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OPINIÓN Sáenz Lacalle y las pruebas de WhiteCarlos Dada
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La reciente visita del ex embajador estadounidense Robert White volvió a levantar polvo sobre el asesinato de Monseñor Oscar Romero. No trajo pruebas nuevas de la responsabilidad del mayor Roberto D’Aubuisson, sino documentos oficiales, desclasificados, que han sido utilizados antes en cortes estadounidenses para juzgar el crimen, y un duro discurso criticando la recién frustrada propuesta de ARENA para nombrar a su fundador hijo Meritísimo de El Salvador.
El arzobispo salvadoreño y heredero de Romero, Fernando Sáenz Lacalle, decidió responder a White cuestionando sus declaraciones. “Si son pruebas judiciales deben ser presentadas al tribunal”, dijo.
Es una sola frase, que contiene apenas nueve palabras, hay varias aseveraciones lamentables del arzobispo de San Salvador y principal representante de la arquidiócesis que impulsa la canonización del mártir.
White no “tiene pruebas” en el sentido en que lo sugiere el arzobispo. Lo que trajo son documentos públicos que han sido ya utilizados en juicios en Estados Unidos, como el Informe de la Comisión de la Verdad y correspondencia diplomática y de inteligencia estadounidense que ya ha sido desclasificada. Toda, toda esa documentación está al alcance del arzobispo de San Salvador.
La transcripción de los juicios en Estados Unidos contra militares salvadoreños, y especialmente el que encontró culpable al lugarteniente de D’Aubuisson, el capitán Álvaro Rafael Saravia, de organizar la operación para asesinar a Romero, están disponibles en internet y cualquiera puede leerlos. El juicio contó, entre otros, con los testimonios del chofer de la operación Amado Garay, del propio White, del padre Jon Cortina y de la recientemente fallecida directora de Tutela Legal del arzobispado, María Julia Hernández, que hasta el pasado 30 de marzo trabajó en el mismo edificio que Sáenz Lacalle, y que entregó toda la documentación sobre el asesinato de Monseñor Romero a la oficina de canonización que se encuentra también en ese edificio.
Si a Sáenz Lacalle le interesan esas pruebas, podría haberlas tenido desde hace muchos años. Retar al ex embajador a que las presente ante una Corte es lamentable, porque siendo él sucesor de Romero y jefe de la Iglesia Católica en El Salvador debería ser el principal interesado en que esas pruebas se den a conocer y aporten por fin a una investigación judicial en El Salvador. Él, no White.
La primera condición para que un tribunal de Fresno, California, juzgara a Saravia era demostrar que el caso no podía ser juzgado en El Salvador, algo a lo que ayudó mucho el testimonio de María Julia Hernández. A lo que ayudaron, en otro sentido, las amenazas contra el juez Atilio Amaya cuando decidió tomar el caso; el retiro de solicitud de extradición contra Saravia cuando fue detenido en Miami en 1987, dictado por la Corte Suprema de Justicia; las amenazas a muerte contra Roberto Cuéllar y Florentín Meléndez cuando comenzaron a investigar el asesinato desde las oficinas de Socorro Jurídico, también del arzobispado que hoy dirige Sáenz Lacalle; las constantes negativas de la justicia salvadoreña a las múltiples exigencias que Monseñor Arturo Rivera y Damas hizo para que se investigara el magnicidio; la descabellada resolución de la justicia de que el testimonio de Garay era sobre un hecho que había sucedido unos años antes, y por lo tanto carecía de validez. No sólo el crimen prescribió en El Salvador, sino también los testimonios.
Robert White no puede presentar pruebas en una corte salvadoreña. Las puede presentar en una corte estadounidense, y así lo hizo en el 2004 en el juicio contra Saravia, al que fue citado como testigo.
Sáenz Lacalle continuó refiriéndose al caso: "El ex embajador White es una persona muy problemática. Hay que tomar en cuenta estas características de su personalidad antes de hacer caso a lo que dice".
No se trata de White. El ex embajador se quedó corto con las pruebas que trajo y sus declaraciones son discutibles. Pero independientemente de las palabras del diplomático, los documentos y los testiimonios ahí están, muy cerca del arzobispo. Era de esperar que algunos líderes de ARENA respondieran dirigiendo sus ataques contra White y no contra las acusaciones a su fundador de haber ordenado el asesinato de Monseñor Romero. Pero es difícil para los católicos salvadoreños y los fervientes seguidores de Monseñor Romero en todo el mundo esperar la misma actitud del arzobispo de San Salvador.
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