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Solos en Jerusalén

Con la salida de Costa Rica, El Salvador es el único país que mantiene su embajada en Jerusalén, en violación a una resolución de la ONU. La Asamblea quiere llamar al canciller Francisco Laínez a que explique la estrategia del Ejecutivo, pero Relaciones Exteriores ya adelantó que no habrá cambios. En Jerusalén, todas las cuentas de la embajada salvadoreña las paga Israel.

Carlos Dada
cartas@elfaro.net
Publicada el 21 de agosto - El Faro

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El presidente Óscar Arias redefinió toda la política exterior de Costa Rica con un solo anuncio. El miércoles de la semana pasada sorprendió al mundo informando que retiraba su embajada de Jerusalén, donde ha estado desde 1984, y la trasladó a Tel Aviv. La acción, dijo, pretendía corregir “un error histórico” y estrechar los lazos con los países árabes.
"Hasta el día de hoy éramos el único país del mundo junto con El Salvador que mantenía su embajada en Jerusalén. Aun los más cercanos aliados de Israel han preferido no desafiar la legalidad internacional situando sus embajadas en esta ciudad", señaló.

Arias se refería a la resolución 478 de Naciones Unidas, que data de 1980, en la que el Consejo de Seguridad llama a todos los países que tengan embajadas en Jerusalén a retirarlas de ahí, declara nulas todas las disposiciones israelíes sobre la soberanía de la ciudad y reafirma el estatuto internacional de la misma establecido en otra resolución del Consejo, que data de 1948. Los pocos países que tenían su embajada en la ciudad santa la trasladaron a Tel Aviv.

En 1984, dos países centroamericanos apoyaron las aspiraciones israelíes. El ex presidente costarricense Luis Alberto Monge, que antes de llegar al poder había sido embajador en Israel, casado con una mujer judía y admirador declarado de Israel, decidió trasladar la embajada a Jerusalén ese mismo año. Viajó a Israel e izó la bandera costarricense en Jerusalén. En El Salvador, el entonces presidente Álvaro Magaña tomó la misma decisión, aunque por razones distintas, y desde entonces estos dos países han sido los únicos en reconocer a Jerusalén como capital de Israel. Hasta ahora, que sólo queda El Salvador.

El Faro solicitó entrevistas con el canciller Francisco Laínez y con el vicecanciller Eduardo Cálix para conocer la posición salvadoreña, pero una portavoz del ministerio dijo que estaban aún evaluando la situación. La cancillería se ha limitado a un escueto comunicado en el que considera que “cualquier decisión sobre la ubicación de la sede diplomática salvadoreña, dada la coyuntura actual en el medio oriente debe buscar de manera oportuna apoyar la pacificación del área y no afectar el frágil y delicado equilibrio que se está estableciendo en esa región. Por lo que una decisión sobre este tema se valoraría en las circunstancias apropiadas y con el debido respeto que merecen todas las partes involucradas”.

El comunicado está a tono con la respuesta de la embajada israelí en San José, que tras conocer la decisión de Arias, y apenas entrado en vigor el cese el fuego con Líbano, expresó que “en este momento tan particular, el acto puede ser interpretado como una rendición ante el terror que otorga un premio a sus autores”.

El embajador israelí en El Salvador, Jonathan Peled, asegura que no fue notificado antes ni por su gobierno ni por el costarricense, y que lo poco que ha hablado con el gobierno salvadoreño le hace pensar que tampoco fueron notificados. “El gobierno salvadoreño estaba sorprendido por la noticia, no fueron consultados”, dice.

La cancillería salvadoreña, en el comunicado, reitera “el convencimiento de la responsabilidad de las Naciones Unidas para que realice todos los esfuerzos para lograr una solución pacífica en la crisis del Medio Oriente, reiterando su interés en mantener una posición constructiva y equilibrada, que incluye el respaldo a toda iniciativa de países o grupos de países de la Comunidad Internacional, y especialmente a las medidas que adopte el Organismo Mundial para lograr una solución pacífica al conflicto árabe-israelí”.

En la Asamblea Legislativa algunas fracciones piden ya la presencia del canciller Laínez. El diputado Sigfrido Reyes (FMLN), miembro de la comisión de Relaciones Exteriores, cree que la salida de Costa Rica evidencia el aislamiento salvadoreño en materia de política exterior, al quedar solo.

“Se ve a El Salvador como un aliado incondicional de Israel que avala crímenes de lesa humanidad como los castigos colectivos y los asesinatos selectivos contra palestinos. Nosotros, en el FMLN y también en Cambio Democrático, demandamos que venga el canciller a explicarnos la posición de El Salvador”. A su solicitud se une un tercer partido, que no es de oposición.

La arenera Milena Calderón de Escalón, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores y quien ha apoyado abiertamente la ubicación de la embajada, cree que es tiempo de replantearse este punto. “En su momento la idea de mover la embajada fue buena. Para nosotros esa ciudad es un símbolo, y era una cuestión de honor. Pero en el nuevo orden mundial todo tiene una dinámica distinta. Ha llegado el momento de hablar con el Presidente y con el canciller. Es saludable que el canciller venga pronto a hablar con la Comisión de Relaciones Exteriores. Es el momento de meditar nuestra posición en Jerusalén”.

Mantener la embajada en Jerusalén le ha costado al país la posibilidad de relacionarse directamente con otros países árabes y por tanto jugar cualquier papel en la crisis de la región. Ya en 1984, tras la condena unánime del mundo islámico por el traslado de la embajada salvadoreña a Jerusalén, Egipto expulsó al embajador salvadoreño en El Cairo y retiró su embajada de San Salvador, y desde entonces pocos países árabes o islámicos han accedido a mantener contactos directos u oficiales con El Salvador.

Ernesto Arrieta Peralta, quien fungiera como embajador en Israel entre el año 2000 y 2002, recuerda la única visita de un alto oficial salvadoreño a los territorios ocupados.

La entonces canciller María Eugenia Brizuela de Ávila, accediendo a una invitación de la universidad de Harvard para participar en una conferencia internacional sobre gobernabilidad y fortalecimiento de las instituciones, fue a Gaza en junio del año 2000. “Tuvimos que bajarla del vehículo de la embajada al entrar a Gaza, y ella viajó en un vehículo privado. Fue recibida por Nabil Shaat, canciller del gobierno palestino de Arafat, pero no como canciller, sino como conferencista. Una petición escrita que hice después para sostener una entrevista con él, para plantear la apertura de la Oficina de Enlace en Palestina, nunca fue contestada por ninguna vía. Ellos nos advirtieron que, mientras no sacáramos la embajada de Jerusalén, no era posible mantener contactos directos oficiales”. Arrieta asegura que sugirió mover la embajada, pero que nunca recibió respuesta de cancillería.

“En esta política exterior chata, esa decisión nos cerró posibilidades de relaciones internacionales”, dice Napoleón Campos, analista internacional salvadoreño. “Estamos violando una resolución de Naciones Unidas. Si lo que te dicta cualquier manual básico de política exterior es no meterte en confrontaciones, en mantener una política de paz y armonía, ¿por qué violamos una resolución?”.

Las cuentas de Jerusalén
La representación diplomática salvadoreña ante Israel está compuesta por las oficinas de la embajada, en el tercer piso de un edificio en el barrio de Abu Tor, y de la residencia del embajador, ubicada en el lujoso barrio de Katamón, del cual es la casa más grande.

Las oficinas de la embajada tienen un costo aproximado de $1,500 dólares al mes, incluyendo el alquiler. La residencia tiene un costo mucho mayor. De renta son $7,500. A ello hay que agregarle $800 de mantenimiento de los jardines, que incluyen un sistema computarizado de riego, y unos $4,000 de seguridad. En realidad el costo no afecta las finanzas salvadoreñas. Todas las cuentas corren a cargo del Estado de Israel. Incluso el combustible para la caldera de la residencia, y las reparaciones del sistema eléctrico, hidráulico y la misma caldera. El Salvador simplemente paga el sueldo del embajador, del personal de la embajada, el vehículo oficial y los gastos de teléfono y electricidad.

“Nunca debimos haber aceptado eso”, dice Ricardo Castaneda Trejo, quien fuera embajador salvadoreño ante las Naciones Unidas desde mediados de los años ochentas hasta finales de los noventas. “Eso pone en entredicho nuestra soberanía”.

La embajadora actual en Israel, Suzana Gun de Hasenson, es una judía salvadoreña que emigró a Israel cuando era adolescente. Está casada con un israelí y sus tres hijas han hecho el servicio militar de ese país. Antes fungía como encargada de negocios de El Salvador en Jerusalén. Fue nombrada embajadora al final de la administración del presidente Francisco Flores para evitar que la embajada continuara acéfala, tras la salida, varios meses antes, del embajador Ernesto Arrieta. El Faro intentó hablar con la embajadora Gun, pero se encuentra de viaje.

“Tenemos una política exterior de hechos insólitos”, dice Pablo Mauricio Alvergue, vicepresidente de la República durante la gestión del presidente Álvaro Magaña. “Ahora que Costa Rica se va, es el mismo caso de nuestra presencia en Iraq. Estamos solos también en esto”.

Napoleón Campos agrega: “Israel no es un socio estratégico, el intercambio comercial es prácticamente nulo. ¿Por unas becas hemos contravenido una resolución internacional? Este es uno de los capítulos de la Guerra Fría, el otro es Taiwán. Ambos temas debieron haber sido parte de la mesa que había que limpiar para los Acuerdos de Paz porque contravienen el derecho internacional. Hoy somos el único país latinoamericano en Iraq, y nos quedamos solos en Jerusalén. Ahora sí esta presencia necesita ser explicada.”

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