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OPINIÓN / DESDE HANNOVER Rusia: no habrá una nueva guerra fríaDavid Hernándezcartas@elfaro.net Publicada el 19 de febrero - El Faro La intervención del Presidente de Rusia, Vladimir Vladimirovich Putin, este febrero durante la 43a. Conferencia de Seguridad Política, realizada en Munich, Alemania, con la asistencia de los líderes europeos, ha dejado claro para la mayoría de observadores que “Rusia está de nuevo” en el tablero de la política mundial. En su polémica intervención el Presidente ruso advirtió del peligro de una nueva carrera armamentista debido a los planes de los Estados Unidos de instalar un escudo anti-misil y una base de radar en la República Checa y en Polonia, en las mismas narices rusas. En una primera reacción a esta medida, Rusia amenazó, por boca del jefe del Estado Mayor del Ejército ruso, Yuri Baluyevski, con denunciar el tratado de eliminación de misiles nucleares de mediano y corto alcance firmado en 1987 por la ex-URSS y los EE.UU. La nueva “presencia rusa” en la palestra mundial está sustentada por su posición clave en el suministro de energéticos a Europa Occidental a través de los gaseoductos de petróleo y gas natural que pasan por Bielorrusia y Ucrania, y porque Rusia, que se ha convertido en uno de los primeros productores mundiales de petróleo después de Arabia Saudita, Irak o Irán, mantiene relativamente seguras unas de las mayores reservas mundiales de crudo en su inmenso territorio. Rusia es actor mundial también por su estratégica posición geopolítica, pues la Rusia asiática tiene fronteras cercanas con puntos calientes del actual acontecer mundial como Irak, Irán, Afganistán, Corea del Norte o China, ya sea a través de fronteras directas o a través de los gobiernos pro-rusos de Uzbekistán, Tadyikistán, Kirguistán, Turkmenistán o Azerbadyán. Por otro lado, uno de los argumentos esgrimidos por la diplomacia estadounidense para justificar sus instalaciones defensivas en la República Checa y en Polonia, fue rebatido tajantemente por el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeyer, quien esta semana advirtió que el establecimiento del escudo anti-misiles estadounidense en las cercanías de las fronteras rusas euro-orientales, es algo que deberían de haber tratado con anterioridad los estadounidenses con la contraparte rusa. El jefe de la diplomacia alemana desmontó el argumento esgrimido por los estadounidenses para implantar una base de radares militar en Polonia y el escudo anti-misiles en la República Checa, al afirmar que tanto la posición geoestratégica de los supuestos países-amenaza como Irán y Corea del Norte como el desarrollo de su tecnología armamentística, no les permitiría alcanzar con sus misiles el territorio centroeuropeo, pues según las informaciones de inteligencia no han desarrollado aún misiles de largo alcance arriba de los 5,000 kilómetros. El ministro Steinmeyer justificó objetivamente la diatriba del Presidente ruso contra los planeados escudo antimisiles y base de radar estadounidenses en Polonia y República Checa al hacerse eco de que la posible amenaza de un ataque de misiles de países como Corea del Norte o Irán son sólo un pretexto estadounidense para tener bajo control el sistema de misiles de Rusia en la Rusia Central y sobre la flota rusa del Mar del Norte. Putin y otros líderes europeos han advertido que la instalación del escudo antibalístico y del sistema de radar estadounidenses en Europa Central pone de nuevo en peligro la estabilidad política europea pues tras dichas instalaciones se cierne la amenaza de una nueva carrera armamentista. La intervención de Putin en Munich fue un ajuste de cuentas con Estados Unidos a quienes acusó, como en los viejos tiempos de la guerra fría, de borrar fronteras, destruir el Estado de derecho internacional con invasiones a países lejanos, violar los derechos de los pueblos a su autodeterminación y de ejercer su hegemonía unipolar sobre el mundo a través del terror y la guerra. Su intervención tenía tres destinatarios: Washington, Europa y la opinión pública rusa. Más que un retorno a una “nueva guerra fría”, la intervención de Putin está dirigida a dejar claro que “Rusia está de nuevo en el tablero” de la política mundial, y a que este nuevo protagonismo sólo puede ser posible mediante la cooperación internacional en un clima de distensión y consenso. Tal como la mediación rusa en el conflicto “atómico” con Irán, para el cual Rusia cuenta con el apoyo de los países europeos. Los nuevos “Think-tanks” de la política estadounidense tienen desde este febrero que acostumbrarse a repensar nuevos escenarios mundiales en los cuales la “petropotencia” Rusia y su nuevo arsenal atómico tendrán voz y voto, poder de decisión y derecho al veto. Rusia está de nuevo presente, no necesariamente para iniciar una nueva guerra fría. David Hernández, tiene un PhD en Filosofía, escritor y periodista salvadoreñoalemán |
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