tengo una cautela muy grande frente
a gente demasiado motivada por el poder. Mucho más aún por
el uso de los cargos públicos para otros fines. Yo más me
veo en alguna posición académica,
¿Son necesarios los intelectuales para el avance de una
sociedad? Porque aquí cada vez tienen menos valor y espacios, y
todos tan tranquilos.
Yo creo que sí. Que una sociedad que no es capaz de generar proyectos
de futuro, de engarzarlos en la identidad propia, que no es capaz de trascender
los esquemas mentales de lo dado en un momento, para imaginarse un futuro
mejor, es una sociedad que va dando pocos tumbos por la vida. Y ese es
un rol de intelectuales, el de conceptualizar el pasado, de imaginar futuro,
presentar visiones que iluminen procesos y realidades. No obstante reconozco
que aquí podría haber una sobrevaloración mía
de los intelectuales, y que los procesos históricos, al menos aquí,
no se conforman tanto por estas visiones de los intelectuales, sino de
luchas coyunturales. Y hasta ahora no nos ha ido muy bien.
¿Qué le parece ahora la UCA?
Creo que el asesinato de los jesuitas fue un duro golpe para la UCA. Eso
y la salida de los seglares. Ya no es la universidad que yo soñé
ni que soñaron mis compañeros de entonces.
El coronel Majano cuenta en sus columnas en El Faro que los jesuitas
estuvieron metidos de una manera u otra en el golpe, como en la redacción
de la proclama. ¿Hasta dónde estuvo metida la UCA en el
golpe de 1979?
Yo no estoy conciente de que hubo un rol muy importante. Los contactos
eran muy esporádicos por la misma naturaleza de una confabulación.
Esto no es una cosa que tú la andes discutiendo alegremente. Nunca
un jesuita, antes de que yo planteara el asunto, se me acercó para
decirme que se preparaba un golpe y que yo jugaría un rol.
¿Y quién se lo dijio?
Ítalo López Vallecillos.
¿Es decir que el padre Ellacuría se sorprendió
cuando usted se lo dijo?
Mire, el antecedente más directo de eso fue un documento que nunca
se publicó, que se llamó el Libro Amarillo. En las semanas
previas al golpe de octubre, el presidente, el general Romero, convocó
a un foro nacional para discutir cómo se podía salir de
la crisis. A ese foro sólo acudieron las fuerzas de derecha. La
izquierda convocó al Foro Popular Alternativo para discutir cómo
salir de la crisis. La UCA participó en este segundo foro, no obstante
que también había sido invitada al primero. A efectos de
hacer planteamientos de la visión que tenía la UCA de cómo
salir de esa crisis hicimos un esfuerzo. Y salió una serie de trabajos
coordinados para presentar nuestra visión. Hicimos un borrador
de este libro y salió un documento grueso que trataba distintas
dimensiones, y se le puso una pasta amarilla provisional. La intención
era distribuirla entre los participantes para revisar ese borrador. Héctor
Dada escribió sus puntos, Memo Ungo escribió otra cosa,
y a mí me había tocado coordinar el documento. Resulta que
este libro amarillo circuló entre los militares golpistas. A mí
me lo contaron los hermanos Guerra y Guerra.
¿Y cómo llegó a sus manos?
No lo sé, pero es fácil imaginarse. Seguramente había
algún contacto. Pero este libro fue analizado por los golpistas
y les gustó mucho, se convirtió en un elemento inspirador.
Y dijeron llamemos a la gente de la UCA.
Y apareció Román Mayorga...
Y Guillermo Ungo, Héctor Dada, Héctor Oquelí Colindres...
Todos los que participamos en eso que éramos como diecisiete. No
me extrañaría a mí que vía este documento
se fortaleciera la idea de que en la UCA había suficiente talento
para darle al país una salida que evitara la guerra civil al mismo
tiempo que se democratizaba la vida política del país. Nunca
planteamos un golpe de Estado, aunque eso ya estaba en el ambiente. Yo
creo que eso más que contactos directos con los jesuitas. Imaginate
tú que mis hermanos jesuitas me estuvieran metiendo en ese huevo
y no me dijeran ni media palabra. Se me hace un poco inverosímil
eso. Era evidente que ese gobierno no podía gobernar, había
una gran crisis y se rumoraba que la UCA podía evitar una guerra
civil. Pero no hubo nadie que me dijera que esto se estaba planeando.
El único que me lo dijo fue Ítalo López Vallecillos.
Entonces ya sabemos quién pasó el librito amarillo.
Es posible que haya sido Ítalo.
Es decir que el 15 de octubre usted era el único salvadoreño
de saco y corbata esperando llegar a su nueva oficina en Casa Presidencial.
El 15 de octubre llegó a mi casa un militar que después
se pasó a la guerrilla, Mena Sandoval. Tocó como a las cuatro
de la mañana. Bueno, antes cuando me lo dijo Ítalo le dije:
“Mirá, qué huevo en el que me quieren meter. Aquí
hay dos fuerzas elefantiásicas que se quieren matar y yo soy un
pacifista”. Me dijo: “Mirá, no vayas a ser otro Galindo
Pohl”. Es que a Galindo Pohl le ofrecieron varias veces que participara.
¿En este golpe?
No, en épocas anteriores, dicen que los militares le ofrecieron
varias veces que fuera presidente y él siempre dijo no. Entonces
Ítalo me dijo que me podían ofrecer a mí también
la presidencia, y que si alguna vez Galindo Pohl hubiera aceptado habríamos
salido del gorilato, jajaja. Discutimos mucho, pero sólo él
y yo. El primer militar que me lo dijo fue Mena Sandoval. Un día
me dicen en el rectorado: “Ahí hay un señor que tiene
un ofrecimiento importante, una donación mayor de libros para la
biblioteca, pero insiste en que sólo quiere hablar con usted”.
Bueno, le dije, que pase. Era Mena Sandoval.
Ya, ése era el ofrecimiento importante
Sí, me dijo lo mismo que Ítalo.
Le tenían a usted mucha confianza para venir a decirle
esto un mes antes del golpe.
Es posible que fuera una decisión personal de Mena Sandoval, pero
según me dijo ya había consenso entre los jóvenes
para invitarme a mí. Otro susto, ¿verdad?
Claro, y si dice que no lo acompañamos a un avión...
No, no, fue muy respetuoso. Le dije que lo iba a pensar. Dije, no conozco
este señor, y me viene a plantear un golpe de estado.
Y usted sólo quería unos libros...
Jajaja. Sí. Yo fui muy receloso. Pero quería evitar un conflicto
sangriento. Le dije que iba a ver cuál podía ser mi aporte,
pero no me comprometí a nada. Después me llamó Rodrigo
Guerra y Guerra, a quien yo conocía. No era el militar sino un
ingeniero civil.
¿Usted ya le había contado a su esposa de esto?
No, nada. A nadie. Se oían rumores. Mira, un día me dio
hepatitis y tuve que estar varios días en la casa. Me llegó
a ver Memo Ungo y platicamos como 4 horas en la casa. Me dijo: “Tu
nombre está sonando mucho. Hay rumores de un golpe de Estado y
dicen que te van a llamar a ti. ¿Qué vas a hacer?”
Yo le dije: “Puta, Memo, no sé. ¿Qué harías
tú?”. No le platiqué lo de Ítalo. Estaba manejando
cosas que podían ser de vida o muerte.
Y a lo mejor para él también.
Yo no sé con quién había hablado Memo, pero le dije:
“Mirá Memo, en estas circunstancias, con lo jodido que está
el país, estamos tan cerca de la guerra civil que ni tú
ni yo nos podríamos rehusar”. Pronto llegamos a la conclusión
de que había que participar si se daban ciertas condiciones, como
que esa gente emitiera una proclama que describiera transparentemente
en función de qué estábamos participando, que dejara
claro que no participábamos en una asonada sino en un proyecto
de país. Segundo, que no podíamos meternos a colaborar con
los torturadores y los corruptos que abundaban en la Fuerza Armada, y
que había que pedir a los golpistas que se comprometieran a limpiar
el Ejército. A limpiar a los D’aubuissones, pues, aunque
entonces él no era prominente, ni sabíamos quién
era ese individuo. Y tercero, que en la conformación del gobierno
hubiese una representación ideológica afín a lo que
queríamos lograr, y que nuestros propósitos eran la democratización
del país y evitar la guerra civil. Que el FMLN se convirtiera en
un partido.
Aunque el Frente todavía no existía.
No, todavía no. Pero sí los diferentes frentes, que se integraran
a una lucha por el poder sin sangre. Eso fue una conversación de
unas cuatro horas y muy fácil. Y dijimos sí, no nos gusta
eso pero habría que ir por ahí, ya sea que te inviten a
ti o a mí. Unos días antes del golpe me llamó Rodrigo
Guerra y me contó todo. Y me dijo te mandan a invitar los líderes
del golpe a determinada casa en San Salvador, secreta.
¿Dónde era?
No me acuerdo bien. Era una casa de clase media, no prominente. Bueno,
Tito (Adolfo) Majano dice en la entrevista con ustedes dónde era
esa casa, porque ahí nos conocimos. Eso fue el 12 ó 13 de
octubre. Entonces fui a hablar con Monseñor Romero y le conté.
Hablé con Ignacio Ellacuría y le conté. Le dije:
“Monseñor, es verdad lo que dicen, ha pasado esto”.
Lo mismo le dije a Ellacuría. Los dos, por separado, me dijeron
sin vacilar: “No puedes decir que no. Es esto o la guerra civil.
Es la única posibilidad. Que hay un riesgo tremendo, es verdad.
Que hay un riesgo para tu persona es verdad. Pero éste es un deber
cristiano de última gravedad”. Esto coincidía con
mis propias percepciones.
¿Y cuándo habló con su esposa?
Después, como dos días antes. Había escuchado rumores...
Y me imagino que todos los días llegaba a su casa y le
preguntaba por esos rumores.
Sí, y yo le decía no, no, no sé, ja ja ja.
“No, mi amor. La gente habla...”
Ja ja ja ja ja ja. Es que yo sabía que iba a provocar mucha intranquilidad
en ella. No recuerdo exactamente en qué momento le reconocí
de manera explícita.
¿Y ella dijo...?
No, no, te apoyo. Sé que esto es terrible pero hay que echarle.
Bueno, en la reunión con Majano y con Abdul Gutiérrez, y
otras personas, me dijeron que querían que yo fuera el primer civil
que participara en esto. Me dieron como un hecho que dos militares ya
habían sido elegidos, Majano y Abdul Gutiérrez, que estaban
ahí. Y que faltaría elegir a otros dos civiles. Les puse
mis condiciones.
¿Que fueron?
Las que te dije, primero la proclama, y me dijeron que ya se estaban trabajando
varias, y que si yo aceptaba me daban derecho de veto sobre la proclama
y que yo le hiciera los cambios que quisiera, que se comprometían
también a limpiar el Ejército y que sabían que no
se podía seguir con esa gente adentro. Esto es una rebelión
militar, hay que hacer esa limpieza. Y tercero, quiero tener compañía
en la Junta, quiero que me permitan hacer sugerencias y ver cómo
es conformada la Junta antes de darles un sí final. Les pareció
razonable.
¿Y a quién sugirió?
Ahí sugerí consultar al Foro Popular, porque de ahí
iban a surgir propuestas aglutinantes de las fuerzas que se han opuesto
a todo esto, y le daría cierta base social al proyecto. Incluso
les dije, yo sabía la respuesta, consúltenles a ellos si
aprueban mi nombre. Negocien esto con el Foro Popular. Y hasta donde yo
sé los consultaron pero hasta después de dar el golpe. Ah,
y me dijeron que no me podían decir cuándo sería
el golpe por mi propia seguridad. A las cuatro y media de la mañana
del quince de octubre tocó en mi puerta Mena Sandoval y me dijo:
“Hoy es. Escóndete si puedes porque hay filtraciones y tu
nombre podría estar en boca de algunos militares”. Me imagino
que ya sospechaba de Abdul Gutiérrez.
¿Para dónde se fue?
Para la UCA. Imagínate lo iluso que era yo. Ahí me fueron
a buscar los hermanos Guerra y Guerra y me dijeron vente, vámonos
para el cuartel San Carlos. Me enseñaron la proclama, estaba mal
redactada, y ayudé rápido a remendarla. Imagínate
cómo son los procesos históricos. Ahí le tachamos
y le pusimos, y así salió. Ahí los militares consultaron
al foro, dieron mi nombre como un hecho y pidieron otros dos nombres.
El foro discutió y salió con el nombre de Memo Ungo, no
se pudieron poner de acuerdo con el otro.
¿De dónde salió el otro?
Bueno, no me sé muy bien esa parte. Sé que Abdul andaba
haciendo sus propias consultas, y de ahí salió primero el
nombre de Ernesto Arrieta, pero luego con la Cámara de Comercio
o no sé cómo salió el nombre de Mario Andino. No
me opuse, ni Memo tampoco, aunque él tenía dudas y más
que yo sobre Mario Andino. Pero nuestras condiciones estaban razonablemente
cumplidas y daba posibilidades de iniciar el proceso.
¿Considera su paso por la Junta como el punto más
alto de su vida?
(Piensa diez segundos) Ehhh ha habido otros momentos de gran importancia
en mi vida personal. El punto de mayor importancia política sí,
sin duda alguna. No el de mayor satisfacción personal, no. Pero
sí fue un parteaguas en mi vida, me sacó de la vida que
ya tenía hasta entonces y me llevó al exilio, a planear
y llevar a cabo mi vida de otra manera, que hasta entonces había
sido inimaginable para mí. Mi vida estaba aquí, mi proyecto
estaba aquí. Pero cuando ves fracasado tu proyecto y que te echan,
pues tienes que ser responsable con tu entorno y con tu familia y eso
es lo que hice. En retrospectiva creo que también hubo ahí
un parteaguas para la vida nacional, porque ahí se acabó
el gorilato. Los cincuenta años de ese modelo donde los militares
gobernaban en función de lo que los intereses económicos
les dictaban...
Bueno, pero cuando usted salió eso seguía siendo
válido, ¿no?
Pero ahí hizo aguas ese proceso. Se hizo completamente inviable
y eso desató una dinámica distinta, desgraciadamente con
un costo altísimo. Pero el país dejó de ser lo que
había sido en los últimos cincuenta años. Se abrió
a una serie de dinamismos muy desordenados, muy caóticos, muy conflictiivos,
sangrientos, pero distintos. Ahí hubo un quiebre en la vida nacional.
En todo caso yo no me arrepiento de haberlo intentado. Creo que quedé
con la conciencia tranquila de que había hecho lo mejor que podía,
las circunstancias históricas no permitieron lograr lo que queríamos,
pero eso es otra cosa.
Román, no sé si es la falta de bigote o el paso
de los años, pero me cuesta meter en el rostro que veo ahora el
del Román Mayorga que estuvo en la Junta.
Bueno, yo quisiera decir que veinte años no es nada, pero... Ja
ja ja ja.
Ja ja ja ja.
Y veintisiete más.
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