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OPINION / DESDE LA ACADEMIA LA GUERRA FRÍA.
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El problema de la guerra fría se mantuvo en el debate durante la segunda mitad del siglo XX. Ha dejado de ser un tema porque el consenso generalizado es que ya terminó. Hay unanimidad en esa opinión. Sin embargo, la cuestión de la guerra fría se presta para muchos interrogantes para los que no hay respuesta o que incluso ni siquiera han sido formulados. Ahora que ha ido perdiendo interés para los políticos y periodistas, es momento propicio para que el historiador retome esta temática. Justamente porque ya no vivimos en tiempos de guerra fría, porque ya salimos de ella y porque desde su conclusión será posible ahora una mirada de conjunto a esa época, que nos ofrezca una nueva y mejor comprensión de la misma.
Vamos a abordar la guerra fría desde una triple perspectiva. En primer lugar, desde la visión tradicional, es decir, la que se sitúa en la perspectiva de aquel período, tratando de reconstruir los acontecimientos y la forma como éstos fueron vividos y percibidos. Es una perspectiva del pasado en sentido débil, o sea, cuando éste era un presente. Lo que se pensaba de la guerra fría mientras ésta transcurría ha de ser para nosotros – situados en el siglo XXI, es decir, en un futuro respecto aquella época– simplemente otro dato histórico a tomar en cuenta. Dato que deberá relativizarse en tanto desde nuestro hoy, sabiendo cómo culminó la guerra fría, es posible advertir aspectos que resultaban opacos, si no invisibles, cuando su proceso no había aún terminado.
La segunda perspectiva es la del pasado en sentido fuerte, el pasado en tanto que pasado, analizado desde nuestro presente. Podemos aspirar a captar la “lógica” del fenómeno histórico y de su respectivo proceso, descubrir en él lo que estaba oculto. También podemos reexaminar la cronología habitualmente aceptada, tanto en lo que respecta al inicio o arranque de la guerra fría, como con respecto a su culminación o final. El desconocimiento de la historia “que se está haciendo” es un rasgo habitual, incluso esencial, del acontecer histórico. De ahí la necesidad de que el historiador asuma esta segunda perspectiva, de mayor profundidad que la primera y que constituye su negación dialéctica.
La tercera perspectiva habrá de ser la negación de la negación, al tiempo que su superación en cuanto es recuperación y conservación de las dos perspectivas anteriores, en el sentido de síntesis dialéctica de ellas. El historiador se instala en el presente, no en su presunta fijeza, sino en tanto éste tiende a disolverse y resolverse en el futuro al cual se aboca. Esta perspectiva señala un estilo de hacer historia que corresponde con lo que Hegel llamaba historia conceptual o historia reflexiva, única capaz de la comprensión que requiere la praxis, es decir, el intento de hacer conscientemente la historia. Se trata de preguntarse por el concepto, en este caso por el concepto de “guerra fría” y plantearse el problema de en qué consistió verdaderamente. Todo lo cual nos ha de llevar de regreso al punto de partida: aquella unanimidad en considerarla ya terminada, ¿sobre qué bases reales está fundada? Caracterizar adecuadamente ese pasado ha de permitirnos caracterizar en mejor manera nuestro presente actual y captar las tendencias en que se esboza conflictivamente el próximo futuro.
La guerra fría desde su propia perspectiva
Se comenzó a hablar de guerra fría en la coyuntura de 1946-47 poco después de terminada la segunda guerra mundial. Por otra parte, empezó a hablarse del fin de la guerra fría entre 1989 y 1991, en el período que va entre "la caída" del muro de Berlín y el subsiguiente desplome político de los regímenes de Europa del Este, hasta el momento en que la Unión Soviética se pasó al capitalismo y abrazó el modelo occidental de democracia abandonando el socialismo, su modelo soviético y perdiendo incluso el ser una Unión de Repúblicas. El final de la guerra fría ha sido interpretado como la derrota del “socialismo real” o también como el triunfo del “mundo libre” capitalista y la victoria de Estados Unidos sobre el coloso soviético. Señalaría la superación del mundo bipolar, el final de las ideologías y la preponderancia de los valores occidentales de democracia y libertad, derechos humanos y libre mercado, respeto a la propiedad privada y Estado de Derecho. Estos valores y la cosmovisión que entrañan tenderían a volverse verdaderamente universales, una vez superada la contestación ideológica y política que el sistema enfrentaba desde el llamado campo de países socialistas o "socialismo real".
Otras amenazas y retos en la situación internacional actual serían propios de un tiempo de posguerra, en este caso "posguerra fría", oscilando los analistas entre una optimista visión de una relativa paz perpetua (Francis Fukuyama y su tesis del fin de la historia) y los que advierten de nuevos peligros (Samuel Huntington con su planteamiento del "choque de civilizaciones"). El tiempo transcurrido muestra que la guerra fría nos ha desembocado a un mundo unipolar que es dominado por Estados Unidos, convertido en hiperpotencia, un mundo en el que nuevamente prevalece la tensión y la incertidumbre tras la estrategia imperial de "guerra al terrorismo".
Asimismo de continua tensión habían sido los cuarenta y tantos años de guerra fría, en modos e intensidades diferenciados en el tiempo. En este período, considerado como proceso, pueden distinguirse cuatro etapas consecutivas. La primera es la "contención". La sigue la "distensión". A continuación viene la etapa de la "coexistencia pacífica" y, por último, los tiempos de la perestroika o "cooperación entre sistemas". La evolución del proceso de guerra fría en su conjunto muestra un movimiento histórico que partiendo del máximo tensionamiento y del riesgo real de guerra nuclear tiende a suavizarse progresivamente, hasta culminar en una etapa donde los acercamientos, el diálogo y la cooperación puntual disuelven las tensiones y desembocan en una relación entre las superpotencias que aleja el peligro de una confrontación. Vamos a examinar rápida y puntualmente cada una de estas cuatro etapas de la guerra fría.
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