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OPINION / DESDE HANNOVER

Una nueva Latinoamérica para el 2006

David Hernández
cartas@elfaro.net
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1. ¡Mueran los yanquis, viva la coca!
El arrollador triunfo de Evo Morales en Bolivia, no sólo tiene en apuros a las multinacionales energéticas españolas, como la empresa Repsol YPF, sino que ha puesto en la palestra de la opinión pública europea a todo el subcontinente americano. La consigna de Morales, “¡Mueran los yanquis, viva la coca!”, ha devenido en una simbólica declaración de principios
latinoamericanos, que busca deshacerse del icono imperialista por excelencia, la coca cola, y propugna por el retorno de los recursos naturales a sus legítimos dueños, como el petróleo, el gas natural, el estaño, el cobre, la madera, que usufructan las transnacionales a precios risibles en los países latinoamericanos.

La propuesta de Morales tiene toda la lógica y corrección jurídica del derecho internacional, pues lo que propone es revisar los acuerdos de concesión para la explotación de los recursos naturales, siempre y cuando sea el país propietario de estos recursos el que decida las tarifas arancelarias. Estos guiños autonómicos han comenzado a quitarle el sueño a los gerentes de las multinacionales estadounidenses y a los “global players” del mundo desarrollado.

Y este es también uno de los ejes centrales de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), la propuesta integracionista latinoamericana que promueven el Presidente de Cuba, Fidel Castro y el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en contraposición al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) de Washington, que está diseñado dentro del marco de referencia del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pues Bolivia, gran productor de gas natural del continente, y Venezuela, del petróleo, podrían juntas contrarrestar a las multinacionales energéticas como “Esso”, “Texaco”, “Shell”. En este sentido va la proyectada “Petro Andina” y “Petro América” que planea echar a funcionar el Presidente Chávez, con el objetivo de tender redes de distribución en todo el continente y de vender los productos energéticos a precios preferenciales a los países más pobres así como a los ciudadanos de escasos recursos de todo el continente, incluyendo a los consumidores pobres de los Estados Unidos.

No es mera casualidad que el mundo árabe también tenga puesta la atención tanto en la Venezuela chavista (Y Venezuela es miembro de la Organización de Países Exportadores de petróleo, OPEP) como en la Bolivia de Evo Morales. En una entrevista del pasado 29 de diciembre transmitida por la cadena árabe “Al Yazira”, Evo Morales calificó de “terrorista” al Presidente Bush.

Con Evo Morales llega al poder en Bolivia el primer miembro de una mayoría indígena después de 500 años de la llegada de los españoles. Su Movimiento al Socialismo (MAS) obtuvo el 54 % de los votos el pasado 18 de diciembre. Morales es partidario de la renacionalización de la industria petrolífera, del gas natural y del estaño.

2. Gobiernos y partidos políticos latinoamericanos de izquierda y centro izquierda
En Chile, es sintomático el triunfo de la candidata socialista Michele Bachelet, quien el pasado 11 de diciembre obtuvo el 45 % de los votos; el próximo 15 de enero en una segunda vuelta disputará la presidencia del país contra Sebastián Piñera, de la derechista Alianza por Chile, todos los pronósticos la dan como virtual ganadora.

En Perú, son fuertes las posibilidades de que el ex-coronel ultranacionalista Ollanta Humala, del Partido Nacionalista, pueda hacerse con el poder en las elecciones presidenciales del próximo abril según los sondeos demoscópicos. Su programa político, que se resume en la instauración de una “Segunda República” a través de una Asamblea Constituyente, rechaza los “monopolios” y la completa liberalización de la economía, y se define como anti-imperialista, anti-sistema y anti-globalización.

En El Salvador la izquierda, aunque dividida en ortodoxos radicales y centroizquierdistas, puede conseguir una considerable representación de diputados y alcaldes en las elecciones de marzo del 2006 y seguir siendo la alternativa de gobierno al derechista partido ARENA, en el poder desde hace 17 años.

Por otro lado, la Unión Europea (UE), por medio de España y otros países como Suecia, está tratando de lograr acuerdos de paz entre las guerrillas colombianas que controlan y gobiernan gran parte del país en una especie de “República paralela” y un Álvaro Uribe que ha recibido carta blanca legaloide para optar a la reelección.

A ello hay que agregar en Latinoamérica la llegada al poder de gobiernos centristas o de centro-izquierda como el de Lula da Silva en Brasil, el de Néstor Kirchner en Argentina, el de Ricardo Lagos en Chile o el gobierno del Frente Amplio presidido por Tabaré Vázquez en Uruguay.

Mención aparte merecen tanto el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien al parecer ha afianzado su poder gracias a los precios internacionales del petróleo que le han permitido impulsar reformas y a que ha sabido esquivar con precisión de equilibrista un enfrentamiento directo con Washington, así como el Presidente de Cuba, quien este 1° de enero cumplió 47 años de haber tomado el poder en la isla. Castro, paradójicamente, representa en la política exterior estadounidense un factor de estabilidad. Un derrocamiento de Castro, o su muerte por vejez, tendría graves consecuencias migratorias para Estados Unidos; se calcula que al día siguiente más de dos millones de cubanos harían las maletas con destino a Miami, donde una poderosa colonia de cubanos apoya dicho “éxodo”.

Lo que tienen en común Chile, Brasil, Uruguay, Argentina, Venezuela y Cuba así como el futuro gobierno de Bolivia, es el deseo de desmarcarse de la influencia política de los EE.UU. y de seguir una vía independiente de desarrollo que no esté supeditada a los dictados de Washington, ni a “las recomendaciones” del FMI como en la mayoría de los restantes países latinoamericanos. Esta señal independencista de los pueblos latinoamericanos respecto a los EE.UU. ha sido captada en Europa por la opinión pública y por la clase política.

Latinoamérica tiene como valedero en la UE al gobierno socialista que preside José Luis Rodríguez Zapatero del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que se distingue por su política exterior independiente de la de EE.UU., por ejemplo al no apoyar con envío de tropas la actual ocupación de Irak por el ejército estadounidense. En este sentido el gobierno socialista español está en sintonía con el afán de autonomía política y económica respecto a EE.UU. propugnado en varios países de Latinoamérica.

Más de 400 millones de latinoamericanos son gobernados, actualmente, por las izquierdas en el subcontinente.

¿A qué se debe este giro lento pero inexorable de los latinoamericanos hacia la izquierda? Los analistas lo atribuyen al desinterés mostrado en los últimos años por EE.UU. hacia Latinoamérica, ocupados como están en su “cruzada anti-terrorista” centrada en el mundo árabe, pero también a que la política económica de los EE.UU. ha hecho poco, casi nada, por los millones de pobres de Latinoamérica, y a la falta de preocupación de la Administración Bush por los problemas sociales en el subcontinente.

Washington tiene que reaccionar a esta tendencia volviendo más la mirada hacia el sur del Río Grande. Hace falta, como en los tiempos de los presidentes Roosevelt y Kennedy, una nueva “Política de Buena Vecindad” y una nueva “Alianza para el progreso” que invierta más recursos monetarios y humanos en proyectos sociales en el subcontinente, programas que deben estar basados en el respeto mutuo y la inalterabilidad de la soberanía de todos y cada uno de los países latinoamericanos.

En este sentido el grito anti-imperialista del indio aymará chavista-fidelista Evo Morales va a tener un eco muy fuerte en todo el continente. Latinoamérica comienza a despertar del letargo neo-liberalista con el cual ha estado drogada los últimos lustros.

David Hernández, escritor y periodista salvadoreño-alemán, PhD por la Universidades de Hannover y Berlín. Escribe desde Alemania donde reside

 

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