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Yo soy muy vanidoso. Bueno, muchas de mis inseguridades están relacionadas con mi físico, si soy gordo o no, que debo reducir esto... Hay dos cosas básicas de por qué yo aparezco: una es porque los procesos que yo trato son muy íntimos, la vanidad, y que es más fácil. ¿? Es más fácil pedirme a mí que me amarre con cables y me ponga debajo de un foco que pedirle a alguien, que a lo mejor me cobraría, o que no quiera hacerlo o que no esté listo a las dos de la mañana cuando se me ocurre hacerlo. Por esas tres cosas es que siempre aparezco ahí: es más fácil, más práctico y funciona dentro de la composición que quiero. Cuando no funciona y no tengo el aspecto que necesito, busco a otra persona. ¿Todos los artistas son vanidosos o es cosa tuya? Es un mal de la gente. La vanidad está como relacionada al aspecto estético. Bueno, quizá no haya que decir que la gente vanidosa es por tendencias físicas, mejor decir que hay muchos artistas que son vanidosos o que... ¡Bueno, tenemos casos de gente que realmente sufría por su físico! Francis Bacon, por ejemplo, que nos dejó todos estos cuadros de él desfigurado, realmente era un hombre feo. Creo que la vanidad siempre es un elemento no sólo físico, sino también de la obra. Explicame. La obra se convierte en una continuación de cada uno. Y hay vanidad cuando vos ves tu obra, una especie de orgullo mezclado con satisfacción y vanidad.
Me resulta atractivo el proceso, los artefactos que utilizamos. La comunicación es como una puesta en escena cotidiana donde vos estás mostrando lo que querés que vean. Por ejemplo, estoy hablando con vos ahorita y ya es una especie de teatro inconsciente. Probablemente no esté pensando: “bueno, voy a ir a hablar con la gente de El Faro, voy a hacer estos gestos, voy a pedir esta comida”, pero es algo que realmente hacemos todos de manera inconsciente, como que es algo normal. Esto me interesó mucho cuando tuve Internet. Recuerdo que fue algo entre mágico y… recuerdo que estaban instalando el Internet en una mi computadora vieja y yo quería ver, y de repente me dicen: “vaya, vos tenés Internet”. Y yo dije: “¡guau!”. Era chistoso porque no sabía que hacer en Internet; y no era maravilloso como lo pintaban, pero tenía cierto gusto raro estar entrando. Internet es interesante porque hay una serie de cosas que se modifican en la comunicación. Nos adaptamos fácilmente a la tecnología y nos va modificando la vida. ¿Cuál fue tu primer contacto con el arte? Me interesa mucho la literatura. Antes pensé en estudiar letras. Y el dibujo siempre ha sido algo que yo hice desde pequeño. Soy asmático y de pequeño no podía jugar y correr mucho, era complicado. Entonces dibujaba bastante y leía un montón. Mis aficiones se fueron por ese lado, hacía todos los carteles en el colegio, pasaba dibujando en todas las clases. Ya cuando entré a la universidad vi otro tipo de lenguajes que existían aparte del dibujo y la pintura: la fotografía, la fotografía digital. Y de cómo la obra se iba construyendo un poco con más de concepto no tanto de medios. Así empecé a crear obras más por el concepto que por el medio, sin dejar de tomar en cuenta los medios. ¿A qué edad te pusiste a “crear”? Creo que fue cuando entré a la universidad. ¿Como a los 18 años? Sí. ¿Qué leés? Soy muy fanático de estilos literarios complicados. El contrapunto me encanta. Alguna poesía de Roque Dalton que recuerda a los poemas sumi, que son muy cortitos… y a tipos de líneas narrativas de estructura muy rara. Julio Cortázar, José Saramago, algunas novelas de Vargas Llosa, Walter Bénecke, Menéndez Leal, cosas así, que como que el mismo proceso de la historia, de la línea, es quebrantable, es raro. ¿Y creés que de tu arte vas a poder comer? Mira, trabajo de diseñador gráfico. De día.
Durante todo este tiempo he estado “freelanceando” y no me molesta hacer el diseño gráfico. Pero no es algo que yo diga: “sólo esto haré”, pero es lo que me mantiene económicamente. Y con mi obra no tengo mucho interés en ganar de ella porque sé que puedo hacer otra cosa para ganar dinero, aunque me encantaría vivir de que la gente comprara mis fotografías y me pagara. Pero estoy consiente de que muchas de la cosas que hago en este medio no se venden. He vendido un cuadro en toda mi carrera. ¿Cuál? De los primeros cuadros que hice. Es un montaje fotográfico que se llama Andy Warhol. Es una lata de Sopas Campbell con una figura humana atrás. Un fotomontaje muy sencillo en cuanto a elementos técnicos. ¿En cuánto la vendiste? Como fue en subasta, se vendió en seiscientos dólares. La mitad mía y la otra donada al Museo (MARTE). Lo otro que me ha dado el arte son como especies de premios o cuotas como la dieta que me dieron en el MARTE para montar la obra. O de pronto cuando montamos una exposición, algunos lugares que dan presupuesto para esa exposición admiten que se incluya una dieta para el artista, pero eso es raro. Cuando invito a la gente a que venga a ver mi exposición me preguntan si hay que pagar, les contesto que no, y me preguntan: “¿Qué ganas, y de qué vivís?”. ¿Te definís como artista digital o cómo? Me defino como artista visual o como artista nada más. Lo digital es un medio, no es que siempre voy a ser digital. Es un medio que se apega mucho tanto a lo que quiero decir como a mi forma de vida actual. Te da muchas posibilidades, es bajo en costos en la producción de la obra, la coproducción sí es un poquito más cara. ¿Es más fácil que otras ramas del arte? Técnicamente es más fácil y más rápida. Esos quizás son los elementos que a mí me llaman la atención. Y quizá uno importantísimo: es más fácil de difundir. En todas la galerías gratuitas que puedo me meto, meto fotos, las pongo en páginas de stock, que vos podes bajar fotos, que me las bajen sin copyright. Si me quieren “creditear” que me “crediteen”, si no, que no lo hagan. No tengo ningún problema con que la gente utilice mi obra para hacer otra. Hay gente que piensa que el arte digital es cortar y pegar una foto con otra, arreglar un par de cositas. Si eso fuera así, todos los diseñadores gráficos que tiene acceso a Photoshop fueran buenos. Estaríamos repletos de hermosos diseños y eso no es así. A veces incluso maldigo la tecnología porque tenemos una serie de productos malos provenientes de esa posibilidad. Si fuera así, sólo de soplar botellas con lo digital, todas las películas hechas en digital serían geniales. Pero hay unas cosas muy buenas -por ejemplo las de Pixar-, y hay otras que vos decís “¡no! ¿por qué hicieron eso?” Lo que pasa es que dentro del arte y la creación humana, por mucho tiempo –y es un estigma que existe-, se le atribuye la calidad y la validez de la obra a la dificultad de la creación. Mientras más cueste es más valioso. En los guías turísticos es típico: “esta obra, esta escultura, le tomó al autor tanto años hacerlo, se levantaba todos los días a tal hora de la mañana”. Yo probablemente no me tardo un día en hacer una obra, pero quizá me tardo unos dos meses en la preproducción, antes de hacerla en una noche, digamos. ¿Qué peso le das a la formación técnica? Es fácil adquirirlo de forma autodidacta. Por eso elegí pintura. Ahí están más estructurados aspectos de la teoría. Y no es una cosa de hacer, sino de conocerla antes. Para mí es mucho más valioso sistematizar ese proceso, un proceso que te permite estar en contacto con diversas teorías, diversos pensamientos, diversos tipos de estudios. Por ejemplo, en el arte hay toda una serie de filosofías de imagen, una estética para las cosas. Un estética marxista, una estética de otro corte... y así cada una va proponiendo elementos de cómo debe ser el arte, qué es el arte, para qué existe. Esto te permite conocer elementos con los que trabajás: ¿qué es un símbolo?, ¿para qué puedo ocupar un símbolo o un signo?; el aspecto compositivo de las cosas, ¿cómo componer una imagen? No es lo mismo en la rama de la pintura y del diseño pero es muy similar. Photoshop, al final, si leés el tutorial de “pe a pa” aprendés a utilizarlo. ¿Has hecho obra que no sea arte digital? Si, he dibujado bastante. Ahorita hago objetos. ¿Y qué te da más satisfacción? Ambas causan satisfacción.
Son procesos distintos y quizás lo distinto es el momento en que lo estás haciendo, pero al final, tenés un apego similar a todas, casi igual. Veo mis fotos, mis carteras, o mis dibujos que no le enseño a nadie -porque no me interesa enseñárselos a nadie-, o las fotos que hago para mí. Lo digital es una cosa rápida. Los objetos que hago, por ejemplo: serigrafía de carteras, hice una línea de camisetas, incluso objeto que mando a hacer, no los hago yo. Eso te da una satisfacción también porque es como ver que tu creación va tomando vida. Con la literatura también porque escribo, sigo escribiendo, aunque no lo publique o no lo mande a algún lado. Y si escribís, ¿no te gustaría definirte como artista literario? Ahorita no me interesa publicar lo que escribo. Es una cuestión de intereses de cada quien. Lo hago porque me gusta. En las obras que mando a una exposición, a una galería o a una muestra hay una intencionalidad de decir algo. Probablemente eso no pase con el arte antiguo. Por ejemplo, la Mona Lisa, que estuvo en un sótano, y que Da Vinci no la quería mostrar, quizás era porque no existía ese concepto (de querer decir algo). Las pinacotecas antiguas no las veía todo el mundo. No podías entrar al Palacio Vechio y decir “quiero ver las obras”. Ahora es distinto. Sé que estoy creando esta obra para que la gente la vea. ¿Cuál es tu plan: seguir con el arte digital o probar diferentes ramas? Mi plan es trabajar como artista todo lo que pueda. El arte es un tipo de razonamiento alterno, no el lógico ni el metódico, sino un pensamiento alterno de las cosas cotidianas. El arte es un espejo, un reflejo de la realidad. La idea va diciendo cómo es que quiere, cuál es la mejor forma. En una exposición que montamos con la gente de Hetero, “Colección invierno-verano”, me interesó mucho investigar la estandarización de las formas del ser. En esta época que vivimos todo está estandarizado. “El artista es bohemio, usa este tipo de camisa, pelo largo, el gay se viste bien, no sé qué, no sé qué, no sé qué...” ¿Vos sos bohemio? No sé, ja, ja, ja. Por ejemplo, los punketos, es chistoso, el punk nace como la rebelión ante todo: “yo rompo mis pantalones”, pero hay líneas de ropa para gente punk y sabes que si querés ser punk te tenés que poner zapatos All Star, que los venden en tal lado, comprar una camisa de Misfits, que la venden en tal lado; tenés que oír tal música.... Todo está estandarizado en base a consumo. El Che, por ejemplo, que fue un personaje antiimperialista, ahora es uno de los productos más imperialista del mundo. Hay camisetas, bolsones, pantalones, cualquier cosa; películas ahora. El Che dejó de existir hace mucho tiempo y ahora es una marca. Para esa exposición hice una marca de ropa llamada Revolution, como una sátira de esa estandarización. Siempre trato de hacer las cosas tan obvias, tan literales y tan confrontativas, tan instigadoras, que la persona tenga que cuestionarse. No me interesa decir “qué malo es el imperialismo, qué malo es el estándar”. Eso sería patético que lo hiciera porque jamás lo voy a cambiar. El arte nunca ha servido para eso. Sí me interesa que la obra sea proactiva en cuanto genere cuestionamientos. La obra se completa en el espectador. Repetime eso: “el arte no sirve para cambiar...” ¿? El arte no sirve para cambiar la sociedad. Nunca ha producido un cambio significativo en la sociedad. ¿Y entonces para qué sirve? No sabemos todavía. Ja, ja, ja.
Hay muchas teorías. Fíjate todas las formas de buscarle función al arte. Por ejemplo, la Unión Soviética que empieza a generar un arte propio que sirva para construir a la gente en una sociedad socialista. ¿Qué sucede? Se convierte en el constructivismo ruso y se va deshaciendo de todo lo que es burgués, los artefactos que son aquí, que son allá; y termina siendo una cosa incomprensible. Si vos ves las últimas obras de Tatlin, por ejemplo, el Monumento a Lenin, es una torre imposible de armar... y terminan siendo una cosa incomprensible no sólo para todos sino también para la gente local. Para mí, el punto culmen de cualquier obra de arte es generar pensamiento. Hacer que la gente se cuestione, se pregunte, se goce o no, reaccione, se asquee, que discuta mi obra, que la interpele, que se pelee con ella y no que vea que es solo una pintura colgada de la pared del baño. ¿Por qué decís que sos artista? Yo no me levanto y digo “soy un artista”. Simplemente me levanto y digo “quiero hacer esto”. Mostrarle a la gente ese reflejo mío de la realidad. Ese collage de lo que yo creo que es el mundo o de lo que creo que es un momento en específico. No es una cosa romántica de que “yo quiero que el mundo sea feliz y que cante conmigo”. Hay un comentario de un rockero de Woodstock -no recuerdo el nombre, que dice que la belleza del arte es que no sirve para nada, es completamente inútil. El arte nos permite ser totalmente libres, no tiene una funcionalidad específica. Claro, no quiero decir que no tenga una función, tiene sus funciones, pero no son las mismas que las normales o que tiene las otras esferas del conocimiento humano. ¿Cuáles son esas funciones? El arte para mí es la celebración de la creatividad pura. La creatividad la ocupan los ingenieros, etcétera. Pero en el arte es crear por crear. La función de crear es para que la obra nunca acabe, siempre se siga modificando y creando por otros, no por mí. Para que vos terminés de crear lo que yo hice, lo que yo empecé. Cuando uno dice: “el arte es completamente inútil” lo que está diciendo es que realmente es muy útil porque su utilidad yace en que no es una utilidad común, y no quiero decir trascendental, sino que esta función no comparte la línea con las demás. No sé si está arriba, abajo o por allá. Es distinta. No hay cosa que lo pueda suplir. Cuando otros artistas dicen que el arte debe provocar sensibilidad, razonamiento, debe llevar a la libertad, ¿vos qué decís? Eso es prácticamente lo que yo he dicho, pero formulado en una tesis más romántica. Entonces sí cambia algo. Un cambio contundente no lo hace, pero puede provocar o ayudar o añadir a una serie de efectos. Puede colaborar, pero no es su función. Sí creo que el arte contribuye a un proceso, pero creo que hay que quitarle ese emblema de “liberador”, que “es la cosa más sublime”.
Tiene que ver con la persona. Si alguien quiere ser comprometido ¡qué bien! Pero al final “comprometido” es una cláusula. Considero que todo arte es comprometido, político, quiérase o no. Es parte de la persona que lo hace. El arte comprometido es complicado porque muchas veces encasilla. Tenés que decir esto de esta forma, aunque probablemente no sea la mejor estrategia para decirlo. No creo que tenga nada de malo. Obviamente mucha gente lo ve reprensible, incluso para mí. Hay cosas que me parecen asquerosas, malas, pero me encantan porque están tan bien elaboradas, porque son efectivas visualmente, porque todos los elementos están completados hacia este tipo de dirección, de cuestionamiento, de instigación. La instigación es algo que me encanta. ¿El tuyo es comprometido o político? Conmigo, sí. Es algo que me interesa decirlo, es un compromiso conmigo. Las buenas cosas están comprometidas o el autor está comprometido con ellas. ¿Cómo se define qué arte es bueno y cuál no? Hay muchas instituciones que legitiman o no. Los museos, por ejemplo, la popularidad comercial. Casos como el de Bazquiat, un pintor de la calle que luego es legitimado por el mundo del arte y empieza a producir. Es raro porque probablemente los mejores cuadros de Bazquiat estén en las paredes que pintó antes de ser legitimado como artista. Es difícil catalogar algo como arte. Por ejemplo, estoy seguro que hay mucha gente que piensa que “La fuente” de Duchamp es arte porque lo vio en un libro, porque todo el mundo lo considera arte. Es complicado porque primeramente Duchamp crea La Fuente para reírse de las galerías. Es una burla. Dice Duchamp: “les aventaré este urinario al rostro, burlándome de ustedes”. Y las galerías al final lo absorben y dicen: “nosotros lo agarraremos”, y años después dicen: “venderemos libros, vamos a lucrarnos de lo tuyo”, ja, ja, ja. Creo que al final Duchamp lo sabía. Son interesantes los procesos de legitimación y son varios: galerías, museos, ventas de arte... El mercado. ¡El mercado más que nada! Todas las instituciones que te he mencionado son mercadológicas más que nada. Hay un trasfondo comercial. Las galerías son ventas de objetos visuales. Los museos funcionan algo así. Todos los museos del mundo, incluyendo el nuestro, las juntas directivas de la fundación son señoras que son las esposas de los diplomáticos, las esposas de tal... El MOMA, por ejemplo, las damas, las míticas damas que lo crearon. Si el criterio que rige es el mercado, ¿entonces no hay criterios que se puedan universalizar? ¿No hay nada más allá del “me gusta, no me gusta”? Van en cuanto a efectividad visual. Los aspectos técnicos, que esté bien hecho algo. El aspecto técnico, la composición, el color, la forma, la elección, la disposición, dónde lo coloco, cómo lo coloco, el marco... hay un montón de cosas que entran en la efectividad visual. Habrá otros, pero este es uno de los básicos.
Obviamente es un gusto, a mí me encanta. Me satisface como profesional ser reconocido, poder trabajar con instituciones como MARTE, el Centro Cultural de España. Me gusta, pero tampoco lo anhelo ni me muero si no pasa. Pero lo que más me satisface es ver a la gente viendo mi obra y escuchar lo que les provoca, la gente interactuado con la obra. Te he escuchado hablar de la vida como un escenario, como una especie de teatro. Si fueras un espectador de la vida de Eduardo Chang, ¿cómo la describirías? De la vida de Eduardo Chang... je, je, je... como normal. No es demasiado espectacular, más de lo que yo intento que sea. Es toda una serie de satisfacciones, miedos, inseguridades, apegos, desapegos, cariño, conexiones humanas, amor. Cuando digo que mi vida no es nada extraordinaria me refiero más que nada a que todas las vidas, prácticamente, son extraordinarias. Cada momento es una situación distinta, es una cosa bien compleja. Cada quien va acarreando sus experiencias. ¿Cuáles son esos momentos en tu vida? Haber conocido a mi novia, lograr momentos relacionados con la espiritualidad que son muy ricos. ¿Tu novia no entra en rivalidad con tu arte? ¿No constituye un conflicto? No. Si constituyera un conflicto sería conmigo porque mi arte es una extensión mía. Es lo que yo creo, lo que pienso. Creo que es así en todo aunque haya gente que diga que no. ¿No es difícil para los temperamentos artísticos encontrar quién los comprenda a nivel de pareja? Eso que acabas de decir es algo en lo que no estoy de acuerdo. No la pregunta en sí, sino lo de “temperamento artístico”. Los artistas no son gente especial, ¡son gente normal! que se le permite hacer cosas que no se le permite hacer a todo el mundo por una estructura social rara, compleja que no acabaríamos de analizar nunca. Por un artista no pasa nada más raro que lo que pasa por la cabeza de otra persona. Es un mito eso de que el artista es loco, piensa en colores, ve un paisaje y “¡ay!” se queda extasiado. Eso le pasa a mucha gente, toda la gente tiene goces estéticos cotidianos y normales. Se ha generado una como cápsula de que el artista es raro. ¿Por qué unos deciden hacer de eso su vida y otros no? Porque les parece bien. Les gusta vivir con un estereotipo. Creo que todos vivimos con un cierto estereotipo de nosotros mismos. ¿Cuál es el tuyo? El estereotipo de Eduardo Chang que yo manejo. El Eduardo Chang esencial probablemente sólo lo conozco yo y Dios. Ni mi novia ni la persona más íntima va conocer a todo mí, porque sólo yo estoy conmigo todo el tiempo. ¿Qué hacés cuando dejás el trabajo de diseñador gráfico, cuando no estás creando tu obra? Siempre estoy creando, en ningún momento dejo de crear. Aunque a veces no es tan intenso. Creo que todos creamos, es algo común. Cada situación a la que vamos está prediseñada por nosotros. Hay muchos elementos que la permiten, pero al final somos artistas y estamos en ese teatro cotidiano que vamos haciendo cada segundo. (Llega la mesera a decirnos que el escenario ha sido puesto por la nueva Ventana y nos trae los diálogos que previamente hemos escogido. Nuestro invitado ha optado por un Spaguetti Sorrentina y una limonada. Nosotros nos dejamos seducir por los tradicionales crepa de espinacas, el sandwich italiano y el alambre de res). Vamos, ¿pero cuál es tu vida fuera de todo eso? Leo bastante, paso bastante tiempo en mi computadora, me encantan los “flash”, me gusta mucho el cine, ¡me encanta ir al cine, no ver la película en video! Me encanta la experiencia de ir a la sala y sentarme con un montón de gente que no sé quién es. Veo mucha televisión también. Lo normal.
Algunas no las he visto y quisiera verlas. De Warhol tendría que ser una de la serie “Pintando con números”, se llaman “Kit para el pintor aficionado”. “El matrimonio de Giovanni Arnolfini” de Jan Van Eyck, del renacimiento holandés. Luego pondría quizá una película de Mathew Barney, que es el actual marido de Björk. Tiene un cine impresionante. Hay un cuadro de Basquiat que es muy bueno, se llama “Cabalgando con la muerte”. Van cuatro. Hay uno que es muy típico, que provoca una sensación muy fuerte, “El Laoconte”, que es una escultura helenística, griega. Un tipo con dos culebras que está como amarrado. Siempre me ha causado una gran impresión. Y probablemente, introdujera dentro de un “top ten”,o algo así, obra de calle, popular, que he visto en la calle. ¿Por ejemplo? Por donde trabajamos, donde está el estudio -ahí por la alcaldía de San Salvador-, entrás a una calle donde hay cantinas y bares de mala muerte. Ahí hay una pared que tiene pintada una botella de Troika, pero el líquido que cae en un vaso es un líquido gris sucio con una forma dibujada. Parece una cosa espesa que va cayendo. Ese tipo de cosas te dicen bastante de tanto. Probablemente sean mucho más efectivas que otras cosas y probablemente no están creadas con mucha presunción como esta del arte. Hay mucha validez en este tipo de expresiones. |
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