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OPINIÓN / EL MIRÓN

España

Luis Fernando Valero
cartas@elfaro.net
Publicada el 28 de mayo de 2007 - El Faro
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Este domingo recién pasado 35 millones de electores españoles habrán elegido a más de 8,500 alcaldes y 13 presidentes de Comunidades Autónomas. Ello en sí es una muestra de que España ya, después de 40 años de una dictadura, es una democracia consolidada, pertenece a la Unión Europea y es la octava potencia económica mundial.
 
Lo cual no quiere decir, por otra parte, que en estos momentos España no tenga serios problemas en su democracia y por ello estás elecciones son un serio test (cuando estas líneas se escriben se está en el día de reflexión de aquí este comentario).

Dos han sido las líneas maestras de estos 15 días de campaña electoral.

Por una lado, el gobierno de Rodríguez Zapatero, que a pesar de que no son una elecciones generales sino municipales y autonómicas, ha sacado toda la artillería para convertirlas en unas primarias sobre la labor del gobierno, muy cuestionada por un pacto, también llamado proceso de paz, con la banda terrorista ETA, que ha causado casi 100 muertos en sus 40 años largos de existencia, mas de cinco mil heridos y millones de euros en destrozos. El más reciente, el día 30 de diciembre en el aeropuerto de Barajas que destruyó totalmente en el módulo D del aparcamiento de la T4 de Barajas, recién construido, con unos daños calculados en mas de 3,000 millones de euros. Ese atentado fue en plena euforia del proceso de paz. El día anterior al atentado, el presidente Rodríguez Zapatero había dicho que se está mucho mejor que hacía unos años y que el año próximo seria muchísimo mejor.

Por el otro lado, la oposición del Partido Popular, conservador de derechas, ha insistido por activa y pasiva que Rodríguez Zapatero tiene un pacto espúmeo con la banda asesina y que ha permitido, mirando por otro lado, que la banda vuelva a entrar en los ayuntamientos, a pesar de que están ilegalizados, con una partido pantalla, Asociación Nacionalistas Vasca, ANV. La campaña ha sido dura, difícil, bronca, tensa y no ha sido la campaña que debiera existir en un país con las características de España. Como ejemplo, si se compara con la reciente francesa, se está a años luz. En Francia, se han discutido programas, ideas, marcos de referencia ideológicos, se ha bajado a los detalles; en la española, el insulto, la descalificación, el juego sucio y los ataques personales han estado a la orden del día y unos y otros, nunca han querido descender, salvo en casos muy contados a hablar de lo que verdad le preocupa a los ciudadanos: la sanidad, la educación, las infraestructuras, los transportes públicos, la vivienda, cómo se enfrenta la inmigración, el trabajo en precario, los sueldos escasos, las ayudas sociales y el estado de bienestar. Todo ello ha sido tapado por una campaña de frases huecas, vacías de contenido y con palabras huecas como: democracia, talante democrático, España va bien, el gobierno lo hace todo mal, etc., que no hacen más que alejar a los ciudadanos de la política y convierten las elecciones del domingo en un test sobre la salud democrática de España y si este país, de una vez por todas, es capaz de alejar la abstención de su democracia, pues las últimas contiendas que ha habido; referéndum de los estatutos de autonomía de Cataluña y Andalucía han ido a votar menos del 50% de los ciudadanos quienes ya están hartos de unos políticos que en este momento están en el último lugar en respeto y aceptación de la sociedad que los sustenta.

Buena prueba de ellos es que ya hay movimientos sociales que desean crear nuevos partidos en donde las reglas del juego sean diferentes, haciendo que esos partidos tengan listas abiertas, impidan la perpetuación de camarillas políticas que se atrincheran en el partido e impiden todo tipo de discusión o diálogo político, los dirigentes acumulan cargos y puestos públicos y del partido con sustanciosos sueldos, impiden el debate ideológico y aquel que tiene ideas creativas es aniquilado. Ya lo dijo hace tiempo el socialista Alfonso Guerra, vicepresidente con Felipe González: quien se mueve no sale en la foto. Es decir el inmovilismo total.

Esos nuevos movimientos sociales desean cambiar con esos nuevos partidos la ley electoral en donde hoy, los pequeños y no representativos partidos nacionalistas de las comunidades que los tienen ( no son en el ámbito nacional) con sus votos bisagras secuestran a los dos grandes partidos izquierda y derecha que con tal de gobernar y estar en el poder ceden grandes espacios de poder a esos partidos nacionalistas e independentistas cuya única ideología es debilitar el Estado español. En una palabra, cargarse España como nación, ya que ellos desean ser “naciones” también y desean tener como modelo el proceso de Yugoslavia, Checoslovaquia o la Unión Soviética.

Frente este dislate y la imposibilidad de coalición entre los dos grandes partidos de ámbito nacional, como han hecho en Alemania y no tener una segunda vuelta como en Francia, se están creando partidos que en sus estatutos digan claramente lo que desean y así nació, ahora hace ocho meses,  Ciudadanos. Partido de la Ciudadanía, en Cataluña, y con algunas sedes en el resto de España, y que logró, contra todo pronóstico, tener tres diputados en el Parlamento catalán rompiendo la hegemonía del nacionalismo obligatorio que impone el catalán como lengua única y desea separarse de España. Además ahora está por formarse otro partido, que no se sabe si coaligará con Ciudadanos o irán en paralelo auspiciado por el filosofo Fernando Savater, la eurodiputada de socialista vasca Rosa Díez y el profesor, Carlos Martínez Gorriaran que sufrió un atentado de ETA.

Estas son sus líneas maestras

  1. Ámbito nacional español inequívoco, con la ventaja de nacer libre de las hipotecas territoriales y clientelares asumidas tanto por el PSOE como por el PP en estos años.
  2. Impulsar la reforma de la Constitución para resolver algunas deficiencias patentes en materia de igualdad y derechos, modelo territorial –con la vista puesta en un modelo federal cerrado, donde todas las comunidades tengan idénticas competencias dentro de un Estado sólido igualitario-, y mejorar la separación de poderes, especialmente la autonomía del judicial respecto del ejecutivo.
  3. Reforma de la Ley Electoral para impedir el peso excesivo de los nacionalismos periféricos y las distorsiones que imponen al sistema constitucional y a la voluntad ciudadana expresada en las elecciones, como ha ocurrido con la reforma del Estatuto de Cataluña.
  4. Alternativa al sistema actual de dos partidos nacionales antagónicos y obligados a aliarse con partidos regionales o separatistas para conseguir mayorías parlamentarias.
  5. Asumir medidas de regeneración democrática y proponer su institucionalización, actuando de manera más abierta y transparente que las organizaciones de modelo tradicional, y lanzando un debate sobre la conveniencia de listas abiertas, limitación de mandatos, tutela judicial de los derechos de afiliados, etcétera.
  6. Promover una política de Estado para luchar contra ETA, o cualquier otro grupo terrorista, sin concesiones políticas de ningún tipo, menos dependiente del partido que gane las elecciones o de las características personales del presidente del gobierno de turno, a salvo por tanto de las contingencias que han arruinado el eficaz y añorado Pacto Antiterrorista.

Con este mar de fondo los españoles habrán votado este domingo recién pasado. La próxima semana haremos un análisis de los resultados.

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