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OPINION / DESDE LA ACADEMIA

LA GUERRA FRÍA
Breves apuntes para un debate
(Parte II)

Ricardo Ribera
cartas@elfaro.net
Publicada el 18 de septiembre - El Faro
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La etapa de la contención

Arranca un par de años después de concluida la segunda guerra mundial. A pesar de haber sido aliados frente a la Alemania nazi y del acuerdo para un nuevo orden mundial, alcanzado en consecutivas conferencias presidenciales en Teherán, Moscú, Potsdam y Yalta, las potencias vencedoras guardaban una profunda desconfianza mutua. George Kennan, embajador de Estados Unidos en Moscú, envió en 1946  un larguísimo telegrama a su gobierno donde proponía adoptar una política de “contención” a fin de frenar la “expansión” que, según su apreciación, constituía la estrategia de Stalin. Por su parte, el primer ministro británico Winston Churchill calificaba de “cortina de hierro” la división que dejaba “bajo el yugo soviético” a la parte de Europa oriental liberada de los nazis por el ejército rojo (Checoslovaquia, Bulgaria, Rumania, Hungría, Polonia y Alemania del Este). Un año más tarde, el presidente estadounidense Harry Truman convertía la contención en su política oficial, como respuesta al supuesto expansionismo soviético. Walter Lippmann, periodista norteamericano, publicaba un libro con el título “La guerra fría”, creando así la expresión con que por más de cuarenta años se designaría la nueva situación de tensión mundial.

La primera causa de las fricciones resultó de la partición de la Alemania ocupada en cuatro zonas, cada una administrada respectivamente por los ejércitos norteamericano, británico, francés y soviético. Berlín, la capital, fue igualmente dividida en cuatro sectores. Pronto las tres potencias occidentales empezaron unilateralmente a tomar iniciativas para unificar sus zonas de ocupación y preparar la devolución de la soberanía al pueblo alemán, según un esquema de democracia liberal y de libre mercado. Era algo no previsto en los pactos de los aliados para la posguerra y que excluía a la zona bajo control ruso. Al surgimiento de una nueva moneda, el marco alemán, de circulación común en las tres zonas occidentales, los rusos respondieron impulsando otra moneda para el sector oriental. Tras las elecciones impulsadas en la parte occidental que culminaron con la creación de la República Federal de Alemania, RFA, en mayo de 1949, contestaron proclamando en octubre del mismo año la República Democrática Alemana, RDA. Antes habían intentado impedir la consolidación de un Berlín Oeste separado definitivamente de Berlín Este, mediante un bloqueo terrestre a los suministros de víveres y materias primas que eran enviados desde la RFA, vitales para la supervivencia de la ciudad, situada en territorio de la RDA. Desde junio de 1948 hasta mayo de 1949 Estados Unidos mantendría un puente aéreo sin precedentes que transportaba diariamente más de setecientas toneladas de suministros, para impedir la absorción de todo Berlín por parte de la RDA. Finalmente se negoció el paso por ferrocarril y por carretera hasta Berlín Occidental. En una parte de la ciudad funcionaba el socialismo y en la otra el capitalismo. En la parte occidental de la urbe había sociedad de consumo y altos salarios, mientras en la otra había precios bajos subvencionados por el Estado así como servicios de salud y educación gratuitos. Alguien podía trabajar del lado occidental con un alto salario y residir en el oriental pagando un alquiler irrisorio por su vivienda. Era insostenible. Nuevas fricciones en 1961 motivarían a las autoridades del Este a levantar un muro de separación, que se constituiría en el máximo símbolo de la guerra fría y de la división mundial en dos bloques.

Las rivalidades sobre suelo alemán se extendieron bien pronto al resto de Europa. Los países del Este europeo y la URSS conformaron en enero de 1949 una Comunidad Económica o COMECON, más tarde llamada CAME. Era su respuesta al plan Marshall de Estados Unidos, que  donó quince mil millones de dólares en ayuda para la reconstrucción a los países europeos devastados por la guerra, que la Unión Soviética rechazó aceptar calificándolo de instrumento de la hegemonía estadounidense. En abril del mismo año Estados Unidos promovía con países de Europa occidental la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, (NATO en inglés) alianza militar contra el expansionismo soviético. La respuesta fue otro bloque militar en torno a Moscú, conocido como Pacto de Varsovia. Ese mismo año la URSS conseguía la bomba atómica, rompiendo el monopolio del arma nuclear mantenido por Estados Unidos desde 1945. Por otra parte, el triunfo en octubre de 1949  de la revolución china daba una dimensión realmente mundial al bloque socialista, con lo que se extendía el escenario de la guerra fría a todo el planeta.

Colocado a la defensiva, Estados Unidos enardeció su ideología anticomunista. El senador Mac Carthy lanzaba una cruzada para la erradicación en el país de los comunistas. El macartismo emprendía lo que se conocería como “caza de brujas”, en especial contra intelectuales, periodistas, escritores, cineastas y artistas en general, marcando una época de paroxismo ideológico. Ni siquiera los muy famosos o muy talentosos, como Charles Chaplin, escapaban de ser víctimas de la histeria política propia de esta etapa de la guerra fría. La caza de espías o de simpatizantes de la Unión Soviética se extendía a Europa, donde partidos comunistas legales fueron expulsados de las coaliciones de gobierno en países como Francia e Italia.

La situación de mayor gravedad, no obstante, se vivió en el continente asiático. Ante el avance de los comunistas coreanos Estados Unidos, autodesignado “defensor del mundo libre”, decidió intervenir. El desembarco de sus tropas en el sur de la península coreana logró en un primer momento el repliegue del ejército popular. Pero, aprovisionados por la Unión Soviética y con el refuerzo de cientos de miles de voluntarios chinos, los comunistas lanzaron después un fuerte contraataque. Desesperado por no poder alcanzar la victoria, el general Mc Arthur al frente de las operaciones solicitó reiteradamente autorización para utilizar la bomba atómica. El presidente estadounidense en ese entonces era el general Eisenhower, el cual no se dejó intimidar por la insistencia de Mc Arthur. Atinadamente, consideró que si ante cualquier conflicto en el Tercer Mundo se utilizaba el arma nuclear la guerra fría inevitablemente conduciría a una confrontación directa fatal con la otra superpotencia. Destituyó a Mc Arthur del mando e inició pláticas para una solución de compromiso en Corea. Al final se adoptó el modelo alemán: una división de la península en dos, quedando el Norte comunista y el Sur bajo tutela norteamericana. En esos años, entre 1951 y 1953, se había estado cerca de desencadenar la tercera guerra mundial.

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