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OPINION / EDITORIAL
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Fue un último acto proselitista, ya con las urnas cerradas. Al final de una campaña caracterizada por los ataques, la tension y la violencia, los dos partidos mayoritarios se dieron una postrera oportunidad de calentar aún más los ánimos.
Con la votación más cerrada que se recuerde en San Salvador, el FMLN y ARENA se declararon ganadores de la comuna capitalina. Primero Violeta Menjívar, después Rodrigo Samayoa, y por ultimo el presidente de la República, o el de ARENA, que alzó la mano de su correligionario y le proclamó alcalde.
Tres horas después, el TSE daba su resultado preliminar: con más del 80 por ciento de las actas contabilizadas, la diferencia entre los candidatos era de apenas un voto.
Fue también la última gota de un vaso rellenado con el debilitamiento de las instituciones, las burlas a la ley y la ausencia de autoridad en el proceso electoral. Mientras el TSE contaba votos, los dos principales partidos politicos declaraban, como un eslogan, el triunfo. ¨Cualquier otra información es mentira¨, dijo el coordinador general del FMLN. Minutos después, el propio Samayoa, tras proclamar su victoria, simplemente decía que ¨Ellos siempre mienten¨.
El último en caer en la trampa fue el mandatario. Tras encabezar una campaña en la que acusó a sus contrincantes de vínculos con el crimen organizado y de negarle la gobernabilidad al país, cerró el 12 de marzo enfundado en su chaleco arenero y haciendo un llamado al Frente para el diálogo y la concertación. Como si esta se diera por decreto. Acto seguido alzó la mano de Samayoa. Empeñó su palabra a unos resultados que le eran desconocidos, y se levantó del acto cuando una periodista le preguntó si no estaba presionando al Tribunal Electoral declarando la victoria de su candidato.
Fue un lamentable espectáculo, bochornoso, como el del líder del FMLN, Salvador Sánchez Cerén, llamando al diálogo y la negociación inmediatamente después de amenazar con condicionar todo al regreso del colón y con reescribir las leyes aprobadas para la entrada en vigor del TLC.
La democracia perdió en esta elección, sufrió un grave deterioro al caer presa del juego perverso de los dos partidos mayoritarios, que lo rentabilizan electoralmente a costa de los intereses de la nación.
¨No se trata del número de diputados, sino de la actitud con que llegan¨, dijo el domingo la Comisionada Presidencial para la Concertación y el Diálogo, Gloria Salguero Gross, la única de su partido que mantuvo la cabeza lo suficientemente fría como para refutar así las declaraciones que el mandatario sostuvo durante toda la campaña. No, no se trata de números de diputados. Se trata de hacer avanzar al país por los caminos del progreso, que exigen como condición esencial el respeto a las reglas y la negociación entre las fuerzas políticas.
La gobernabilidad no se ve afectada, como sostenía el presidente Saca, con una mayoría de la oposición en la Asamblea. La gobernabilidad se ve amenazada cuando el presidente de la República se cree investido para declarar triunfadores en la elección mientras la autoridad encargada apenas está contando los votos; cuando las instituciones están sometidas al capricho de los líderes politicos; cuando las reglas se ajustan discriminadamente, acomodándose a los intereses de partidos politicos; cuando un jefe de estado prefiere ser jefe de su partido; cuando la mayor oposición del país juega a la revancha y al desafío abierto pasándose por alto las reglas.
Poco cambiará realmente en la correlación de fuerzas. El país seguirá caminando por los mismos senderos de chantajes, de mentiras, de burlas y de forcejeos entre ARENA y el FMLN. No son los resultados, sino la actitud de las dos mayores fuerzas políticas del país, las que han puesto en riesgo a nuestro débil sistema democrático.
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