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OPINIÓN En defensa de las humanidades y las ciencias socialesAdolfo Bonillacartas@elfaro.net Publicada el 19 de marzo - El Faro Las Humanidades y las Ciencias Sociales han sido duramente golpeadas a partir de la intervención gubernamental de la Universidad de El Salvador en 1972, como lo han sido todos los saberes que se cultivan en la legendaria y venerable institución. La razón porque han sido duramente golpeadas se explica por el aporte fundamental que dieron al país a partir del proceso de reforma universitaria desarrollado desde finales de la década de 1940 e impulsados con determinación y éxito en la reforma de 1963. Dicha reforma tuvo como objetivo, en palabra de Mario Flores Macal, superar “la profesionalización que caracterizó a la Universidad antigua y el de promoción y desarrollo del ser humano que simboliza la Universidad nueva”. La mencionada reforma universitaria tuvo como uno de los programas más novedosos el desarrollo de Áreas Comunes de estudio para todos los estudiantes que ingresaban a la Universidad. En dichos estudios se daban los fundamentos de las Ciencias Naturales, Ciencias Sociales y Humanidades para formar al ciudadano crítico y participativo involucrado en la solución de los problemas de la nación. Luego de culminados los estudios comunes iniciaba su formación profesional en carreras de ciencias naturales o sociales y humanísticas, ya que estas también se consideraban profesiones si eran practicadas a un nivel de especialización. Lo que buscó la reforma era educar en primer lugar ciudadanos capaces de practicar una convivencia humana civilizada que se iniciaba con los estudios de áreas comunes y en segundo lugar formar un profesional culto y competente con las herramientas del conocimiento de su tiempo en el saber profesional elegido. La reforma fue un éxito ya que formó hombres cultos, ciudadanos y profesionales competentes comprometidos con los cambios sociales necesarios en el país. El sistema político salvadoreño con su despotismo ancestral no entendió bien la reforma y comenzó a atacarla y a desconfiar de lo que se hacia en la Universidad. El movimiento de reforma presionado por el cierre de los espacios de participación política en el país se dividió en dos bandos: uno que priorizo el desarrollo académico y otro que dio prioridad a la acción política. Este último fue el actor principal de la fallida revolución salvadoreña. El sector que defendía la prioridad de lo académico tenía un concepto más claro de universidad ya que toda revolución política debe estar precedida por un cambio cultural y de mentalidades para culminar con éxito como ya lo estableció Enmanuel Kant en su célebre ensayo ¿Qué es la ilustración?. El fracaso del sector que impuso las prioridades políticas en la Universidad se debe, en parte, al abandono de la formación ciudadana que llevó al agotamiento rápido de las fuerzas morales y espirituales acumuladas hasta ya no poder distinguir lo que es política nacional y política universitaria. En esa carrera desenfrenada por explotar el capital social y político acumulado, la gente formada con visión humanista y sensible, culta se fue agotando y es hasta muy reciente que se comienza a recuperar. En esa decadencia no sólo se perdió comprensión de la política entendida en términos clásicos, también la comprensión de lo que son las humanidades y su función sagrada. El análisis de José Cecilio del Valle sobre el punto en discusión es muy valioso para comprender la delicadeza del trabajo en las ciencias del espíritu. “ Si en todos los ramos del conocimiento humano, es importante discurrir con la exactitud y precisión a que acostumbran las matemáticas, en los políticos donde los resultados son más trascendentales, es sin duda mayor la necesidad. Los experimentos de un naturalista… sólo sacrifican la vida del animal que se diseca. Los de un estadista pueden matar millares de hombres, y hacer víctimas a centenares de pueblos. . Todas sus operaciones son delicadas; en todas es precisa la observación y necesario el cálculo.” La comprensión correcta de las humanidades es importante como lo deja ver el sabio Valle pero la reflexión se debe extender a los peligros que acechan a este tipo de saber por el avance de la ciencia y la técnica mal comprendidos como lo es la marginación. La humanidad corre un gran peligro advirtió Martin Heidegger.: “¿Que gran peligro se avecina entonces? Entonces, junto a la más alta y eficiente sagacidad del cálculo que planifica e inventa, coincidiría la indiferencia hacia el pensar reflexivo, una total ausencia de pensamiento. ¿Y entonces? Entonces el hombre habría negado y arrojado de sí lo que tiene de más propio, a saber: que es un ser reflexivo. Por ello hay que salvaguardar esta esencia del hombre. Por ello hay que mantener despierto el pensar reflexivo. Sería necio arremeter ciegamente contra el mundo técnico. Sería miope querer condenar el mundo técnico como obra del diablo. Dependemos de los objetos técnicos, nos desafían incluso a su constante mejoramiento. Sin darnos cuenta, sin embargo, nos encontramos tan atados a los objetos técnicos que caemos en relación de servidumbre con ellos. ” Estos pensadores dejan claro la importancia de las ciencias del espíritu y la incomprensión y marginación a que son sometidas en plena época de la sociedad del conocimiento. Las humanidades hay que entenderlas y defenderlas para evitar la huida del pensar, que ya se esta dando, según Heidegger avasallado por el pensar calculador. Su comprensión no es asunto sólo de humanistas, es tarea de todos ya que a todos nos interesa la convivencia humana civilizada. La incomprensión del saber humanístico y sus fines es lo que ha llevado al último conflicto de nuevo ingreso en la UES. Poco a poco se ha ido imponiendo en la Universidad de El Salvador la idea degenerada, sin fundamento y enloquecida de que todos los estudiantes que no tienen éxito en su ingreso en otros saberes y Facultades pueden ser seleccionados en la Facultad de Ciencias y Humanidades convirtiéndola de esa manera en la cenicienta académica de la Universidad de El Salvador. Las Direcciones académicas de las otras Facultades, en segundo lugar las Asociaciones Estudiantiles y finalmente los que vivimos el saber humanístico y social debemos hacer un esfuerzo por una mayor comprensión del problema. ¿Y es qué se cree que para las ciencias del espíritu y morales no existen verdaderas vocaciones y talentos ?. Sí los grandes científicos son escasos así los talentos humanísticos son igualmente escasos. Los grandes escritores y poetas han sido laureados por imperios y naciones, los filósofos son una especie rara. Igualmente los buenos juristas, politólogos, educadores, psicólogos, historiadores, antropólogos, publicistas, lingüistas, políglotas, sociólogos, geógrafos, pintores, dramaturgos, escultores, bailarines, ajedrecistas, músicos, payasos, actores, economistas ó administradores. Es una ilusión pensar que todos tienen talento para las Ciencias Sociales y las Humanidades. El talento no lo distribuye la naturaleza por igual decía Albert Einstein. Sólo unos pocos tienen talento para todo como fue el caso de Leonardo. La Facultad de Ciencias y Humanidades debe establecer un diálogo franco con las otras Facultades y saberes para que se comprenda qué hacemos y cuáles son nuestros propósitos. La incomprensión y la marginación deterioran el prestigio de las Humanidades y las Ciencias Sociales y hay que recuperarlo. Eso pasa por una selección del talento adecuado y la formación de profesionales que sean símbolo y orgullo de la nación. Las Humanidades y las Ciencias Sociales son legendarias y deben ser respetadas. Tenemos tradición y orgullo y por eso pedimos respeto así como debemos respetar el gran aporte de los otros saberes. La idea corrupta de que las Ciencias Sociales y las Humanidades son un paseo de campo universitario debe ser combatida con una enseñanza de alto nivel y exigencia. |
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